CAPITULO II.

_Requisitos que deben tener los toros para lidiarse._

Para que las corridas de toros diviertan, y los toreros puedan lidiar

con seguridad, es necesario buscar toros á propósito, siendo evidente

que un toro demasiado chico, viejo, flaco, tuerto, enfermo &c., no

tendrá de su parte las condiciones precisas para verificar las suertes.

El toro que se haya de lidiar debe tener valor y fuerza; un toro cobarde

no divierte, evita los lances, desluce al torero y le da una cogida con

mas facilidad que un toro valiente, y es claro que al que le falte la

fuerza le faltarán tambien el vigor y el corage precisos para la lidia.

Los requisitos que deben buscarse en un toro para lidiarlo son: _la

casta, la edad, las libras, el pelo, el que esté sano, y que nunca lo

hayan toreado_.

La _casta_ debe ser buena, no porque todos los toros de _casta_ salgan

buenos, sino porque hay mas probabilidad en que sea bravo el toro cuyos

padres lo fueron, que no aquel que no sabemos de quién sea hijo, y que

acaso sus padres estaban criados á mano.

Hay otra razon mucho mas poderosa para preferir aquellos á estos, y es,

que los toros de _casta_ estan mucho mejor cuidados que los cuneros; que

estan en sus cercados sin ver vacas, y por consiguiente tienen mas

vigor; y finalmente, que sufren una tienta, en la cual el que no es muy

bravo se aparta para buey ó para el matadero. Los cuneros, aun cuando

algunos hayan sido tentados, nunca es con la escrupulosidad que los

otros, y por no seguirlos cuidando como es debido es muy frecuente

verlos desmerecer del concepto en que los tenia su mismo conocedor.

La _edad_ es otro de los requisitos que deben buscarse en los toros; la

de cinco á siete años es la mejor, pues gozan en ella de la fuerza,

viveza, corage y sencillez que les son propias y los hacen tan á

propósito para la lidia. Sin embargo, son muchos los toros que á los

cuatro años estan perfectamente formados, y pueden presentarse y cumplir

en la plaza mayor del reino. Algunos se corren tambien de ocho, diez y

aun mas años; pero no divierten tanto como los otros, y cuando se

apoderan del bulto, como cornean casi siempre muy bien, lo destrozan,

sacian en él su corage, y desprecian los engaños que emplean para

distraerlos. Sería de desear que jamas se corriesen estos toros; ellos

por lo regular disgustan á los espectadores, porque no se prestan tanto

como los otros para las suertes, tienen mas intencion, aprenden en el

tiempo que estan en la plaza, conocen al torero, y por lo regular cuando

van á la muerte tienen demasiada malicia, hacen perder mucho tiempo en

estas suertes, y no son pocas las veces que dan una cogida.

Para conocer pues la _edad_ de este animal se atenderá á los dientes y á

las astas, pues no son siempre exactos los estados que para apoyar la

venta presentan los criadores. Los primeros dientes de delante se le

caen á los diez meses, y en su lugar le nacen otros mas anchos, pero mas

blancos; á los diez y seis meses se le caen los dientes inmediatos á los

de en medio, y nacen otros al momento; y á los tres años se renuevan

todos los incisivos, que son entonces iguales, largos y blancos.

Permanecen en este estado hasta los seis ó siete años, que empiezan á

amarillear y ponerse negros. Las astas dan señales mas fijas para

conocer la edad, pues á la de tres años se separa del piton una lámina

muy delgada que casi no tiene el grueso del papel comun, la que se

hiende en toda su longitud y cae á la menor frotacion: de este modo de

esfoliacion del asta se forma una especie de rodete que se advierte en

la parte inferior del cuerno, que en algunas partes se llama la

_mazorca_, y el cual muestra tener ya el toro sobre tres años; en cada

uno de los siguientes se observa otro nuevo rodete debajo del primero,

de modo que para saber la _edad_ de cualquier res no es menester mas

sino contar el número de anillos, dando al primero tres años y á los

demas uno. De este modo tan sencillo se averigua la _edad_ del toro, con

la diferencia únicamente de algunos meses, pues es casi inútil advertir

que la naturaleza, en esta como en todas sus operaciones, se adelanta ó

atrasa segun infinitas circunstancias que no podemos apreciar,

burlándose asi de nuestros cálculos y reglas.

