_¡Dispersa todas las penas del pasado sin pensar en el mañana, toma

esa copa en que se bebe el olvido y embriágame completamente!_

_¡Tú solo has nacido para comprenderme! ¡Ven! ¡Te revelaré los

secretos de un corazón que se oculta receloso!_

_¡Pero apresúrate! ¡Escánciame ese origen de alegría, ese licor de

olvido! ¡Sírvemelo, niño de mejillas más suaves que el beso de las

vírgenes!»_

Al oir este canto, el príncipe Alí se sintió en tal estado de pesadumbre

por los recuerdos que le acudían á la memoria, que se echó á llorar. Y

Abalhassan no supo qué decirle para calmarle, y se pasó también toda

aquella noche á su cabecera velándole, sin pegar los ojos ni un momento.

Por la mañana se decidió á marcharse, para abrir la tienda, que tanto

había descuidado en aquel tiempo. Y estuvo allí hasta la noche. Pero

cuando se disponía á irse y acababa de encerrar las telas, vió llegar,

toda cubierta con un velo, á la joven esclava de Schamsennahar, que,

después de las zalemas de costumbre, le dijo: «¡Mi ama os envía á ti y á

Ben-Bekar sus saludos de paz, y me encarga que venga á saber de su

salud!» El otro contestó: «¡Oh joven esclava! ¡No me preguntes por su

salud, pues mi respuesta sería muy triste! ¡No duerme, ni come, ni bebe!

¡Los versos son lo único que le consuela! ¡Si vieras lo pálido de su

rostro!» La esclava dijo: «¡Qué desgracia tan grande ha caído sobre

nosotros! Mi ama también está muy enferma, y me ha entregado para él

esta carta que llevo oculta en el pelo. Y me ha encargado que no vuelva

sin la respuesta. ¿Quieres acompañarme á casa de tu amigo, pues yo no sé

dónde vive?» Abalhassan dijo: «¡Escucho y obedezco!» Y se apresuró á

cerrar la tienda y echó á andar, marchando diez pasos delante de la

confidente, que le seguía...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 158.ª NOCHE_

Ella dijo:

...diez pasos delante de la confidente, que le seguía. Y cuando llegaron

á la casa de Ben-Bekar, dijo á la joven, invitándola á sentarse en la

alfombra de la entrada: «Aguárdame aquí unos momentos. Voy á enterarme

de si hay gente extraña.» Y entró en casa de Ben-Bekar y le guiñó el

ojo. Ben-Bekar entendió la seña, y dijo á los que le rodeaban: «¡Con

vuestro permiso! ¡Me duele el vientre!» Y comprendiendo lo que quería

decir, se retiraron después de las zalemas, dejándole solo con

Abalhassan. Y en cuanto se fueron, Abalhassan corrió á buscar á la

esclava, y la presentó á su amigo. Y éste, sólo con ver á la que le

recordaba á Schamsennahar, se sintió mucho más animado, y dijo: «¡Oh

deliciosa emisaria! ¡Bendita seas!» La joven se inclinó dándole las

gracias y le entregó la carta de Schamsennahar. Ben-Bekar la cogió, se

la llevó á los labios y á la frente, y como estaba demasiado débil para

poder leer, se la entregó á Abalhassan, que encontró en ella, escritos

por la mano de la favorita, unos versos en que se narraban, en los

términos más conmovedores, todas sus penas de amor. Y como Abalhassan

supuso que la tal lectura agravaría el estado de su amigo, se limitó á

resumir la carta en algunas frases, y añadió: «¡Voy ahora á encargarme

de la respuesta, y tú la firmarás!» Y así se hizo. Ben-Bekar quiso que

el sentido de la respuesta expresara lo siguiente: «¡Si el amor no

conociese para nada el dolor, los amantes no experimentarían tanta

delicia al escribirse!» Y antes de despedirse, encargó á la esclava que

contase á su señora el dolor en que le había encontrado. Después le

entregó la respuesta, regándola con lágrimas, y la confidente se

conmovió tanto que también se echó á llorar, y por fin se retiró

deseándole la paz del corazón. Y Abalhassan salió también para acompañar

á la esclava, y no la dejó hasta llegar á la tienda, en donde se

despidió de la confidente, y se volvió á su casa.

