_Cel._ Metámonos dentro, señor mio, no estemos aquí en la calle dando
cuenta á los que pasan, que bien es que vivamos cautamente, pues
castamente no permite esta negra carne; allá sabrás bueno ó malo, ó
lo que fuere.
_Lis._ Señora mia, ó afloja ya sin más tardar el cordel que de rato
en rato con estrechos estirones de temor y desconfianza acorta el
huelgo de mi vivir, ó dame presto garrote, que más tormento me es la
esperanza de tu palabra, que las prisiones que sostengo.
_Cel._ Dime, señor Lisandro, ¿qué merece la que hoy en este dia
aventuró la vida en tu servicio?
_Eub._ Algo de bueno trae la madre, encarecérselo quiere primero que
lo diga.
_Olig._ Su costumbre es jamas meter aguja sin sacar reja.
_Lis._ Mucho por cierto, si de la fuente de mi mal trae alguna
esperanza de mi bien.
_Cel._ ¿Y si la trayo?
_Lis._ Júzgote por Dios, pues por ninguna via podemos parejarnos con
los dioses inmortales, dice el gentil Ciceron, como dando salud á los
mortales.
_Cel._ A sus trece torna este necio; ¿qué cómo yo de eso?
_Lis._ Habla alto, madre, que te entienda.
_Cel._ Digo, señor, que en sólo esto me parezco á Dios en no comer
palabras, sino obras, que palabras y plumas el viento las lleva.
_Lis._ Pues ¿qué quieres tú, madre, y sácame de pena?
_Cel._ Yo, seguro que no te pida tesoros ni montes de oro, si no
fuese para casar dos sobrinitas mias huérfanas.
_Lis._ Pluguiese al Soberano que mi deseo hobiese su efecto, que tu
peticion no careceria de cumplimiento, porque incomparablemente
estimo por más aventajada la merced á mí hecha que cualquier dón á tí
prometido.
_Eub._ Oligides, por lo que debes á virtud, te llegues á ese loco, y
le digas al oido que no prometa tal cosa.
_Olig._ Díselo tú si bien te estuviere, que yo no lo pienso, allá se
lo haya, con su pan se lo coma si algun desatino hiciere.
_Eub._ Señor, una palabra.
_Lis._ ¿Agora me vienes con secretos, necio?
_Eub._ Señor, mira lo que haces, que quedas atado al prometimiento,
porque el que de su voluntad se obliga, obligado es á cumplir
lo prometido; por amor de Dios no lo hagas, que es pecado de
prodigalidad, no te saque de quicios esa mala hembra y tu desvariada
alegría.
_Lis._ Véte de ahí, asno, ¿quién te hizo cura de ánimas ó procurador
de pleitos ajenos? Déxame á mí, que yo sé lo que hago.
_Eub._ Por donde te tengo, por ahí te dejo; nunca más perro á molino,
á tu placer, mula, da, promete, cree á alcahuetas, que tú te pondrás
del lodo y morderás en el ajo más de cuatro pares de veces.
_Olig._ En mi seso estuve estar quedito y no irle á la mano en cosa
fuera del propósito de sus boberías.
_Eub._ Él vendrá á tiempo en que se pele las barbas de que no me
creyó. Quiero salirme de este juego, que bienaventurado es, dice el
serenísimo rey y profeta David, el que no fué en pos del consejo de
los impíos, ni se detuvo en el camino de los pecadores.
_Cel._ No pasemos más adelante, yo me obligo de te la hacer haber,
con que dés tú fe de me las casar honestamente.
_Lis._ Doite mi fe y palabra como caballero de lo hacer.
_Cel._ Recibo la merced que á eso me atengo, pues al buey por el
cuerno y al hombre por la palabra, dicen en mi tierra, cuanto más que
en los nobles y generosos como tú, el nuevo ofrecimiento es habido
por nueva obligacion, y no pierdo las albricias de las buenas nuevas
que oirás.
_Lis._ ¿Buenas nuevas, madre mia? daca esos piés, besarételos, que no
me tengo por digno besar tus manos, que, por ventura, tocaron la ropa
de mi señora. Di agora que de rodillas se ha de recebir la palabra
salida por boca de aquel ángel.
_Cel._ Por mi salud, no lo consienta, levántate, señor.
_Lis._ Pues di.
_Cel._ La suma de ello es que el juéves á las once de la noche
Roselia te saldrá á hablar por las ventanas traseras de su torre que
miran al alcázar.
_Lis._ ¿Qué dices, señora? ¿Qué dices, salvacion mia y bien mio?
Tórname á decir eso, explícate más, quizá entendí mal, ó trastroqué
las palabras, ó mi poca advertencia causó poco entendimiento, ó mi
mucha aficion hizo que el disfavor de aquella princesa que enxerido
traes en tu razon, echase á la mejor parte.
_Olig._ Está el diablo desbabado oyendo, y dice que no tiene atencion.
_Cel._ Algo merece la que tan buen recabado trae, que si el sesgo no
llevára el córte de mi razonar á remate, iba perdida.
_Lis._ Señora Celestina, único remedio y reparo de mi desahuciada
salud, declara y repite esa autorizada sentencia, que no la entendí.
_Cel._ Pasado mucho intervalo de tiempo, y usando yo de mis artes
cautelosas y fingidos rodeos, acabé con Roselia que te viese por do
te dixe, haciéndole entender que tocaba al servicio de Dios ver y
hablar al que con su vista y palabra recuperaria la vida.
_Lis._ Mozos, ¿estais ahí?
_Olig._ Sí señor.
_Lis._ ¿Qué dixo la señora?
_Olig._ Que Roselia, dadas las once de la noche, saldrá á las
ventanas de su torre, y que ahí la hablarás.
_Lis._ Mira no te engañes, mira si entendiste como yo, que aquel
resplandeciente lucero, cuando el prolixo relox tocáre las once, se
descubrirá, y esclarecerá del castillo la calleja del alcázar, y de
ahí esparcirá sus refulgentes rayos por mi corazon y dará luz á mis
ojos; ¿es esto?
_Olig._ Eso es en sentencia.
_Lis._ ¡Oh singular merced! ¡oh premio tan sobrado y desmedido á mi
merecer! ¡oh incomparable dón! ¡oh crecido y sobrepujante galardon
á mi servicio! ¡oh aventajado salario de mi pequeño trabajo! ¡oh
soberana! ¡oh divina! ¡oh suprema! ¡oh excelente! ¡oh encumbrada y
ensalzada magnificencia y liberalidad de mi señora, que á su captivo
siervo y esclavo aherrojado rescató en este dia de las obscuras
prisiones de cárcel de amor! Espejo de mi vista, lumbre de mis ojos,
dulzor de mi ánima, joya preciosa entre todas las perlas, hermosa
ninfa, en cuya presencia todo el mundo es feo, ¿qué favor es éste que
me envias? ¿qué es posible que saldrás de tu grado? ¿cuándo te lo
merecí? ó háceslo por tu grandeza, que condicion es de las grandes
hacer mayores las mercedes que los servicios merecen. Mas ¿qué es
esto, si me he vuelto loco, sin seso, hecho frenético de suerte que
con la mucha pasion, trastornada la imaginativa, fantasea fingiendo
lo que deseaba? ¡Ah, señora! ¿tú no eres Celestina y vosotros mis
criados? ¿No me es agora dicho que mi señora Roselia de su homenaje,
cuasi á la media noche, con su venida descombrará mi pecho de
pasiones, y remontará las mis ciméricas tinieblas que me obscurecian?
_Olig._ Sí, sí, sí, ora ver si lo creerás; juraré que ha de pensar
aún sobre ello. Ea, señor, que no estamos aquí en la opinion de
Empedocles, filósofo, el cual decia de ninguna cosa poder nosotros
tener evidencia, porque los sentidos podian recebir engaño y
decepcion; no pasa otra cosa ni hay más de lo que oiste.
_Lis._ ¿Y qué fué?
_Olig._ ¿Y no lo has oido seiscientas veces? Sancto Dios, y qué
prolixo hombre; bien dicen que cuanto más deseada es la cosa, más
dura es de creer; pues ten atencion y oye.
_Lis._ Di.
_Olig._ Roselia, el.....
_Lis._ Espera pues, no dé otro sentido del que suena tu habla y
pronuncia tu boca, veré si conformamos, que mucho hace un sí ó no en
la oracion. Roselia, mi señora.
_Olig._ El juéves en la noche.
_Lis._ El juéves en la noche.
_Olig._ Dadas once.
_Lis._ Dadas once.
_Olig._ Te verá y hablará.
_Lis._ Aguarda, no te des tanta priesa. Me verá y hablará.
_Olig._ Del puesto.
_Lis._ ¿De qué puesto?
_Olig._ De las ventanas de su torre que caen al alcázar.
