_De la batalla con los indios Querandíes._
Queriendo atropellarlos, nos resistieron; peleando tan furiosamente,
que dieron muerte á D. Diego de Mendoza, á 6 hidalgos, y á cerca de 20
soldados, de á pié y á caballo. De los indios murieron cerca de 1,000.
Pelearon fuerte y animosamente con sus arcos, y dardos, género de
lancilla, á modo de media lanza, con punta de pedernal aguzado, y tres
puntas en forma de trisulco. Tienen unas bolas de piedra, atadas á un
cordel largo, como las nuestras de artilleria[7]: échanlas á los pies de
los caballos (ó de los ciervos cuando cazan), hasta hacerlos caer; y con
estas bolas mataron á nuestro capitan y á los hidalgos referidos; y á
los de á pié, con sus dardos: lo cual ví yo. Pero, no obstante su
resistencia, los vencimos y entramos á su pueblo, aunque no podimos
coger vivo ninguno, ni aun mugeres y niños, porque antes de llegar los
habian llevado á otro lugar. En el pueblo hallamos pieles de nutrias,
mucho pescado, harina y manteca de peces. Detuvímonos tres dias en él, y
volvimos al real, dejando allí cien hombres, que en el interin pescasen
con las redes de los indios para abastecer la gente; porque aquellas
aguas son maravillosamente abundantes de pescado. Repartíase para
comida, á cada uno, tres onzas de harina, y cada tres dias, un pez; y si
queria mas, habia de ir á pescarlo cuatro leguas de allí: duró esta
pesca dos meses.
[Nota 7: BARCO, _en el canto 11_.]