XIX

Jamás creyó mi padre que la Revolución le impidiera guardar fidelidad al

honor de su bandera.

Una casita en el campo medio arruinada y quinientos pesos de renta, no

eran lo suficiente para sostener con algo de holgura a su esposa y a los

muchos hijos que rodeaban la mesa a la hora de comer.

Ciertamente que tenía la satisfacción de su conciencia, el amor de su

mujer y su confianza en Dios, pero esto no era suficiente para

satisfacer las necesidades materiales de la vida.

Educada mi madre entre el fausto de la corte, contentábase con

resignación viviendo alegre en aquella casa sin muebles ni adornos de

lujo, y con aquel jardincito cercado de pedruscos.

Más de una vez oí decir, tanto al uno como al otro, que en aquella

soledad pasaron los días más felices de su vida.

A pesar de la escasez de medios, mi madre despreciaba siempre la

riqueza. Recuerdo que una vez me dijo señalando con el dedo nuestros

campos de Milly: «Hijo mío, esto es bien pequeño, pero sabiendo limitar

nuestro deseo a lo que poseemos, resulta grande; la felicidad está en

nosotros mismos, y ensanchando los límites de nuestros viñedos no

conseguiremos la felicidad. No se mide la dicha por la yunta como la

tierra; se mide sí, con la resignación que Dios ha dado al pobre como al

rico.»

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 25 / 235 题