CAPITULO VIII.

_De la batalla con los indios Querandíes._

Queriendo atropellarlos, nos resistieron; peleando tan furiosamente,

que dieron muerte á D. Diego de Mendoza, á 6 hidalgos, y á cerca de 20

soldados, de á pié y á caballo. De los indios murieron cerca de 1,000.

Pelearon fuerte y animosamente con sus arcos, y dardos, género de

lancilla, á modo de media lanza, con punta de pedernal aguzado, y tres

puntas en forma de trisulco. Tienen unas bolas de piedra, atadas á un

cordel largo, como las nuestras de artilleria[7]: échanlas á los pies de

los caballos (ó de los ciervos cuando cazan), hasta hacerlos caer; y con

estas bolas mataron á nuestro capitan y á los hidalgos referidos; y á

los de á pié, con sus dardos: lo cual ví yo. Pero, no obstante su

resistencia, los vencimos y entramos á su pueblo, aunque no podimos

coger vivo ninguno, ni aun mugeres y niños, porque antes de llegar los

habian llevado á otro lugar. En el pueblo hallamos pieles de nutrias,

mucho pescado, harina y manteca de peces. Detuvímonos tres dias en él, y

volvimos al real, dejando allí cien hombres, que en el interin pescasen

con las redes de los indios para abastecer la gente; porque aquellas

aguas son maravillosamente abundantes de pescado. Repartíase para

comida, á cada uno, tres onzas de harina, y cada tres dias, un pez; y si

queria mas, habia de ir á pescarlo cuatro leguas de allí: duró esta

pesca dos meses.

[Nota 7: BARCO, _en el canto 11_.]

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 19 / 80 题