concluido el cual se recitaron otras nueve composiciones, siendo
notables entre ellas una elegía francesa "Los fieles lloran la muerte
de los misioneros;" unos tercetos castellanos "La cristiandad del
Japon desolada;" y unos bellísimos exámetros latinos, "Los mártires
glorificados por la Iglesia en su beatificacion." Creo imparcialmente
que la elegía francesa lució mas que todas las otras composiciones por
la pureza de pronunciacion, la buena entonacion y la propiedad en la
expresion con que fué recitada por el jóven D. Calixto Romero, que dió
así una prueba de lo familiarizado que se halla con el idioma francés.
Al terminar esta agradable fiesta, hermosas luces de Bengala, de
variados colores, iluminaron la concurrencia que llenaba el pátio
y las galerías, al mismo tiempo que se quemaron diversos fuegos de
artificio; todos los allí presentes, se retiraron con el sentimiento
de ver terminar un espectáculo que tanto decia al corazon y á la
inteligencia; y satisfechos de las dulces horas que con su reconocidas
ilustracion habian sabido proporcionarles los amables PP. Jesuitas,
que probablemente, sin intencion en lelo, contribuyeron así al mayor
esplendor de las fiestas populares.
Tres dias antes de esto, el 11 por la noche, el Ayuntamiento ofreció
otro espectáculo de los que mas favor gozan en el público, cuales son
los fuegos artificiales. Demás está decir que una apiñada muchedumbre
llenaba no solo la plaza y las calles que la rodean y las avenidas de
las que á ella confluyen, sino tambien los balcones y las azoteas de
las casas de los alrededores, tratando cada cual de buscar el mejor
sitio para gozar de la fiesta. Una banda de música amenizaba el acto
que dió principio á las ocho de la noche.
Quemáronse como en la primera noche arcos, ruedas, cohetes, llamas,
monteros y otras muchas piezas en que lució su habilidad el
pirotécnico; sin embargo de que habria razon para decirle lo que la
abeja dijo al cuclillo, segun nos cuenta Iriarte:
Pero en obra destinada
Solo al gusto y diversion,
Si no es varia la invencion,
Todo lo demás es nada.
La invencion con todo no dejó de variar algo, pues la pieza principal
de los fuegos era un gran templete con la imágen del Santo Patron
que lucia ornada de brillantes luces de distintos colores, en medio
de caprichosas combinaciones de ruedas, cohetes, velas Romanas y
otros adornos de muy buen gusto y que ofrecian un hermoso conjunto
de fuego, de luz, de movimiento y de colores. El público sorprendido
agradablemente aplaudió al constructor; y transcurrieron dos horas de
sencilla y entretenida diversion, de que disfrutaron todas las clases
de la sociedad, sin que el mas leve incidente desagradable turbase ni
por un momento el órden y la compostura que forman el distintivo de
este pueblo, siempre que se reune en grandes masas.
Despues cada cual se retiró á su hogar contento de haber disfrutado de
una de las fiestas que mas favor gozan hoy entre este público, que sabe
perfectamente amoldarse á todo lo que sea de buen gusto y represente
un progreso; por mas que, como antes lo he dicho, no se le haya dado
hasta ahora educacion, siquiera no sea mas que hasta donde lo exijen la
importancia de su crecida poblacion y de los intereses que representa.
El domingo siguiente, ó sea el dia 14 del mes, hubo otro espectáculo,
si no nuevo porque ya otra vez lo hemos visto efectuar con muy buen
éxito, de mucho gusto tambien y de gran variedad relativamente á lo que
podia esperarse por el programa publicado.
