Muy poco es necesario decir acerca del famoso cuento de Édward Éverett
Hale. Esta historia se comprende por todas partes: ha sido traducida ya
en muchos idiomas. Escrita hacia el final de la guerra civil parece
tener especial resonancia en estos momentos en que muchos ciudadanos de
los Estados Unidos encuentran dificultad en decidir a qué país, a qué
grupo de ideales, deben prestar fidelidad. Este problema es tal vez
peculiar de una nación que--no deseamos suponer que con excesiva
generosidad--ha dado acogida cordial dentro de sus fronteras a todos los
ideales, sin considerar su procedencia. Con especial inquietud nos
preguntamos ahora si podremos amalgamar tal cantidad y tal diversidad de
ideales. Este problema ha existido siempre en los Estados Unidos aunque
no en forma tan inmediata; y si nuestra literatura se ocupa en gran
manera de ideas y de ideales no es porque seamos de descendencia
puritana ni deseemos conservar una moral tradicional, sino porque
sentimos instintivamente que sólo por la discusión de nuestros ideales
llegaremos alguna vez a un común ideal nacional. Por esta razón
Háwthorne nos parece un norteamericano moderno en un plano inferior de
arte, lo mismo que Hale. Írving floreció antes de que el conflicto de
ideales fuera una amenaza. Poe se apartó de nosotros en su amor de lo
inverosímil, rehusando en absoluto discutir ideales y tendiendo a ellos
sin embargo por su adoración de lo bello, que es uno de los ideales que
alimentamos al presente.
JOHN ÉRSKINE
Profesor de inglés
Columbia University