BRUMANDILON. — CELESTINA. — OLIGIDES. — LISANDRO. — EUBULO.

_Brumandilon._ ¡Oh pese á tal! como á las veces de los flacos

animales los más fuertes son oprimidos, que una pequeña víbora con

su veneno mata un gran toro, y un suzuelo raton pone espanto á un

poderoso elefante; ansí esta desventurada vejezuela con sus amenazas

quiere acobardar la fuerza de mi poder, como quiera que esté por

nacer á quien yo mostrar la virtud de mi ánimo en la fuerza de mis

golpes. ¡Descreo de tal con la puta, que haya yo corrido la casa de

ceca y meca, y los cañaverales y los olivares de Santander, y pasan

ya de cien mujeres las que me han sustentado en mi estado y honra en

públicos burdeles, y todas me han tenido acatamiento con obediencia,

y que esta hechicera al cabo de mi vejez, despues de traidos treinta

años los atabales acuestas, burle de mí con menosprecio! pues yo

juro por el dorado chapin de la Magdalena, que aunque más fieros me

haga con los criados de Lisandro, de todo lo que ganáre ha de partir

conmigo la mitad, que no en balde pongo mi vida á riesgo por ella, y

si porfía en sus trece, no es mucho que la mate, segun soy de esta

hechura. Ya se me ha escapado de buena cuando con mi pesada mano le

dí tal torniscon, que los dientes le quebré en la boca bañada en

sangre, y voto á la sancta letanía, que si un poco más extendiera el

brazo, colmillos y muelas todo iba al suelo. Por el fuerte y galano

arnes de San Miguel Ángel, si se me antoja, á papirotazos le quinte

los dientes como á falsaria. Segun soy derreñegado y en mis hechos

crudo, en punto estoy de tomar la mi porra y machacarle aquella

cabeza y enviarla al infierno en compañía de su tia; venga despues

la justicia con sus porquerones á prenderme, que no creo en quien me

engendró si no granizo más cuchilladas sobre ellos, que Dios si tiene

qué; voto á Dios, á todos, sin excepcion alguna, haga piezas, si me

enojan, para hacer cazuela de ellos, y de sus huesos escarba-dientes;

hi de puta, qué hombre yo para que rey ni Roque tenga que ver

conmigo. Mas ¿qué me detengo, y no voy á arrancarle la alma de las

carnes, ó que me dé parte de la ganancia? que tanto merece el que las

riquezas conserva como el que las adquiere; tha, tha, tha, abríos,

puertas.

_Cel._ Ya viene el loco de casa.

_Brum._ Si no fuese porque la fortaleza sin prudencia es habida por

temeridad, luégo en esta hora te enviaria á cenar con Pluton; por

ende si quieres enfrenar el furioso brío de mis desapoderados golpes

y que no descarguen sobre tí, daca luégo la mitad de lo que te dió

Lisandro, que todo lo he sabido; donde no, díme si estás confesada.

_Cel._ Si supieses qué pocos son los que se han perdido por callar,

y muy ménos los que se han ganado por mucho hablar, tú holgarias de

echar una mordaza á la lengua, y no descargar como badajo tantas

porradas; cata que quien amenaza, una tiene y otra espera, nunca las

palabras soberbiosas hicieron á los hombres bienaventurados.

_Brum._ Mi dicho es mi hecho, y mis hazañas tan espantosas son de oir

como monstruosas de ver. Bien veo que donde las obras no aprovechan,

en balde se gastan las palabras; pero cuando el decir conforma con

el hacer, bien es, lo que el corazon concibe la boca publique, lo

cual yo hago porque no digas, no me lo dixiste; que hágote saber que

yo soy hombre que lo que sé decir con verdad lo sé executar con las

armas.

_Cel._ ¿En tí verdad? como en el Evangelio mentira.

_Brum._ No quieras con buena respuesta hurtar el cuerpo á mi furia.

Pues guarte no me enciendas la ira, que no será más en mi mano

matarte que en el fuego dexar de quemar.