En la tarde del indicado dia, varios jóvenes del comercio de mercería
sacaron una gran mascarada que recorrió todas las calles de la
poblacion. Diez y seis ó diez y ocho coches, precedidos por un gran
carro triunfal, bonitamente exhornado con todos los atributos del
comercio y superado por el dios Mercurio, y seguidos de una brillante
orquesta que ejecutaba preciosas danzas, llevaban cincuenta ó sesenta
máscaras, en las que se hallaban representados desde el chistoso
andaluz con su galana chaquetilla y su calañé hasta el taciturno turco
envuelto en los interminables pliegues del tradicional turbante. Allí
iban mezcladas en alegre confusion todas las naciones y todas las
edades; y no era extraño ver junto á un finchado hidalgo, que de seguro
habria sabido gozar á sus anchas de un feudo si le hubiera pillado
á mano, un hijo del Celeste imperio con toda la estupidez propia de
aquella tierra en que los conocimientos humanos son el privilegio
esclusivo de un número muy reducido de hombres. En otro coche departian
amistosamente Polichinela, ese hijo espureo de la moderna sociedad,
que con solo levantar una pierna en Maville pone en movimiento toda la
policía francesa, y un pensativo Nostradamus que de fijo, lo mismo que
le ha sucedido á todos sus antecesores, se ha quedado sin encontrar la
piedra filosofal.
Por fortuna, en los momentos de la mascarada, no se trataba de vencer
tamañas dificultades, á las que tan inútilmente para sí y con tanto
provecho á veces de la ciencia, ha consagrado su vida entera ese
respetable número de individuos á quienes dice Racine:
Toi qui riche en fumée oh sublime alchimiste!
Tratábase solo de divertirse, lo cual es siempre mas fácil para el
hombre, sin duda en cambio de que las penas vienen por sí solas; y lo
hacian á las mil maravillas moros y cristianos; feudos y vasallos,
chinos y europeos; llevando la alegría á todas partes y repartiendo por
todas dulces y versos con profusion.
La mascarada salió del Teatro y recorriendo la calle de la Fortaleza,
en toda su estension, fué á detenerse en el estremo oeste, en el
palacio del Gobernador Superior, subiendo dos ó tres máscaras á saludar
á S. E. y á su apreciable familia, quienes los recibieron con toda la
finura que los distingue. Hubo _speechs_, aunque cortos, y en ellos
se manifestaron los deseos por la felicidad y bienestar del Gefe de
la provincia, así como por el engrandecimiento del comercio de esta;
á lo que contestó S. E. que por su parte hacia cuanto le era dable
por conseguirlo y que cada dia tenia nuevos motivos para trabajar con
mas empeño en ello; encontrándonos así con que la alegre fiesta, cuyo
objeto era solo la pública diversion, reunia en sí el _utile dulce_, de
que nos habla el viejo poeta latino.
Terminado el acto de cortesía, volvió á ponerse en marcha la mascarada
rodeada de un inmenso concurso de toda clase de gentes, que la acompañó
en su escursion por las demás calles de la ciudad; y se pasó la tarde
alegre y divertida, merced al bonito espectáculo discurrido y ejecutado
por los jóvenes merceros.
A los cuatro dias de esta fiesta nos ofreció otra, no menos alegre,
nueva y favorecida, el gremio de Comisionistas que, deseando tomar
parta en los regocijos públicos, dispuso una diversion digna de la
buena sociedad que en ella tomó parte y digna de los que preciándose
con razon de cultos, no olvidan por lo mismo que los sentimientos
caritativos son uno de los mas sólidos fundamentos en que puede
apoyarse la cultura de cualquier pueblo.
Dió principio esta fiesta por la distribucion de siete limosnas á igual
número de huérfanas pobres, una de cada barrio de la Capital, cuyo acto
se verificó el sábado 20 de Junio por la tarde en el salon de la plaza
principal y ante un concurso numerosísimo que se habia reunido para
presenciar la fiesta. Veinte y cinco duros fueron entregados á cada una
de las favorecidas por la suerte entre las que se habian considerado
acreedoras á gozar de aquel donativo; y al regocijo público que
produjo esta accion benéfica se unió, con mucho mas motivo, el de las
siete familias que se encontraban con un socorro inesperado y de gran
estimacion para las que, luchando con las escaceses de una horfandad
desvalida, no tienen mas esperanzas regularmente que ver una mano
generosa que hácia ellas se extienda.
