_De los tres estados que tienen los toros en la plaza._
Los toros tienen en la plaza _tres estados_ bien diferentes, y que
importa mucho conocer, pues cada uno tiene suertes peculiares ó que no
podrian hacerse en otro estado sin un evidente riesgo, y que hechas en
el que les corresponde son seguras y lucidas. Estos estados son el de
_levantados_, el de _parados_ y el de _aplomados_. Haremos su
correspondiente esplicacion, guardándonos para la de cada suerte en
particular el marcar las propias de cada uno de ellos.
Se dice que está el toro _levantado_ cuando acaba de salir, tiene la
cabeza muy alta, hace por todos los objetos, sin fijarse por lo regular
en ninguno, y anda corriendo la plaza con gran celeridad. En este estado
tiene todo el vigor en las piernas, y no se le conoce ninguna especie de
querencia; apenas se para en parte alguna, y generalmente aunque dé
cogida no se queda con el bulto, sino que prosigue su viaje. Este estado
no es el que mas tiempo dura, y es dificil hacerle suertes en él, porque
ni aun da tiempo para armarse y ponérsele delante; pero las que se
llegan á hacer son muy seguras, porque jamas se revuelve, de manera que
con solo tener el diestro pies para contrastar los muchos que tiene el
toro _levantado_, rematará la suerte á su satisfaccion, pues aun los
toros de mas intencion parten cuando estan _levantados_ como el mas
sencillo, y es la razon, porque como acaban de salir del toril, donde
estaban muy estrechos y cerrados, y se hallan luego en libertad,
empiezan á correr buscando campo, y no tienen gran codicia por el
objeto, de manera que arrancan echándose fuera y con el sentirlo en la
huida.
El segundo estado que tienen los toros en la plaza es el de _parados_, y
se conoce en que ya no corren con aquella especie de atolondramiento que
tenian cuando estaban _levantados_, y en que solo hacen por los objetos
que tienen á una distancia proporcionada: ademas en este estado es en el
que se muestran las propiedades de cada clase, y es el mas á propósito
para casi todas las suertes, pues conservan las piernas suficientes para
rematarlas, y carecen de aquel vigor con que salieron en ellas. En este
segundo estado es cuando comienzan los toros á tomar las querencias
casuales que acaban de manifestarse con toda su fuerza en el estado de
_aplomados_.
Este último estado es el mas peligroso y el que menos divierte; se
conoce en que el toro si tomó querencia en el estado anterior, en este
casi no la abandona; y en caso de no haberla tomado y no irse á las
naturales, se observa en él mucha parsimonia, hace poco por los objetos
que tiene á regular distancia, y nada por los que estan lejos; le faltan
las piernas á veces del todo, y evita las suertes del modo que puede, ya
saliéndose de ellas, ya tapándose.
Estos _tres estados_ no son iguales en todos los toros, y á veces son
tan poco manifiestos que es muy dificil distinguirlos; pero sin embargo,
existen y es importante su conocimiento, pues nos marcan el momento de
ejecutar esta ó la otra suerte, atendiendo al estado en que está el toro
y á su clase particular.
Debo tambien advertir que muchas veces los toros conservan todas sus
piernas en el estado de _parados_, y algunas en el de _aplomados_.