_De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero._
El torero debe estar dotado por la naturaleza de ciertas cualidades
particulares, que si no es muy raro hallarlas reunidas en un individuo,
es poco frecuente que hagan de ella el correspondiente uso.
Las condiciones indispensables al torero son: _valor, ligereza, y un
perfecto conocimiento de su profesion_: las dos primeras nacen con el
individuo, la última se adquiere.
El _valor_ es tan necesario al que intenta ser torero, que sin él jamas
podrá llegar á serlo; pero es preciso que no se adelante hasta la
temeridad, ni atrase hasta la cobardía: uno y otro estremo podrán
acarrearle muchas desgracias, y quizás la muerte. El que sea temerario,
el que intente hacer una suerte sin estar el toro en la debida situacion
por ostentar asi valor ó habilidad, lejos de conseguirlo acredita
irracionalidad y poco conocimiento, y solo por un efecto de casualidad
se libertará de una cogida que pudiera serle funesta.
El que por el contrario desperdicie de miedo el momento oportuno de
verificar la suerte, ó bien no siente los pies, ó no vea llegar al toro,
consecuencias todas de temerle, estará siempre en peligro de ser cogido,
sus cogidas serán muy peligrosas, pues que le faltará del todo el
conocimiento para quitarse el toro, y será un milagro que no concluya
sus dias en los cuernos de esta fiera. Es necesario evitar estos
estremos con todo cuidado. El verdadero _valor_ es aquel que _nos
mantiene delante del toro con la misma_ serenidad que tenemos cuando
este no está presente, es la verdadera _sangre fria_ para discurrir en
aquel momento con acierto qué debe hacerse con la res: el que posea este
valor tiene la mas importante cualidad del torero, y puede creer por
cierto que reuniendo las otras dos jugará con los toros sin el mas
pequeño riesgo.
La _ligereza_ es otra cualidad sumamente necesaria al que ha de torear;
pero no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre
moviéndose de acá para allá de modo que jamas siente los pies; este es
un defecto muy grande, y el distintivo del mal torero. La _ligereza_ de
que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse,
pararse ó cambiar de direccion con una prontitud grande: el saltar
tambien es preciso al torero; pero donde mas se conoce su _ligereza_ es
en todos los movimientos que en los embroques sobre corto es necesario
hacer para librar la cabezada: el que tenga esta agilidad tiene mucho
adelantado para que jamas lo coja el toro, y se hace indispensable
poseerla para practicar con seguridad los recortes, galleos &c. Una
particularidad hay digna de notarse con respecto á esta última clase de
_ligereza_, y es que aun cuando uno que la posea bien haya llegado por
la edad á perder los pies, la conserva mucho tiempo despues, á términos
de seguir toreando con la misma maestría que cuando tenia todo su vigor:
en los matadores tenemos ejemplos muy manifiestos, pues vemos hombres
que estando torpes hasta para andar porque pasan de los sesenta años,
matan un toro con una ligereza increible, ejecutando movimientos
rapidísimos, quiebros violentos, y usando de sus pies con la misma
utilidad y perfeccion que cuando no contaba mas que treinta.
El que con las dos cualidades dichas se dedique á torear, llegará á
verificarlo con perfeccion, siempre que les asocie el _perfecto
conocimiento de las reglas del arte_. _Este conocimiento_ es facil de
adquirir, y es tan necesario, que sin él será víctima de los toros el
que se ponga delante de ellos, aun teniendo las otras cualidades, pues
el _valor_ sin el _conocimiento_ solo le servirá para no titubear en
irse á la cabeza del toro, y la _ligereza_ para que tarde menos en ser
cogido. Por consiguiente el _conocimiento_ es la principal cualidad del
buen torero; debe ser su guia en todas las suertes, sirviéndole el
_valor_ para que ninguna le arredre, y la _ligereza_ para ejecutarlas
con seguridad y perfeccion.
La necesidad de conocer perfectamente las reglas del arte se echa de ver
solo con reflexionar que los toros no dan tiempo para consultar libros
ni pareceres, y menos para meditar; por tanto es preciso ir bien
instruido en todo cuanto él posee para presentarse delante de la res mas
sencilla: entonces de una sola ojeada comprenderá el torero las
querencias naturales y accidentales del toro, su clase, sus piernas, y
las suertes para que es á propósito; conocerá el momento oportuno para
ejecutarlas, y ayudado del _valor_ y la _ligereza_ las practicará con
buen éxito, con serenidad y con desenvoltura.
No será jamas buen torero el que no posea á la perfeccion estas
cualidades; su vida estará siempre en peligro; no ejecutará suerte
alguna con limpieza, y tendrá disgustados á los espectadores
inteligentes; yo le aconsejo amigablemente y muy de veras que busque
otra profesion si es torero de oficio, y si lo hace por aficion que no
toree reses de mas de tres años, que las que toree sean boyantes, y que
para alejar el peligro las embole ó les corte las puntas de los pitones.