_De las diferentes clases de toros._
Los toros no son tan exactamente iguales que no pueda hacerse de ellos
varias _clases_, asignándole á cada una su carácter distintivo, y cuyo
conocimiento es indispensable para la ejecucion de las suertes, que como
veremos mas adelante, no todas pueden hacerse con todas las _clases_ de
toros.
Los divido pues en _boyantes, revoltosos, que se ciñen, que ganan
terreno, de sentido y abantos_. Vamos á ver el carácter particular de
cada uno de los ramos de la division.
Se llaman toros _boyantes, francos, sencillos ó claros_, aquellos que
siendo muy bravos conservan la sencillez propia suya, y por consiguiente
puede decirse de ellos que son los que tienen mas pronunciadas las
inclinaciones con que la naturaleza marcó su especie. Estos toros son
los mas á propósito para todas las suertes, van siempre por su terreno,
siguen perfectamente el engaño, y las rematan con tanta sencillez y
perfeccion, y tan sin peligro del diestro, que parecen mas bien que una
fiera, un animal doméstico enseñado por él.
Los toros _revoltosos_, que algunos distinguen de los _celosos_, siendo
en realidad unos, son aquellos que iguales en todo á los _boyantes_,
solo se diferencian de ellos en que tienen mas celo por coger los
objetos, y por consiguiente se revuelven mucho para buscarlos,
sosteniéndose con fuerza sobre las manos en toda clase de suertes, y
siguiendo con la vista el engaño ó el bulto, que sin saber cómo se les
huyó de la cabeza. Estos toros son tambien muy buenos de torear, como
veremos cuando se hable de las suertes; siendo las que se hacen con
ellos tanto mas lucidas, cuanto muestran mas bravura y celo por los
objetos que los _boyantes_, y no dan lugar como aquellos á perder de
vista que son fieras.
Se llaman toros _que se ciñen_ aquellos que aunque toman cumplidamente
el engaño, se acercan mucho al cuerpo del diestro, y casi le pisan su
terreno. Estos toros deben torearse con algun mas cuidado,
principalmente en los pases de muleta; pero sin embargo tienen sus
suertes muy lucidas y seguras.
Los toros que _ganan terreno_ son aquellos que cuando estan en la suerte
empiezan á caminar hácia el diestro, ya cortándole el suyo, ya siguiendo
el terreno de afuera. Estos toros tienen dos géneros que importa
distinguir. El primero se ve en aquellos que desde la primera suerte
empiezan á ganar terreno, y por consiguiente se conoce que es modo
natural suyo de partir. El segundo se observa en los que empiezan á
ganar terreno despues de haber hecho varias veces con ellos las suertes:
estos deben torearse con mas cuidado que los otros, pues el ganar
terreno lo hacen con malicia en virtud de haber sido burlados de
antemano; sin embargo, tienen suertes muy seguras, pero cuando se les
junta el rematar en el bulto son los mas dificiles de torear.
Los toros _de sentido_ son aquellos que distinguen al torero del engaño,
y por consiguiente desprecian á este, no lo siguen, y rematan siempre en
el bulto; alguna vez toman el engaño, pero es por fuerza, y su remate
en el cuerpo del torero: aunque es dificil lidiarlos tambien tiene el
arte recursos para ellos.
José Delgado (a) Hillo en su tauromaquia pone otra clase de toros de
_sentido_, compuesta de los que _atienden á todo objeto sin contraerse
especialmente al que los cita y llama, pero que en las suertes son
claros_; y aunque respeto su dictámen, sin embargo, en esto padeció una
equivocacion, pues esta propiedad la tienen unas veces los _boyantes_,
muchas los _revoltosos_, algunas los _que se ciñen_, pocas los _que
ganan terreno_, y siempre los _abantos_, pero nunca los verdaderos toros
de _sentido_, siendo ademas una contradiccion visible poner como clase
de _toros de sentido_, cuyo distintivo es la malicia en las suertes,
unas reses que segun él mismo son claras en ellas.
Se llaman toros _abantos_ aquellos que son medrosos por naturaleza, y
los hay de varias clases: unos lo son tanto, que conforme ven al torero
se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos;
otros hay que arrancan, y antes de entrar en jurisdiccion se vacian con
prontitud saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por
el de adentro, y á veces por el que ocupa el diestro, lo cual es efecto
del miedo que tienen, pero sin embargo lo pueden arrollar en este
contraste: otras veces estos foros arrancan con prontitud, y cuando
llegan á jurisdiccion, y en el mismo momento en que el diestro va á
cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se
escupen fuera ó lo toman. Hay otra especie de toros _abantos_ de que
algunos hacen clase aparte con el nombre de _bravucones_, que son los
menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al
tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar
suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues
no son otra cosa que una especie de los _abantos_; sin embargo, José
Delgado los pone como distintos.
Estas _clases_ de toros son las únicas que por sus propiedades
particulares merecen mucha atencion para conocerlos perfectamente, y
ejecutar las suertes con seguridad.
Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros
_burri-ciegos_, de quienes nadie ha hecho mencion, mereciendo una
atencion particular, pues el defecto que tienen en su vista les hace
partir con desproporcion relativamente á los demas, pero con mucha
regularidad atendiendo al estado particular en que ella los pone, de
suerte que estos toros deben _clasificarse_ segun la alteracion que
tengan en el modo de ver. Haremos pues tres clases: los de la primera,
que son los que _ven mucho de cerca y poco ó nada de lejos_, tienen la
contra para torearse de que siendo preciso para que vean al diestro
citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca de sí
un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha
codicia y ligereza, de modo que si tienen muchas piernas y aquel no está
sobre sí, ó bien le faltan estas, es facil le den una cogida: sin
embargo, en toreándolos con conocimiento son los mejores de los
_burri-ciegos_, pues tienen la ventaja de no seguir el bulto en
apartándose un poco aun cuando le estuviesen observando el viaje, porque
como no ven bien de lejos les parece grande la distancia y no hacen por
él.
Los de la segunda clase _ven poco de cerca y mucho de lejos_; son muy
dificiles de torear, porque como no distinguen bien arrancan al bulto
todo que tienen delante, y por lo regular buscan el cuerpo como objeto
mayor y que ven mejor. El peligro que hay en estos toros es el salirse
de la suerte y apartarse de ellos, porque entonces ven claramente al
diestro, observan su viaje, arrancan á él, y si tienen piernas y lo
llevan embrocado sobre largo le pueden dar una cogida, pues no hacen
caso del capote, y sí del cuerpo, que es lo que ven mejor porque dista
mas.
Los de la tercera son los _que tanto de cerca como de lejos ven poco_;
tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro
hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes
y se aploman con facilidad, serian los mejores de los burri-ciegos.
Se pudiera hacer otra cuarta clase de estos toros, en que se
comprendieran los que _ven poco de un ojo y bien del otro_; pero
teniendo las mismas ventajas y nulidades para la lidia que tienen los
_tuertos_, cuanto se diga de estos es aplicable á los otros.
Conocidas ya las diferentes _clases de toros_ que pueden presentarse al
diestro, debemos pasar al conocimiento de cada suerte en particular, y
al modo de ejecutarlas con los de que ya se ha dado noticia.