_Cel._ Calla, desconcertado relox, que más son los amenazados de tí

que no los heridos.

_Brum._ Agora lo verémos si lo que haré será prueba de lo que digo.

Daca lo que te dió Lisandro, sino con este mi puñal te escarbaré el

hondon del corazon.

_Cel._ Quiero le dar parte de las doblas, que lo principal yo me lo

callaré, no haga algun desatino este lebron como el judío afrontado.

¡Ay sancta Catalina! apártate allá, mete el puñal, no se diga de

tí, del monte sale con que se arde, ¿tométe por defension y eres mi

ofension? Crío cuervo que me saque el ojo; tómatelo todo para tí y

nada para mí, que yo soy como la cabra que parió para el lobo, como

la ave curruca, que cria y mantiene hijos ajenos, ó como la gallina,

que con mucho sudor saca pollos de huevos ajenos. Ya pensé que esto

no sabías, pero amores, dolores y dineros mal se pueden encubrir.

_Brum._ Todo eso y más me debes, pues por tí asaz veces asiento la

vida al tablero en ventura de perdella, que, juro á tal, la fortaleza

en los hombres muchas veces es causa de su muerte; dígolo, porque

anteayer por salvar tu fama perdiera mi vida por confiar mucho en

la virtud de mi espada, que, como toro agarrochado en el Coso, me vi

entre siete que en tí pusieron lengua; sino, mira mi capa arpada y

el broquel con trecientas picaduras, pero todavía mi blanca espada

hizo lugar, los cuatro se me escaparon por piés, á los tres dexo

descalabrados; al uno de ellos si no traxera caxquete de Calatayud,

con el poderío del golpe le hendiera la cabeza fasta los hombros,

pero no le entró sino fasta la piamater.

_Cel._ Por más que blasones quedarás sin medalla.

_Brum._ ¿Malla? Todos venian cargados de hierro, pero poco se le da á

mi espada que vengan armados que desarmados, para que con sus filos

no rebañe carne, que si todas las fuerzas de mis brazos que Dios

me ha dado, emplear quisiese, no habria hombre que no traspasase,

hendiese y derrocase, y mil menuzos hiciese; mas por no agotar y

disminuir la cristiandad, que me parece grave pecado, templo y modero

con cordura lo que me sobra de esfuerzo, por no lo hacer comun con

los brutos animales, los cuales desenfrenadamente siguen el apetito

de su vigor y furor.

_Cel._ Ese almacen sería bien excusado á mí, que dentro en el pellejo

te conozco. Con todas tus bravezas y fieros no osaste levantar el

gaje del suelo que en desafío te echó el escudero de Chremes, cuñado

de Alisa, madre de la malograda Melibéa.

_Brum._ ¡Oh, cómo la mala fama vuela como ave y corre como moneda,

y la buena se queda en casa por conseja detras del fuego! Refran

es, el bien suena, y el mal vuela. Quien te dixo eso, ¿no te contó

los espaldarazos que le dí un dia ántes? ¿Pues habia de aflixir al

aflixido? ¿No sabe Dios y todo el mundo que en la reyerta yo llevára

la mejor parte y él quedára en el campo ó muerto ó puesto en la

postrimera necesidad? En los denuedos y visajes que me ves agora

hacer habias de argüir la animosidad que entónces tendria, que

de ánimo esforzado procede la compostura feroz del cuerpo, que la

natura así suele entallar, expresando los afectos del corazon en la

corpulenta imágen. Mas, ¿no vistes contra quién habia de mostrar mi

ira y ardid? Eso fuera, para los que lo vieran, otro espectáculo cual

fué el del escarabajo con el águila, ó de la hormiga con el leon,

que no me estuvo bien, pues señal es de grande cobardía acometer á

los menores y á los que poco pueden; más quiero morir emprendiendo

grandes cosas que no vivir venciendo las flacas, que más tengo

acatamiento á la fama inmortal que no á la victoria presente; no

quiero ensuciar mis manos en tan flacos hechos, porque á tan gran

corazon como el mio, grandes hazañas son menester para que, vencidas,

se cuenten por aventajadas entre las que hicieron los claros y

ilustres varones de aquel glorioso siglo.