Y al llegar á ella, se puso á reflexionar por primera vez acerca de la

situación, y sentándose en el diván, se habló de este modo:

«¡Oh Abalhassan! ¡ya ves que la cosa empieza á ponerse muy grave! ¿Qué

sucedería si el califa llegara á enterarse de este asunto? ¿Qué

sucedería? ¡Realmente quiero tanto á Ben-Bekar, que estoy dispuesto á

sacarme un ojo para dárselo! ¡Pero piensa, Abalhassan, que tienes

familia, madre, hermanas y hermanos! ¡Cuánto infortunio puedes

originarles con tu imprudencia! ¡Esto no puede durar así! ¡Mañana mismo

iré á buscar á Ben-Bekar, y trataré de disuadirle de un amor que puede

tener consecuencias tan deplorables! ¡Y si no me hace caso, Alah me

inspirará la conducta que haya de seguir!» Y al otro día, Abalhassan,

con el pecho oprimido por sus pensamientos, fué en busca de su amigo

Ben-Bekar, le deseó la paz y le dijo: «¿Cómo te encuentras, Alí?» Y él

respondió: «¡Peor que nunca!» Y Abalhassan le dijo: «¡En mi vida he oído

hablar de una aventura parecida á la tuya, ni conocido un enamorado más

raro que tú! ¡Sabes que Schamsennahar te quiere tanto como tú á ella, y

á pesar de esta seguridad, tu estado se agrava cada día! ¿Qué pasaría si

tu amada no compartiera tu afecto y fuera como la mayor parte de las

mujeres, que aman sobre todas las cosas el engaño y la intriga? ¡Pero

ante todo, ¡oh Alí! piensa en las desgracias que caerían sobre nuestras

cabezas si de esta intriga se enterase el califa! ¡Y nada tiene de

improbable que así ocurra, pues las idas y venidas de la confidente

despertarán la atención de los eunucos y la curiosidad de las esclavas;

y entonces sólo Alah podrá saber el límite de nuestras calamidades!

¡Créeme, Alí; con persistir en este amor sin salida, te expones á

perderte á ti mismo, y además á Schamsennahar! ¡Y no hablo de mí, que en

un abrir y cerrar de ojos quedaría borrado de entre los vivos, lo mismo

que toda mi familia!»

Pero Ben-Bekar, dando las gracias á su amigo por el consejo, le declaró

que su voluntad no le pertenecía, á pesar de todas las desdichas que

pudieran sobrevenirle.

Entonces Abalhassan, viendo que todas las palabras serían baldías, se

despidió de su amigo, y presa de grandes preocupaciones sobre el

porvenir, emprendió el camino de su casa.

Entre los amigos que visitaban á Abalhassan figuraba un joven joyero muy

amable, llamado Amín, cuya discreción había podido apreciar en muchas

ocasiones. Y justamente fué á visitarle el joyero cuando Abalhassan,

apoyado en unos almohadones, estaba lleno de perplejidad. Y después de

las zalemas de costumbre, se sentó á su lado en el diván, y como era el

único que estaba algo al corriente de aquella intriga amorosa, le

preguntó: «¡Oh Abalhassan! ¿cómo van los amores de Alí ben-Bekar y

Schamsennahar?» Abalhassan contestó: «¡Oh Amín! ¡ténganos Alah en su

misericordia! ¡Temo que nada bueno me presagien!...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 159.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...¡Temo que nada bueno me presagien! Y como sé que eres hombre de fiar

y un buen amigo, quiero revelarte el proyecto que tengo pensado, para

librar á mi familia y á mí mismo de este trance peligroso.» Y el joven

joyero dijo: «¡Puedes hablar con toda confianza, ¡oh Abalhassan!

¡Encontrarás en mí un hermano dispuesto á toda abnegación para

servirte!» Y Abalhassan dijo: «Tengo pensado ¡oh Amín! cobrar lo que me

deben, pagar mis deudas, vender con rebaja mis mercancías, realizar todo

cuanto pueda, y marcharme muy lejos, por ejemplo, á Bassra, donde

aguardaré los acontecimientos. Porque ¡oh Amín! esta situación se va

haciendo intolerable, y no puedo vivir desde que me asedia el temor de

que me denuncien como cómplice de toda esta intriga amorosa. ¡Es muy

probable que acabe por saberlo todo el califa!»