Esa mano representa un don espléndido de la Providencia, el de la
misericordia; y no puede menos de ser besada con respeto y con
amor por aquellos á quienes favorece. Terminado el acto de caridad
reuniéronse en el mismo salon de la plaza las amazonas y caballeros
que iban á tomar parte en la cabalgata; mientras que en las calles de
los alrededores se colocaban en hileras los coches para las demás
señoras y señores que tambien pertenecian á ella. A poco rato y cuando
ya se hallaban todos reunidos, se puso en marcha la comitiva por la
calle de San Francisco. Rompian aquella diversos criados que llevaban
las banderas contraseñas de las casas comisionistas; seguía detrás
una banda numerosa de música que ejecutaba preciosas danzas; despues
y sobre un pequeño carro preparado para el efecto se levantaba una
pirámide trunca en cuya parte superior ardian mas tarde variadas luces
de Bengala para alumbrar el alegre cortejo; en seguida lucian sus
gracias cincuenta esbeltas ginetas que vestian variados y caprichosos
trages, presentando así un conjunto mas agradable; y junto á ellas
otros tantos apuestos caballeros que hacian los debidos honores á sus
damas, no obstante que junto á cada una de estas marchaba un lacayo.
Por último, venian los coches en que lucian muchas otras señoritas y
señoras, así como tambien numerosos señores.
La elegante comitiva reunia á no dudarlo todo lo principal de la
sociedad puerto-riqueña; y fué un espectáculo, tan nuevo como
agradable, ver tantas jóvenes hermosas y elegantes prestarse con la
amabilidad que les es propia al buen éxito de tan culta diversion;
por eso el gremio de Comisionistas anduvo asaz acertado cuando las
ofreció en justo tributo de su bondad la bellísima serenata escrita
por el distinguido poeta Dr. D. J. G. Padilla, con todas las galas de
su inagotable fantasía, con toda la armonía de su rico laud. Delicada
composicion que tiene en sí tanta ternura como una enamorada hija de
los trópicos, tantas bellezas como los rostros angelicales de aquellas
á quienes ha sido dedicada.
Pero volvamos á la Cabalgata, que la he dejado en marcha por la calle
de San Francisco, la cual recorrió en toda su extension hasta dar
la vuelta por la plazuela de Santiago y tomar la de la Fortaleza en
direccion al palacio del Gobernador Superior, con objeto de presentar
sus respetos al Gefe que tambien tomaba parte en la fiesta, puesto que
su niña era la primera y bien apuesta amazona de la cabalgata.
Una vez terminado este acto de justa deferencia, la comitiva recorrió
las principales calles de la ciudad, encontrando por todas ellas
curiosos espectadores de todos sexos y condiciones que se agrupaban á
las puertas y balcones de las casas, en las avenidas de las calles y
en todos los sitios, desde donde podian admirar aquel bello y alegre
cortejo.
Para terminar la fiesta la comitiva se dirijió á la casa de uno de los
principales comerciantes, cuyos hermosos salones se habian exhornado
con el mejor gusto y despues del descanso necesario y de haberse
servido profusamente dulces escogidos, sorbetes y refrescos, se dió
principio á un animado baile que duró hasta cerca de las once de la
noche, en medio del contento y satisfaccion de todos los que habian
tomado parte en fiesta tan distinguida; haciéndonos conocer que no
siempre están en riña, como á veces tenemos que creer, la primacía
del bolsillo con la del buen gusto y los mas bellos sentimientos. Por
eso, en mi imparcialidad, tengo un verdadero placer en consignar que
la fiesta de los señores comisionistas fué una de las mejores con que
se celebró el San Juan del presente año; y que han correspondido, como
todos los demás gremios, pero en la esfera que les es propia, á la
indicacion hecha por el Ayuntamiento; supliendo la vulgar alborada con
una fiesta que no pudo menos de ser bien aceptada por el público.
En la tarde del dia siguiente al de esta fiesta, el Ayuntamiento
celebró la regata anunciada en el programa, y que tuvo efecto en la
línea de la bahía que corre desde la dársena de los botes hasta la
mitad del trayecto que se hace para llegar á la punta de Cataño.
