_Vuélvese el general á la Asumpcion, y entra la tierra adentro buscando
oro y plata._
Acabada la guerra, se volvió el general con la gente en las naves á la
Asumpcion, y descansamos dos años enteros, sin que en tanto tiempo
viniese navio de España; y por no estar ocioso el general, propuso á los
soldados si tendrian á bien que entrase la tierra adentro con alguna
gente. Todos convinieron en lo que decia, y separó 350 españoles, á los
que ofreció, si iban con él, juntarles indios y cuidarles de vestidos,
caballos y lo demas necesario. Alegres todos, admitieron la oferta:
llamó á los Cários, y preguntóles si querian ir con él 2,000? Y al punto
se ofrecieron á servirle como estaban obligados.
Pasados dos meses, salió nuestro general el año 1548, subiendo el rio
Paraguay con siete bergantines y doscientas canoas. La gente que no cupo
en las náos, fué por tierra, con 130 caballos, y se volvió á juntar
cerca del alto y redondo monte de San Fernando, distante 92 leguas de
la Asumpcion, que habitan los Payaguás. Hizo el general volver desde
allí á la Asumpcion cinco bergantines con las canoas, y dejó los otros
dos con 50 españoles, proveidos para dos años; por capitan á D.
Francisco de Mendoza,[41] con órden de mantenerse en aquel sitio dos
años, encargándole tuviese gran cuidado con los indios, no le sucediese
lo que á Juan de Oyolas, hasta que volviese.
[Nota 41: BARCO, _can. 1._ ARTUS _en su traduccion dice que fué
Pedro Diaz. cap. 24 al fin, fol. 45._]
Empezó su viage con 300 cristianos, 130 caballos y 2,000 Cários, y en
ocho dias continuos no halló nacion alguna. Al noveno, y á las treinta y
seis leguas del monte de San Fernando, dimos en los Naperús, indios que
se mantienen de caza y pesca. Son altos y robustos. Las mugeres son
feas, y desde la cintura á la rodilla traen un paño. Cuatro dias despues
llegamos á los _Mapais_,[42] nacion muy populosa. Son tan sugetos á sus
principales, que precisan á los indios á servirlos, como sirven en
Alemania los rústicos á los nobles.
[Nota 42: _Ignoramos cual sea esta tribu, de la que ninguna mencion
se hace en las demas histórias de la conquista._--EL EDITOR.]
Tienen abundancia de frutos de maiz, mandioca, batatas, mandubí,
pacobas, y otras raices y cosas de comer. Hay muchos ciervos, ovejas
indias, avestruces, anades, gansos, gallinas y otras muchas aves. En los
bosques hay mucha miel, que gastan en hacer vino y otros usos; y cuanto
mas adelante se camina, tanto es mas fértil la tierra. Todo el año hay
maiz y raices que comer en esta provincia.
Las ovejas, que llaman _huanacos_, son de dos géneros, domésticas y
monteces, de que usan para carga, andar á caballo y otros ministerios,
como usamos de los caballos: y en esta jornada, por estar malo de una
pierna, anduve mas de cuarenta leguas en una. En el Perú portean las
mercaderias en ellas.[43] Los indios son altos y belicosos, que solo
cuidan de las cosas de guerra: las indias son hermosas, y andan
cubiertas como las antecedentes. No trabajan en el campo, antes los
indios tienen el cuidado de sustentar la familia, ni en casa hacen mas
que hilar ó teger algodon, ó guisar la comida á los maridos, ó
servirlos en otras cosas agradables, lo cual hacen tambien con otros
compañeros fácilmente.
[Nota 43: _De estas ovejas escriben_ ACOSTA, _(lib. 4, cap. 36 y 41;
y_ LOPEZ, _part. 2, cap. 142), que no se hallan en otra parte que en la
tierra del Perú, y que son de dos géneros, domésticas y silvestres, de
las cuales estas tienen mas blanda la lana, aquella gruesa. Pueden
llevar desde 50 á 100 libras de carga: tambien se usa andar en ellas á
caballo, pero despacio. Fatigadas, vuelven la cabeza al caballero, y
échanle en la cara una agua que hiele: echadas con la carga, no se
levantan, aunque las maten á palos, y quitandoles la carga, se levantan.
Al vivo van pintadas; pero mejor_ GARCILASO, _Comentários Reales, tom.
I._]
Salieron los Mbayás á recibirnos, á menos de media legua de este pueblo,
junto á un lugarillo, donde decian, aleve y traidoramente, que
sosegasemos aquella noche, y nos asistirian con cuanto necesitásemos; y
para asegurar la traicion que trataban, dieron al general tres indias
muchachas, cuatro coronas de plata, que suelen traer en la cabeza, y
cuatro planchas, cada una de medio palmo de largo, y la mitad de ancho,
que se ponen en la frente por adorno. Creimos estaban de paz, y nos
alojamos en el lugarillo: y acabada la cena y puestos centinelas,
dormimos hasta cerca de media noche, que el general echó menos las tres
indias, y buscándolas, se alborotó el ejército, y sospechando mal de los
Mbayás, secretamente se mandó al amanecer que todos estuviesen en su
alojamiento prevenidos con sus armas, y prontos á egecutar lo que se les
órdenase.