Al oir estas palabras, contestó el joven joyero: «Verdaderamente, ¡oh

Abalhassan! tu resolución es muy cuerda, y la única que un hombre

avisado puede concebir á poco que reflexione. ¡Alah te muestre el mejor

camino para salir de este mal paso! ¡Y si mi auxilio puede decidirte á

partir, heme aquí pronto á ocupar tu puesto y á servir á tu amigo

Ben-Bekar con mis ojos!» Abalhassan dijo: «Pero ¿cómo te las vas á

componer si no conoces á Alí ben-Bekar, ni estás en relaciones con el

palacio ni con Schamsennahar?» Amín respondió: «En cuanto al palacio, ya

he tenido ocasión de vender allí alhajas, precisamente por mediación de

la joven confidente de Schamsennahar. Y respecto á Alí ben-Bekar, nada

me será tan fácil como conocerle é inspirarle confianza. Tranquilízate,

pues, y si quieres marcharte, no te preocupes de lo demás, ¡que Alah,

como dueño de todas las puertas, sabe abrir cuando le place todas las

entradas.» Y dichas estas palabras, el joyero Amín se despidió de

Abalhassan, y se fué por su camino...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 160.ª NOCHE_

Ella dijo:

...se despidió de Abalhassan, y se fué por su camino.

Y he aquí que á los tres días se dispuso á visitarle, pero encontró la

casa completamente vacía. Entonces preguntó á los vecinos, y le

contestaron: «Se ha ido á Bassra, pero nos ha dicho que su ausencia será

corta, pues apenas cobre el dinero que le deben unos parroquianos

volverá á Bagdad.» Comprendió entonces que Abalhassan había acabado por

ceder á sus terrores, y había creído más prudente desaparecer, por si la

aventura amorosa llegaba á oídos del califa. Y he aquí que al principio

no supo Amín qué era lo más conveniente, hasta que al fin se dirigió

hacia la casa de Ben-Bekar. Allí rogó á uno de los esclavos que le

llevase á presencia de su señor, y el esclavo le hizo entrar en el salón

en donde estaba Ben-Bekar tendido en unos almohadones y muy pálido. Le

deseó la paz, y Ben-Bekar le devolvió el saludo. Entonces le dijo: «¡Oh

mi señor! Aunque mis ojos no hayan tenido el gusto de conocerte hasta

ahora, vengo en primer lugar á pedirte perdón por no haber venido antes

á saber de tu salud. Y después he de enterarte de una cosa que te será

desagradable, pero también traigo el remedio que te lo hará olvidar

todo.» Y Ben-Bekar, trémulo de emoción, le preguntó: «¡Por Alah! ¿Qué

cosas más desagradables pueden sorprenderme ahora?» Y el joven joyero

dijo: «Sabe ¡oh mi señor! que he sido el confidente de tu amigo

Abalhassan, y que nunca me ocultaba cuanto le ocurría. Y he aquí que

hace tres días, Abalhassan, quien generalmente venía á verme todas las

noches, ha desaparecido. Y como sé que eres amigo suyo, vengo á

preguntarte si sabes dónde está y por qué se ha marchado sin decir nada

á sus amigos.»

Al oir estas palabras, el pobre Ben-Bekar llegó al límite más extremo de

la palidez, de tal modo, que por poco pierde el conocimiento. Al fin

pudo decir: «Pues también para mí es nueva la noticia. Ignoraba que se

hubiera marchado Ben-Taher. Pero si enviase á uno de mis esclavos á

preguntar por él, acaso supiéramos la verdad.» Entonces ordenó á un

esclavo: «Ve á casa de Abalhassan ben-Taher y pregunta si está de viaje.

Y en este caso, que te digan adonde se marchó.» El esclavo salió en

busca de noticias, y volvió al cabo de un rato, y dijo á su amo: «Los

vecinos me han contado que Abalhassan se ha marchado á Bassra. En

aquella calle he encontrado á una joven que también preguntaba por

Abalhassan, y me ha dicho: «¿Eres de la servidumbre del príncipe

Ben-Bekar?» Y al contestarle afirmativamente, dijo que tenía que

comunicarte una cosa, y me ha acompañado hasta aquí.» Entonces Ben-Bekar

exclamó: «¡Que entre en seguida!»

Y á los pocos momentos entró la joven, y Ben-Bekar conoció á la

confidente de Schamsennahar. La esclava se acercó, y después de las

acostumbradas zalemas, le dijo al oído algunas palabras, que le

iluminaron y le ensombrecieron el semblante sucesivamente.

