CAPITULO XV.

_De algunas particularidades que debe tener presentes el torero._

Los toros no todos cornean bien; hay algunos muy torpes, y todos ellos

tienen un lado de que son mas diestros: esto es conocido desde el

momento en que se les ve cornear una vez, y aun cuando no, es bien

sabido que del lado cuya oreja mueven mas á menudo y menean con mas

prontitud, de ese cornean mejor. Sucede tambien que del lado porque se

les ha dado mas salidas en las suertes cogen mas bien, y el torero, que

debe hacerlas todas con la misma facilidad por cualquiera de ellas,

deberá buscar siempre para su salida aquel por donde estan mas

sencillas.

Los banderilleros generalmente no parean bien sino por una mano; de modo

que aunque el toro esté muy sobre sí, y el cuerno de la huida sea el

maestro, no se cambian, y por esto son mas frecuentes las cogidas: por

tanto, les encargo que desde el principio se acostumbren á parear

igualmente por ambos lados, pues de este modo cogerán siempre á los

toros por el lado sencillo, y no se les quedará uno por banderillear.

Sucede tambien con mucha frecuencia que un toro que salió boyante

esperimenta luego una verdadera transformacion, y se hace de sentido, lo

cual es efecto de haber dado una cogida, ó de haberlo toreado mal. Sea

por el motivo que quiera, conocida la transformacion, debe el torero

lidiarlo segun la clase á que nuevamente corresponde, y teniendo

presente que si se hizo malo por haber dado una cogida, no se le debe

hacer suerte en el parage en que la dió, pues cuando los toros estan en

sitio propio y consentidos son muy carniceros, y si dan segunda cogida

es sumamente peligrosa, y se hace luego casi imposible el apartarlos de

alli. Esto deben tenerlo presente con mas particularidad los picadores,

pues ellos son los que se ven mas á menudo en el compromiso de ir á

buscar al toro en sitio propio: es tal el corage que tienen cuando estan

en este caso, que yo he visto mas de una vez dar siempre porrazos al

picador, y pegarse estraordinariamente estando apoderados de un sitio, y

yendo á buscarlos á él, mientras que estos mismos toros los han sacado á

otro parage, y han hecho la suerte como boyantes, sin recargar, ni

mostrar indicios de codicia.

Tambien sucede que los toros esperimentan transformaciones en bien de

los toreros, y que uno que salió ganando terreno ó rematando en el

bulto, concluya ciñéndose, ó partiendo como un boyante. Generalmente

esto sucede porque los tales toros son muy sentidos, se duelen mucho

del castigo, y como lo esperimentan siempre que se acercan al bulto,

concluyen muchas veces hasta por echarse fuera: no obstante, deben

siempre torearse con algun cuidado, principalmente cuando se les va á

hacer alguna suerte en que no se les pincha, pues se consienten con

facilidad, y á la segunda entran ya con codicia por el bulto.

Una de las cosas que deben dar mas cuidado al torero es que el toro

tenga la cabeza descompuesta, y por lo regular tienen de ello la culpa

los mismos lidiadores, pues aunque es cierto que algunas veces desde que

salen por la puerta del toril vienen con la cabeza desconcertada, sin

embargo, lo mas frecuente es que en la plaza se la descompongan con los

capotazos mal dados, y con las chaquetas y pañuelos que les echan desde

los andamios: asi los acostumbran á cornear sobre alto, y á tirar

incesantes derrotes, con que luego desarman al diestro en la suerte. Por

tanto, recomiendo que nunca se les eche el capote para citarlos al

testuz, sino siempre bajo, para que se acostumbren á humillar bien y

descubrirse; y los matadores tendrán un especial cuidado cuando vayan á

matar, para si el toro no tiene bien compuesta la cabeza arreglársela

con la muleta, ó con una capa si fuere menester, advirtiéndoles que el

lance peor en que puede verse el torero es cuando en la estocada de

muerte el toro se para en el centro tirando derrotes, y lo desarma. En

este caso la cogida es casi inevitable, pero sí se puede hacer que no

llegue este lance con solo cuidar de componerle la cabeza.

