Lyón, 26 de abril de 1805.
Mi venida a Lyón ha tenido por objeto ver al Papa.
Estoy aquí en compañía de mi hermana. He visto al santo padre cuando
paseaba por el jardín del palacio del obispo. Ayer estuve a oír la misa
del Papa en la iglesia de San Juan; vi perfectamente todas las
ceremonias, pero me costó mucho trabajo poder llegar hasta su trono para
besarle la chinela; sin embargo, tuve por fin esta satisfacción. Este
anciano tiene verdaderamente el aspecto de un santo, como también
algunos de los prelados que le acompañan.