CAPITULO XLVII.

_De los pueblos Maigenos y Carcokies_.

Entre otras cosas, supo el general, que la nacion de los indios

_Maigenos_ distaba cuatro dias de camino. Partimos á buscarla, y nos

recibieron de guerra, aunque procuramos la paz. El pueblo estaba situado

en un collado, y rodeado de un espeso y ancho espinal por todas partes,

tan alto como un hombre con la espada levantada en la mano.

Vista su obstinacion avanzamos, con los Cários, el pueblo, por dos

partes: nos mataron los _Maigenos_ doce cristianos y algunos Cários, que

nos sirvieron muy bien: pero prosiguiendo con mayor esfuerzo, le

entramos por fuerza, y los _Maigenos_ le pusieron fuego y huyeron: esto

causó la destruccion de muchos, que pagaron con la vida la culpa de sus

compañeros.

Ocho dias despues, 500 Cários armados, con gran secreto, y sin saberle

nosotros, se fueron dos ó tres leguas del real, á buscar los _Maigenos_

que huyeron: y habiendo dado en ellos, pelearon con tanta obstinacion

que murieron 300 Cários é ¡numerable multitud de los _Maigenos_, que

eran tantos, que ocupabon cerca de una legua. Los Cários enviaron á

pedir al general socorro, avisándole que los _Maigenos_ los tenian

cercados por todas partes, sin poder volver ni ir adelante. Despachó

luego el general 150 cristianos, con algunos caballos, y 1,000 Cários,

dejando los demas soldados en guarda del real, por si los _Maigenos_ le

acometian. Apenas nos divisaron los _Maigenos_, cuando levantaron sus

reales y huyeron, y auque los seguimos con cuanta prisa fué posible, no

los pudimos alcanzar: pero nos admiró el destrozo que habian hecho los

Cários en los enemigos, y los que habian quedado vivos volvieron con

nosotros, á nuestro real, muy contentos.

Hallamos en el pueblo gran abundancia de comida, por lo cual nos

detuvimos cuatro dias en él: juntámonos despues, y pareciéndonos que

estabamos informados medianamente de la tierra, su calidad y frutos,

pareció á todos proseguir el viage; y caminando trece dias continuos, en

que andariamos 52 leguas, segun decian los que entendian de las

estrellas, llegamos á la nacion de los indios _Carcokies_: de allí, en

nueve dias, entramos en otra provincia, de seis leguas de ancho y largo,

la cual estaba toda cubierta de sal, tan espesa y blanca que parecia

nevada, y que nunca se deshace.

Descansamos dos dias en esta tierra salada, dudando el camino que

seguiríamos; pero se eligió el derecho, y á los cuatro dias entramos en

la provincia de los _Carcokies_: y el general, estando á cuatro leguas

de su pueblo, envió 50 cristianos y 50 Cários, para que nos diesen

alojamiento. Entramos en el pueblo, y vimos la mayor multitud de indios,

que jamas habiamos hallado tantos juntos; y congojados dimos aviso al

general para que nos socorriese luego.

El general se puso en marcha aquella misma tarde, y llegó á nosotros

entre tres y cuatro de la mañana. Los _Carcokies_, viéndonos pocos,

tuvieron por cierta la victoria: pero entendiendo que el general nos

habia seguido, se entristecieron y por fuerza, y por conservar á sus

mugeres é hijos que estaban en el pueblo, nos asistian en todo,

trayéndonos carne de ciervos, y otras fieras y aves, gansos, gallinas,

ovejas, avestruces, conejos, maiz, trigo, arroz y algunas raices, de que

era abundante esta provincia.

Traen estos indios en los labios una piedra azul, como dado, sus armas

son dardos, lanzas y rodelas de cueros de huanaco.

Las indias traen horadados los labios con un agugero chico, y en él un

poco de cristal azul ó verde, visten camisetas de algodon, sin mangas;

son bastantemente hermosas, hilan, y cuidan de la casa, y los indios

labran los campos, y cuidan lo demas necesario á la familia.

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 58 / 80 题