XIV

Apenas hubieron probado el deseado bienestar, cuando les fue preciso

interrumpirlo, separándose ¡quién sabe si para no volverse a ver! Llegó

el momento de la emigración. En esta primera época, no fue la emigración

lo que debía ser más tarde; un refugio contra las persecuciones o contra

la muerte. Fue una especie de contagio que existía entre la nobleza

francesa. El ejemplo dado por los nobles cundió y casi todos los

regimientos perdieron sus oficiales. Necesitaban grande firmeza de

carácter para resistir aquella epidemia que tomó el nombre de honor.

Mi padre tuvo esta firmeza y no emigró.

Solamente cuando se exigió a los oficiales del ejército un juramento que

rechazaba su conciencia de servidores del rey, presentó su dimisión.

Pero el 10 de Agosto se aproximaba, se le sentía venir.

Sabíase de antemano que el fuerte de las Tullerías sería atacado, que

los días del rey correrían peligro; que la Constitución de 1791, pacto

provisional de conciliación lo que debía ser más tarde: un refugio

contra las derribado o elevarse triunfante entre ríos de sangre. Los

amigos que aún quedaban a la monarquía y los hombres personalmente

unidos al rey, se contaron y unieron para ir a reformar la guardia

constitucional de Luis XVI.

Mi padre fue uno de estos hombres de corazón.

Mi madre, que a la sazón me llevaba en su seno, no hizo el menor

esfuerzo para detenerle. Aun en medio de sus lágrimas, no comprendió

ella nunca la vida sin honor, ni vaciló un minuto entre el dolor y el

deber.

Mi padre partió sin esperanza, pero sin vacilar un momento. Combatió con

la guardia constitucional y con los suizos para defender el castillo.

Cuando Luis XVI abandonó el palacio, la lucha se convirtió en matanza.

Mi padre fue herido de un tiro de fusil. Cuando a pesar de ello

procuraba escaparse, fue detenido frente a los Inválidos al intentar

atravesar el río. Conducido a Vaugirard se le encerró en una cueva por

algunas horas. Después fue reclamado y salvado por el jardinero de un

pariente suyo, quien, estando de oficial municipal de la Commune, le

reconoció casualmente.

Al escapar así de la muerte, volvió al lado de mi madre, encerrándose en

la más profunda oscuridad del campo hasta el día que las persecuciones

revolucionarias no permitieron a los partidarios del antiguo régimen

otro asilo que la prisión o el patíbulo.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 20 / 235 题