Entonces el joven joyero creyó oportuno pronunciar algunas palabras, y

dijo: «¡Oh mi señor, y tú, joven esclava! Sabed que Abalhassan, antes de

partir, me ha revelado cuanto sabía, y me ha expresado todo su terror al

pensar que el asunto pudiese llegar á descubrirlo el califa. Pero yo,

que no tengo mujer, ni hijos, ni familia, estoy dispuesto con toda el

alma á reemplazarle junto á vosotros, pues me han conmovido

profundamente los pormenores que me ha referido acerca de vuestros

amores desgraciados. Si aceptáis mis servicios, juro por nuestro Santo

Profeta (¡sean con Él la plegaria y la paz!) que os seré tan fiel como

mi amigo Ben-Taher, pero más firme y constante. Y aunque no aceptarais

mi ofrecimiento, no temáis que no sepa callar el secreto que se me ha

confiado...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 161.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...el secreto que se me ha confiado. Al contrario, si mis palabras han

podido convenceros, no hay sacrificio al cual no esté dispuesto para

seros grato, pues emplearé todos los medios que pueda para

proporcionaros la satisfacción que deseáis, y hasta os ofrezco mi casa

para que recibáis en ella ¡oh mi señor! á la hermosa Schamsennahar.»

Cuando el joven joyero hubo dicho estas palabras, el príncipe Alí sintió

tal alegría que notó que las fuerzas le reanimaban el alma, é

incorporándose besó al joyero, y le dijo: «¡Alah te ha enviado, ¡oh

Amín! ¡Por eso me confío á ti enteramente y sólo espero mi salvación de

tus manos!» Volvió á repetirle las gracias, y se despidió de él llorando

de alegría.

Entonces el joyero se retiró con la joven. La condujo á su casa, y le

dijo que en lo sucesivo allí tendrían sus entrevistas los dos, lo mismo

que la que proyectaba entre el príncipe Alí y Schamsennahar. Y la joven,

después de haber aprendido el camino de la casa, no quiso diferir por

más tiempo el enterar á su ama de lo ocurrido. Prometió, pues, al

joyero volver al día siguiente con la contestación de Schamsennahar.

Y efectivamente, al otro día llegó á casa de Amín, y le dijo: «¡Oh Amín!

Mi señora ha llegado al límite de la alegría al saber lo bien dispuesto

que estás en nuestro favor. Y me encarga que venga en tu busca para

llevarte á sus aposentos de palacio, donde quiere darte personalmente

las gracias por tu espontánea generosidad y por tu interés hacia unas

personas cuyos designios nada te obligaba á proteger.»

El joyero, al oir estas palabras, en vez de demostrar prisa por

satisfacer el deseo de la favorita, se sintió sobrecogido de un gran

temblor, se puso muy pálido, y acabó por decir á la joven: «¡Oh hermana

mía! Ya veo que ni Schamsennahar ni tú habéis pensado bien el paso que

me pedís. Olvidáis que soy un hombre del vulgo y que carezco de la

amistad que poseía Abalhassan con los eunucos de palacio. Yo no conozco

para nada las costumbres de esas gentes. ¿Cómo he de atreverme á marchar

á palacio, cuando me asombraba el oir los relatos de las visitas de

Abalhassan? ¡Me falta valor para desafiar ese peligro! Pero puedes

decirle á tu ama que mi casa es el sitio más á propósito para las

entrevistas; y que si se digna venir, podremos conversar á gusto, sin

riesgo alguno.» Pero como la joven le instase para que la siguiera y

hasta le había decidido á levantarse, le sobrecogió de pronto tal

temblor, que se le doblaban las piernas. Y entonces la esclava tuvo que

ayudarle para que se sentase de nuevo, y le dió á beber un vaso de agua

fresca, á fin de que se tranquilizase.

Y cuando vió que era imprudente insistir, la esclava dijo: «Tienes

razón. Mucho mejor es, en interés de todos, decidir á Schamsennahar á

que venga aquí. Voy á intentarlo, y seguramente la traeré. ¡Aguárdanos

sin moverte para nada!»

Y como lo había previsto, en cuanto la confidente manifestó á la

favorita la imposibilidad en que se encontraba el joyero de ir á

palacio, Schamsennahar se levantó, y envolviéndose en su gran velo de

seda, siguió á su esclava, olvidando la debilidad que hasta entonces la

había paralizado en los almohadones. La confidente fué la primera que

entró en la casa para enterarse de si su señora se expondría á que la

viesen los esclavos ó gente extraña, y preguntó á Amín: «¿Habrás echado

fuera á los criados?» Y él contestó: «Vivo solo aquí, con una negra

vieja que me arregla la casa.» Ella dijo: «¡De todos modos, hay que

evitar que entre aquí ahora!» Y ella misma fué cerrando todas las

puertas, y corrió después á buscar á la favorita.

