XIII

Y constante como era, logró vencer, en unión de mi madre (no sin tener

que superar grandes obstáculos), todas las dificultades de la fortuna y

las preocupaciones de familia que se interpusieron entre ambos.

Casáronse en el tiempo en que la Revolución removió todas las

edificaciones humanas y hasta la tierra en que se asentaban.

La Asamblea constituyente había realizado su obra. Sabía por la fuerza

de una razón sobrehumana, por decirlo así, los privilegios y

preocupaciones sobre los cuales descansaba el antiguo orden social de

Francia.

Habían los tumultos populares removido ya, como remueven las olas los

vientos precursores de los temporales, el palacio de Versalles, el

fuerte de la Bastilla y el Municipio de París.

Los primeros temblores que removieron los cimientos creíase que serían

una ligera tempestad sin consecuencias.

No existía escala para medir la altura a que debía alcanzar el

desbordamiento de las nuevas ideas.

Mi padre no había abandonado el servicio a pesar de su casamiento: él no

veía en todo aquello más que la bandera que debía seguir, el rey a quien

defender, algunos meses de lucha contra el desorden y algunas gotas de

sangre que derramar en el cumplimiento de su deber.

Los primeros relámpagos de una tempestad que debía sumergir un trono

secular y conmover a Europa durante medio siglo a lo menos, se perdieron

para mi madre y para él, entre las primeras alegrías de su amor y las

perspectivas primeras de su felicidad.

Yo recuerdo haber visto cierto día una rama de sauce desgajada del

tronco por la tempestad de la noche, flotando a la mañana sobre las

aguas desbordadas del Saone. Un ruiseñor hembra empollaba todavía en su

nido flotante, mientras el macho revoloteaba sobre las aguas espumosas

que pretendían tragarse aquella dulce mansión de amor.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 19 / 235 题