_Cel._ Pasos oigo, acá suben, no sé quién es; ó amigo, ó enemigo, ó

mal criado es, pues sube sin llamar.

_Brum._ ¡Oh, por Dios, que lo segundo es; méteme en la camarilla de

las hierbas, cierra, cierra presto con llave por defuera!

_Cel._ Zancadillas va dando el diablo azogado, el judío lleva en el

cuerpo.

_Olig._ ¿Qué alboroto éste, madre?

_Cel._ Calla, calla, que mi negro duelo se escondió de tí pensando

que eras el escudero con quien hubo palabras; tú muda el tono de la

voz y finge que lo buscas para matar, que el miedo, que las cosas que

no son hace que tengan existencia, y las que son parezcan no ser,

hará que no te conozca perturbando su juicio con tropel de fantasías

imaginadas, que bien es que á este baladron la experiencia del temor

castigue la ferocidad de sus arrufianadas palabras y fieros hinchados.

_Olig._ Comienzo, aunque otra cosa le queria. ¿Di, señora, tienes acá

á Brumandilon, que, por vida de tal, si aquí está, luégo sus maldades

y su vida acaben juntamente?

_Cel._ Por cierto, señor, dos dias há que no le he visto.

_Olig._ Dime la verdad.

_Cel._ Y Jesus, ¿habia de mentir?

_Brum._ ¡Oh desdichado de mí! muerto soy si las puertas quiebra.

_Olig._ Que no te creo, que quien una vez miente, no se le ha de

dar más entera fe; ya me mentiste el otro dia negándomelo, por ende

dámelo acá si no quieres haber el mesmo fin que á él espera.

_Cel._ Afortunada yo que no sé dél, y porque lo que digo sea

testimonio de mi verdad, toma las llaves de las cámaras y búscalo.

_Brum._ Ya, ya, no espero más vivir. Señor, perdona mis pecados.

¡Santo Dios! ya abre; Credo.

_Olig._ ¡Ah cuerpo de mí, Brumandilon! quien quiere ser temido,

forzado es que tema.

_Brum._ Por el santo Martirolojo de Peapa si no tuve por muy

averiguado, cuando me escondí, que el Corregidor me venía á prender

por ciertos palos que dí la noche pasada, y que dexaba en celada su

gente y él subia quedito por tomarme desapercibido de mi broquel y

espada. Y áun ¡voto á tal! que no envie sus justicias á mí, él en

persona viene á buscarme, porque sabe que ninguna otra vara obedezco

sino la suya; y si quisiese tambien ir contra él podia despedazar á

él y á los suyos, que un dia me amostazó las narices y no sé qué mala

respuesta le dí y disimuló, y tuvo por bien de sufrirme. Por agora,

por mejor tuve retraerme que no hacer un hecho sonado, por donde la

ciudad se alterase y viniese á oidos del Rey; pero despues que sentí

no ser el Corregidor, de coraje reventar queria en no poder salir;

de buena te escapaste, que como los primeros movimientos no sean en

nuestra mano, pudiera ser que sin mirar, súbitamente te barrenára

con una estocada temerosa, ó tendiera con un tiro mortal: da gracias

á Dios, que de buena te libró.

_Olig._ Así las doy, y toma la capa, que Lisandro, mi señor, te

llama; y adios, Celestina, y no descuides del negocio, que ya sabes

que la luenga esperanza aflixe el enamorado corazon, y más el de mi

amo, que le hierve.

_Cel._ Véte, que en cuidado me lo tengo.

