CAPITULO XXVIII.

_Matan los Timbúes á traicion 50 españoles: desamparan los demas el

fuerte de_ Corpus Christi, _y se embarcan para Buenos Aires_.

A los ocho dias, poco mas ó menos, envió el cacique á su hermano, pero

traidora y alevosamente, pidiendo á nuestro capitan Mendoza seis

soldados con escopetas y otras armas, para pasarse á nosotros con toda

su hacienda y familia á vivir siempre. Ponderaba el temor que tenia á

los Timbúes, y la falta de seguridad para venir sin este socorro:

ofrecia, como amigo, solicitar toda nuestra conveniencia, traernos mucho

bastimento, y gran abundancia de otras cosas. Persuadido el capitan, no

solo le dió 6, sino 50 españoles arcabuceros bien armados, encargándoles

que fuesen con recato, cautela y solicitud, para librarse de los daños

que podian causarles los indios que estaban á media legua de nosotros.

Llegados los 50 españoles delante de sus casas, los Timbúes los

recibieron con la paz de Júdas: ofreciéronles pesca y caza, y al empezar

á comer, dieron sobre ellos amigos y enemigos, que los miraban con otros

que se habian escondido en las casas, con tanta furia y priesa, que sino

es un muchacho que se llamaba Caldero que escapó de sus manos, ninguno

pudo salvarse. Y prosiguiendo su rabia, nos envistieron 10,000, y

estuvieron sobre el fuerte catorce dias continuos, con intento de acabar

con nosotros: pero Dios lo impidió piadosamente. Traian lanzas largas,

con las espadas que habian quitado á los cristianos muertos, por puntas,

y peleaban con ellas y otras armas, de noche y de dia, para tomar el

fuerte, pero no pudieron.

Pasados los catorce dias, dieron la última envestida, echando porfiados

todas sus fuerzas, y pegaron fuego á las casas. Salió el capitan Antonio

de Mendoza con espada por un puerta, en que los indios tenian puesta

celada, bien disimulada, y apenas dió en ella, cuando le atravesaron los

indios con las lanzas, cayendo al punto muerto. Quizo Dios que se les

acabó la comida á los indios, y no pudiendo mantenerse mas, levantaron

el sitio y se fueron: con lo cual descansamos, y mas con dos bergantines

que enviaba nuestro capitan de Buenos Aires, con bastimento y

municiones, para que nos pudiésemos mantener hasta que volviese, que nos

causó grande alegria. Pero era mayor la tristeza que la muerte de los

cristianos infundió en los recien llegados, y no hallando otro modo de

restaurarnos, de comun acuerdo resolvimos desamparar á _Corpus Christi_,

y volvernos á Buenos Aires, como lo egecutamos con toda la gente. Asustó

nuestra llegada al capitan, y se angustiaba vehementemente por la ruina

del pueblo, no sabiendo que haria, por faltarle el bastimento y lo demas

necesario para cualquier empresa.

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 39 / 80 题