CAPITULO LIV.

_Sale el autor del puerto del Espíritu Santo y llega á la Tercera y los

Azores: navega á España, y de allí á Flandes. Toma la tierra otra vez

por tempestad._

Cuatro meses estuvimos en el mar, despues que salimos del Espíritu

Santo, en navegacion continua, sin haber visto tierra hasta la isla de

la Tercera, en la cual estuvimos dos dias, y nos proveimos de pan,

carne, agua y otras cosas frescas y necesarias. Obedece al rey de

Portugal.

En catorce dias de navegacion llegamos á Lisboa, á 3 de Setiembre de

1552, y habiendo estado en ella otros catorce dias, y muerto dos de los

indios que yo llevaba, pasé á Sevilla, que dista 42 leguas de Lisboa, y

llegué en seis dias. Despues por mar navegué á San Lucar en dos dias:

allí estuve una noche, y por tierra fuí en un dia al puerto de Santa

María, y en otro dia pasé á Cádiz, por tierra. Hallé en la bahia 25

_urcas_ grandes holandesas, de vuelta á su provincia: una mayor y mas

hermosa, nueva y que solo habia navegado una vez á España desde Amberes.

Aconsejábanme los mercaderes que me embarcase en ella, y ajusté con

Enrique Schertzen, su patron, mi viage: para el que me previne aquella

tarde, quedando de acuerdo con él que me avisase la hora de partir. Metí

en la nave lo que llevaba, vino, pan y otras cosas semejantes, y algunos

papagayos que traia de las Indias.

Aquella noche bebió el patron mas que debiera, y por mi bien se olvidó

de mí, y me dejó en la posada: dos horas antes de amanecer, mandó al

piloto que se hiciese á la vela. Viendo muy de mañana donde estaba la

nave, y que se habia apartado una legua de tierra, me fué preciso echar

el ojo á otra, y tratar con otro patron, á quien dí lo mismo que al

primero.

Salidas del puerto estas veinticuatro náos, tuvimos feliz viento tres

dias: despues se levantó una tempestad tan horrible, que no pudimos

proseguir el viage. Esperamos ocho dias mejor tiempo, pero mientras mas

nos deteniamos, arreciaban mas las tormentas, de manera que no

pudiéndonos mantener en el mar, nos volvimos por el mismo camino al

puerto: y _Enrique Schertzen_, (que era el navio en que habia puesto mi

ropa y me habia dejado olvidado), venia el último. A una legua de Cádiz,

y por la noche tenebrosa, puso farol el capitan de la armada, para que

los demas pilotos la viesen y siguiesen. Llegamos á Cádiz, y ancoradas

las naves, quitamos el farol, y se hizo en tierra, con buen consejo, una

luminaria junto á un molino, á un tiro de bala de Cádiz. Pero fué de

grandisimo daño á Enrique Schertzen, el cual pensó era farol, y dirigió

su náo derecho al fuego, y dió con gran ímpetu en los peñascos que

estaban debajo del agua: de suerte que se hizo mil pedazos, y se hundió

con toda la gente y mercaderias, muriendo en un cuarto de hora 22

personas, quedando solo vivo el capitan y el piloto, que salieron asidos

al árbol mayor: hundiéndose tambien seis cestas de oro y plata que se

habian de entregar al Emperador, y mucha mercaderia; causando este

naufragio estrema pobreza á muchos. Dí gracias á Dios Omnipotente, que

por su clemencia no permitió que yo me embarcase en aquella náo.

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 65 / 80 题