¡Oh! Cuando toca la campana lentamente.--Esparciendo sobre el valle su
voz parecida a un gemido.--Diríase que es la mano de un ángel quien la
mueve.--Y que entre la brisa nocturna, derrama sobre la tierra cuanto en
él hay de divino.
--Cuando huyen del campanario las negras golondrinas.--Porque el viento
hace temblar sus nidos de barro.--Y buscan en los estanques el reposo
apetecido.--Cuando la viuda de la aldea se arrodilla sobre los hilos que
se desprenden de su rueca.--Pagando con el rezo su tributo a los
muertos:
--Siento en mi pecho un canto sonoro, que no es del goce de la vida.--Ni
es producido por los recuerdos de mi infancia.--Ni es de amores la
primera alborada de la savia primaveral que rejuvenece el campo.--Cuando
allá en la pradera.--Suenan las voces virginales que tornan con sus
cántaros llenos de agua--Yo no sé lo que es, pero lloro.--Mi triste
corazón canta al despertar con un melódico murmullo rociado de ambrosia
o yo no sé de qué.--Siento cómo se lleva el invierno mis días
felices.--Mezclados con la hojarasca muerta y con el eco sarcástico y
burlón de la fama.--Flores tejidas en noche oscura, que jamás arraigan
dentro del corazón, aunque exhalen bellísimo perfume--Tiernos capullos
cuyas corolas se rompen entre los dedos emponzoñados de la envidia.--En
este día, cuando la campana lanza sobre el valle su acento plañidero--Se
siente un gemido triste y prolongado que sale del campanario--Es la voz
de lo desconocido que llora al ver pasar dos féretros en dirección al
cementerio.--De la noche a la aurora, ¡oh, campana! tú lloras con mis
ojos y gimes con mi corazón.--Estos gemidos se repiten en el cielo, en
el mar, en los aires,--Como si las estrellas llorasen por sus compañeras
y los vientos por sus hijos. Desde aquel día que tus sones se juntaron
con mi duelo--Creo que un ángel mueve tu badajo y conmueve al mismo
tiempo mi alma.--El eco de tu bronce, antes de herir las fibras de mi
corazón, ha estremecido las sepulturas donde descansa lo que fue.--Las
piedras del campanario tienen gran parecido a las del sepulcro.
No os cause extrañeza si consagro un recuerdo.--Al misterioso sonido de
este bronce.--Yo amo su voz precursora de la muerte.--Canta ¡oh! tú,
fiel mensajero de la humana tristeza.--Que tus cantos presten vida a tus
mármoles, lágrimas a los ojos, oración al descreído y a la muerte
poesía.
Cuando yo muera y mis vecinos, después de haber dejado en el campo de la
muerte el puñado de polvo que reste de mi cuerpo--No llores por mí;
lanza a los horizontes tus alegres sonidos de los días de
fiesta.--Quisiera que imitara tu voz de bronce el ruido alegre que
produce al romperse la cadena del esclavo o el cerrojo de la cárcel
cuando se abre para dar libertad al cautivo.