_Lis._ Eso sí, de las ventanas de su torre que caen al alcázar. Es
así: que Roselia, mi señora, el juéves, dadas las once, me verá y
hablará de las ventanas de su torre.
_Olig._ Que sí, que sí, que sí, ¡válate el diablo! Dios me perdone si
lo has entendido.
_Lis._ ¡Oh bienaventuradas orejas mias que en tan breves palabras tan
sublimes sentencias oís! ¡Oh gozo extraño! ¡oh dichoso hombre más que
cuantos nacieron! pues ninguno gozó de tanta alegría como agora yo.
_Cel._ Sosiega, señor, que no ménos te podria dar la muerte la
demasiada alegría extendiendo las telas del corazon fuera de sus
límites, que la mucha pasion y tristeza angostándolas más de lo
necesario.
_Lis._ ¡Oh mi buena madre! ¡oh excelente triaca de mi secreta y
mortal llaga! Cuéntame agora todo lo que pasaste con aquella señora,
y dime algunas palabras consolatorias de aquella dulce boca.
_Cel._ Señor, bástete saber que del casquillo de la saeta que á
tí hirió queda ella lastimada, y aunque parezca que por via de
bien quiso conceder á mi ruego y satisfacer á tu deseo de vella y
hablalla, pero ella vendrá de su grado dando de piés y manos á lo que
pretendemos, que la vergüenza y empacho comun á todas hace que lo
que la voluntad otorga la boca niegue, con este velo cubrimos hartos
defectos que publicariamos si lícito nos fuese como á los hombres,
aunque yo, pardios, no me curaba de esas vergüenzas cuando moza, que
si bien me parecia alguno, no dexaba de hacerle señas y mostrarle
claramente la gana que tenía.
_Fil._ Señora, una moza te busca.
_Cel._ Pues, mi señor, el viérnes de mañana soy acá á ver cómo te
fué con tu dama para que de ahí colija y sepa en qué estado está el
negocio y en qué disposicion la tenemos, y conforme á esto obrarán
mis artes, y quédate á Dios.
_Lis._ Toda la córte celestial te acompañe.
_Cel._ ¿Qué quieres, hija?
_Moz._ Mi señora Angelina te suplica que en todo caso vayas á las dos
á juicio, porque aquel estudiante con quien tú la desposaste niega
ser su esposa.
_Cel._ Dile que me place, que yo lo haré de mil amores, y que me
espere en su casa, que de ahí nos irémos entrambas juntas.
_Lis._ ¡Oh, cómo temo no me acaezca agora algun infortunio ó
desastre! que la fortuna así suele usar de sus casos falaces con los
que en prosperidad pone y en alta cumbre como á mí, de manera que
cuanto más alto los sube, tanto más baxo lo derrueca y abate; rueda
es de fortuna no permanecer en un sér.
_Olig._ Por ende es buen aviso, señor, pensar hombre consigo todos
los males que le pueden suceder, y estar apercebido con sufrimiento,
porque si alguno sucediere no le halle desarmado y desproveido de
paciencia, ántes dé gracias á Dios que no le sobrevinieron todos
aquellos males que él pensados tenía.
_Eub._ ¡Oh! cuánto sería mejor dejar esas vanidades y contemplar la
brevedad de la vida y el fin y remate de ella, que al fin pasa la
gloria de este mundo y sus deseos y cobdicias. Mas, ¡oh desvarío
de los hombres! da voces el clarísimo orador y poeta Petrarca,
nadie hay que esto no sepa, y esperan enmienda con dilacion de la
vida fingiendo entre sí que están léxos de la muerte, la cual el
tiempo breve, la vida corta, las muchas desventuras y fortuitos
acaecimientos la hacen vecina y muy cercana á nosotros; así es el
mundo y el engaño de los vivientes, que mientra luengo espacio de
vida, á sí mesmos prometen pensando vivir los años de Nestor, ó que
les sucediera la dicha de Metello, ó que la natura les será madre
más piadosa que á los otros, á deshora la triste y congoxosa muerte
les acomete sin apercibimiento. Mira, señor, que aquel vivió, dice
Marcial á su amigo Posthumo, el que ayer vivió, que de hoy no tenemos
certinidad. Teme á Dios y acuérdesete de aquella palabra digna de ser
escripta con letras de oro, por ser de aquel gentil Valerio, que la
ira de Dios procede en su venganza de espacio y á pasos contados, y
la tardanza la recompensa con graveza del castigo.
_Lis._ Oligides, di á ese sandio que calle si no quiere palos, que,
por Dios, creo que ha de reventar un dia de éstos de mucha devocion.
Y mira si está aderezado, que quiero comer.
_Olig._ Voy, señor. Anda acá Eubulo, que eres menester.
_Eub._ Ya, ya, á buen entendedor pocas palabras.
¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
Va Celestina con Angelina á pleito ante el Provisor,
juntamente con los testigos y Procurador. Despues de largas
disputas con el letrado, el Provisor absuelve á Sancias,
estudiante, de la demanda que por Angelina le fué puesta
sobre caso de ser su esposo y marido. Está llena esta cena
de mucha doctrina, y no ménos de gracias y donaires.
CELESTINA. — ANGELINA. — TESTIGOS. — PROVISOR. — PROCURADOR. —
SANCIAS. — LETRADO.
_Cel._ Tha, tha, tha.
_Ang._ Mochacha, corre, verás quién llama.
_Cel._ Bendígate Dios y San Miguel Ángel, y qué galana estás.
_Ang._ No estoy para ver despues que parí del Arcediano.
_Cel._ Tal me venga el año y la Pascua cual tú agora me pareces.
_Ang._ Madre, no me lo tomes á soberbia, que en mi ánima agora dos
años no habia otra más hermosa en la ciudad.
_Cel._ ¿Por qué no te arrancas esos pelitos de entre ceja y ceja?
Saca las tenacicas del estuche, pelarételas.
_Ang._ Ten; ay, que escuece.
_Cel._ Hija, por eso dicen sufrir cochura por hermosura. Cobíjate y
vamos, que ya estarán en audiencia, y de camino llevarémos los dos
mancebos que escondimos en la recamarilla por testigos.
_Ang._ Vamos; rapaza, vénte conmigo y cierra la puerta.
_Cel._ Aquí moran. Gentiles hombres, por la parte que os cabe de
la señora Angelina que vengais con nosotras á jurar lo que oisteis
cuando la desposamos con aquel estudiante llamado Sancias, que lo
niega á pié-juntillas.
_Test._ Eso de muy buena voluntad, id, que luégo somos allá.
_Cel._ Por mi salud, hija, que te cumple éste más que otro, que yo
lo he mirado con tales ojos, que será buen oficial de lenternas, y
tú podrás á tu salvo hacer lo que bien te estuviere, que á los tales
no ménos los ojos les engañan que la poca experiencia que tienen en
estas cosillas, cuanto más que mucho hace al caso el sonsonete de,
mujer casada soy, para que en más te tengan los galanes que hasta
aquí te servian, que lo vedado más se desea, y más caro cuesta lo
que no se halla fácilmente á cada canton, y tambien que así no te
llevarán el marco.
_Ang._ Si eso no viera, nunca tan á pechos tomára este casamiento,
cuanto más que es hijo de un mercader muy rico, y está un dia de
éstos para repetir.
_Cel._ Dices la verdad, que ansí lo oí.
_Ang._ Pongámonos cabe estas verjas, que Sancias velo do está, y
los testigos ya vinieron; tú responderás por mí, que yo soy muy
empachada, mientra viene nuestro Procurador.
_Provisor._ ¿Qué quereis, mujeres?
_Cel._ Señor, esta doncella se casó con este estudiante y él niégalo,
y por cuanto se siente muy agraviada en no casarse, pide en justicia
á vuestra merced le mande casar con ella, pues darémos informacion de
la verdad.
_Prov._ Toma procurador, que tú, mujer, no puedes procurar.
_Cel._ Hélo aquí, señor.
_Prov._ Bien está; pues ¿qué pides al estudiante?
_Procurador._ Pedímosle por marido de esta señora.
_Prov._ ¿Qué decis vos á esto?
_Sancias._ Que no sé qué se dicen, y niego lo que me levantan.
_Proc._ Es verdad, y porque lo creas, señor, toma juramento á estos
testigos que están aquí, que ellos dirán la verdad.
_Prov._ Jurad que jurais á Dios y á santa María, y á esta señal de la
cruz ✝ decir verdad de todo lo que supiéredes en este caso y os fuere
preguntado. Respondé, sí juro.
_Testigos._ Sí juro: sí juro.
_Prov._ Si así lo hiciéredes Dios os ayude, si no, él os condene.
Decí, amén.
_Test._ Amén.
