VIII

Cuando el día desciende, entro en mi casa a paso lento; me encierro en

mi habitación, la más alta y abandonada de la casa, desde la cual se

domina el viejo campanario de la aldea: desde allí se sienten muy bien

los ecos de la campana y los silbidos del viento. Parece que la

naturaleza y la religión se han puesto de acuerdo en día semejante para

dirigir hacia los sepulcros el pensamiento de los vivos.

El infatigable campanero, asido a la cuerda de las campanas, no cesa de

tocar desde el mediodía del primero de noviembre hasta el amanecer del

siguiente. Aquel célebre clamoreo evoca en los corazones recuerdos de

aquéllos sobre cuyos corruptos cuerpos ha resonado muchas veces el

azadón del sepulturero. Aquella campana, recalentada por los incesantes

golpes del badajo, parece que se agita por la fiebre, y que a cada paso

ha de romperse torturada por tanto martilleo.

Tales fueron las impresiones que yo experimenté en día semejante y que

me inspiraron las siguientes estrofas:

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 14 / 235 题