LISANDRO. — EUBULO.

_Lis._ Llámame acá esos mozos, Eubulo.

_Eub._ Señor, nadie está en casa sino los mozos de espuelas y pajes

que venieron contigo.

_Lis._ Diles que limpien bien ese caballo, y llamen al maestro que lo

castigue de la cola.

_Eub._ Lo ya se hace. Señor, pues alcanzaste la que tanto deseabas,

bien es que te apartes de ese vicio, que de hombres es pecar, y

diabólica es la pertinacia en el mal.

_Lis._ El amor que está en el alma no puede salir sin ella.

_Eub._ Yo te daré remedios para ello sin que mueras.

_Lis._ Dilos.

_Eub._ Diez remedios hallo que cada uno de ellos basta á desviar

tu voluntad del amor. El primero es la mudanza del lugar donde te

prendió, que como al cuerpo enfermo es saludable pasarse á otra

parte y mudar otros aires para su sanidad, así al ánimo apasionado

y herido desta llaga aprovecha mucho mudarse y salir fuera del

juego, á parte donde olvide. El segundo es evitar y huir todas

aquellas cosas que te traen á la memoria la hermosura de la que

amas. El tercero es la ocupacion en otros exercicios, que con nuevos

cuidados y negocios se olvidan los rastros de la antigua pasion,

exercita las armas, corre caballos, juega la pelota, que Augusto

César, acabadas las guerras civiles, se dió á este exercicio; y de

Marco Aurelio Antonio se lee que fué tan gran jugador de pelota;

y Mucio Cévola fué en ello muy diestro, y Dionisio Siracusano se

holgaba mucho en el juego de la pelota. Toma la vihuela y tañe,

que al Aspis y Olicornio, al Tigris y Leon el dulzor de la música

engañan; y Timoteo forzaba á Alejandro con ella dejar el manjar; el

Thebano Epaminonda, el famoso Alcibíades, Sócrates, aunque viejo, sus

ciertas horas en la música empleaban; y Themístocles, porque en un

convite rehusó la vihuela, fué de todos por agreste juzgado. Véte

á tus granjas y huertas y labra en ellas, que éste era un exercicio

no ménos loado que usado de los antiguos. Siro, rey, preguntado de

Lisandro que quién plantaba sus árboles, respondió, yo mesmo. Marco

Tulio, desterrado en Tusculano, si dejaba la pluma tomaba la hoce

podadera. Diocleciano fué estudioso de la agricultura. Manio Curio en

la labranza le nacieron las canas; y por cierto, bien mirado, éste

fué el primer exercicio que los hombres tuvieron: Virgilio dice, ¡oh

bienaventurados labradores si vuestro bien conociésedes! El cuarto

es la larga consideracion, pensar de contino y con mucha atencion

la torpeza de este pecado, la tristeza que deja, la miseria que

promete, contemplar cuán breve, cuán momentáneo, cuán nada sea eso

que con tanta dificultad se desea, y con tanto peligro se alcanza,

y con cuánta facilidad, si quisieses, dexarias lo que es de sabios

varones reputado y habido por la cosa más vil y soez del mundo, y

más hedionda que sentina de nao. El quinto es la vergüenza y empacho

de las gentes, que á muchos cura desta enfermedad, en especial á

los ánimos generosos que temen no anden sus famas y honra en boca

y lengua de todos por discante, y no quieren ser señalados en

torpes hechos, y ponen delante los ojos la fealdad de la cosa vacía

de fructo, llena de deshonra, llena de trabajos, llena de congoxas

y pesar. El sexto es la devota licion de la Sagrada Escriptura y

sanctos libros. El séptimo es el contrapeso de las verdaderas razones

á las falsas opiniones que traen y mueven á amar. Las principales

causas que te compelen á amalla son éstas, si no me engaño; su buena

disposicion, su elegante fermosura, su mocedad, sus riquezas, su alta

sangre y el pasatiempo y sabor que hallas en el amor. A todo esto

contrapone sus contrarios, que un contrario con otro se cura, desta

manera, si agora está moza dispuesta, hermosa, piensa que ha de venir

á ser vieja, enferma y fea. Si agora rica, posible es que venga á ser

pobre; y como las riquezas hoy dia hagan linaje, quedará tenida por

una mujer comun. Si en tí mesmo finges esto que dello necesario ha de

ser, dello puede ser, y si la imaginas un vaso de heces de tierra, y

esa no buena para tapias, como cada hijo de vecino, á mí seguro que

no hagas hincapié en lo accidental.

_Lis._ El cuerpo de mi señora glorificado es, necio.

_Eub._ El octavo es el libre albedrío y poder que tienes para

querer ó no querer dexarla ó tomarla, amarla ó aborrecella. Dice

el filósofo que el principio de las cosas es la parte más fuerte,

nuestra voluntad es la orígen donde nace el amor, y subjecto en quien

se aposenta, y así es el lugar más fuerte, y por tanto es menester

minarle los fundamentos, esto es, cortalle las raíces ántes que

broten en malos actos y engendren perversos hábitos y costumbres,

que si el homenaje de la voluntad no se toma, poco ó nada aprovechan

los otros remedios. El nono es la hartura, que no hay manjar, por

preciado que sea, que no empalague, ni vicio que no harte.

_Lis._ Ningun hastío me trae el amor de aquella seráfica imágen.

_Eub._ Si el apetito creyese á la razon, y de las cosas pasadas

argüises las venideras, fácilmente confesarias no sólo hastío, mas

vómito, pesadumbre y enojo haber traido á muchos las cosas que más

amaban. El décimo y último remedio es el nuevo amor, que amores

nuevos olvidan viejos, que, como un clavo expele otro clavo, y una

fuerza quita otra fuerza, así un amor saca á otro, que lo que una

mora tiñe con otra se despinta, y este último remedio aunque á

Artaxerxes, rey de los persas (el cual Asuero llaman las sagradas

letras), haya seido útil y provechoso, segun cuenta Josefo, pero

porque no es bueno salir de un lodo y entrar en otro, no te lo

aconsejo.

_Lis._ El remedio que yo busco es no hallar cosa que me pueda

estorbar ó desviar del amor de mi señora.

_Eub._ Ella te pondrá del lodo, al fin no hay peor saber que no

querer.

_Lis._ Calla, bobo, que sabes poco del mundo. No miras lo que dijo

aquel sabio emperador, hombre que no es enamorado no puede ser sino

necio.

_Eub._ Habló entónces como viejo, loco y necio. Yo digo que hombre

que es enamorado, no puede ser sino loco y sin seso; pues la nobleza

del alma la subjecta á la servidumbre de la carne y á una flaca mujer.

_Lis._ Ora, sús, déxate deso, y lleva este conocimiento á Celestina,

con que cobre de mis arrendadores trescientas doblas para casar sus

sobrinas.

¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL CUARTO ACTO.

Eubulo llegado topa con Oligides y Brumandilon, á los

cuales, como viese la vida ociosa que traian, repréndelos

de sus vicios. Donde el buen Eubulo hace una declamacion

contra los ociosos, y especialmente reprende á Brumandilon

porque es tan fanfarron. Llega Celestina, dale Eubulo el

conocimiento, y despues de dado, tambien la castiga de

palabra ásperamente por sus alcahueterías. Y al fin del

acto declama contra todo género de hombres que mal viven.

Este acto es muy provechoso y devoto.

Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina. · 第 25 / 33 题