_Prov._ Por el juramento que habeis hecho, es verdad..... ¿Cómo os
llamais vos?
_Ang._ Señor, Angelina.
_Prov._ ¿Y vos?
_Sanc._ Sancias.
_Prov._ Que Angelina se casó con Sancias, estudiante, y sabeis que se
dieron las manos por palabras de presente.
_Test._ Que para el juramento que hemos hecho que están casados, y
les vimos dar las manos por palabras de presente.
_Sanc._ Señor, aquello no lo niego; pero puse condicion cuando me
casé con ella diciendo así, yo te tomo por mujer si el arcediano que
te hobo te diere comigo veinte mil maravedís en casamiento.
_Proc._ Señor, ya se los da el arcediano.
_Sanc._ Señor, bien me puedo salir afuera si no tornamos de nuevo á
darnos las manos con nueva obligacion y consentimiento.
_Proc._ No podeis por el capítulo _Super eo de conditionibus_.
_Prov._ Escuchaos y salios fuera, tomaré parecer con el letrado,
que ése es caso dubdoso y áun harto dificultoso de determinar.
Señor doctor, ¿qué sentís en este caso? Si dos se dan las manos con
consentimiento de entrambas partes por palabras de tiempo presente,
y el uno de ellos pone esta condicion de futuro diciendo, yo te tomo
por mujer ó marido con tal que fulano te dé en casamiento tantos
mil maravedís, dáselos; pregúntoos si será válido el tal contrato ó
matrimonio complida la demanda, ó condicion puesta, ó si se requiere
nueva obligacion y nuevo consentimiento.
_Letrado._ Antigua y vieja querella es ésa, señor Provisor, en la
cual los famosos canonistas y teólogos fieramente se encuentran, y
entre ellos hoy dia hay gran controversia en la porfía y debate de
la verdad, de manera que cada uno de ellos, segun su opinion, daria
su parecer y decreto. Pero yo sigo en este caso la sentencia de los
teólogos, que en esto, como en lo demas, sintieron y hablaron mejor.
Cuyo cánon verdadero es que el matrimonio que de principio no fué
matrimonio por causa de algun pacto ó concierto ó impedimento ó
condicion puesta, no viene á ser matrimonio, puesto que despues se
cumpla lo prometido, ó cese el estorbo que empidia el tal contracto,
si de nuevo no comienza entre ellos nueva obligacion y consentimiento
de voluntades.
_Prov._ ¿Por qué razones os fundais? que, ya sabeis que en materias
disputables, más hace la razon y argumento que la auctoridad del que
lo dice, dado que mucho me persuadan las letras y buen juicio que en
vos florecen.
_Letr._ No creais que la doctrina de estos sabios teólogos aceptase
por la más razonable y verdadera, si sus subtiles y agudas razones no
me moviesen á ello y áun me compeliesen á creello. E dexadas nuestras
leyes y capítulos que parecen sentir esto, donde por consecuencias y
argumentaciones os podria traer á conocimiento de mi opinion, como es
la ley _Si stipulator_ y la ley _Stipulantes_, § _Sacram de verborum
obligationibus_, y el capítulo _Super eo de conditionibus_, argúyoos
con vivas razones, las cuales despiertan más el entendimiento. La
primera, si Sancias ántes que le cumplan la condicion se arrepiente
y desiste de su propósito y intincion que tenía de casarse con
Angelina, todos los doctores, así teólogos como canonistas, convienen
que el tal no sería matrimonio; luego, dado que no revoque su
consentimiento, no valdrá el contracto de palabra si de nuevo no
consientan. Pruéboos la consecuencia, porque ningun arrepentimiento
basta para quitar ó anular la fuerza ó virtud del contracto, si en sí
causa el matrimonio y tiene virtud de lo hacer. La segunda razon, si
Sancias ántes que el arcediano le diese los veinte mil maravedís, ó
ántes que le cumpliesen cualquier otra condicion puesta largamente,
se podia casar con otra, como vos, señor, tampoco negaréis, luego si
tiene poder de casarse con cual quisiere, es porque el tal contracto
con condicion era inválido y sin virtud de hacer matrimonio, y como
quiera que sola la ratihabicion no es suficiente de causar obligacion
en el matrimonio sin nueva voluntad y contracto, síguese que no es
necesario que nuevamente se casen y consientan. La tercera razon.....
_Prov._ No procedais más adelante, señor Doctor, que yo estoy ya
contento de vuestras razones, pero no satisfecho de mi dubda; y no os
espanteis que yo dubde, pues dubdaron aquellos doctos varones como
Hostiense, Calderino, Angelo de Clavassio, Antonino y el teólogo
Palude, y otros muchos que siguieron el parecer contrario; y pues
no ménos virtud y sabiduría es defender la verdad de los contrarios
que saberla sustentar con razones, ruégoos me respondais á estos
argumentos que en sí traen dificultad y en mí engendran escrúpulo,
tanto que apénas os creo, y áun con vuestro perdon digo que es
falso lo que decís; y sea el primer argumento: en todos los otros
contractos condicionales, veniendo la condicion queda el contracto
perfecto sin otra nueva obligacion; exemplo: doy os cien libras
de plata si me asegurais la nao, doy os la casa si me diéredes la
heredad, si vos cumplis la condicion yo quedo obligado á lo que
prometí y me condenarán á ello, y áun vos sentenciárades contra mí,
luego si el matrimonio es un contracto natural, síguese que obliga
puesta la condicion. El segundo argumento: en el capítulo de _Illis
de conditionibus appossitis_, se dice que si alguno juráre por estas
palabras de casarse con alguna, yo juro de te tomar por mujer si
traxeres tanto en casamiento, si no lo trae no queda perjuro, si con
todo no se hubiere seguido consentimiento presente ó cópula carnal.
Argúyoos yo, señor Doctor, por el contrario sentido. Si haya habido
consentimiento será perjuro, luego como aquél, en el caso que os
puse, ha habido consentimiento explicado por palabras que significan
presencia de tiempo, síguese que tambien será matrimonio. El tercero
argumento, si alguno diga, yo huelgo de ser tu marido y te acepto
por mujer si tú consintieres; si la otra responde, y yo tu mujer y á
tí tomo por marido, no hay dubda, sino que son casados y contraxeron
matrimonio, y la tal condicion era de futuro, luego por lo mesmo, si
dixere, yo te tomo por mujer si dentro de un año consintieres, venido
ó cumplida la condicion, será vero matrimonio. Oyoos, señor Doctor,
entre dientes hablar, y daisme sospecha que no os encaxa esta razon ó
probacion, por ende quiero probar y confirmar el antecedente. Decíme,
por vuestra vida, ¿en todos los casamientos no acontece así, que el
uno habla primero que el otro, y por el consentimiento del segundo ó
del que habla á la postre se perfecciona el matrimonio entre ambos?
por donde siempre me parece á mí que la eficacia del consentimiento
depende de las palabras advenideras ó del tiempo futuro. Por mi fe,
señor, que habeis menester adelgazar vuestra pluma y tajarla más
delgado de lo que soleis en otras cuestiones, si quereis presumir
de responder á mis argumentos, que cada uno de ellos me da nueva
sospecha de vuestra opinion, y todos ellos me causan consentimiento y
juicio de la parte contraria.
_Letr._ De una cosa me pesa, señor Provisor, que no permitistes á
mi lengua dar fin y remate á otras razones que se me ofrecian; mas
creo que lo hecistes porque las sentíades como tiros que minaban y
echaban por suelo el fundamento de los canonistas, los cuales vos con
rabia de defender habeis multiplicado argumentos y réplicas. Si tan
fácil me fuese persuadiros que dexásedes esa opinion y siguiésedes
la sentencia de los teólogos, como me es deshacer vuestras razones,
luégo pensaria que quedaba por mí el campo. Y porque no os parezca
que cumplo de palabra, siendo muy ajeno de mi propósito, respondo por
órden á vuestras objeciones. A la primera digo: que no es de virtud
y naturaleza del contracto que cumplida la condicion cause y haga
traslacion de la cosa; como quiera que ahí no haya sino prometimiento
solo, pero las leyes disponen y ordenan que cualquier que promete,
quiera que no quiera, sea obligado á cumplir lo que prometió, lo
cual no pueden hacer ni disponer en el pacto ó concierto matrimonial
por causa de aquella suma y grande libertad que Dios quiso haber
en el matrimonio, conviene á saber, que cualquiera que áun no es
casado esté en su poder y potestad casarse ó no casarse, tomar mujer
ó dexalla; por lo cual se infiere que si aquél áun no tiene mujer ni
es casado ántes que se cumpla la condicion, segun tambien confiesan
los adversarios, y vos tampoco no lo negaréis, está en su libre poder
aún despues hacer lo que bien le estuviere; y por este fundamento,
señor Provisor, pues sois docto, sacaréis la respuesta de las otras
objeciones. Pero todavía, como gato por brasas, iré tocando las
soluciones, que á vos bastará media palabra, que al hombre sabio
basta apuntalle la cosa para que de media vez entienda. A la segunda
objecion respondo que es verdad lo que el capítulo dice, y lo que
vos inferis á contrario sentido, pero niégoos la consecuencia en
que decis que lo mesmo es en vuestro caso. Entendé el texto, señor
Provisor, que quiere decir que si despues del pacto condicional
hobiere nuevo consentimiento presente no expresada la condicion, ó se
siguiere cópula carnal, entónces queda perjuro si no se casáre con
ella; y así digo en nuestro caso, que si Sancias de nuevo consiente
con las ceremonias de palabras y otras cosas que sabeis requiere el
matrimonio para que obre despues que se puso, ó al tiempo que se pone
la condicion, queda tan casado como vos agora estais, pero porque no
es ansí os negué con razon la consecuencia ó illacion.