Frente á la dársena se levantaban dos bonitos palcos, uno para el Gefe
Superior de la provincia y su familia y otro para el Jurado que habia
de dar los premios y delante de ellos se habian colocado asientos para
el público; al otro estremo de la línea que debian recorrer los botes
luchadores hallábase una esbelta goletita empavesada con mil banderas
de todos colores y conteniendo además del Comisionado del jurado una
banda de música militar que recibia alegremente á los contendientes.
Toda la carrera se hallaba limpia de embarcaciones, para que los
regateadores no encontraran obstáculo alguno.
A las cinco de la tarde llegó al sitio designado el Excmo. Sr.
Gobernador Superior Civil, en union de su familia y ayudantes, siendo
recibido por la Comision del Ayuntamiento y saludado por otra música
militar que habia preparada con dicho objeto, y en seguida dió
principio la diversion.
La tarde no podia presentarse mas apropósito. El cielo despejado lucia
ese azul brillante que solo muestra en nuestra zona; una hermosa brisa
rizaba suavemente la superficie transparente del mar y embalsamaba el
ambiente que se respiraba, y la temperatura deliciosa de primavera que
en aquellos momentos se disfrutaba, hacia olvidar que estábamos ya en
la época de los fuertes calores.
Siete ú ocho mil personas se agrupaban en los muelles, en las azoteas
de los almacenes de la Marina, en botes particulares que no habian de
tomar parte en la lucha, en las murallas de todo el recinto que da á la
bahía y en los balcones y azoteas de las casas de la ciudad que tienen
frente al mismo sitio. Contemplado el cuadro que ofrecian desde el
medio de la bahía, era un anfiteatro inmenso, lleno de gentes de todas
clases que, cual en los antiguos circos, se disponian bulliciosas para
gozar de la fiesta que iba á celebrarse, sinó con mas entusiasmo, por
lo menos con mas tranquilidad de espíritu que aquellos romanos que se
congratulaban en ver correr la sangre de los infelices gladiadores.
La lucha que aquí iba á presenciarse era mas pacífica, mas dulce; y
tan provechosa para el adelanto del trabajo y de la industria, como
perjudicial era la de los tiempos antiguos para aquellos pobres seres
que habia degradado la feroz altivez de los que, aun cuando señores del
mundo, profesaban los disolventes y anti-humanitarios principios del
paganismo.
El espectáculo dió comienzo por una regata á remo en que tomaron parte
hasta unos once botes, de diferentes formas y dimensiones y variado
número de remeros. Como sucede siempre en estos espectáculos, en el
momento de partir los contendientes se despierta en los espectadores
un sentimiento de ansiedad, en tanto que alguno de aquellos no toma
una reconocida ventaja sobre los demás; una vez declarada esta, las
simpatías del público se pronuncian en favor del que la obtiene,
porque, desgraciadamente, la humanidad siempre se adhiere al vencedor,
aun cuando no le falte una lágrima de compasion para el vencido y aun
cuando conozca que las circunstancias adversas hayan sido las únicas
que á tal extremo hayan traido al último.
A los diez minutos la partida estaba terminada y el bote _Pájaro_, de
los del tráfico de la bahía, volvia triunfante ostentando la bandera
de premio que habia conseguido al llegar el primero al término de la
carrera.
La segunda regata fué á la vela; y aquí la ansiedad de los espectadores
estribaba especialmente en ver los ligeros botes que casi presentaban
sus quillas al aire, doblados por el escesivo empuje del viento en
el voluminoso velámen de que se habian armado. Pocos fueron los
contendientes, pues si mal no recuerdo apenas conté cinco al partir de
la dársena; y muy pocos momentos tambien fueran bastantes para prever
en favor de quien se decidia la suerte. El bote _Bella Gabriela_,
del tráfico de la bahía, tomó desde luego notable ventaja sobre sus
competidores, y sin esfuerzo alguno alcanzó la bandera de premio que
volvió ostentando al poco rato.
