DE LA FARÁNDULA

Creer que únicamente los españoles padecemos la dulce manía de escribir

para el teatro, es un error. No sé qué hechizo arcano tiene la

literatura teatral, que así atrae y emborracha á los hombres; pero es lo

cierto que ninguno de ellos, amén de vivir el severo drama de su propia

vida, ha dejado de llevar consigo la ilusión de componer un drama, ó por

lo menos una comedia de costumbres. Todos, médicos, abogados, oficiales

de peluquero... conocieron la golosa tentación. Algunos realizaron su

propósito, otros no; de todas maneras, esa obra constituye, en la aridez

de sus almas vulgares, «un rincón verde», un oásis de poesía, y también

su debilidad, su punto vulnerable.

Hace mucho tiempo, cerca de treinta años, que Alejandro Bissón, que

ahora acaba de triunfar en el teatro Vaudeville con su comedia «Mariage

d'etoile», llevó una obra al empresario Mr. Laridel. El celebrado autor

de «Las sorpresas del divorcio», halló á Laridel en un café solitario y

sumido en una desesperación sin gestos ni palabras, ante una copa de

_bitter_.

--¡Estoy arruinado!--exclamó el empresario;--hoy ó mañana debo pagar

cincuenta mil francos, y como no los tengo, me cerrarán el teatro.

--¡Y yo que le traía á usted, en este manuscrito, una mina de

plata!--repuso Bissón.

Laridel se alzó de hombros, con la indiferencia de quien sabe que todo

está perdido: se debía la luz eléctrica; los tramoyistas no habían

cobrado sus jornales; á los artistas se les adeudaba cerca de dos

meses...

--No importa--dijo Bissón,--yo me comprometo á conjurar esos obstáculos

durante dos ó tres semanas, lo suficiente paria que mi obra se ensaye y

se estrene.

Al fin convinieron en que Laridel, so pretexto de ir á buscar á

provincias los cincuenta mil francos que necesitaba, desapareciera de

París, y que Alejandro Bissón asumiría la responsabilidad exclusiva de

cuanto malo ó bueno acaeciese en lo sucesivo de telón adentro.

Al día siguiente comenzaron los ensayos: los actores, entusiasmados con

la nueva obra, trabajaban febrilmente; las actrices, ¡caso

extraordinario! no opusieron el menor reparo al reparto de papeles; Mr.

Bissón se multiplicaba, almorzaba y comía en el teatro, y con lo poco

que producía la taquilla pagaba á los más necesitados y exigentes.

Una tarde, á la hora del ensayo, penetraba en el escenario un

hombrecillo sonrosado, redondo y alegre: era Mr. Chalonette, alguacil

del juzgado.

--Vengo--dijo secamente,--á cerrar el teatro.

Bissón, que ya esperaba aquella visita, recibió á Mr. Chalonette con una

cordialidad envolvente.

--¿Ha visto usted alguna vez un ensayo?--preguntó.

--No, señor.

--Pues, siéntese usted; es muy curioso. Luego hablaremos.

En el segundo acto había un episodio picante, lleno de travesura, que la

hermosa Mlle. Denise interpretaba con gran donaire. Mr. Chalonette la

miraba embobado, y el astuto Bissón, que espiaba á su enemigo, hizo

repetir la escena hasta tres veces. Después, Mr. Chalonette levantóse á

felicitar calurosamente á la gentil actriz, y ella, secundando los

planes taimados de su director, pareció encantada con la conversación

espiritual del alguacil.

Todas las tardes Mr. Chalonette acudía á los ensayos, y tan grande era

su afición, que llegó á tomar parte en ellos, con lo que Alejandro

Bissón dejó de temerle; el terrible representante de la ley estaba

vencido.

Un día el dramaturgo almorzó en casa de monsieur Chalonette. A los

postres, el alguacil, bajando los ojos y ruborizándose como un colegial,

declaróse autor de una comedia que él creía representable. Bissón vibró

de júbilo; acababa de coger á su rival por el cuello; á partir de aquel

momento le pertenecía; era su esclavo.

--¡Quiero conocerla en seguida!--exclamó,--y si me gusta, empezaremos á

ensayarla mañana mismo.

Rojo de contento, Mr. Chalonette sacó su manuscrito y comenzó á leer.

Acabó la lectura de la última cuartilla entre los brazos engañadores de

Bissón.

--¡Eso es admirable!--repetía el dramaturgo.--¡Una obra maestra!...

Pero, ¿quién iba á creerlo?

El alguacil balbuceaba:

--Y... diga usted... ¿se estrenará pronto?

--¿Cómo?... ¡Pues ya lo creo!... Antes de quince días.

La comedia de Alejandro Bissón fué un éxito, y Laridel pudo pagar sus

trampas y vender su teatro en buenas condiciones. La deliciosa Mlle.

Denise prosiguió su carrera triunfal. En cuanto á Mr. Chalonette, pagó

con la cesantía su descomedida afición á la farándula, y ya convencido

de que nunca será autor, trabaja en una copistería y gana tres francos.

Lector, quiero darte un consejo, y es éste: en tus combates por la vida,

no temas nunca al hombre de quien sepas que tiene una comedia escrita.

El teatro por dentro Autores, comediantes, escenas de la vida de bastidores, etc. · 第 14 / 48 题