_Prov._ No mirais, señor Doctor, lo que dixistes, ni teneis
advertencia á los exemplos que poneis; decisme que soy casado, eso
será á media carta.
_Letr._ No os maravilleis, que son descuidos de letrados. A la
tercera objecion, porque es de poco tomo, no respondo por mi honra
y áun por la vuestra, que bien sabeis vos que me sobraba razon de
sonreirme debajo mi loba al tiempo que la formastes.
_Prov._ Maravíllome de vos, para ser letrado hacer tan poca cuenta de
lo que en sí trae mucha dificultad. En especial que puede haber tanto
intervalo de las palabras obligatorias del uno á las del otro, que
con mucha y sobrada razon se dubde si despues que la mujer consiente
á cabo de rato sea matrimonio ó no, ó es menester que de nuevo
entrambos juntamente consientan.
_Letr._ Dice Avicena que el rejalgar ó veneno puede ser tan poquito
que no empezca ni dañe al cuerpo que lo recibe; bien así podrá
ser tan breve y corta la tardanza de tiempo en que tarda la mujer
á proferir sus palabras y corresponder á las del hombre, que no
impida ni estorbe el matrimonio y vínculo que nace de ahí, como en
el baptismo porque diga el baptizante un poquito ántes ó despues que
batee ó chapuce al niño las palabras sacramentales, no deja de ser
perfecto baptismo. Cuanto más que el consentimiento de la otra parte
es de esencia y sustancia del matrimonio, y no condicion, y así hay
diferencia de lo uno á lo otro.
_Prov._ No os creo, por Dios, en el exemplo que pusistes.
_Letr._ Bien os demostrais ser puro canonista y que andais atado
á las glosas como asno á estaca. Perdonáme si soy discortés, que
debíadesmela, váyase una por otra.
_Prov._ Pase por donaire, que ni vos medraréis mucho á la sombra de
los teólogos, que más presto se os pegará algun piojo que no algun
obispado.
_Letr._ Y áun ése es el mal, que cuando crian obispo no le preguntan
si sabe textos ó apellaciones ó pleitos, mas si sabe _utrumque
testamentum_. Máxime que á ellos pertenece lo que dice San Pedro:
_Parati semper ad satisfactionem omni posidenti vos rationem de ea
quæ in vobis est spe_, y á su oficio compete predicar la doctrina
evangélica al pueblo, que el púlpito agora está usurpado de frailes.
_Prov._ No me agrada eso que decis, porque oficio es del obispo
decidir y determinar cuestiones y dubdas, las cuales sin los cánones
y decretos de sumos pontífices mal se averiguarán con sola la
teología.
_Letr._ Careceis de principios, señor Provisor.
_Prov._ Habla cortés y decí el porqué.
_Letr._ Porque eso es accesorio; que tambien pertenece á su señoría
mirar por los edificios y ornamentos de la iglesia, que esté bien
proveida de todo esto, pero no se requiere por eso ser carpintero
ó platero; así acá, aunque sea así como dices, pero basta para eso
tener una persona docta como vos en los cánones, ca entender en
pleitos sería meterse en negocios seglares, contra el precepto de
San Pablo. De manera que su oficio principal es predicar y enseñar
la doctrina de Cristo, y para esto les es necesario saber la Sagrada
Escriptura y sancta teología, donde se aprenden tambien los textos
de cánones que tocan á la salud de las ánimas, cuanto más que los
cánones fueron fundados de varones teólogos como conclusiones sacadas
del manantial de las letras divinas.
_Prov._ A todo eso que dices contradice Hostiense y Panormitano.
_Letr._ Verdad es, pero no respondieron á mis razones, y hablaron
como canonistas en saber poco en casos de conciencia.
_Prov._ Dexaos, por mi vida, de ésos, señor Doctor, que nunca haréis
mayorazgo si os ateneis mucho á los teólogos, y despachemos á esta
gente, que nos hemos mucho detenido.
_Letr._ Bien podeis dar por libre al estudiante, que en esto no solo
seguis la caterva de los teólogos como es Sancto Tomás, Ricardo,
Scoto, Silvestre y otros muchos; pero teneis de este bando los más
famosos canonistas, conviene á saber, Panormitano, Inocencio III, el
Cardenal y Francisco de Arecio.
_Cel._ Ya deciende el Provisor, llégate acá Angelina.
_Prov._ Estad atentos y oí la sentencia.
_Cel._ Diga su merced.
_Prov._ En el pleito que es entre Angelina y su procurador en su
nombre de la una parte, y Sancias de la otra: fallamos, atentos á los
auctos y méritos de este proceso de pleito, que la dicha Angelina y
su procurador en su nombre no probaron su peticion y demanda.
_Cel._ En hora mala os pusisteis ahí.
_Prov._ Dámosla y pronunciámosla por no probada, y que el dicho
Sancias probó bien y cumplidamente sus excepciones y defensiones.
_Cel._ En buena fe, mentís.
_Prov._ Dámoslas y pronunciámoslas por bien probadas, en consecuencia
de lo cual, que debemos absolver y absolvemos al dicho Sancias de
la demanda contra él puesta por parte de la dicha Angelina y su
procurador en su nombre. E dámosle por libre y quito de todo lo
contra él pedido y demandado.
_Cel._ Para esta que aquí Dios me puso que yo te haga tambien libre y
quito de la que estotro dia me rogaste que hablase.
_Prov._ Y ponemos perpétuo silencio á la dicha Angelina y á su
procurador, para que agora ni de aquí adelante no le pidan ni
demanden cosa alguna de lo en la dicha su demanda contenido, y por
causas que á ello nos mueven no hacemos condenacion de costas; y por
esta nuestra sentencia definitiva, ansí lo pronunciamos y mandamos.
_Cel._ Ansí don cavez mordido, por los huesos de mis finados, tú me
la pagues, no te aprovecha importunarme con el sacristan, que no la
habrás. Calla tú, Angelina, no llores, que yo he de morir ó salir
con este pleito; yo estudiaré mañana y esotro dia para engañar á
Sancias, y entre burlas y véras le sacarémos del buche un sí, puro y
no aguado con condicion; agora vámonos, que no me he desayunado sino
de pecados.
¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL TERCERO ACTO.
Va Lisandro armado con sus criados á hablar á Roselia.
Encuentra á Beliseno, hermano de ella, que anda rondando
la calle, porque habia barruntado el negocio, el cual no
conociendo á Lisandro se va; Lisandro, como no salia su
señora, vase á quexar á Celestina, la cual, despues que se
excusa, le dice que note una carta para su querida, y que
ella se la dará y la hará venir á su propósito con su buena
lengua.
LISANDRO. — OLIGIDES. — EUBULO. — SIRO. — GETA. — BELISENO. —
CASAJES. — GALFURRIO. — DROMO. — REBOLLO. — CELESTINA. — LIBIA. —
FILIRIN.
_Lis._ Oyes, Oligides, di á esos mozos que aderecen las armas y esté
todo á punto, que es hora.
_Olig._ Señor, agora dió las nueve.
_Lis._ No hace al caso, que bien es apercibirnos con tiempo, cuanto
más que no sé si por ventura esta noche más que las otras el
primer movimiento llevará en pos de sí al planeta sol fuera de su
acostumbrado camino, y así pensando hallar á Roselia encontraré con
la hija de Palántes que sale desmeleñada con sus rosados cabellos y
acompañada de rocío á descombrar el esmaltado cielo de estrellas, y
estorbarme de ver y hablarla, que con su vista me alegra y con su
ausencia me atormenta.
_Olig._ Eso no puede ser por via de naturaleza.
_Lis._ ¿Qué sabes tú si Dios agora hará milagro en acelerar el curso
del cielo como hizo con Josué en detenello? Que á los que bien aman
nunca les faltan desdichas, á los cuales no ménos fortuna les es
contraria, que á los ménos dignos amor favorable.