En la tercera regata, el número de los contendientes fué tan numeroso
como en la primera, porque tambien se efectuaba á remo; pero la fortuna
se decidió desde el principio por un elegante botecito del vapor
_Triunfo_, que sin grande lucha volvió al cuarto de hora engalanado con
la banderola de premio.
Estas banderolas fueron despues cangeadas por las que el Gobernador
Superior entregó como premio á los vencedores, las cuales á su vez
debian servirles para recoger los premios pecuniarios que dió el
Ayuntamiento; y numerosos vivas y aclamaciones resonaron por todas
partes, haciendo conocer el contento general de los que presenciaban
tan agradable fiesta.
Aquí debió haber concluido esta, segun el programa, pero estando
poco avanzada la tarde y en consideracion á los buenos servicios de
policía marítima que habian prestado los botes de los buques de guerra
nacionales surtos en el puerto, el Jurado decidió otorgar en aquel
momento otro premio mas que solo habia de disputarse por las citadas
embarcaciones; y prévio el beneplácito del Gefe Superior, diéronse las
órdenes oportunas al efecto, con gran contentamiento por parte del
público que veia así prolongarse la diversion.
Esta nueva lucha presentaba mas igualdad por parte de los
contendientes, puesto que los esquifes, poco mas ó menos, tenian las
mismas condiciones y los remeros eran todos expertos y acostumbrados á
la uniformidad tan necesaria para el rápido y cómodo movimiento. Entre
todos los que tomaron parte en la regata, distinguióse la canoa del
Sr. Comandante del vapor _Blanco de Garay_, que, más rápida que sus
compañeros, llegó antes que ellos al término, ganando el premio que
se disputaba y volviendo á la dársena en medio de las aclamaciones de
la muchedumbre; que viendo terminada la fiesta volvió á entrar en la
ciudad, satisfecha de la agradable tarde que habia pasado.
No tuvo, sin embargo, mucho tiempo para dispersarse; pues apenas habia
cerrado la noche cuando la alborada del gremio de almacenistas, volvió
á llamarla á las calles para concluir aquel dia en medio de la alegría
y la fiesta. Despues de recorrer la música algunas calles hubo fuegos
artificiales en la plaza principal; y como de costumbre se reunió un
gentío inmenso, que pasó algunas horas agradablemente entretenido,
dispersándose enseguida que concluyó la diversion.
[Ilustración]
XI.
_Concurso de Caballos._
"Todos sabemos el furor de corridas, apuestas & que hay en las
principales capitales de Europa; mas no es esto lo que yo pretendo
que pudiera plantearse en Puerto-Rico: porque á mi modo de ver, el
premiar el caballo que corra mas en media hora, no es, como nota muy
bien nuestro festivo Fr. Gerundio, el modo de mejorar la raza: además
aquello de que el mismo dueño no sea el que monte su caballo sino que
sea un _Yokey_, aunque muy bueno para las capitales de Europa, lo
juzgo inoportuno y hasta ridículo en mi país; y así otras muchas cosas
que, atendida la diversidad de costumbres, fuera errado el querer
trasplantar.
"Yo preferiría á todo que hubiese una junta de criadores y aficionados,
que no faltan en la isla, que tienen actividad, buenos deseos y que se
alegrarían mucho de que hubiese para ello un estímulo.
"Que esta junta presidida por la autoridad superior, ú otra que esta
nombrase, hiciese un reglamento sin mas artículos que los precisos,
para señalar á cada uno sus atribuciones y los premios que habian de
darse.
"1º.--A la mejor yegua de vientre.
"2º.--Al caballo mas ligero.
"3º.--Al mas bien domado y enseñado.
"4º.--Al mas corpulento y de mas fuerza.
"5º.--Al de mejor estampa.
"Que cada año por San Juan y San Pedro se reuniesen en la Capital,
como lo verifican ahora, para la prueba, comparacion y adjudicacion de
premios, en cuyo acto se desplegase todo el aparato posible.
"Que se publicasen en los periódicos los nombres del dueño y del
caballo premiados, y que se luciesen algunas otras cosas que son buenas
para dichas en un reglamento, y agenas de un artículo como este."
