Sigue a lo escrito, un pequeño volumen conteniendo detalles puramente
domésticos, cuyo interés para nosotros disminuye en relación a las
circunstancias a que se refiere. Todo ello termina con una página que
parece un ¡adiós! a su manuscrito y que copio a continuación.
* * * * *
¿Dios lo dispone así? ¡Hágase su santa voluntad! En resumen: toda
sabiduría consiste en resignarse por adoración a su voluntad. Estoy muy
ocupada en ordenar mis anteriores _diarios_, lo cual hace que vuelva a
leerlos con interés. Esta lectura me llena cada día más de
reconocimiento por todas las gracias que he recibido de Dios, y me
arrepiento por haber adelantado tan poco en la piedad y el bien, después
de las mejores intenciones y resoluciones que yo tomaba frecuentemente
con escaso provecho. Pero aún es tiempo, que siempre lo tenemos mientras
Dios nos deje la vida; aún es tiempo de aprovecharla para ganar el
cielo; esto es lo que yo pido con toda mi alma al terminar este libro,
rogándole derrame sobre mí y sobre todo cuanto me pertenece, sus
espirituales bendiciones. En cuanto a las bendiciones temporales, ¿para
qué he de pedírselas mientras no sean necesarias para el cielo? De todo
corazón me entrego a ti, Dios mío, y gustosa acataré tus paternales
decretos. ¡Dame tu bendición para mis hijos, y para mis amigas, para
aquellos que me aman y a lo que yo tanto he amado en este valle de
lágrimas!
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Estas son las últimas palabras que mi madre escribió en la última página
de su _diario_.