CAPITULO IX.

_De la poblacion de Buenos Aires, y hambre que se padecia._

Vueltos á nuestro real, fué dividida la gente para la obra de la ciudad

y la guerra, aplicando á cada uno á oficio conveniente. Empezó á

edificarse la ciudad, y á levantarse al rededor una cerca de tierra de

tres pies de ancho, y una lanza de alto; pero lo que se hacia hoy se

caia mañana: y dentro de ella una casa fuerte para el Gobernador.

Padecian todos tan gran miseria que muchos morian de hambre, ni eran

bastantes á remediarla los caballos. Aumentaba esta angustia haber ya

faltado los gatos, ratones, culebras y otros animalejos inmundos con que

solian templarla, y se comieron hasta los zapatos y otros cueros.

Entonces fué cuando tres españoles se comieron secretamente un caballo

que habian hurtado: y habiéndose sabido, confesaron atormentados el

hurto, y fueron ahorcados; y por la noche fueron otros tres españoles, y

les cortaron los muslos y otros pedazos de carne, por no morir de

hambre. Otro español, habiendo fallecido un hermano suyo, se le

comió.[8]

[Nota 8: BARCO. _Canto 4._]

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 20 / 80 题