_De la poblacion de Buenos Aires, y hambre que se padecia._
Vueltos á nuestro real, fué dividida la gente para la obra de la ciudad
y la guerra, aplicando á cada uno á oficio conveniente. Empezó á
edificarse la ciudad, y á levantarse al rededor una cerca de tierra de
tres pies de ancho, y una lanza de alto; pero lo que se hacia hoy se
caia mañana: y dentro de ella una casa fuerte para el Gobernador.
Padecian todos tan gran miseria que muchos morian de hambre, ni eran
bastantes á remediarla los caballos. Aumentaba esta angustia haber ya
faltado los gatos, ratones, culebras y otros animalejos inmundos con que
solian templarla, y se comieron hasta los zapatos y otros cueros.
Entonces fué cuando tres españoles se comieron secretamente un caballo
que habian hurtado: y habiéndose sabido, confesaron atormentados el
hurto, y fueron ahorcados; y por la noche fueron otros tres españoles, y
les cortaron los muslos y otros pedazos de carne, por no morir de
hambre. Otro español, habiendo fallecido un hermano suyo, se le
comió.[8]
[Nota 8: BARCO. _Canto 4._]