_Olig._ ¿Qué armas quieres, señor?
_Lis._ Dame á mí ese montante, vosotros llevad rodelas.
_Olig._ Vístete estas corazas, Eubulo.
_Eub._ Bástame á mí zarahuelles y un brazal izquierdo con la rodela.
_Olig._ Yo vístome el jubon fuerte de nudillos, que á mí más que á
otro me trae sobre ojo para me matar Beliseno, hermano de Roselia,
despues que sintió mis pasos y mis entradas y salidas á su hermana de
partes de Lisandro. Siro, Geta, armaos presto.
_Lis._ Quédense ésos en casa, que bastais vosotros.
_Olig._ ¡Oh señor! vengan, que quien á sus enemigos popa á sus manos
muere. Bien es que vamos á recabdo.
_Lis._ ¿Quién hay que nos ande á los zancajos por aquí?
_Olig._ Beliseno el mayorazgo, hermano de ella.
_Lis._ ¿Y ha venido á su noticia cosa alguna?
_Olig._ Tanto que me pesa, porque supo que yo habiendo sido paje de
su padre, y fiando su casa de mí, con este título le alcahuetaba á
su hermana para tí, y anda por me matar, segun me dixo Galfurrio,
su criado y mi amigo; y tambien me dixo que te cumple á tí traer la
barba sobre el hombro y andar en aviso, porque cada noche fasta las
once pasea la calle de banda á banda, y trae espías á ver si te puede
coger, que fué sabidor de cómo los otros dias te requebraste con
Roselia, y que fasta hoy dia la sirves y festejas con mil juegos de
cañas, y justas, y pomposos atavíos en tu persona y diversas libreas
en tus sirvientes, en las cuales siembras letras de tu pasion,
bordadas y chapadas las ropas todas del nombre de la dama; que áun en
los paramentos de los caballos y en la cimera del yelmo huelgas de
escrebir su nombre. Con todas estas cosas, ¿no querias ser sentido?
Piensan los enamorados que los otros tienen los ojos quebrados. Pues
sábete que Beliseno es hombre que tiene sangre en el ojo y mira mucho
por la honra, y por este pundonor no estimará el resto en lo que
pisa; á su mesma hermana matará si siente el menor pelo del mundo.
_Lis._ Pues no sólo mi hacienda, mas tambien mi vida he condenado al
fisco de su servicio, por bien empleada doy la muerte en tanto que
ella se sirva. Cuanto más, que dientes tuvo mi linaje, que los supo
mostrar en tiempo de afrenta, y lo mesmo haré yo á quien me enojáre ó
tocáre al menor de mi casa, y déxate de eso y vamos.
_Olig._ Atraviesa por esta calle, que es más secreta.
_Lis._ Hola, id de dos en dos porque no parezca que vamos en
cuadrilla.
_Olig._ Bien dice.
_Eub._ Señor, por amor de Dios, que si algo fuere nos defendamos con
moderacion que carezca de culpa, y no acometamos, que no lo permite
la ley evangélica, ántes nos enseña á amar los enemigos.
_Lis._ Boballa tres veces, ¡con qué sale el asno devoto!
_Olig._ Ce, ce, señor, el lobo en la conseja; ¿ves aquel bulto de
hombres arrimados al esquina?
_Lis._ Mucho bien, ¿quién son?
_Olig._ Beliseno con su gente. Ponte en primera, que se acercan, y
poco á poco se van juntando con nosotros.
_Lis._ Hacé lugar, jugaré de mi montante en esta plazuela si algo
fuere.
_Sir._ Geta, ¿sabes alguna postura de espada? dímela, que no aprendí
á esgremir.
_Get._ Ponte así en tercera.
_Sir._ Echaré mano tan ayna.
_Get._ Veamos primero en qué pára esto.
_Beliseno._ Mozos, no se menee nadie de su lugar sin que ántes sepan
quién son, no paguen justos por pecadores. Si fuere Lisandro, el
primero que le diere una estocada y le derribáre en el suelo, tiene
de mí cincuenta monedas.
_Casajes._ Señor, ¿si le matamos?
_Bel._ Muera.
_Galfurrio._ Perdónele Dios.
_Cas._ Bien pueden doblar por él.
_Dromo._ Mas recen por él luégo.
_Rebollo._ Digámosle todos un pater noster, porque Dios le alumbre á
conocimiento de sus pecados y no pierda el alma con el cuerpo.
_Bel._ Tiremos la calle derecha, que no son ellos si no me engaño,
que están muy retapados, y creo que es la justicia.
_Galf._ ¿No nos viste, señor, en tu reguarda asestadas las puntas
de nuestras espadas en su corazon? No hubiera dicho, yo soy, cuando
cuatro estocadas, una en pos de otra, le rasgáran las telas del
corazon.
_Cas._ Por el sepulcro de Sanct Vicente de Ávila, en esta piedra
estaba aguzando la punta de mi espada para escarballe las entrañas.
_Drom._ Juro á los Corporales de Daroca, yo las uñas porque hiciesen
buena presa, que sin dubda pensaba hacelle tal puerta con mi espada
en el costado izquierdo, que con las uñas le arrancára el corazon.
_Reb._ ¡Oh pésete tal! ¿por qué no era él? que Galfurrio lo dirá
si le pedí prestado su pañizuelo para me limpiar despues la mano
derecha, que, por la cruz de Caravaca, por mi tengo que fasta la
empuñadura le metiera la espada y me bañára la mano en sangre, porque
yo le apretára tanto, que las costillas le hiciera cruxir y que
dieran lugar á mi mano que se engolfára dentro.
_Bel._ Mando que ninguno haga más de matalle.
_Galf._ Si fuere en nuestra mano, señor, podernos moderar fasta
sacarle de vida no más, lo cual creo que no podrá ser, harémoslo,
donde no, podrás perdonar. Tira, señor, por estotro camino, no nos
encuentre la justicia y nos desarme, pues no te quieres dar á conocer.
_Bel._ Vamos.
_Galf._ ¿Qué os parece, compañeros, si tornáramos la cuesta donde
quedan los otros? no fueran más nuestras vidas.
_Drom._ Ahí nos matáran.
_Cas._ Hagámonos cuenta que hoy nos nacimos, que de dos buenas hemos
escapado.
_Reb._ A tí debemos la vida, Galfurrio.
_Olig._ Señor, está siempre á punto y guarda la entrada, no haga
Beliseno alguna zalagarda donde quedemos todos apiolados, que por
arriba me pareció que subian á rodearnos.
_Eub._ Ya se fué.
_Lis._ Sentémonos al pié de la torre miéntras se hace hora y sale mi
señora. Vosotros, ¡hola!
_Sir._ Señor.
_Lis._ Poneos á esos cantones y mirad quién pasa, avisáme.
_Sir._ Yo escóndome, hermano Geta, tras esta pizarra, que mal va este
negocio como el diablo.
_Get._ ¿Cabemos entrambos?
_Sir._ Espera, meteréme yo debaxo; ponte agora ahí arrimado, que no
te vean los que pasan.
_Lis._ ¿Qué hora da el relox?
_Olig._ Las once.
_Lis._ Apartaos allá, no vea mi señora otra persona más de la mia, no
se turbe de ver tanta gente, y se empache de salir á hablarme, basta
el temor con que lo hace.
_Eub._ Aquí estarémos.
_Lis._ Hola, ce, ¿dormís?
_Olig._ Señor, no.
_Lis._ ¿Habeis oido el relox?
_Olig._ Poco há que dió las doce.
_Lis._ Y no sale aquella resplandeciente luna de la noche, aquella
luminosa hacha para alumbrar de sus finiestras la profunda tiniebla y
tenebrosa obscuridad de mi corazon preso en la carcel de su servicio.
Mas ¡oh desdichado! que no son tan grandes mis servicios, que no sea
mayor su merecimiento para hacerme mercedes, ni hay tan gran cosa en
mi poder, que mayor á tí no se deba; pero por eso, señora mia, es más
tu nobleza y liberalidad para me las hacer, que no mi diligencia para
las merecer y recebir, y lo que fuere falto en mis obras, la virtud
tuya lo supla volviendo los ojos á mi crecido deseo, que del todo á
tu servicio se ha dedicado, de suerte que no tiene cosa nueva que
te ofrecer, que si más hobiera más sacrificára; y de todo esto con
sola tu vista me doy por pagado, que así mis ojos se contentarán y
mi corazon quedará satisfecho. ¡Ah señora! ¿óysme? Cata, que si la
esperanza de verte me faltase, tampoco la vida se podria sostener;
¿no me respondes, ó déxasme por atreguado como pieza de axedrez?
_Olig._ Asotra puerta, al diablo le responderá, está la otra
durmiendo á su placer y oirálo. En buena fe, señor, mejor sería irnos
á dormir que no guardalle su torre.
