XV

El pueblo fue una noche a arrancar de su hogar a mi abuelo, a pesar de

sus ochenta y cuatro años, a mi abuela, casi tan anciana como él y

enfermiza, a mis dos tíos y tres tías, religiosas que habían sido

arrojadas ya de sus respectivos conventos.

Colocaron a esta respetable familia dentro de un carro escoltado por

gendarmes, y la condujeron en medio de un espantoso alboroto y de gritos

de muerte hasta Autún. Había en este pueblo una inmensa cárcel destinada

a encerrar todos los sospechosos de la provincia.

Mi padre, por una excepción de la cual ignoro la causa, fue separado del

resto de la familia y encerrado en la cárcel de Mâcón. Mi madre, que me

amamantaba a la sazón, fue depositada sola en la casa de mi abuelo, bajo

la salvaguardia de algunos soldados del ejército revolucionario. ¡Y aún

causará asombro el que aquellos en quienes data la vida de estos

siniestros días, hayan aportado con su conocimiento cierto sabor de

tristeza y cierta impresión melancólica al genio francés! Virgilio,

Cicerón, Tíbulo, y el mismo Horacio, que imprimieron semejante carácter

al genio romano, ¿no habían nacido por cierto, como nosotros, durante

las espantosas luchas civiles de Roma, entre el barullo de las

proscripciones de Mario, de Syla o de César?

¡Es preciso no olvidar las impresiones de terror o de piedad que

agitaron las entrañas de las mujeres romanas, durante el tiempo que

llevaron en ellas a aquellos hombres! ¡Es preciso calcular cuan amargada

sería por las lágrimas la leche de que mi madre misma me nutría,

mientras la familia sufría un prolongado cautiverio del que sólo la

muerte debía librarla, mientras el esposo adorado estaba sobre las

gradas del cadalso y ella permanecía encerrada en su desierta casa,

guardada por los feroces soldados que espiaban sus lágrimas considerando

su cariño como un crimen e insultando su dolor!

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 21 / 235 题