_Diego de Abreu se opone al general, y el autor recibe carta de
Alemania._
No contento Abreu con esta maldad, tumultuó la provincia, ciudad y
presidio de la Asumpcion, y trataba de enviar gente contra nosotros que
ibamos acercándonos con nuestro general. Pero Abreu no quiso abrirle las
puertas, ni entregarle la ciudad, ni reconocerle por superior.
Viendo el general tan declarada rebelion, sitió la ciudad con todas sus
fuerzas, cercándola toda, y advirtiéndole que iba de veras: los soldados
de la plaza cada dia se venian á nuestro campo, pidiendo perdon al
general; con lo cual conoció Diego de Abreu que no podia fiarse de su
gente, y temiendo que de noche le cogiésemos, ó que la ciudad se
entregase por tratos[51] (lo cual sucederia), con acuerdo de cincuenta
de sus íntimos compañeros y amigos, la desamparó, y se entregó al
general. Al instante que salió de ella, pidiéronle todos perdon, que
concedió francamente.
[Nota 51: HERRERA, _Decada 7, lib. 10, cap. 15, fol. 236. Decada 8,
lib. 2, cap. 17, fol. 43._]
Abreu, con los 50 cristianos que le seguian, se desvió 30 leguas de la
plaza, donde no podíamos hacerle daño, y él nos lo hacia desde cualquier
parte. Duró dos años esta guerra, sin vivir seguro el general ni Abreu,
porque este andaba con los suyos, vagando como salteadores de caminos,
no omitiendo ocasion de maltratarnos. Viendo el general la falta de
sosiego, determinó concordarse con Abreu, proponiendo casar sus dos
hijas con Alonso Riquelme y Francisco de Vergara, parientes de Abreu, el
cual aceptó el partido. Y ejecutados los casamientos con varios pactos,
cesaron las inquietudes.
En este tiempo, dia de Santiago de 1552, recibí, por mano de Cristoval
Rieser, corredor de los fucares en Sevilla, una carta de Sebastian
Nidhart, que me escribia en nombre de mi hermano Tomas Schmidel,
encargándome que procurase volver á mi patria.