Schamsennahar entró, y á su paso las salas y corredores se llenaban

milagrosamente con el perfume de sus vestidos. Y sin decir palabra ni

mirar en derredor, fué á sentarse en el diván, y se apoyó en los cojines

que el joven joyero se apresuraba á colocar detrás de ella. Y así

permaneció inmóvil, durante un buen rato, muy débil y sin poder apenas

respirar. Por fin, cuando hubo descansado de aquella larga caminata,

pudo levantarse el velillo y despojarse del manto. Y el joven joyero,

deslumbrado, creyó que el mismo sol había entrado en su casa.

Schamsennahar le miró un instante y le preguntó al oído á la esclava:

«¿Éste es el joven de quien me has hablado?» Y cuando la esclava le

contestó afirmativamente, la favorita dirigió un expresivo saludo al

joyero. Y éste contestó: «¡Loado sea Alah! ¡Plegue á Alah guardarte y

conservarte como el perfume en el oro!» Ella le preguntó: «¿Eres casado

ó soltero?» Él contestó: «¡Por Alah! ¡Soltero, oh mi señora! Y no tengo

padre, ni madre, ni pariente alguno. De modo que no tendré más ocupación

que consagrarme á servirte, y tus menores deseos los pondré sobre mi

cabeza y sobre mis ojos...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 162.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...y tus menores deseos los pondré sobre mi cabeza y sobre mis ojos.

Sabe, además, que pongo por completo á tu disposición, para tus

entrevistas con Ben-Bekar, una casa que me pertenece, en donde nadie

habita, y que está situada enfrente de esta en que vivo. ¡Voy á

amueblarla en seguida, para que os reciba dignamente y no os falte

nada!» Entonces Schamsennahar le dió expresivas gracias, y le dijo:

«¡Por Alah! ¡Mi destino es muy dichoso por haber tenido la suerte de

encontrar un amigo tan adicto como tú! ¡Ahora me explico lo que vale la

ayuda de un amigo desinteresado, y cuán delicioso es encontrar el oasis

del reposo después del desierto de la tristeza! Cree que sabré

demostrarte un día que conozco el precio de la amistad. ¡Mira á mi

confidente, oh Amín! ¡Es joven, dulce y exquisita; pues te aseguro que á

pesar de cuanto he de sentir separarme de ella, te la regalaré para que

te haga pasar noches de luz y días de frescura!» Y Amín miró á la joven

y le pareció que era muy agradable, en efecto, y que, además de ojos

perfectamente hermosos, tenía nalgas absolutamente maravillosas.

Schamsennahar prosiguió: «¡Tengo en ella una seguridad ilimitada! ¡No

temas confiarle cuanto te diga el príncipe Alí! ¡Y quiérela, porque

tiene cualidades que refrescan el corazón!» Y Schamsennahar, dichas

estas cosas al joyero, se retiró seguida de su confidente, que se

despidió de su nuevo amigo con una sonrisa.

Cuando se hubieron alejado, el joyero Amín corrió á su tienda y sacó

todos los jarrones, todas las copas cinceladas y todas las tazas de

plata, y las llevó á la casa donde habían de verse los amantes. Después

visitó á sus conocidos, y á unos les pidió prestadas alfombras, á otros

almohadones de seda y á otros vajilla y bandejas. Y de esta suerte acabó

por amueblar magníficamente la casa.

Después de ordenarlo todo, y cuando se hubo sentado un momento para

contemplarlo, vió entrar á su amiga la joven confidente de

Schamsennahar. Ésta se le acercó meneando gentilmente las caderas, y le

dijo después de las zalemas: «¡Oh Amín! Mi ama te envía su saludo de

paz, y te repite las gracias, y te dice que ya está consolada del todo.

Me encarga además que avises á su amante de que el califa ha marchado

del palacio y que ella podrá venir aquí esta noche. Avisa, pues, al

príncipe Alí, y estoy segura de que esta noticia acabará de

restablecerle y le devolverá las fuerzas y la salud.» Dichas estas

palabras, la joven se sacó del seno una bolsa llena de dinares y se la

alargó á Amín, diciéndole: «Mi ama te ruega que gastes todo lo que sea

necesario, sin escatimar nada.» Pero Amín rechazó la bolsa, diciendo:

«¿Valgo tan poco á los ojos de tu dueña, ¡oh joven esclava! que quiere

recompensarme con ese oro? Dile que Amín está pagado de sobra con el oro

de sus palabras y la mirada de sus ojos.» Entonces la joven se guardó la

bolsa, muy satisfecha por el desinterés demostrado por Amín, y corrió á

contárselo á Schamsennahar y á avisarla de que todo estaba preparado.

