ROSELIA. — MELISA.

_Ros._ Melisa, echa esa antepuerta, leerémos la carta. ¡Oh carta,

carta! si empos de tí viniese tu auctor, pero no me vendrá á mí esa

alegría, que tan falta soy de ventura cuan sobrada de desdicha.

_Mel._ De eso no dubdes.

_Ros._ ¿Qué sabes si se ha enojado de la burla que le hice y no

quiera más venir?

_Mel._ Salieras tú, ¿quién te lo estorbaba?

_Ros._ ¿Quién? mi hermano, que mala muerte haya, plega á Dios, así me

detuvo fasta bien tarde en pláticas, que ni sé en qué se anda ni en

qué no.

_Mel._ ¿Vino despues que te dexé acostada?

_Ros._ ¿Agora lo sabes? y áun me hizo fieros que me mataria si ni en

poco ni en mucho sentia cosa de mí.

_Mel._ Cúmplete avisar no te sienta, que al fin mira por la honra.

_Ros._ No puedo más, hermana, que Cupido ha mostrado en mí todo su

poder, y todas las enerboladas frechas en un momento asestó contra

mí, y los ardientes casquillos de sus saetas son cauterio de mi

corazon, el cual, derretido, destila lágrimas por los ojos y sospiros

por la boca, y él queda lleno de congoxa. Mas, ¡oh carta mia y de mi

señor enviada! ¿Es posible que tus esmaltes asentaron aquellas manos

de alabastro del mi serafin en hermosura? Quiero te abrir y leer,

haréme cuenta que le oyo, y con sus palabras consolaré mi ánima, pues

á los atribulados consuelo pone hallar á sus males alguna compañía.

¶ CARTA DE LISANDRO Á ROSELIA.

Si supiera así quexarme como sé sentir la pena que me das, ántes

falleceria papel para escrebir y tiempo para decir que quexas

para que oyeses, pero hállome tan falto de discrecion para te las

declarar cuan sobrado de desventura; corazon tengo para sufrir

pasiones, lengua me falta para te las decir, porque la mucha pena

dél no consiente otra cosa, ni da lugar sino que siempre me quexe

sin poder dar razon de mi dolor. Esto solo te sabria decir, que no

ménos alegre me haria la muerte que me hace triste tu disfavor,

porque si soy dichoso en servirte y desdichado en mis servicios,

tú cumplida de hermosura y abundosa de crueldad; así que lo uno

me hace venturoso en ser tu cautivo, y lo otro malaventurado en

que no me aceptes por tal, que cuanto más con mi deseo mi vida á

tí ofrezco, tanto más con la esperanza me huyes. Herísteme con tu

vista y prívasme de ella por quitarme todo remedio. Si me faltaste

tu palabra porque á mi merecer fallece, no te culpo, que ya lo veo

que tan sobrada eres de merecimiento cuan falto mi conocimiento para

lo estimar y mi poco valor para recibir tu gracia. Pero todavía se

te condena, porque quebraste sus lazos fuertes; virtud te obliga á

que no seas matadora, piedad te convida á que hayas compasion en mi

cuita, y á mi pena me excusa que me hace osado de lo que tu grandeza

me decia que temiese. Pluguiese á Dios que esta que he dicho te la

supiese tambien decir como tú causarme la muerte, que ni yo quedaria

sin remedio, ni tú sin satisfaccion de las mercedes, porque con el

agradecer y no olvidar pensaria de te pagar, ya que con otra cosa no

pudiese. Agora te sirvo con todo lo que puedo, con el entendimiento

en consentir la prision de mi libertad, que tú la enseñorees con la

razon en ordenarlo así como tú lo mandas, con la voluntad en querer

siempre quererte, con la memoria en nunca olvidar la que se aposentó

en mi pensamiento; y cuanto yo más con todas mis fuerzas sacrifico

á tí mi tormento, tanto más con crueldad me galardonas, de manera

que siendo liberal en ofrecerte mi vida y todo lo que la sostiene,

eres tú avarienta en el rescate de ella. No sé qué te mueve hacer

tan poco caso del que mucho te ama; no es por cierto de personas

generosas galardonar con menosprecio y olvido, ántes las pagas hacen

mayores que los trabajos merecen. No te maravilles que sea importuno

en pedirte mercedes, pues tú no cesas de atormentar mi corazon, que

nunca vi toro tan agarrochado que más no esté él con tus crudas

saetas. Solo esto te suplico, con lo cual ceso, que volviendo los

ojos de tu misericordia á las prisiones que en tu fe sostengo, así

mis pasiones con obra remedies, como por mis palabras conoces y

entiendes mi necesidad.

_Ros._ En buena fe, sí haré, mi señor. ¡Oh pertinaces orejas mias,

que sufristes oir palabras de tanto dolor y sentimiento! ¡Oh crueles

ojos, que atinastes á leer tan apasionada letra sin mucha copia

de lágrimas! ¡Oh empedernido corazon, que calor de tanto fuego no

bastó á enternecer tu dureza en pesar de su pena, y en congoxa de

su fatiga, para que mis ojos, como fuentes, manáran agua con que

regasen estas abrasadas pinturas, y mi boca pregonase con sospiros la

angustia que me aumentaba cada renglon, cada palabra y cada letra!

_Mel._ Señora, encubre tu pasion y disfrázala con alegría lo mejor

que pudieres, no la entienda tu madre por lo que te ve hacer, que si

anoche no os hablastes, esta placiendo á Dios gozarás de tu querido,

que no se puede decir sin tiempo aquello que en todo tiempo viene

bien y se puede hacer. Sosiega tu corazon y ten reposo en el cuerpo,

que, pardios, si miran en ello, fácilmente conozcan todos de qué pié

coxeas.

_Ros._ Do amor se aposenta ningun reposo consiente, y do fuerza viene

derecho se pierde.

_Mel._ Señora, límpiate los ojos y toma la labor, que á Beliseno

sentí hablar, no suba acá.

¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL TERCERO ACTO.

Va Brumandilon á casa de Celestina muy más ancho que

largo, porque Lisandro le ha recebido por criado. Acompaña

á Celestina, que va á llevar la sabrosa y alegre nueva

á Lisandro. En el camino topan á Oligides. Cuéntales un

chiste muy donoso que le acaeció en casa de su Carmisa.

Da la deseada nueva Celestina á Lisandro. Concierta que

á las doce de la noche escale por la huerta. Dale diez

doblas Lisandro y confírmale la merced del casamiento de su

sobrinas.

Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina. · 第 21 / 33 题