CAPITULO XLIX.

_De la fertilidad de la tierra de Guapás, y como volvimos á las náos_.

La provincia de los Guapás es de tanta fertilidad, que en todo nuestro

viage no la hallamos, ni vimos igual, ni semejante: porque si un indio

hiende un árbol con una hocecilla, destila, y él coge cinco ó seis

medidas de miel, tan pura como si fuera mosto, y comida con pan ó con

otras cosas, es muy agradable manjar: hacen tambien de ella vino del

mismo sabor que él mosto, aunque mas suave, y las abejas que la labran

son pequeñas y sin aguijon. El general dió en maquinar con los soldados,

que no podíamos estar aquí por falta de bastimento: mas si hubiéramos

sabido que tendríamos gobernador y provision, no hubiéramos dejado la

provincia, y fácilmente halláramos lo necesario. En fin, forzados á

volver, llegamos á los _Carcokies_, que ya habian huido con sus mugeres

é hijos, y mejor les hubiera sido no hacerlo: envió el capitan otros

indios á decirles volviesen á su pueblo, no temiendo nada, que no les

haríamos mal. No hicieron caso del mensage: antes respondieron, que

cuanto antes desamparásemos su pueblo, que si no, nos echarian de él con

las armas: con lo cual marchamos contra ellos. Queriamos algunos escusar

esta jornada, diciendo al capitan que podria ser esta guerra de

perjuicio para toda la provincia; porque, si se intentaba hacer camino

desde el Rio de la Plata al Perú, faltaria bastimento á los que

caminasen. Pero el capitan y los demas soldados despreciaron nuestro

dictámen, y manteniendo el suyo, prosiguieron la marcha: y llegado á

media legua de los _Carcokies_, ya se habian plantado á la falda de un

monte, cerca de un bosque, para escapar si los venciésemos. Sirvióles de

poco su prevencion, porque embestimos, y matamos cuantos pudimos, y

cautivamos cerca de mil en esta batalla. Dos meses nos detuvimos en este

pueblo, que era muy grande: volvimos al monte de San Fernando, donde

habiamos dejado dos navios (como se dijo en el capítulo 44). Gastamos en

este viage año y medio, sin hacer otra cosa que pelear continuamente, y

cautivamos 12,000 indios, indias y muchachos, que los forzábamos á que

nos sirviesen como esclavos, y yo tenia cincuenta.

Supimos por la gente de las naves, las discordias que, estando nosotros

ausentes, habian nacido entre Diego de Abreu, sevillano, capitan, y

Francisco de Mendoza, á quien el general dejó por capitan de la gente.

Diego de Abreu intentaba privarle del gobierno, y resistiendo D.

Francisco de Mendoza, creció el odio de suerte que, habiéndose alzado

Abreu con el gobierno, hizo matar á Mendoza.

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 60 / 80 题