_Lis._ Esperemos hasta las dos, y si no sale, vámonos, que aquella
burladora de Celestina me ha engañado. Desviaos, no esteis conmigo,
no os sienta si saliere, y así se torne.
_Get._ Po, po, y como hiedes, Siro.
_Sir._ Pardios, para te decir la verdad, que pensé que alguno te
engarrafaba cuando te heciste á mí y me empuxaste, y con este miedo
caguéme.
_Get._ Yo te doy mi fe que no me quedó gota de sangre en el cuerpo
cuando me enovillé y me apreté contigo, que no sé cómo me volví los
ojos despavoridamente y representóseme por hombre aquella piedra
frontera.
_Eub._ Señor, las dos da, vamos que ya no saldrá.
_Lis._ Ay, ay de mí, que, como mi ánima, fasta aquí puesta en temor
y suspensa en esperanza, atentamente esperaba el buen ó mal suceso,
así agora que no tiene en qué estribar, queda atónita, sin sentido y
pasmada.
_Olig._ Supla tu cordura lo que falta de razon, para no dar lugar á
tu pasion.
_Lis._ Ni Job con paciencia, ni con fortaleza Posidonio, su dolor
disfrazaron, cuanto más yo, flaco hombre de cordura, me podré ensayar
para no sentir lo que me sobra de razon para quexarme.
_Eub._ Señor, pues no puedes lo que quieres, quieras lo que puedes,
esto es, que des obra á que Cupido no aviente con sus alas más
desórden en tu voluntad, la cual si virtud y sabiduría no la enfrena,
ella por sí desbocada y sin freno es.
_Lis._ Fácilmente todos, cuando sanos, damos buenos consejos á los
enfermos, si tú adolecieses de mi mal, otra cosa dirias y sentirias.
_Olig._ Señor, tarde es, vámonos á dormir que ya no saldrá.
_Lis._ No lo haré fasta ir á hablar á la vieja.
_Olig._ Pues tira por esta acera, aquí vive.
_Lis._ Llama.
_Olig._ Tha, tha, tha, ¿quien está acá? Celestina, Celestina, asotra
puerta, que aquésta no se abre. La fuerza del primer sueño vence su
sentido que no nos oya.
_Lis._ Golpea con esta piedra.
_Olig._ Trap, trap.
_Cel._ Libia, mochacha, despierta y párate á la ventana, verás quién
es, que hunden la puerta á golpes, y di que aguarde á quien fuere
mientra me visto, que si á mano viene alguna debe estar con dolores
de parto, pues á tales horas vienen.
_Lib._ Voy. ¿Quién está ahí?
_Lis._ ¡Ah, señora!
_Olig._ Paso, señor, que no es Celestina; señora Libia, decid á
Celestina que está aquí Lisandro, mi señor, que la quiere hablar.
_Lib._ Sí diré. Tia, aquel caballero de Roselia te busca.
_Cel._ ¿Él mesmo ó algun su criado?
_Lib._ Él en persona.
_Cel._ Duelos tenemos, pues á tal hora viene, daca ese ropon,
echarémelo encima.
_Lib._ Toma.
_Cel._ Y ¡Jesus! señor, ¿á tales horas por acá?
_Lis._ Bien lo has hecho, madre, buena cuenta has dado de mi negocio.
_Cel._ ¿Qué es, mi señor?
_Lis._ No vino.
_Cel._ ¿Qué, no salió Roselia á hablarte?
_Lis._ No, por ende mira si me traes en tres pasos burlado, que temo
que nada le dixiste.
_Cel._ ¿Decir? mal me haga Dios y no vea esta cruz á la hora de mi
muerte si no se lo dixe, y áun de tal repicapunto, y con tal astucia
y viveza, que mi tia, que Dios haya, no supiera mejor decillo; desas
soy, en buena fe, mal me conoces, no hay tal mujer en el reino de mi
oficio como yo, mal pecado; no son éstos los primeros amores en que
he entendido.
_Lis._ Pues ¿qué piensas haber sido la causa de faltar mi serafin su
fe y palabra?
_Cel._ Impedimentos que no faltan, cuanto más que el temor vergonzoso
la habrá retraido de lo que, por ventura, ella libre de aquel natural
empacho y velo de vergüenza, más que tú desearia. Pero déxamela,
que yo la ablandaré más que cera, y áun la derretiré con mi plática
que destile en lágrimas de tu amor; que mi lengua allana todas esas
asperezas y rigores, que una martillada y otra hace mella y empresion
en el hierro, y lo pone de la figura que quiere; una contínua
gotera horada la piedra, las hormigas con el mucho uso gastan los
pedernales y hacen camino pasajero, la frecuentacion de los actos
causan hábito, el mucho exercicio desenvuelve los miembros. Así
mis compuestas, multiplicadas y importunas palabras desbastan los
corazones rudos al amor, y los duros enternecen, y los tiernos del
calor de Cupido derriten, y en ellos imprimen su sello, virtud y
eficacia. Tú, señor, nota de mañanica una carta en que le declares
tu pasion y te quexes de su fe quebrantada y lo que más supieres, y
envíamela, dársela he; que todas estas machinas son menester para
combatir y abatir el su fuerte propósito á lo que queremos; y á
buenas noches, que me toma dolor de cabeza si me desvelo con esta mi
negra axaqueca.
_Lis._ A tí me encomiendo, señora.
_Olig._ Adios, madre, y salúdame á mis ojos.
_Cel._ Andad con Dios, mis hijos, que sí haré.
_Lis._ No llames recio, no nos sientan los vecinos. ¿No salen esos
tacaños á abrir? Bellacos, ¿así esperais á vuestro amo que os da de
comer? ¿Qué es de aquel rapaz, Filirinillo? Puto rapaz, ¿dormís?
espera que yo te despertaré, con una vuelta de cabello.
_Fil._ Señor, yo despertaré.
_Lis._ Despierta, despertad, pues vuestro amo vela. Enciéndeme luégo
una vela y súbela á mi escritorio.
_Olig._ Señor, reposa eso poco que falta de la noche, que tiempo hay
para todo.
_Lis._ No te fatigan mis cuidados ni te quitan el sueño como á mí,
anda, véte á acostar y cierra esa puerta.
_Fil._ Yo, yo, ju, juro á Sant Juan, yo, yo lo diga á mi padre que
me peela, y, y me abofete, ea, y, y que me asiente co, con otro amo
mejor.
_Eub._ Calla, hermanito, no llores, que quien bien te quiere te hará
llorar. Si buenos principios llevares de pequeño, cuando grande los
hallarás, que las buenas costumbres y buena crianza de la niñez
mucho aprovechan para despues tener firmeza y constancia en la
virtud, que de becerrillo verás que buey harás. Si desde chico te
vezas á ser virtuoso, siempre adelante amarás lo bueno, y en ello te
deleitarás, porque la virtud frecuentada por muchos actos conviértese
en naturaleza, y la natura inclina á obrar con deletacion y suavidad,
al contrario, si te enfrascas en el vicio, y una vez te metes en él,
tras él te irás como barco suelto en pos de la randa, ó como nao que
va en popa, ó como caballo desbocado, no habrá quien te refrene ni
aparte de sus halagos, ni nadie bastará á sacarte de su muladar, que
ya sabes que mudar costumbre es par de muerte, y quien malas mañas
há tarde ó nunca las perderá; sino míralo en lo que dice Plutarcho
en el tratado cómo se han de criar los hijos, donde, entre otras
cosas dignas de recordable memoria, cuenta que Licurgo, rey de los
lacedemonios, queriendo mostrar á los ciudadanos cuanto hace para las
costumbres la crianza en que se crian los hombres, tomó dos perros,
hijos de un padre y una madre, criados en diversos exercicios, el
uno en la cocina enseñado á golosinas y á lamer ollas y platos, y el
otro en el campo hecho á trabajos y á cazar, y juntado el pueblo en
la plaza, díxoles: mucho pueden, varones Lacedemonios, la crianza y
los enseñamientos y exercicios en los hombres, como luégo lo veréis
por las obras en estos dos perros, hijos de un padre y de una madre;
y esto dicho, soltó los perros, y el uno se fué á una olla que
pusieron allí, y el otro tira tras una liebre que soltaron. Esto te
he dicho, Filirin, porque parece mal los mochachos ser rezongones
y desobedientes, y tambien porque juras y juegas, y áun sirves de
mandilete, que es peor, que yo lo sé. Y mata ese cabo de candela y
durmamos, que es tarde.
¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL TERCERO ACTO.
