CELESTINA. — DRIONEA. — BRUMANDILON. — POLO. — LIBIA. — ESCLARABEL.

_Cel._ Ántes que tome el camino para casa de Roselia, quiero en

la mia bien pensar con reposo lo que le he de decir, y con mucha

cautela proveer con qué oro doraré la píldora, en qué copa dorada

disimularé esta purga, con qué sobrehaz azucarada cubriré el acíbar,

con qué dulzor saborearé la amargura de estas mis confaciones, con

qué cebo esconderé el anzuelo, con qué achaque digo coloraré mi

nueva venida, con qué palabras paliadas solaparé el negocio á que

voy que no sea sentida, en qué matiz de bondad embestiré mi mensaje,

finalmente, cómo ocultaré y descubriré una mesma cosa, qué mañas

y modos tendré para celar mis ardides engañosos y manifestar mi

intencion, que me entienda y no me entienda, que quiera enojarse

y no pueda; gran prudencia y saber, gran sagacidad y astucia has

menester aquí, Celestina, y despues de esto mucha serenidad en el

rostro, mucho reposo en la persona, mucha templanza en la plática,

para que no saque por puntos la malicia de mi embaxada. Mas ¡ay!

amarga cuitada que el entendimiento se me ofusca, el juicio se me

altera y la lengua se me turba en tan arduo negocio, que ni razon me

encamina, ni consejo me aprovecha, ni la propia experiencia me incita

á que cometa con el pensamiento lo que me cumple poner por obra; ¡ay

madre de Dios! y qué sudores con ánsias de muerte en torno rodean mi

corazon en pensar en lo que me he metido, las piernas se me cortan y

la sangre me desampara; escarmentada habia ya de estar de las veces

que he sido empicotada y azotada por este mi oficio en muchos pueblos

de Castilla, y no me viniese más mal, que esto fructa comun es de

Brumandilon y de mí traer las espaldas pintadas con bandas de color

purpúreo y las cabezas con mitras y rocaderos; ¡guay de la que se

pone á perder la vida! En mi seso me estaba yo en dejar este trato si

la maldita y insaciable codicia del más haber, que á los más de los

mortales fuerza acometer lo ilícito, no me venciera; mis ganancillas

ciertas tenía por otra parte en dar medicinas á las doncellas que

no paran, á las casadas bebedizos que den á los maridos porque no

sientan los cuernos que á vistas ojos sus mujeres les ponen, evitando

rencillas cornudales, á los mancebos mayorazgos bocados con que maten

sus mesmos padres, porque los muertos abren los ojos á los vivos

que deseosos estaban de heredar; á las enamoradas bien querencias

y polvillos que atrayan á su amor los canónigos y racioneros más

mozos y francos; á los honestos mandragora y granos de helecho con

que puedan entrar y salir do quisieren sin ser sentidos, á los

amantes hechizos de cabello ó cordon con que hagan que sus amigas

les amen, y aborrezcan el que amaban, y amen el que aborrecian; y

si de este oficio usar no quiero por ser tambien peligroso, loores

á Dios que no se concluyó ni encerró en el mi saber, que lapidaria,

herbolaria, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, perfumera,

corredora, melecinera, partera y un poco física soy; entre dueñas y

señoras, entre doncellas y casadas, entre monjas y frailes, entre

clérigos y abades suelo yo tratar, todos me han menester y todos me

conocen, y todos vienen á mí para que remedie sus necesidades; no

parece mi casa sino botica, ansí unos entran y otros salen cargados

de medicinas, que no piden cosa que no esté en la camarilla que me

dexó mi tia, que buen siglo haya, en el testamento; ahí tengo los

perfumes que falseaba, los afeites que conficionaba, las aguas de

rostro que hacia, y otras aguas que sacaba para oler, los çumos con

que adelgazaba los cueros, los untos y mantecas que tenía y los

