_De los Barconos, Leyhanos, Carconos, Sivisicosis y Samocosis_.
A 16 leguas de esto pueblo, que caminamos en cuatro dias, llegamos de
repente cerca del pueblo de los indios _Barconos_, que no sabiendo que
ibamos, empezaron á huir: pero á nuestra instancia se detuvieron. Les
pedimos comida, y prontamente trageron con abundancia, gallinas, ganzos,
ovejas, avestruces, ciervos y otras cosas, y con gran contento de los
indios nos detuvimos cuatro dias, tomando noticias de la tierra. De
allí, en tres dias, entramos á los indios _Leyhanos_, nacion que habita
á doce leguas de los _Barconos_: tenian poca vitualla, porque la
langosta habia destruido casi todos los frutos, y por no gastar lo que
llevábamos, volvimos á caminar, pasada la noche; y en cuatro dias
anduvimos 16 leguas, y llegamos á otra nacion llamada _Carconos_, que,
aunque habian padecido la misma plaga, tenian mas comida. Informaron, en
un dia que nos estuvimos, de que en 24 ó 30 leguas, que distaba la
nacion de los indios Sivisicosis, no hallariamos agua. Llegamos á ella á
los seis dias, con gran trabajo; pues aunque los _Carconos_ nos
proveyeron, morian de sed algunos de los nuestros, si en este viage no
encontráramos una raiz, que estaba fuera de la tierra, de que salian
grandes hojas, en que habia agua tan firme como en un vaso, que no se
derramaba, ni fácilmente se consumia; y tendria cada una medio
cuartillo. Dos horas de noche, estando cerca del pueblo de los
Sivisicosis, intentaron huir, con sus muyeres é hijos, pero el general
despachó una lengua, para que se estuviesen quietos en sus casas, y sin
miedo alguno, que no se les haria daño: y así lo hicieron. Habia gran
falta de agua en aquella provincia, y mayor por no haber llovido en tres
meses, para llenar los algibes en que la recogen, ni tenian rios, ni
otra bebida que la que hacen de la raiz de mandioca, en esta
forma:--Echaban en un mortero las raices machacadas, y sacaban el zumo
de color de leche: si puede hallarse agua, hacen vino tambien de estas
raices. Solo habia un pozo en este pueblo, en que me puso el general de
centinela, para distribuir el agua á cada año, segun la medida dada por
él: y aun con estas providencias teniamos grandes trabajos por la falta
de agua, y tantos, que no nos acordábamos del oro y plata, que todo era
clamar por agua. Este empleo me facilitó la gracia, favor y benevolencia
de muchos, porque en su distribucion no era muy escaso, pero cuidando
que no faltase agua, y solo por ella tienen guerra los Sivisicosis con
los vecinos. Dos dias estuvimos en este pueblo, y dudando si habiamos de
pasar adelante ó volvernos, echamos suertes, y salió que prosiguiésemos.
Informóse el general de la tierra, y los indios dijeron que en seis dias
de camino llegaríamos á los indios Samocosis, y que en él hallariamos
dos arroyos buenos para beber: con lo cual proseguimos el viage,
llevando algunos Sivisicosis para guias, que huyeron la primera noche,
dejándonos confusos para hallar el camino: pero le acertamos, y dimos
con los indios Samocosis, que nos recibieron de guerra, sin querer oir
paz: pero fácilmente los desbaratamos y huyeron. En la batalla prendimos
algunos, que nos dijeron, que en aquel pueblo habia dejado enfermos tres
cristianos Juan de Oyolas, cuando fué á reconocer aquella tierra de
órden de D. Pedro de Mendoza (como se contó largamente en el capítulo
25). Pues á estos tres cristianos, que uno se llamaba Gerónimo, y era
trompeta, decian los Samocosis los habian muerto cuatro dias antes que
llegásemos; instados por los Sivisicosis. Pagaron bien esta maldad, pues
estuvimos catorce dias en el pueblo para saber donde se habian retirado:
y averiguado que estaban en un bosque, aunque no todos, fuimos contra
ellos, matamos muchos, y cautivamos los demas, los cuales nos informaron
de la naturaleza y costumbres de esta provincia y sus indios.