XXI

Esta era mi familia, cuando mi madre dio principio nuevamente a la

narración de su _diario_, el día 11 de junio de 1801. Tenía, al parecer,

desde su infancia, la costumbre de escribir en su libro de notas todos

los acontecimientos que tuvieran íntima relación con su modo de ser.

Esta especie de confidencias íntimas empiezan de esta manera:

«Durante los primeros años de mi juventud, empecé a escribir un _diario_

exacto de cuanto me ocurrió a mí, o en torno mío, con todas aquellas

reflexiones que los diversos acontecimientos de mi vida me sugirieren.

Después de largo tiempo, perdí esta costumbre, y quemé los apuntes que

tenía hechos. Siento haber abandonado aquella idea, pues hoy comprendo

que si hubiera persistido en mi trabajo, hubiese sido para mí de gran

utilidad. Es mi intención empezar de nuevo, con la gracia de Dios, a

escribir todos los días (mientras me sea posible), los diferentes

sucesos que pueden ocurrirme, y sobre las cosas buenas o malas que yo

haga; me parece que esto me ayudará a practicar un diario examen de

conciencia, que ha de serme provechoso, porque me facilitará el

conocimiento de las disposiciones de mi espíritu.

«Yo creo, asimismo que, si mis hijos leen por casualidad este _diario_,

no carecerá para ellos de interés; y además, que les ha de ser útil y

provechoso cuando yo falte, porque quiero hablar de todos y cada uno de

ellos, así como también de sus diferentes caracteres.

«Tengo cinco hijos actualmente, después de haber perdido uno. Cuatro

niñas y un niño llamado Alfonso, que se encuentra en Lyón empezando su

educación clásica. Es un muchacho muy bueno: ¡quiera Dios que sea buen

cristiano, sabio y dichoso! La niña mayor se llama Cecilia, tiene siete

años y medio: es de una viveza extraordinaria, pero muy buena. Su

hermana, que se llama Eugenia, tiene cinco años y medio: es muy

sensible y de corazón excelente.

«Cesarina tiene dos años, y Susana nueve meses. Sin la ayuda de Dios,

sería para mí bastante difícil la educación de estas cuatro niñas.

«En mi casa tengo, además, una parienta, enferma de cuerpo y espíritu, a

quien he de cuidar con la misma solicitud que a mis hijos: por manera

que son seis criaturas las que tengo que atender. ¡Cuánto necesito, Dios

mío, de vuestro auxilio!

«Mi esposo y yo vivimos casi siempre en Milly, y pasamos en Saint-Point

algunas temporadas. Es éste un punto muy agradable por el solitario

recogimiento que se advierte al abrigo de las montañas. ¡Cuántas gracias

debemos dar a la Providencia por los favores que nos concede!

«Mi hermana--Mme. de Vaux,--ha llegado hoy mismo de Lyón. Es una

angelical y virtuosa mujer. Me ha contado muchas cosas de mi Alfonso:

dice que sus maestros no cesan de hablar de él mucho y bien. ¡Dios le

bendiga como yo le bendigo de todo corazón! Mañana empiezo a dar

lecciones a mis niñas...

«Después de comer, han venido a decirme que acaba de morir un pobre

anciano abandonado en la cabaña del monte donde yo acostumbraba a pasar

el rato. Este acontecimiento me ha causado un gran pesar, porque me he

reprochado mi negligencia en ir a visitarle durante sus últimos

momentos. Ciertamente que yo lo creía ya curado; pero no hube de fiarme

en su aparente mejoría y debí tener en cuenta lo avanzado de su edad. Mi

obligación era haberme ocupado con mayor solicitud del pobre anciano.

Siento por esta causa un gran remordimiento, pero comprendo que no me

preocupo lo bastante del poco bien que hago, y que me dejo llevar hacia

las distracciones; éstas no serán faltas, pero son ligerezas que no

dejan hacer buen uso del tiempo que transcurre. El tiempo es para

aprovecharlo en hacer el bien a nuestros semejantes y a nosotros mismos.

«Mi esposo y yo acabamos de dar un paseo por nuestras viñas en flor:

hemos respirado un aire embalsamado de dulces aromas. Todo nuestro

porvenir está cifrado en estos viñedos; nuestros hijos, nuestros criados

y nuestros pobres, también esperan disfrutar de los productos que

rendirán estos racimos floridos. ¡La Providencia preserve nuestra

pobreza de un pedrisco que podría acabar con nuestra esperanza! Durante

el paseo hemos llegado a la choza que hay en la parte alta de las viñas,

donde ha muerto esta mañana el pobre viejo.

«Mi esposo no me ha permitido entrar a verle y a rogar a Dios por su

alma; sin duda ha querido evitar un disgusto al presenciar el doloroso

espectáculo que hubiéramos visto dentro de aquella humilde vivienda. Yo

hubiera deseado pedir perdón a su alma por no haber estado junto a su

cuerpo moribundo para consolarle con palabras de esperanza y recibir su

último suspiro.

«Estaba la puerta de la cabaña abierta, y una cabrita no hacía más que

balar y entrar y salir, como si pidiera socorro para su viejo compañero.

He conseguido de mi esposo autorización para que mañana mande a buscar

la cabrita, para tenerla en compañía de nuestra vaca de leche y de los

carneros.»

* * * * *

Estas primeras páginas del _diario_ de mi madre dejan ver que, aunque

aquella joven se crió en los palacios del príncipe más rico de Europa,

pudo ser trasladada, sin que por esto sufriera la más mínima alteración

el amor de su marido, de sus hijos y de sus semejantes, al apartado

rincón de una campiña distante de París más de cien leguas. Para tener

una idea exacta de la casita de Milly, donde mi madre y nosotros nos

encontrábamos relegados en invierno como en verano, puede verse la

descripción hecha en mis _Confidencias_ y la composición poética

titulada _La tierra natal_.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 27 / 235 题