Yendo Oligides á dar la carta á Celestina, encuentra con
Brumandilon, que va muy denodado á matar á Celestina porque
no le dió parte de la medalla. Conciértanse entrambos de
robar á Celestina y huir temiendo el mal fin que de los
amores de Lisandro se espera, porque Beliseno anda muy
sobre el aviso. Llegados á casa de Celestina, asegúranla
con palabras lo mejor que pueden, vase Celestina á llevar
la carta, quedan Oligides y Brumandilon en casa con las dos
sobrinas.
LISANDRO. — OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA. — DRIONEA. — LIBIA.
— CAPELLAN.
_Lis._ Mozos, levantaos y llevad esta carta á Celestina.
_Olig._ Nunca por mucho madrugar amanece más ayna; ¿no ves, señor,
que no es de dia?
_Lis._ A tus ojos vencidos de sueño. Vístete en un aire, y toma esta
letra y dásela, que la dé lo más presto que pudiere á mi señora, y
dile de mi parte que le suplico, pues mi vida pende de su lengua, que
sepa con ella darme remedio, ó sino que abrevie mi pena. Corre en un
vuelo, no le ocupen otros negocios.
_Olig._ Ya voy, que me olvidaba la gorra y me iba tocado con la
escofia. O yo no veo ó aquél es Brumandilon. ¿Ah, Brumandilon, dónde
bueno con tanta priesa? ¿Es alguna muerte de hombres?
_Brum._ Los vivos lo verán y los que nacieren oirán la hazaña que voy
agora á hacer.
_Olig._ Aosadas que es sobre la medalla.
_Brum._ No es sobre otra cosa.
_Olig._ Pues allá voy yo á darle esta carta que dé á Roselia.
_Brum._ Anda allá y serás testigo de su muerte.
_Olig._ Mas hagamos otra cosa, si te parece.
_Brum._ Di.
_Olig._ Bien sabes que esta vieja es cobdiciosa y avarienta.
_Brum._ Sí sé.
_Olig._ Y que primero le sacarás la vida que la medalla.
_Brum._ Mucho bien.
_Olig._ Luégo, ¿qué mejor hecho romano quieres hacer que robarla una
noche? y si tú partes comigo, yo daré industria para ello, que si la
matas perderás la medalla y por ventura la vida.
_Brum._ De eso no se hable, que solo Dios es bastante á quitármela,
otro no; pero de esotro estoy en ello, y me parece bien, y de mi
consejo hágase luégo, no se dilate.
_Olig._ Hágote saber que bien mirado cumple que lo hagamos, porque
estos amores de Lisandro son peligrosos, y creo que por bien que
libremos todos, así sus criados, como los que dieron causa á ello,
no escaparémos ó de degollados ó muertos de los parientes de ella,
que son de los principales de la ciudad, ó desterrados perpétuamente
con alguna mutilacion de miembros, y pues hemos de huir, bien es que
llevemos las bolsas aforradas á costa de aquella que ha seido causa
de tantos males en esta vida.
_Brum._ Bien dice éste, que yo en propósito me lo tenía sin eso y con
eso, irme de aquí, que por Sancta María, mal ojo me echa Beliseno
cada vez que me topa; quiero vivir á mi contento y quitarme de
revueltas, que más quiero vaca en paz que pollos con agraz.
_Olig._ ¿No te determinas?
_Brum._ Nada me mueves por esa via, ¿no te he dicho que no temo
á hombre nacido ni al diablo que sea? Soy exento en ese caso;
públicamente, si se me antoja, sacaré á Roselia por medio de su casa
y la entregaré en las manos de Lisandro, y que nadie me lo pida. Si
se ha de hacer es porque de este hurto se nos seguirá mucho provecho
y interes, que vivir y no medrar es gran pesar. Yo te digo que si
topamos con el cofre do tiene muchas piezas y joyas de oro que ha
ganado por este su oficio, que saldrémos de mal año y mudarémos el
pelo, que quien no se aventura no há ventura.
_Olig._ Estése, pues, la cosa así y disimúlese, verémos si le da más
Lisandro, y tú no dejes de mirar los rincones de casa, no tenga por
dicha escondido algun dinero que no sepamos.
_Brum._ Déxame el cargo, y agora vamos, pidiréle dos reales para
comer, que seis que me dió estotra que tengo en la putería acabo de
perder á los dados de un mal azar.
_Olig._ En ninguna manera le mientes la medalla, porque descuide,
ántes te aven con ella amorosamente.
_Brum._ Bien; aunque no es de mi condicion, ni me pagué jamas de
esos dobleces mostrar amistad do no la hay. Que no ménos virtud me
parece el hombre ser siempre claro enemigo, que en el debido tiempo
al amigo ofrecido mostrar su verdadera amistad. Pero tornando á otro
propósito, señor mio Oligides, bien ves dónde estamos.
_Olig._ Sí.
_Brum._ Por el bravo y venenoso Cancerbero, que debajo de este arco
de los Milagros rebané á dos las cabezas á cercen diez años há, como
quien rebana dos cohombros, que el diablo los puso junctos y los hizo
iguales.
_Olig._ Tanto há y más que estoy en este pueblo y nunca tal oí.
_Brum._ Escucha que miento, que no fué sino en Córdoba en otra
encrucijada como ésta, pero aquí no fué sino las piernas. La
diversidad y gran variedad de las hazañas que por mí han pasado por
diversos reinos y ciudades, me privan de memoria, á que no me acuerde
de los casos particulares que tengo hechos por todo el mundo.
_Olig._ Démonos priesa, que la puerta de casa de Celestina veo abrir,
entremos de rondon y tomémosla en la cama. Sube.
_Brum._ Mas sube tu.
_Olig._ No haré por mi fe, ea, no quieras con tu larga crianza
hacerme á mí falto de comedimiento. Sube tú, pues sabes la casa.
_Brum._ Subo, pues do conviene obedecer no há lugar la cortesía.
_Cel._ Ce, ce, ce, Drionea, esconde el capellan presto, presto, que
viene Oligides.
_Drion._ Ay mezquina, que no hay dónde.
_Cel._ Mételo en esa arca del pan.
_Brum._ ¡Ah vieja desdentada! aquí te tengo, no te me irás sin que me
pagues lo que me debes.
_Cel._ ¿Y qué te debo, centeno?
_Brum._ Tres veces que me sacaron á la vergüenza y una á azotar por
tu causa.
_Cel._ Y á mí ¿no me hicieron obispo de escala entónces?
_Brum._ ¿No subes, Oligides?
_Olig._ Ya, que vacio las aguas; buenos dias, señora Celestina.
_Cel._ Vengas en buen hora, hijo.
_Brum._ Dime, vieja, ¿no tiemblas en verme para no me hacer enojo
alguno?
_Cel._ Pardios, no.
_Brum._ Pues no tengo yo gesto de eso, que, por vida de tal, cuando
me lo miro en el espejo, así horrible, feroz y temeroso como es, cien
leguas de mí huir querria.
_Cel._ Arre allá, asno.
_Brum._ Por la sancta letanía, si no fuese por no dejar mis zapatos
en tu barriga, más coces te diese que letras tiene la Biblia, porque
no dés tan mala respuesta y tan mal galardon á quien defiende tu casa
de ladrones, y tu persona de los que mal te quieren, y tu honra y
fama de malas lenguas.
_Cel._ Andate ahí con tus zaherimientos. Sola una vez que oxeó á
voces unos popilos que me daban matraca, me lo zahiere á cada paso y
me da con ello en los ojos.
_Brum._ Pese á tal, ¿despues de tener los brazos cansados de dar
golpes en tu servicio, y los broqueles y espadas hechas piezas, me
dices eso? Todos te besan la ropa y lo que huellas, y te hacen el buz
sólo por mi respecto, porque saben que no son más sus vidas de lo que
te enojaren, y no lo sabes conocer.
_Cel._ ¿A mí quieres engañar con esas mentiras? ¿A mí, que soy
Celestina y por otro nombre Elicia, sobrina de aquella que por su
mucha fama y sabiduría es puesta en refran de todos? ¿A mí, á quien
la experiencia de las cosas ha hecho artera, piensas echar dado falso
ó treta encubierta? mal pensado lo has.
_Brum._ Si tú sabes mucho, tambien sé yo mi salmo, y si tú eres
Celestina, á mí llaman Brumandilon, que brumando los hombres tomé
nombre del hecho, y soy nombrado en las partes orientales, tambien
soy tuerto y tundidor, y más de Córdoba, y nací en el Potro y pasé
por Xeréz, y tuve la pascua en Carmona, y ninguno me la hizo que no
me la pagase con las setenas; por ende tú guarte y dame dos reales
que te pido para comer.
_Cel._ No sé si los tengo.
_Olig._ Dáselos, por tu vida, Celestina, y sed amigos.
_Cel._ Dos reales y cuatro daréselos yo, pero de medalla no me hable
nadie, que no será ésta, si yo puedo, la cadenilla de mi tia. Toma
cuatro en lugar de dos.
