»P.S.--En cuanto a la viuda y familia de Ti-Chin-Fú hubo un engaño; el
astrólogo del templo de Jagua se equivocó en su interpretación sideral;
no es realmente en Tien-Hó donde reside esa familia. Es al Sur de la
China, en la provincia de Cantón. Mas también hay una familia Ti-Chin-Fú
más allá de la gran Muralla, casi en la frontera rusa, en el distrito de
Ka-ó-li. Ambas perdieron el jefe y ambas están en la miseria. Por lo
tanto, esperando sus nuevas órdenes, no retiré el dinero de casa de
Tsing-Fó. Esta reciente información me la envió hoy su excelencia el
príncipe Tong, con un delicioso tarro de compota de exquisitos
almíbares.
»Debo anunciarle que nuestro buen Sa-Tó apareció hace días de regreso de
Tien-Hó, con el labio partido y leves contusiones en el hombro, habiendo
salvado solamente del saqueo una litografía de Nuestra Señora de los
Dolores, que por la dedicatoria manuscrita veo que perteneció a vuestra
respetable mamá.
»Mis valientes cosacos se quedaron allá en un pozo de sangre. Su
excelencia el príncipe Tong me ha ofrecido pagar por cada uno diez mil
francos, tomados de la suma que, en concepto de indemnización ha
impuesto a la ciudad de Tien-Hó.
»Sa-Tó me dice que si usted, como es natural, vuelve a empezar sus
viajes a través de la China en busca de la familia Ti-Chin-Fú, él se
considera honrado y venturoso en acompañarle, con una fidelidad de perro
y una docilidad de cosaco.