aparejos para baños y lexías, los aceites que sacaba para el rostro,

y otras cosas muchas que con mi buen trabajo y propio sudor y mayor

experiencia he yo adquirido, conviene á saber: hieles de perro

negro macho y de cuervo, tripas de alacran y cangrejo, testículos

de comadreja, meollos de raposa del pié izquierdo, pelos priapicos

del cabron, sangre de murciélago, estiércol de lagartijas, huevos

de hormigas, pellejos de culebras, pestañas de lobo, tuétanos de

garza, entrañuelas de torcecuello, rasuras de ara, ciertas gotas de

ólio y crisma que me dió el cura, zumos de peonia, de celidonia, de

sarcocola, de tryaca, de hipericon, de recimillos y una poca de

hierba del pito que hobe por mi buen lance; tengo tambien la oracion

del cerco, que no tenía mi tia, que Dios haya, que es ésta; _avis_,

_gravis_, _seps_, _sipa_, _unus_, _infans_, _virgo_, _coronat_; y

si todo lo de mi tienda hobiese de contar, sería cosa para nunca

acabar; pues desdichada de mí, este oficio me bastaba, éste mantiene

mi casa, sustenta mi honra y me hace ser tenida y acatada de todos,

y afama mi nombre por la ciudad, que nadie hay que me vea que no me

llame madre acá, madre acullá, el uno me dexa, el otro me toma, el

vicario me convida, el arcediano me llama, que ningun señor de la

iglesia me ve que no quiera ganar por la mano cuál me llevará primero

á su casa. Malos años para Medea y Sapho y Circe y para la noble

Erichto, hechiceras famosas que tan nombradas fuesen en sus tiempos

como agora yo. ¡Tristes de mis dias si no salgo con la empresa! si no

doy buena cuenta de mí en estos amores, ¿qué será de mi creencia en

que me tiene el pueblo? Desconfiarán de mis artes, aborrecerán mis

caractéres y palabras, escupirán, escarnecerán de mis supersticiones,

chufarán de mis cerimonias, burlarán de mis encantamentos, no darán

más crédito á mis agüeros, todos de hoy más me denostarán con

baldones, chufas, escarnios, injurias, silbos, ultrajes, risas,

desdenes, burlas y con otras palabras injuriosas, y ninguno vendrá

más á mi casa, los niños por las calles irán en pos de mí diciendo

puta, hechicera, vieja, falsa, malhechora, mondaria, burladora,

rabosa, çancajosa, trotaconventos, saltabardales, encorozada,

azotada, perfiletada, alcahueta y otros muchos ignominiosos nombres,

finalmente que de todo mi estado caeré, y de la opinion en que

estaba puesta; yo me tengo la culpa, que quise tomar mayor peso del

que podia llevar, y así al cabo caeré con la carga, que quien mucho

abarca, dicen, poco aprieta, y quien todo lo quiere todo lo pierde;

mal hice á la verdad en no mirar bien la calidad del negocio ántes

de aceptar la demanda de Lisandro; imprudente fuí en no pensarlo

primero una vez y otra, que, como dixo mi tia, aquellas cosas que

bien no son pensadas, aunque algunas veces hayan buen fin, comunmente

crian desvariados efectos, ansí que la buena especulacion nunca

carece de buen fructo; cierto, cegóme la canina hambre y sed grande

y hambrienta codicia de las preseas y riquezas que de ahí esperaba;

¡oh! cuando era pobre, entónces me hallaba más rica porque nada

codiciaba, y agora que, bendicto Dios, me sobra, más y más deseo,

no contenta con lo que poseo, al fin crece la necesidad con la

abundancia, y auméntase la cobdicia con el dinero; mas ¿quién soy yo,

á quien temor ó cobardía ponga espanto en las cosas de mi oficio?

¿yo no soy Elicia, la sobrina de Celestina, la que heredó nombre y

fama y hechos de la mesma? Sé que Elicia soy, la insigne alcahueta,

la famosa hechicera, la sábia nigromántica; ¿qué denodadas palabras?

¿qué fieros ó ademanes de rufian? ¿qué amenazas de muerte? ¿qué

rigurosos trances? ¿qué peligros inminentes jamas á mí atemorizaron?