Después la ayudó á bañarse, peinarse, perfumarse y vestirse con sus

mejores ropas.

Por su parte, el joyero Amín fué á avisar al príncipe Alí ben-Bekar,

después de haber colocado flores frescas en los jarrones y llenado las

bandejas con manjares de todas clases, pasteles, dulces y bebidas, y

colocando ordenadamente junto á la pared los laúdes, guitarras y demás

instrumentos. Entró en casa del príncipe Alí, á quien encontró más

animado con la esperanza que había infundido en su corazón. Y la alegría

del joven fué muy grande al saber que dentro de poco iba á ver á la

amada, causante de sus lágrimas y de su dicha. Y desaparecieron todas

sus penas y pesares, y su rostro se iluminó en seguida, adquiriendo

mayor gentileza y más simpática dulzura.

Y por su parte, Amín le ayudó á vestirse el traje más magnífico, y

después, sintiéndose tan fuerte como si nunca hubiera estado á las

puertas de la tumba, emprendió con el joyero el camino de la casa.

Cuando entraron en ella, Amín se apresuró á invitar al príncipe á

sentarse, y le colocó detrás de la espalda unos almohadones muy blandos,

y á su lado, á derecha é izquierda, unas hermosas vasijas de cristal

llenas de flores, y le puso entre los dedos una rosa. Y ambos,

departiendo tranquilamente, aguardaron la llegada de la favorita.

Apenas habían transcurrido unos instantes, llamaron á la puerta, y Amín

corrió á abrir, y volvió en el acto seguido de dos mujeres, una de las

cuales iba completamente envuelta en un tupido izar de seda negra...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 163.ª NOCHE_

Ella dijo:

...dos mujeres, una de las cuales iba completamente envuelta en un

tupido izar de seda negra. Y era la hora del llamamiento á la oración,

en los alminares, al ponerse el sol. Y cuando fuera la voz extática de

los muecines invocaba las bendiciones de Alah sobre la tierra,

Schamsennahar se levantó el velo ante los ojos de Ben-Bekar.

Y al verse ambos amantes, cayeron desvanecidos, y tardaron como una hora

en reponerse. Cuando por fin abrieron los ojos, se miraron silenciosa y

largamente, sin llegar á poder expresar de otro modo su pasión. Y cuando

tuvieron bastante dominio de sí mismos para poder hablar, se dijeron

palabras tan dulces, que la esclava y el joven Amín no pudieron menos de

llorar en su rincón.

Pero no tardó el joyero Amín en suponer que era hora de servir á sus

huéspedes, y ayudado por la esclava, se apresuró á llevarles en primer

lugar los perfumes agradables, que los prepararon para probar las

viandas, las frutas y las bebidas, que eran abundantes y de primera

calidad. Después Amín les echó agua en las manos y les ofreció las

toallas de flecos de seda. Y entonces, completamente repuestos de su

emoción, pudieron empezar á disfrutar realmente de la dicha de verse

reunidos. Y Schamsennahar dijo á la esclava: «¡Dame ese laúd, para que

cante la pasión inmensa que grita dentro de mi alma!» Y la confidente le

presentó el laúd, que Schamsennahar se puso sobre las rodillas, y

después de haberlo templado rápidamente, preludió una melodía. Y el

instrumento, manejado por sus dedos, sollozaba y reía, como si hablase

su alma, extasiando á todos. Y con la mirada perdida en los ojos de su

amigo, Schamsennahar cantó:

_¡Oh cuerpo mío de enamorada, te has hecho diáfano al esperar al

muy amado! ¡Pero ya está aquí! ¡El ardor de mis mejillas, bajo las

lágrimas, se endulza con la brisa de su llegada!_

_¡Oh noche bendita al lado de mi amigo, das á mi corazón más

dulzura que todas las noches de mi destino!_

_¡Oh noche que aguardaba! ¡Mi muy amado me enlaza con su brazo

derecho, y yo, con el izquierdo, le envuelvo alegre!_

_¡Le envuelvo, y con mis labios aspiro el vino de su boca, mientras

sus labios me vacían por completo! ¡Así me apodero de la colmena y

de toda la miel!_

El libro de las mil noches y una noche; t. 6 · 第 5 / 12 段