_De las querencias._
Antes de tratar de los toros en particular y del modo de lidiarlos, me
parece oportuno decir algo de sus _querencias_, tanto naturales como
accidentales, con la idea de hacer ver el papel tan importante que
juegan en la lidia, pues no pocas veces darán una suerte lucida al que
las conozca y las atienda, y una cogida al que las ignore ó las
desprecie.
Se llama _querencia_ de un toro aquel sitio de la plaza en que le gusta
estar con preferencia á otros, y adonde va á parar regularmente despues
de una carrera ó al rematar las suertes.
Los toros tienen en la plaza dos _querencias_ naturales, que son, la
puerta del toril y la del corral en que estan antes de la lidia. Tienen
ademas otras _querencias_ que se llaman accidentales ó casuales, y son
las que toman con algun sitio de la plaza, bien por haber otro toro
muerto, ó un caballo, ó por sentir alli descanso y defensa, como son las
_querencias_ con los tableros; y finalmente, las que toman por estar la
tierra mas movida y mas fresca, como sucede en las plazas en que hay
fuente ó pozos, que aunque estan cubiertos en el tiempo de la lidia, el
fresco del agua pasa al través de la tierra y forma una nueva
_querencia_.
Aunque como ya hemos dicho suelen estas dar suertes muy lucidas y
seguras, serán siempre mejores aquellas en que el toro no haya tomado
_querencia_ alguna, por la obvia razon de que partirá con la regularidad
que le es propia, y no necesitará el diestro hacer modificacion ó
escepcion de alguna regla, lo cual es necesario siempre que se hace
alguna suerte estando el toro en su _querencia_.
Por esta razon se procurará siempre apartarlos de ellas para todas,
cuidando ademas en lo posible dejarles libre la huida á estos sitios,
pues es muy frecuente arrancar un toro al matador, por ejemplo, y en el
momento de cargarle la suerte, sin rematarla y aun casi sin llegar al
centro, vaciarse é irse con el viaje á la _querencia_: aunque esto no
sucede siempre estando el toro lejos de ella, se observa alguna vez, y
por consiguiente es preciso combinar que el terreno de afuera sea el que
deba tomar en caso de ir en busca de ella, pues de lo contrario se
meterá en el del diestro, y probablemente se lo llevará por delante;
ademas, si él piensa evitar esto echándose á la plaza dando las tablas
al toro, como que este no es constante que estando lejos siga con el
viaje á la _querencia_, tomará su terreno natural, se encontrará con él,
y precisamente le dará una cogida.
Todos estos inconvenientes se evitarán combinando como he dicho los
terrenos, pues no es necesario observando lo dicho cambiarlos, lo cual
solo se hará en los casos que veremos cuando se hable de cada suerte en
particular.
Las _querencias_ que hemos dicho toman los toros con ciertos sitios de
la plaza por sentir alivio en ellos, que regularmente son los tableros,
aunque son las mas poderosas casi siempre, no obstante se pueden
destruir haciendo que conforme se acerque el toro á ellas lo piquen, le
claven alguna vanderilla en los cuartos traseros ó en la barriga, y lo
inquieten incesantemente con los capotes, pues de este modo, como el
animal se siente alli incómodo, abandona aquel parage y cesa la
_querencia_. El recurso mas poderoso para hacer que salga de él es
ponerle una vanderilla de fuego; pero debe ser el último.
Toda suerte que se haga dejando libre al toro su _querencia_, ademas de
ser segurísima es muy lucida, y por consiguiente las que se efectúan sin
este requisito serán espuestas y desairadas: lo mas frecuente es no
poderlas ejecutar, pues empiezan á ganar terreno y rematan en el bulto,
de modo que el diestro se verá embrocado de cuadrado sobre corto, y
espuesto á la cogida mas funesta.
Es pues necesario tener mucha atencion, y conocer perfectamente cuáles
son las _querencias_ del toro, para dejárselas siempre libres y
manifiestas, y para proporcionarse una mayor seguridad en toda clase de
suertes.