Domingo de Ramos de 1805.
Reina por estos contornos un extraordinario bullicio con motivo de la
próxima llegada del Emperador. Mi hermana se encuentra todavía a mi
lado; ambas estamos muy inquietas porque se nos ha dicho que debemos
dar alojamiento a Monseñor de Pradt, obispo de Poitiers, limosnero del
Emperador, y más tarde arzobispo de Malines, tan célebre por su
adulación y por su ingratitud con Napoleón, después de su caída. Me
desagrada tener que hospedar a semejante personaje.