Debe atenderse tambien á las _libras_ que tiene el toro, porque uno muy

flaco no tiene la fuerza ni la energía que uno gordo, se siente

demasiado del castigo, y me atrevo á decir que ni aun debe tener el

valor que este, pues tanta mas arrogancia y tanta mas intrepidez se

tiene cuanto se siente uno con mas robustez y fuerzas para vencer á su

enemigo. Sin embargo, los toros escesivamente gordos no son á propósito

para lidiarse, porque son muy pesados, se estropean al momento que dan

dos carreras, se aploman, y por consiguiente inutilizan las suertes.

El _pelo_ debe llamar tambien la atencion: cuando se dice el _pelo_

debe entenderse esta voz en su verdadera significacion, y no tomarla por

la _pinta_, la cual poco ó nada influye en la calidad del toro.

Este se dice que es de buen _pelo_, cuando la piel, tenga la pinta que

quiera, es bastante luciente, fina, igual y limpia: los toros de este

_pelo_ se llaman finos y se aprecian mas, como sucede con los caballos y

demas animales de pelo. Hay castas cuyos toros son de _pelo_ basto, y

por lo mismo se llaman bastas tambien; los toros de estas en igualdad de

circunstancias se pagan menos, pues el pelo es una de las señales que se

tienen para caracterizarlos.

Para que un toro sea fino ha de reunir al pelo luciente, espeso, sentado

y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones

bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los

cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y

fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es

lo que se conoce por buen _trapío_. Generalmente cada provincia y aun

cada casta tiene un trapío particular, y hay algunos aficionados tan

inteligentes que rara vez los equivocan.

La necesidad de que esté _sano_ el toro que ha de lidiarse es bien

manifiesta; pero lo que principalmente recomiendo que se examine es la

_vista_. Los que la tienen defectuosa son muy dificiles de torear. Hay

toros que ven mucho de lejos y poco ó nada de cerca, y vice-versa: otros

hay que ven bien de un ojo y mal de otro; los hay tambien que ven muy

poco, y todos ellos, que los toreros llaman _burri-ciegos_, son

dificiles de torear. Los toros _tuertos_, aunque muy buenos para ciertas

suertes, son muy malos para otras, y por consiguiente tampoco deben

lidiarse.

Ademas de todas las condiciones dichas es menester examinar

escrupulosamente si el toro ha sido _corrido_, y principalmente si lo ha

sido en plaza, pues entonces aunque reuna los antecedentes requisitos no

divertirá, antes bien tanto los espectadores como los toreros estarán

descontentos, y estos últimos con tanta mas razon, pues miran muy

próximo el peligro de su vida con tales toros.

La tauromaquia posee reglas ciertísimas para burlar la fiereza de los

toros, que siendo naturalmente sencillos se van con el engaño que el

hombre les presenta, asegurando de este modo su vida, y proporcionando

una hermosa diversion. Pero en los toros placeados varían del todo las

circunstancias. La lidia que ya han sufrido les ha puesto en el caso de

distinguir al torero del capote que lleva para su defensa, y

despreciando este, acometen rabiosos á aquel; saben en cada clase de

suertes cuál debe ser la huida del diestro, y conforme lo ven en

disposicion de ejecutarlas empiezan á ganar terreno, le quitan la

salida, y cuando lo ven encerrado y en una posicion tal que apenas pueda

escapárseles, arrancan á él, y si por desgracia lo cogen es muy posible

que sea aquella la última hora de su existencia. Estos toros son el

oprobio de la tauromaquia, la muerte de los toreros, y el fundamento que

tienen los enemigos de las lidias para llamarlas bárbaras. Debe

prohibirse con mucho rigor que se corran, y señalar un castigo

correspondiente al tamaño del delito y de las funestas consecuencias que

puede acarrear á todo el que vendiese para las plazas toros que ya se

hubiesen _corrido_ de antemano. De este modo las lidias serian muy

divertidas, las leyes tauromacas tendrian correspondiente aplicacion y

seguro resultado, y se pasarian muchos años sin que hubiese la menor

desgracia, y sin que los enemigos de tales diversiones tuviesen el mas

mínimo fundamento para vituperarlas.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 20 / 119 题