III

Los críticos asimilan a menudo a Háwthorne con Poe, y los temas graves y

sombríos de ambos parece que debieran relacionarlos. Difieren

esencialmente, sin embargo, en cuanto a propósitos y método. Háwthorne

no es poeta por naturaleza, aunque su prosa sea poética y todas sus

obras sean de imaginación; es, ante todo, un pensador, un observador de

la vida, un psicólogo en arte y un escéptico en filosofía. Parecerá

quizá extraño dar el calificativo de escéptico a un escritor de espíritu

tan generoso, de sentimientos tan leales como Nathániel Háwthorne; pero

un pequeño estudio de sus obras en relación con las ideas

trascendentales que rodearon su adolescencia y sus primeros años

viriles, convencerá al observador de que la conciencia puritana de

Háwthorne le impulsaba a investigaciones infatigables de la filosofía

que pasaba por verdadera entre sus asociados. El lector que no haya

tenido oportunidad de conocer las doctrinas de Álcott y de Émerson puede

encontrar indudablemente bastante belleza y elevación en Háwthorne para

compensar el estudio de sus obras. Aun sin conocer las doctrinas que él

ponía en duda, podemos admirar su fantasía en _La imagen de nieve_; su

talento en parábolas tiernas o festivas en _El May-Pole de Merry Mount_

y _El experimento del doctor Héidegger_; su profundo patriotismo en El

anciano campeón y las _Leyendas de la casa provincial_; sus dotes

incomparables para describir una conciencia atormentada en _El retrato

de Édward Rándolph_ y _El entierro de Róger Malvin_. Pero la orientación

intelectual de la mayor parte de sus obras más meditadas resultaría

obscura a menos de haber leído a nuestro jovial Émerson o a nuestro

escritor más festivo aún, Álcott. La doctrina de estos autores acerca de

la confianza en sí mismo, de la necesidad de vivir en el presente sin

respeto servil por el pasado, ha tenido inmensa boga en los Estados

Unidos, y se ha reforzado con la poderosa influencia de Walt Whitman;

pero Háwthorne hizo proyectar esta doctrina sobre esbozos fantásticos

como _El experimento del doctor Héidegger o Féathertop_, y sobre

novelas más largas, como si hiciera un análisis de laboratorio respecto

de su verdad. Álcott y Émerson creían con sublime optimismo que el mal

se cambia al fin en bien; que existe, según la frase de Émerson, un

principio de sacarina en todas las cosas. Háwthorne desarrolló también

esta doctrina en cuentos como _El entierro de Róger Malvin_. Podrían

producirse otros ejemplos tomados de sus demás obras, pero hemos dicho

ya bastante probablemente para indicar la razón por la cual la altura de

Háwthorne como pensador debe apreciarse a través del estudio del

pensamiento de la Nueva Inglaterra de su tiempo.

Háwthorne representa en cierto modo no solamente el espíritu de la Nueva

Inglaterra sino el de los Estados Unidos: es un fatalista profundo. Aun

cuando profese una fe poderosa en el libre albedrío y la incredulidad

con respecto a las nociones de necesidad de Émerson, la diferencia

esencial entre ellos es que Émerson cree en suerte más feliz y

Háwthorne, a despecho de sí mismo, se forja un porvenir sombrío.

Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie · 第 26 / 42 题