_Brum._ Hermano Oligides, bien creerás que si tu amo no fuera, que

no me tomára allá, aunque enviára otras cien veces á llamarme;

treinta caballeros en persona me vienen á buscar y me sacan de mi

casa importunado, ó para afrontar nobles, ó castigar ruines, ó cruzar

caras de putas, ó terciar en hacer amistades, porque no hallan otro

más aparejado y dispuesto, ni más diestro en caso de refriegas. Y

ésta es la causa por que estoy huido por los rincones, que quien

crueza hace, su peligro busca, de justicias digo, ó por mejor decir,

de sus palillos, que á otra persona no temo, que quien de armas se

precia, como yo, con razon ningun otro peligro debe temer.

_Olig._ Adelántome, y aguarda en este portal.

_Brum._ Así lo haré.

_Olig._ Señor, aquí viene conmigo Brumandilon, despacha con él lo más

ayna que pudieres, no le des lugar á que meta más palabras de las que

él suele fuera de todo propósito, que en historia no habrás leido

tan gran fanfarron. Su persona espantarte há, los fieros como los

quisieres, los hechos por el cerro de Úbeda.

_Lis._ Dile que entre.

_Olig._ Entra, Brumandilon, y sígueme.

_Brum._ Las manisicas de tu merced beso.

_Lis._ Bien seas venido, Brumandilon amigo. Tu favor y ayuda hé

menester.

_Brum._ Señor, no pases más adelante, que juro á la serpentina vara

de Aron y Moisés, si es para desafío, ó afrenta, ó matar alguno,

ántes será hecho que mandado, que la muerte tengo por vida, en tanto

que sea en tu servicio; cuanto más que éstas son mis misas y mis

pasatiempos, porque cuanto trabajo es por el miedo á los cobardes la

guerra, tanto placer es á los esforzados la continuacion de ella; no

creo en quien me parió, si sueño puedo dormir que bien me sepa, si no

hé con mi espada hecho riza de broqueles, ó harpado gestos, ó cortado

miembros, ó he molido á palos los alguaciles; pues si esto me

quieres, dime luégo las personas que te han enojado, que bien pueden

doblar por ellos, y si no cumpliere lo que prometo, el morir será la

paga, que no es mala muerte la que el hombre muere haciendo lo que

debe.

_Lis._ Agradezco tu animoso ofrecimiento, que tu denodado semblante

da á entender mucho más de lo que dices.

_Brum._ Y ¿cómo, señor, di?

_Lis._ Pero para tales casos mi gente basta.

_Brum._ Anda, señor, que más hace la virtud que la muchedumbre.

_Olig._ Maldito seas, fanfarron, ¡quién te patease! A mí seguro

que no tovieses los piés tan ligeros para huir como la lengua para

blasonar.

_Lis._ Otra cosa te quiero, y es que Celestina entiende dar remedio

con su buena maña á mi fluctuoso tormento, que la hermosa Roselia me

causó desde el dia que la vi.

_Brum._ Ya, ya, no me digas más.

_Lis._ Óyete, que no es lo que piensas; torna acá.

_Olig._ Huye con temor no le mandes cosa de su peligro.

_Lis._ Lo que quiero rogarte es, pues tienes tanta cabida con

Celestina, que no sólo no impidas ó estorbes la cura mia, que

de ella espero, mas le impertunes que en esto ponga particular

diligencia, y si fuere menester se lo mandes, que ni tú quedarás

quexoso ni ella mal pagada.

_Brum._ Por la clavazon de las puertas celestes aún todavía el

corazon me da latidos y el brazo me tiembla de lo que entendia

facer si me mandáras que sacára á Roselia por fuerza de armas, y la

entregára en tu poder; y holgára dello, porque conocieras quién es

Brumandilon, que en los peligros se muestra la bondad del esfuerzo.

Desotro pierde cuidado que no quedará por negligencia de Celestina,

ni ménos yo impidiré cosa que toque al menor pelo de tu servicio,

ántes seré en acrecentallo. De la mi vieja te sé decir que hablalle

más de una vez en su oficio es dar de espuelas al que corre y

despertar al que vela; así den dineros, que bailarémos todos, que

todas cosas obedecen á la pecunia.

_Lis._ Corre, Eubulo, saca de mi recámara seis canas de raso carmesí

y la mi capa de grana, y dáselo á Brumandilon.

