XVIII

Muerto mi abuelo, toda su fortuna había de pasar por entero a su hijo

mayor, según las costumbres de la época; pero las leyes nuevas habían

suprimido los mayorazgos, así como también los votos de pobreza, de

manera que las hermanas de mi padre que los habían hecho, quedaban de

ellos relevadas, y por esta circunstancia debían proceder al reparto de

bienes.

Eran éstos de alguna importancia, y estaban divididos entre Borgoña y el

Franco-Condado.

Si mi padre hubiera reclamado la parte que le correspondía, del mismo

modo que lo hicieron sus hermanas, hubiera cambiado su suerte por

completo, obteniendo algunas de las magníficas posesiones territoriales

y que debían repartirse entre la familia.

No fue así; sus escrúpulos le impidieron violar las intenciones de mi

abuelo, a pesar de ser recientes las leyes revolucionarias que suprimían

los mayorazgos. Estas leyes las encontraba muy justas, pero a su

entender, violaban la autoridad paterna y le parecía faltar a un deber

de conciencia pidiendo el cumplimiento de esta ley contra su hermano

mayor.

Renunció, pues, a la herencia legal de sus padres, y se hizo pobre

pudiendo con una sola palabra hacerse rico.

Fueron repartidos los bienes entre los hermanos y hermanas, y él no

quiso nada. Únicamente quedaba como propiedad suya, porque así estaba

consignado en los capítulos matrimoniales, la pequeña propiedad de

Milly, que sólo producía de renta unos quinientos pesos anuales.

La revolución había suprimido también los sueldos que sus padres y sus

hermanos disfrutaban en la casa de Orleans. Los príncipes de esta

familia escribían alguna vez a mi madre desde el destierro donde se

encontraban, y mitigaban, sin duda, los dolores, recordando en las

cartas los bellos días de su infancia.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 24 / 235 题