¿No he sacado otros amores más arduos que éstos á luz? sí; ¿y no he

salido á paz y á salvo en todos ellos? sí: de la vida digo, que lo

demas no lo estimo en lo que huello: ¿qué cosa hay tan dura que yo

no ablande, ni qué tan alta que no alcance, ni qué tan imposible

que no me sea posible, ni qué tan sublime que no abata, ni qué tan

entrincada que no deslinde? Veamos, ¿Roselia no es mujer? sí; luego

liviana, que las mujeres, mal pecado, somos como veletas, que,

con poco aire, volvemos á todos vientos, enemigas de firmeza. ¿No

es moza? sí; luego de enamorada voluntad y lascivos pensamientos,

que los aguijones de la carne, y más nueva, algo le moverán á que

condecienda á mi peticion. ¿No es hermosa? sí; luego no casta, que

pocas veces castidad y hermosura caben en un objeto. ¿No es de

complexion sanguínea? sí; pues es de alegre condicion y colorada en

el rostro, luego inclinada á lujuria. ¿Pues Lisandro no es gentil

hombre, dispuesto y galan? sí; luego para ser amado, que como la

hermosura en las mujeres es una pegajosa liga en que se traban los

hombres, bien así la gentileza y buena disposicion de los hombres es

un señuelo, reclamo y añagaza con que vienen desaladas las mujeres,

que si general ley de natura no fuera que el macho siga la hembra,

asaz veces rogarian á muchos; ¿Lisandro no es mancebo de noble

linaje, dotado de muchas gracias, de linda crianza, bien hablado,

generoso, franco, aparentado? sí; luego sobre seguro voy, que estas

cosas mucho hacen al caso para que en Roselia con más facilidad

prenda su amor; ¿quién tengo de mi parte? al amor, que todas las

cosas vence; al amor, que seso y discrecion trastorna; al amor, que

saltea los monasterios, escala los muros, rompe las paredes, mina los

encerramientos, asierra las rejas, trepa por las ventanas, enciende

los castos, altera los devotos, espancta los sanctos; al amor, que

desploma la razon, ofusca el entendimiento, fuerza la voluntad,

embota el juicio, turba la memoria, fistola el corazon, descoyunta

los miembros, hace temblar las carnes, ciega los ojos con lágrimas,

desplega la boca con sospiros, cierra los oidos al consuelo, ábrelos

á las pasiones, y finalmente, todos los sentidos tropella, pues

todo se adereza así de partes de mí por ser principal maestra de

este oficio, como por parte de los aparejos que hay de una parte y

de otra; encomiéndome á mis familiares, Lucifer, Astaroth, Arangel,

Beliath, Sathan, Bercebuth, Balan y á Rescoldapho, el mi buen amigo,

príncipes de los demonios que me den buena manderecha á lo que voy,

sólo os suplico, mis buenos adalides, perturbeis la fantasía de

Roselia con deseos luxuriosos y cebeis sus pensamientos con tizones

de amor, yo soplaré con mis fuelles el fuego y atizaré las ascuas que

la quemen viva; emprenda la llama en su pecho con vuestras sanctas

inspiraciones, que yo tendré cuidado de encenderla y avivarla con mis

devotos consejos. ¿Drionea, hija?

_Drion._ Madre.

_Cel._ Si viniere de mucha priesa la desposada que hice haber aquel

hijo del racionero, en el tabladillo hallarás la caxuela pintada de

los virgos; toma de ahí lo que sabes, y restáurale la flor perdida,

ni más ni ménos de como me lo viste hacer á la que estotro dia se

casó con el carpintero; y si estoviere muy abierta, cúrala con punto,

muy sotilmente; y si viniere tambien la mujer del cordonero por los

bebedizos, en el barrillejo de barro los hallarás, dáselos, y que los

polvorice con un poco de soliman molido, y dile que han de ser nueve

candelillas de cera las que me dixo, pasadas las doce de la noche.

Y no te olvides de lo que has de hacer con la manceba del canónigo

mozo, la que tuvo presa el Obispo por el ólio.

_Drion._ ¿Qué respuesta daré á Sigiril, escudero de Felides, si te

buscáre, que ayer vino acá y no te halló?

_Cel._ Dile que se vaya con Dios ó con el diablo, que no soy yo

casamentera, ni ménos es ése mi oficio; allá á la amiga de mi tia

vaya él con esas embaxadas, ó á los parientes de Polandria, que

concierten el casamiento, que para ese caso no es menester el estudio

de mis artes, ni mucho ménos que mi tia resucitára ó apareciera, como

holgaron de mentir. Dame acá esa ropa blanca que me encomendaron que

vendiese de aquella señora malograda que murió los otros dias, y no

saques sino lo más rico y vistoso; esos gorjales aljofarados, esas

cofias estampadas y todos los deshilados y cosas hechas de red de

oro y seda, que lo quiero llevar á parte donde no se perderá nada en

ello, que buena manera será ésta para entrar en casa de Roselia, pues

soy corredora.

_Drion._ Toma.

_Cel._ Cierra esas puertas y di á ésos que se levanten que ya es

mediodia, porque tenga esa necia espacio para tocarse; y dile, en

hora negra, que si se le acuerda que habia de pasar por aquí aquel

bozalejo que sabe.

_Drion._ Sí diré.

_Brum._ Trap, trap, trap; putas, abrí.

_Drion._ Putos dias vivas.

_Brum._ Abrí presto, no me hagais arrojar las puertas por el suelo de

otro par de pomazos.

_Drion._ ¡Ay, santa Catalina! ¿no nos darás huelgo? veréis qué

encapotado viene.

_Brum._ ¿Qué es de la vieja ruin, que no creo en tal, si no hago con

ella un hecho hazañoso que sonado sea? ¿Dónde está?

_Drion._ Es ida al negocio que sabes.

_Brum._ Aquí la aguardo, que ó ella me dará la medalla ó me ofrecerá

la vida.

_Drion._ Ce, ce. ¿Señor Polo, quieres salir, que Brumandilon sentado

está en el poyo de la puerta?

_Pol._ ¡No por Dios! que quedé dalle unos dineros que me pidió, y no

los tengo.

_Drion._ Pues vénte conmigo, que por los corrales te irás.

_Pol._ Amores, ¿vendré acá á la noche?

_Lib._ No, por tu vida, no te haga mal á la salud.

_Pol._ Pues, mándame.

_Lib._ Que no te olvides de las mangas de aguja coloradas.

_Pol._ Y áun perfumadas te las prometo. Señora Drionea, encárgoos á

mi Libia, que no la hable otro, pues yo la sustento.

_Drion._ ¡Ay, señor! no digas eso, que vive Dios y reina; otro hombre

no la habla en esa parte sino tú; es muy salada rapaza y vergonzosa,

y quiérete mucho.

_Pol._ Con esa confianza me voy.

_Drion._ Pierde cuidado y salta por este lugar, que está más baxo.

_Escl._ Ce, ce, ce. Señora Drionea, ¿puedo entrar seguro?

_Drion._ Trepa quedito, no hagas ruido.

_Escl._ ¿Está allá la vieja?

_Drion._ No; daca la mano.

_Escl._ Acá estoy, bésame.

_Drion._ ¡Ay putillo! ¿Cómo te has tardado?

_Escl._ No pude más; está queda.

_Drion._ Gallito, ¿no olvidas tus mañas? Donde quiera que me tomas,

ora en público, ora en secreto, no miras más. Subamos arriba, no nos

tome Celestina en el hurto, como me contaste que Vulcano tomó á Mars

y á Vénus.

_Escl._ En este caso, siguo la opinion de los filósofos cínicos; pero

vamos.

_Drion._ ¡Ay bellaquillo! ¿quitándote vas las agujetas?

_Escl._ Sí, par Dios, sube presto.

¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL SEGUNDO ACTO.

Con encubiertas de gran artificio habla Celestina á Roselia

con muy poca ayuda de la vecina, y acabado con ella que

siquiera se vea con Lisandro, se despide; Roselia finge que

está mal dispuesta; Melisa, su doncella, entiende todo el

hecho.

Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina. · 第 17 / 33 题