Todos los actos eficaces de la vida del hombre y del poeta comienzan
desde esta época. De sus mal perjeñados apuntes y papeles, y del rico
arsenal de su memoria, procuró entresacar aquellas obrillas líricas de
la juventud, que formaban el bello ramillete del ingenio y del corazon
en la risueña edad de sus alegres mocedades. Enviándolas á la censura
de D. Alonso de Ercilla, que confesaba ser de los mejores versos
líricos que él habia visto[17], desde la primera página declaró ESPINEL
el objeto que se proponia al intentar publicarlos, con aquel bello
soneto, que le sirvió de introduccion y es sin duda uno de los mejores
que hay escritos en castellano.
Dice así:
Estas son las reliquias, fuego y hielo,
Con que lloré y canté mi pena y gloria,
Que pudieran ¡oh España! la memoria
Levantar de tus hechos hasta el cielo.
Llevóme un juvenil, furioso vuelo
Por una senda de mi mal notoria,
Hasta que, puesto en medio de la historia,
Abrí la vista, y ví mi amargo duelo.
Mas retiréme á tiempo del funesto
Y estrecho paso, dó se llora y arde,
Ya casi en medio de las llamas puesto:
Que, aunque me llame la ocasion cobarde,
Más vale, errando, arrepentirse presto,
Que conocer los desengaños tarde.
Tal vez á su regreso de Italia, ESPINEL habia ya perdido sus padres en
Ronda. Ello es que al volver á Andalucía, no se dirigió desde luego
á la ciudad que le vió nacer, sino á Málaga, á echarse en brazos de
su antiguo amigo y camarada don Francisco Pacheco de Córdoba, que
desde 1575 ocupaba la mitra de esta diócesis, y desde Málaga, por la
costa de Marbella, á la Sauceda de Ronda, en una de cuyas pequeñas
poblaciones de la propiedad del duque de Arcos, Casares, á la orilla
derecha del Guadiaro, residia aquel Pedro Ximenez de Espinel, hermano
de Juana Martin, madre del poeta, de quien éste hace la descripcion,
presentándolo como el hombre perfecto de la filosofía natural en
la sencillez de su trato, en la templanza de sus costumbres, en
la prudencia de su consejo y en la modestia y rectitud de su sano
discurso. Ciertamente aquellas dos visitas fueron para nuestro
protagonista del mayor interes, pues por los hechos posteriores resulta
como indudable que si con la primera se allanó el camino para su
ingreso al sacerdocio, con la segunda debieron removerse cualesquiera
clase de obstáculos que para el disfrute de la desamparada capellanía
hubieran surgido desde 1572. No obstante, es de presumir que, conocidas
sus intenciones en Ronda por las emulaciones y envidias que en el país
natal levanta siempre toda capacidad que sabe elevarse sobre el nivel
comun, se trató de suscitarle inconvenientes, cuyas asperezas Espinel
procuró limar mediante aquella _Cancion á su patria_, uno de los poemas
más ardientes que brotaron de su lira, y en que humilde, modesto,
postrado, pidió á su cuna nuevo amoroso regazo y á sus compatricios
benevolencia y proteccion. Tambien se duda de que nunca las obtuviera,
pues por aquel tiempo dirigió á su nuevo Mecenas, el obispo de Málaga,
Pacheco de Córdoba, la enérgica _Epístola_, donde sin declinar nada de
las licencias de su juventud, apostrofaba á sus enemigos y condenaba
la ruindad de las pasiones que contra él concitaban, con el vigor y la
elocuencia propias de su pluma varonil abandonada á los arrebatos de su
altivo corazon. Hé aquí algunos de estos robustos tercetos:
Bien sé, que yendo la razon delante,
De virtuoso no merezco el nombre,
Más que de docto y sabio un ignorante;
Bien sé que no soy ángel, sino un hombre,
Y no quizá de inclinacion tan buena,
Que de Florencia y de Turin se asombre.
Tuve en la juventud, de abrojos llena,
Virtudes pocas, abundantes vicios,
Que me amenazan con ardiente pena.