Esto escribia en el "Cancionero de Borínquen," que vió la luz en 1846
en Barcelona, mi ilustrado amigo el Dr. Médico D. Manuel A. Alonso; y
de seguro que, conociendo las condiciones de nuestro país, muy lejos
estaría de creer al escribirlo que á los ocho años habia de verse
realizado su pensamiento. Sin embargo, este envolvia una reconocida
utilidad para el país; y como toda buena semilla, aun cayendo en
terreno mal preparado, hubo de prender y desarrollarse si bien
lentamente.
Ya el lector ha visto que en el año de 1854 y por disposicion Soberana
fué que se establecieron los concursos de caballos en nuestra ciudad,
como medio eficaz para fomentar las buenas razas de esos animales.
Conocido es de todo el mundo el entusiasmo con que dichos concursos
se celebran en España, Francia é Inglaterra y los valiosos premios
que se dan en los tres puntos á los caballos que salen vencedores
en las carreras; y eso que el caballo es hoy en Europa un animal de
recreo, desde que la locomotora arrastra con mas rapidez y baratura los
vehículos en que el hombre se transporta de un punto á otro, ó en que
hace transportar las mercancías que alimentan el comercio y satisfacen
las necesidades de los pueblos. Pero por lo mismo que el caballo se
ha convertido en un objeto de recreo y por consecuencia de lujo, las
clases ricas sostienen con mas empeño esas luchas del noble animal que
por tan largo espacio de tiempo ha ocupado un lugar tan predilecto en
el hogar doméstico, que tantos y tan distinguidos servicios ha prestado
al hombre y que aun hoy mismo forma parte de la familia entre los
pueblos del oriente que, algo refractarios á la civilizacion, conservan
las costumbres de otros siglos. En Lóndres, como en Paris, como en
Madrid, no solo se celebran carreras de caballos y se dan crecidos
premios de dinero; sino que se saben apreciar las diversas cualidades
de las diferentes razas de caballos y se trata de conservarlas en toda
su pureza, mezclándolas únicamente, con toda precaucion y estudio, para
mejorarlas.
En nuestra Isla, el caballo por desgracia, y digo por desgracia porque
la falta de otros medios de comunicacion revela nuestro atraso, el
caballo no es todavia un artículo de lujo; lejos de eso, es, en
general, el único medio útil de locomocion; porque, desprovisto de
carreteras todo el interior de la provincia, solo el caballo puede
transportar al hombre por los estrechos y quebrados senderos que tienen
que atravesarse en todos sentidos, y solo el caballo pasa con pié firme
las multiplicadas cuestas del montañoso terreno que forma el corazon de
la Isla. Verdad es que de algunos años á esta parte puede recorrerse
en carruage casi todo el litoral; pero sus inconvenientes presenta
todavia este pequeñísimo adelanto en las épocas de lluvia, porque, no
teniendo afirmado la mayor parte de los caminos, se forman prontamente
baches peligrosos que no pueden menos de infundir respeto al transeunte
y obligarle á que en los casos de urgencia prefiera el caballo al
carruage.
No es extraño, pues, en vista de estas condiciones, que el caballo sea
un objeto de preferente atencion, sobre todo para los que residen en
los campos; y preciso será convenir en que si en Europa hay motivo para
que ofrezcan interes los concursos de caballos, mucho mayor es el que
debe existir en nuestra Isla, donde el caballo es un animal de que no
puede prescindir el hombre, si no quiere encontrarse en un momento dado
detenido en medio de los campos, por no tener otros medios de moverse.
Por eso las exposiciones de caballos han sido vistas con cierta
predileccion desde que en 1854 se sirvió S. M. declarar que se
celebraran cada dos años, medida laudable que revela que esa vez al
menos se comprendieron los verdaderos intereses de la provincia; y por
eso hemos visto que siempre que se han celebrado han concurrido mayor
ó menor número de animales de los mas perfectos que produce la raza
indígena; sino en grande escala, porque no lo permiten las condiciones
del país, en proporcion suficiente para demostrar el interes que
inspira ese acto.