_Eub._ ¿La de fajas, señor?

_Lis._ Esa ó esotra.

_Brum._ Si las gracias de tan pujantes mercedes te hobiese de dar,

ántes falleceria tiempo para decir que palabras para satisfacer;

pero á las obras me remito, con las cuales adelante, como criado

tuyo, entiendo servirte, que no en balde te he señalado por mi señor,

pues tan en derredor miras mi provecho y honra, por ende, si más

mandas dímelo, porque tan seguro puedes estar de mi servicio, que

aunque la muerte se me ofrezca no la negaré.

_Lis._ Que no se dilate mi vida ó muerte, pues al doble es más pena

aguardar que recibir la rigurosa sentencia.

_Brum._ Todo lo dexará y el tu negocio será el primero que despache,

aunque otros del mesmo jaez en cuantidad y calidad traia ya entre

manos con adelantada paga.

_Olig._ Estotro pajuelas; pagado y repagado está.

_Brum._ ¿Qué le dió?

_Olig._ ¿Qué le dió? una medalla con un cerco de oro, y en ella una

esmeralda con una escultura de Júpiter como deciende á juntarse con

Danae convertido en lluvia de oro, de harta estima y valor.

_Brum._ Eso pasa, y encubriómelo la puta vieja. No paro más aquí.

Quedaos adios, señores compañeros.

_Olig._ No le digas que yo te lo dixe.

_Brum._ No diré.

_Eub._ Caro le costará la fruta de postre en el banquete de sus

amores, pues tal comienzo tiene la comida. Todo para alcahuetas y

mandiletes y fementidos lisonjeros, nada para fieles sirvientes.

Andar, mundo es que corre, unos por buenos se pierden, otros por

malos se ganan.

_Olig._ Por eso me voy yo al hilo de la gente, sentir con los pocos y

hablar con los muchos.

_Eub._ Si sigues el discante de la cortesana malicia, aunque sientas

para tí las voces baxas de bondad, al fin, cuando se canta la gloria,

te hallarás burlado, que las obras hacen bueno, no los propósitos.

_Olig._ No por eso dexaré de bien obrar.

_Eub._ Cosa difícil es tratar con el aceite y no se amancillar, pues

muy más difícil es conversar entre malos hombres y no ensuciarse con

sus perversas y dañadas costumbres. La maldad de ligero se pega y

cunde como azogue fasta corromper los tuétanos del uso de razon; oro

ha de ser, y fino, el que ha de defender sus quilates entre las vivas

brasas de la vida corrupta, ca dime con quién paces y decirte he qué

haces.

_Olig._ ¿Quiéreste meter fraile, pues tanto aborreces nuestro vivir?

_Eub._ Deséolo.

_Olig._ Si tanta piedad cuanto calor en verano albergase el capillo,

yo te seguiria.

_Eub._ ¡Oh palabra digna de fuego con su auctor! ¿Qué son las cuatro

religiones sino cuatro pilares de la Iglesia que la sustentan en

su fe, esperanza y caridad? de cuyas escuelas salen lumbreras que

alumbran, ilustran y esclarecen con doctrina toda la cristiandad,

y sabios que destruyen y destierran las herejías, no ménos que del

caballo troyano esforçados y electos varones en destruicion de Troya

salian.

_Olig._ Véte tú á la religion, que yo á mi Carmisa me recojo.

_Eub._ Ella te llevará con los muchos, aunque más sientas con los

pocos.

¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL SEGUNDO ACTO.

Tómanle ánsias de muerte á Celestina por la dificultad

del negocio encomendado; mas considerada su destreza y el

aparejo que en todo hay, delibera de ir á hablar á Roselia

so color de su oficio, corredora por maneras exquisitas.

Es cosa de reir ver los negocios que dexa encomendados á

su sobrina Drionea. Al fin, ida la vieja, despide Libia á

Polo, su amigo, y entra Esclarabel á Drionea, su querida.

Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina. · 第 16 / 33 题