De la templanza traspasé los quicios:
De Baco y Céres ocupé el regazo;
Y en Chipre hice alegres sacrificios.
De mal sufrido tuve mi pedazo;
Y al maldecir de la figura muda
Levanté contra el cielo rostro y brazo.
Acostumbré, con libertad desnuda,
Decir mi parecer al más pintado
En torpe estilo ó con razon aguda;
Algo fuí maldiciente y confiado;
Juez severo; en alabar remiso;
Á todos los extremos inclinado;
Tal vez Gorgonio fuí, tal vez Narciso;
Y para no cansaros ni cansarme,
Dejé el humor correr por donde quiso.
Yo lo confieso: pueden condenarme
Por mi dicho, mejor que por mi dicha:
Que ni quiero, ni quieren perdonarme...
Tras esta confesion leal é ingénua, aunque valiente, el poeta revuelve,
como quien de su superioridad tenia tan hecha la conciencia, contra sus
detractores, y así los apostrofa:
¿De qué le sirve aquel andar compuesto
Al virtuoso, trafagando el mundo,
Á mil peligros y borrascas puesto;
Andar surcando el ancho mar profundo,
Seis dedos de la muerte, en pino y brea,
Sujeto al soplo de Eolo furibundo;
Atravesar de la biforme y fea
Scila y Caribdis el estrecho seno,
Por ver el monte dó llegar desea;
Si un torreznero, de malicias lleno,
Y de cecina y nabo el tosco pancho,
De ciencia falto y de virtud ajeno,
Se ha de poner repantigado y ancho
Á escudriñar las cosas reservadas
En su estrecha pocilga y bajo rancho?
¡Oscuras sabandijas levantadas
Del polvo de la paja, y de la escoria
De las putrefacciones engendradas!
¿Podreis meter la mar en una noria;
Tener el viento en un costal atado;
Cubrir el sol, privarnos de su gloria?
Ni más ni menos estará encerrado
En vuestro pecho aquel profundo abismo
De la virtud, á pocos reservado.
Entre la discrecion y el barbarismo,
¿Qué parentesco dais? ¿Qué descendencia
Entre la ciencia y vuestro ingenio mismo?
Entre la necedad y la prudencia
¿Qué símbolos hallais: que á tanto llega
De un atrevido pecho la insolencia?
¡Oh carcoma infernal! ¡oh envidia ciega,
Rabioso cáncer que en el alma imprime
Gota coral que al corazon se pega!
Envidia es ocasion que no se estime
Al virtuoso, y que le den de codo,
Y que, olvidado, á la pared se arrime.
Envidia es ocasion, en cierto modo,
Que no esté puesto en el lugar más alto,
Quien vos sabeis, y sabe el mundo todo...
En medio de estas adversidades, tal vez inesperadas, ESPINEL completó
sus estudios de moral en Ronda, y llegó de una en otra á todas las
órdenes del sacerdocio en Málaga. Es lástima que en los archivos
de aquella mitra el desórden y el saqueo hayan hecho total estrago
de muchos papeles interesantes para la historia, pues contra la
desaparicion absoluta de todos los que conciernen al registro de
órdenes de aquel tiempo han tenido que estrellarse los esfuerzos de
mi querido hermano el licenciado don Leonardo Perez de Guzman, mi
colaborador asiduo con su inteligencia, su saber y sus recursos en las
investigaciones sobre ESPINEL, y á quien yo dí el encargo de buscar el
modo de puntualizar las fechas que á esta parte de la vida de nuestro
protagonista corresponden. Este silencio de los documentos textuales,
por fortuna no se prolonga; pues el Archivo general de Simancas, ya
desde 1587 nos suministra nuevos instrumentos diplomáticos desde el
primer cargo eclesiástico que desempeñó ESPINEL. Fué éste un medio
beneficio en Ronda, el cual hasta aquí se habia atribuido tambien el
favor del obispo Pacheco, cuando este prelado se hallaba ya en posesion
de la sede de Córdoba, estando vacante la de Málaga, como se advierte
por el siguiente documento que traslado íntegro. Dice así: