Martes, 4 de diciembre de 1824.
Alfonso ha vuelto de París, sin haber conseguido ser nombrado miembro de
la Academia Francesa; ha sido elegido en su lugar M. Droz. Estoy
disgustada conmigo misma por haber animado a mi hijo a que se
presentase, y lo estoy aún mucho más por mi marido, quien daba
grandísima importancia a este suceso; en fin, Dios y los hombres no lo
han querido; es preciso aceptar ese desencanto sin acritud ni
murmuraciones; por más sensible que ello sea, no puede compararse a
otras desgracias que se incrustan en el corazón para no separarse
jamás.