Asi como los caballos, tienen los toros algunas veces un brazo ó una

pierna mas fuerte, y un lado de mas vigor por donde cogen mejor: el

torero debe observar todo esto para combinar la suerte del modo mas

seguro.

Tambien deben los toreros tener presente, y los de á caballo con

particularidad, que cuando los toros echan tierra y escarban tardan en

arrancar, y generalmente no lo hacen hasta nuevo cite, ó hasta que los

obligan de nuevo; tambien es constante que antes de arrancar vuelven de

pronto y enderezan las orejas y hacen una grande inspiracion, que se

conoce en lo que hinchan el ijar.

Otra advertencia importante es que cuando se trata de _abrir_ el toro,

esto es, desviarlo un poco de las tablas para hacer suerte con él, se

deben dar los capotazos por dentro para que el toro dé una vuelta, cuyo

remate es sobre el terreno de afuera, y quede en disposicion de hacer

suerte. Cuando por el contrario está muy desviado y se trata de

_cerrarlo_ un poco, los capotazos se darán de fuera á dentro.

Se puede muy bien considerar en los toros dos acciones principales, á

saber, _la ofensiva_ y _la defensiva_: se entiende por accion ofensiva

todo movimiento del toro cuyo objeto es apoderarse del bulto, cogerlo,

destrozarlo; y por accion defensiva, aquella con que intenta evadir las

suertes, y evitar el daño que en ellas esperimentó ya. En la primera de

estas acciones se comprenden _las arrancadas_, _la humillacion_, _el

achazo_ &c.; y en la segunda _el taparse_, _vaciarse de los centros_ &c.

&c.

La _accion ofensiva_ es mas propia de los toros bravos y boyantes, y la

demuestran en la mas pequeña cosa; asi es, por ejemplo, que estos toros

cuando van siguiendo á un peon y se les escapa por un burladero se

quedan cornándolo con corage, que es á lo que se llama en el toro

_rematar_: la _accion defensiva_ por el contrario es mas inherente á los

toros abantos, y mas particularmente á los de sentido, que parece muchas

veces que la saben hacer servir tan bien como medio de ofender.

Como no todos los toreros son tan diestros que puedan estar seguros de

ser jamas cogidos, diremos algo que pueda serles útil en el caso de

esperimentar esta desgracia.

Es muy frecuente la cogida, por ser el toro superior en pies al diestro

que lo va corriendo, y que no lo hizo con las precauciones que dijimos

en su lugar. En este caso, vista ya la imposibilidad de sacar ventaja

por piernas, se detiene un poco la carrera, y se vuelve la cara para ver

llegar al toro, y en el momento que humilla dejarse caer de pronto al

suelo, de modo que la cornada es en el aire, y lo mas que puede el

diestro sufrir es por algun pezuñazo, aunque generalmente en este caso

rebrinca y salva todo el bulto. Tampoco es frecuente que vuelva el toro;

pero si por una rareza sucediere, deberá el diestro al verlo venir, ó

bien levantar y menear las piernas para que se distraiga con ellas y

deje el cuerpo, ó bien cuando vaya á humillar para recogerlo rodarse,

digámoslo asi, hácia sus piernas, para asegurarse á una, y que no le

pueda cornear: tambien si se puede debe cogerle un piton, y asirse

fuertemente á él.

Los banderilleros cuando por haber hecho una salida falsa se ven en este

caso, tienen la ventaja de poder hacer uso de las banderillas, y

clavarlas en el hocico al toro, con lo cual siempre rebrinca y se va.

Tambien los matadores cuando son arrollados pueden hacer uso de la

espada, y aunque sea matar al toro hiriéndole en el pecho, pues antes

que todo es la vida de un hombre.

Los toreros que presencien estos fatales accidentes, lejos de ser

pasivos espectadores, y mirarlos con una execrable indiferencia, deben

prodigar cuantos auxilios esten de su parte, pero sin atolondramiento y

confusion, bien persuadidos de que un capote bien echado hace del toro

lo que se quiere, y muchos mal dirigidos nada sirven, no siendo pocas

las veces que por este desorden y torpeza si se liberta una cogida es á

costa de otra.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 58 / 119 题