_De la fertilidad de la tierra de Guapás, y como volvimos á las náos_.
La provincia de los Guapás es de tanta fertilidad, que en todo nuestro
viage no la hallamos, ni vimos igual, ni semejante: porque si un indio
hiende un árbol con una hocecilla, destila, y él coge cinco ó seis
medidas de miel, tan pura como si fuera mosto, y comida con pan ó con
otras cosas, es muy agradable manjar: hacen tambien de ella vino del
mismo sabor que él mosto, aunque mas suave, y las abejas que la labran
son pequeñas y sin aguijon. El general dió en maquinar con los soldados,
que no podíamos estar aquí por falta de bastimento: mas si hubiéramos
sabido que tendríamos gobernador y provision, no hubiéramos dejado la
provincia, y fácilmente halláramos lo necesario. En fin, forzados á
volver, llegamos á los _Carcokies_, que ya habian huido con sus mugeres
é hijos, y mejor les hubiera sido no hacerlo: envió el capitan otros
indios á decirles volviesen á su pueblo, no temiendo nada, que no les
haríamos mal. No hicieron caso del mensage: antes respondieron, que
cuanto antes desamparásemos su pueblo, que si no, nos echarian de él con
las armas: con lo cual marchamos contra ellos. Queriamos algunos escusar
esta jornada, diciendo al capitan que podria ser esta guerra de
perjuicio para toda la provincia; porque, si se intentaba hacer camino
desde el Rio de la Plata al Perú, faltaria bastimento á los que
caminasen. Pero el capitan y los demas soldados despreciaron nuestro
dictámen, y manteniendo el suyo, prosiguieron la marcha: y llegado á
media legua de los _Carcokies_, ya se habian plantado á la falda de un
monte, cerca de un bosque, para escapar si los venciésemos. Sirvióles de
poco su prevencion, porque embestimos, y matamos cuantos pudimos, y
cautivamos cerca de mil en esta batalla. Dos meses nos detuvimos en este
pueblo, que era muy grande: volvimos al monte de San Fernando, donde
habiamos dejado dos navios (como se dijo en el capítulo 44). Gastamos en
este viage año y medio, sin hacer otra cosa que pelear continuamente, y
cautivamos 12,000 indios, indias y muchachos, que los forzábamos á que
nos sirviesen como esclavos, y yo tenia cincuenta.
Supimos por la gente de las naves, las discordias que, estando nosotros
ausentes, habian nacido entre Diego de Abreu, sevillano, capitan, y
Francisco de Mendoza, á quien el general dejó por capitan de la gente.
Diego de Abreu intentaba privarle del gobierno, y resistiendo D.
Francisco de Mendoza, creció el odio de suerte que, habiéndose alzado
Abreu con el gobierno, hizo matar á Mendoza.