_Olig._ Agora me contentas, Celestina, que te llegas á razon, y sea
ésta, pelea de por Sant Juan paz para todo el año.
_Cel._ ¡Ay! pluguiese á Dios que nuestras rencillas pasadas fuesen
como calenturas de Mayo, que son salud para todo el año.
_Brum._ Ce, Oligides, con esto piensa hacerme pago. Pues callémonos
todos, que aquella arca que está á los piés de la cama es, si no me
engaño, donde está metido el cofre que te dixe.
_Olig._ Bien está.
_Cel._ ¿Qué te decia al oido? pensais algunas malicias.
_Olig._ A la fe, que estás muy seca en las carnes de vieja, y que no
vivirás mucho tiempo por curso natural.
_Cel._ Así como estoy espero yo con vuestras calavernas echar agua
bendicta sobre las sepulturas de mis finados. ¿No sabeis, bobos, que
tan presto va el cordero como el carnero, y muchos rocines viejos
vemos cargados de pellejos de corderos? Pues miráme bien, que más de
tres ciegos me querrian ver.
_Olig._ Dexado eso aparte, Celestina, aquí trayo la carta que
mandaste, y te ruega mi amo que te dés priesa á su remedio, porque
Cupido fasta las plumas mete su flecha dorada en su corazon, y
cruelmente le lastima y maltrata.
_Cel._ Harta diligencia pongo yo en ello, pero ¿qué quieres que haga?
no es ninguno obligado hacer más de lo que sabe y puede.
_Brum._ Paso, paso, no se pase renglon que yo no entienda; dime
esto, que por el gran Brutervo de Ancona, si alguno ha enojado ó
maltratado, como dices, á Lisandro, mi señor, sea él quien fuere, que
me la ha de pagar; ¿y sabíaslo tú, Oligides, y no me lo decias? pues
dime quién es.
_Olig._ El dios Cupido.
_Brum._ Dios es, luego en el cielo estará; ¡oh pese á tal! porque no
hay en la tierra otro Dédalo que fabricára á los hombres alas para
volar como hizo á su hijo Icaro, que no creo en ese dios Cupido, si
aunque allá arriba estuviera, si no me la pagára y bien pagado,
porque sepa con quién se toma.
_Olig._ Que hace de blasonar el diablo. Finge no saber lo que los
niños han olvidado.
_Brum._ ¿Qué dices?
_Olig._ Digo que entre nosotros mora.
_Brum._ ¿Entre nosotros y callábaslo? dímelo luégo dónde está; no
dubdes de lo decir, que aunque esté allá léxos _in finibus terræ_, do
Hércules situó sus columnas, ay, ay, voto á tal, le iré á buscar.
_Cel._ Y calla, por Dios, no le hagas mal, que es un niño ciego,
hermoso, doliente, desnudo y guarnido de saetas.
_Brum._ Séase quien se fuere, mozo ó niño, ó viejo ó diablo, decidme
luégo dó está. ¡Oh bellaco! ¿abad y ballestero? ¿Es dios y frechero?
_Olig._ Es amor heroico.
_Brum._ ¿Herrero? eso me declara que no se escapará aunque sea el
dios Ulcano con todos los ciclopas sus herreros.
_Olig._ ¿Sabes tanta poesía y no sabes quién es Cupido?
_Brum._ A unos escholares oí estos nombres, pero nunca oí mentar á
Cupido.
_Cel._ Es una sabrosa fuerza de la voluntad, un fuerte pensamiento en
la cosa amada con esperanza de alcanzalla.
_Brum._ De manera que Cupido pasion es; ¡oh dichoso! que si hombre
fuera, ó traxera semejanza ó figura de persona, no se me escapára que
no muriera á mis manos.
_Olig._ Madre, véte ya, que yo aquí me quedo, hablaré dos palabras,
que me cumplen, con Drionea.
_Cel._ ¡Ay, bellaco, quién no te entendiese! pero holgaos que vuestro
tiempo es, por ahí pasamos y hecimos lo que pudimos su madre de ésa y
yo cuando éramos de su edad. Libia, báxame acá esas cuentas.
_Olig._ ¿Para qué las quieres?
_Cel._ ¿Para qué? para rezar y encomendarme á Dios y oir mi misa, si
á Dios pluguiere, que jamas la perdí. Cerrad esas puertas por dentro.
_Olig._ Aguárdame ahí, Brumandilon, que luégo baxo.
_Brum._ Aquí me quedo con estotra, y despacha presto, sendas manos
bastan. Vén acá tú, Libia, está queda, xo, xo.
_Lib._ Pardios, no haré, contino has de ser bellaco; quítate allá,
que hueles á viejo.
_Olig._ A buen tiempo vengo, señora Drionea, á lo ménos no me
estorbará ahora el verdugado.
_Drion._ Miraldo, ni ménos á mí me pesará la bolsa con los dineros
que te pedí.
_Olig._ Toma cuatro reales, que yo te daré más.
_Drion._ Paso, no hundamos la cama como estotro dia.
_Olig._ ¿Tienes vino? dame á beber, esforzaré, que la vista de los
ojos se me turba y la boca tengo seca.
_Drion._ Mira si está la camarilla de mi tia abierta, en la su
cabecera hallarás la bota colgada.
_Capellan._ Señora, despídelo presto, que me ahogo.
_Drion._ Ay, por Dios, no te bullas, que es el mi amigo y me matará
si te siente.
_Olig._ Cerrado está.
_Drion._ A punto vienes. ¡Ah hi de puta! ¿piensas que no te entendí
que ibas á enristrar por no dar encuentro feo?
_Olig._ Hice bien, porque quien trae baxa la lanza topa en la tela.
_Brum._ Hola, á los de arriba; paso, cuerpo de Dios, que hundis el
sobrado y nos echais acá tierra.
_Cap._ Que me ahogo, que me ahogo, Sancta María, confesion.
_Olig._ Jesus, ¿qué es esto?
_Brum._ ¿Qué ruido es aquél? No paro más aquí, abre, abre, huiré, no
me maten.
_Drion._ Levántate ayna, abriré el arca, no se ahogue este
clérigo, confesor de mi tia, que lo metimos aquí por escondelle
de Brumandilon, que se las ha jurado porque no quiso la cuaresma
absolverle ni darle la Eucaristía.
_Olig._ A otro perro con ese hueso, y no á mí, que las entiendo; más
mal hay en Orihuela que suena.
_Drion._ Por tu vida y mia, que no te miento, y lo puedes creer como
estamos aquí, que no es lo que piensas.
_Olig._ Yo sé lo que he de creer, conozco á mi hija Marigüela.
_Drion._ Pues no lo digas á nadie y diréte la verdad, la cual puedes
muy bien saber de mi hermana.
_Olig._ Mas preguntaldo á Muñoz, que miente más que vos.
_Drion._ Éste es el capellan que nos provee de la merced de Dios,
porque le damos cabida con mi hermana Libia.
_Olig._ Fama es que tú eres amiga de ese clérigo.
_Drion._ ¡Yo! líbreme Dios, por el siglo de mi madre, que miente
quien lo dice; no me revolviera con clérigos por cuantos haberes hay
en el mundo todo.
_Olig._ Bien me parece pregonar vino y vender vinagre.
_Cap._ ¡Ay, ay!
_Olig._ Ya torna sobre sí, échale una poca de agua y volverá.
_Drion._ Pues véte, Oligides, que habrá empacho si te ve; y por los
ojos que tienes en la cara, no lo digas á ánima viva, pues sabes que
ninguna cosa en secreto recibida ha de ser comunicada.
_Olig._ Anda ya, que hombre secreto soy; plega á Dios que no sea lo
que yo sospecho.
_Drion._ No me digas eso, que me corro.
_Olig._ Ora, sús, quédate con Dios.
_Drion._ Y él vaya contigo.
_Olig._ Brumandilon.
_Lib._ Fuése huyendo pensando que era otra cosa.
_Olig._ Vaya con el dimonio el puto baladron. Señora Libia, con un
beso me despido de vos.
_Lib._ Eso barato lo vendo.
_Olig._ Quiero agora irme á dar otro verde con mi Carmisa, que no hay
que fiar en putas.
¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL TERCERO ACTO.
Lleva la carta Celestina, y por el camino va sacando
por conjeturas qué sea la causa por que Roselia faltó á
su palabra. Témese mucho no la haya sentido su hermano
Beliseno, y aunque desde la ventana le hace de señas
Melisa, no se le cuece el pan hasta que Marivañes envia su
niño. Y Melisa la mete en la cámara de su señora. Con sus
artes, Celestina hace que Roselia muy claro manifieste su
ardiente deseo; y concierta con Celestina que por la huerta
la hable Lisandro.