Poco menos divertido é interesante es el argumento de la titulada _No

hay peor sordo que el que no quiere oir_. Don Diego, con arreglo al

convenio que hay entre su padre y Don García, debe casarse con Catalina,

la primogénita del último; pero en realidad está más enamorado de Lucía,

la hermana menor, que también le corresponde por su parte. Catalina, que

ama apasionadamente á su futuro esposo, por cuya razón está celosa de

su hermana, se esfuerza por todos los medios posibles en persuadir á su

padre que la case con un cierto Don Fadrique; pero los amantes se oponen

á este propósito con todos sus recursos, é intentan, por medio de la

astucia, el logro final de sus deseos. Don Diego pretexta á veces, para

alejar ese enlace, que detesta, tener ya elegida otra esposa, y Doña

Lucía, á su vez, se finge sorda sólo por no oir hablar de Don Fadrique y

de su casamiento. Esta sordera fingida, de la cual toma su título la

obra, da ocasión á las escenas más graciosas. Don Diego induce después á

un primo suyo, llamado Don Juan, á disfrazarse de alguacil y acusar á

Don Fadrique de un delito supuesto. En virtud de otra intriga, Don

García se ausenta algún tiempo de su casa, cuya ausencia aprovechan los

amantes casándose, y á su regreso traen la noticia de que Don Fadrique

ha sido forzado por la justicia á dar su mano á otra dama, á quien había

hecho promesa formal de casamiento; Don Diego y Doña Lucía se le

presentan ya como recién casados, y Doña Catalina, perdidas sus

esperanzas, acepta la mano que Don Juan le ofrece.

_Amar por arte mayor_ es una comedia de mucho mérito, por su gracia, y

conocida probablemente de Calderón y no olvidada cuando escribió su

_Secreto á voces_.

La protagonista de _La fingida Arcadia_ es una Condesa italiana,

entusiasta hasta el extremo de las poesías de Lope de Vega, declarando

por este motivo, á sus diversos pretendientes, que el elegido entre

ellos será sólo el que reuna todas las cualidades que Lope de Vega

atribuye al pastor Anfriso en su _Arcadia_. Todos los galanes adoptan,

pues, los nombres y trajes de los pastores, consiguiendo al cabo la

victoria un español, que sirve á la Condesa disfrazado de jardinero.

_El vergonzoso en Palacio_ goza de singular celebridad, mereciéndola más

por su excelente trazado de caracteres particulares y por sus

situaciones dramáticas numerosas, que por la harmónica trabazón de su

conjunto. _Amar por razón de estado_ abunda también en iguales bellezas,

y sobresale por lo perfecto de su plan. En _Mari Hernández la gallega_ y

_Averígüelo Vargas_ observamos personajes de naturalidad extraordinaria,

y reunen en grato consorcio la dulzura del idilio con el interés de una

acción animada y rica en detalles. _Amor y celos hacen discretos_ nos

ofrecen un aticismo acabado en su exposición, frases de una gracia

inimitable y un espíritu de observación, poco común al representar los

estados más íntimos y diversos del alma. Llama también esta comedia

nuestra atención porque guarda escrupulosamente las tres unidades de

lugar, de tiempo y de acción.

_El pretendiente al revés_ (frisando también en parte con el idilio)

desenvuelve con admirable penetración psicológica los misterios de los

corazones enamorados. _El castigo del pensé que..._ representa en sus

dos partes, de una manera gráfica, la verdad de que la dicha próxima se

gasta por la excesiva reflexión, declarándose, al principio de la

segunda parte, que la primera había sido recibida con el mayor aplauso,

y que había sido puesta en escena en todos los teatros de España, en

ciudades, villas y aldeas. Moreto la utilizó en su comedia _El parecido

en la corte_, como le sirvió también para el mismo objeto _La

entretenida_, de Cervantes. En _Ventura te dé Dios, hijo_, se describen

con tanta gracia como verdad los caprichos de la fortuna, al conceder

sus dones, y cómo se burla la casualidad de todos los cálculos de la

sabiduría humana. Las tituladas _Celos con celos se curan_ y _Del

enemigo el primer consejo_, desenvuelven resortes dramáticos, semejantes

á los empleados por Lope en su comedia _Milagros del desprecio_, y

hubieron de servir después á Moreto para el argumento de su célebre _El

desdén con el desdén_. _Por el sótano y por el torno_ y _Los balcones de

Madrid_ son modelos inimitables de la comedia de _Capa y espada_,

distinguiéndose también por su gracia picaresca y por la libertad que

reina en su intriga amorosa. Pocas obras dramáticas de este género, por

su animación y por su vida, podrán compararse á la que lleva el título

_Desde Toledo á Madrid_. Don Baltasar, que pretende á una dama llamada

Doña Ana, hiere mortalmente á su rival, y después del combate se refugia

en la casa más próxima, y se oculta en una de sus habitaciones más

solitarias. Sorpréndelo aquí Doña Mayor, hija del dueño de la casa,

enamorándose de ella de tal modo, después de celebrar un breve diálogo

con la misma, que se olvida por completo de su primer amor. Sabe que

Doña Mayor está prometida á un cierto Don Luis, y que en aquel mismo

día, acompañada de él y de sus padres, ha de encaminarse á Madrid para

celebrar sus bodas. Don Baltasar, á quien la novia muestra pronto su

inclinación amorosa, porque contra su voluntad ha accedido á contraer el

enlace propuesto con Don Luis, toma la resolución de disfrazarse de mozo

de mulas y entrar en el séquito de su amada. Se da trazas de jugar su

papel á la perfección, y regocija á toda la compañía por la mezcla que

ofrece de rústica grosería y de agudeza y socarronería algo libertina. A

la mula, que lleva á Doña Mayor, arrima un cardo bajo la cola, de suerte

que no se puede refrenar, y que el supuesto mozo, corriendo siempre

detrás de ella, se encuentra solo en el campo con su amada, y ambos

hablan sin obstáculos cuanto les parece. Los demás circunstantes

sospechan tan poco la verdad del caso, que llaman en broma á Don

Baltasar novio de Doña Mayor; y en la parada que hacen para pasar la

noche, y para que parezca menos larga, celebran por burla su boda con la

prometida de Don Luis. Éste, como es de suponer, no toma parte en la

alegría y carcajadas de los demás. Don Diego, mientras tanto, hermano de

la antigua amada de Don Baltasar, sabedor del disfraz de éste, se

propone pedirle una satisfacción de su deslealtad. Lo alcanza en la

posada, en donde pernoctaban, y le echa en cara su conducta poco

caballerosa; Doña Mayor escucha este diálogo, y al oir hablar de los

anteriores amoríos de Don Baltasar, dominada por los celos, le acusa del

homicidio cometido. Los criados intentan aprisionar á Don Baltasar, pero

éste se salva abriéndose camino con su espada. El desenlace de la acción

es el siguiente: Doña Mayor rehusa casarse con Don Luis mientras no

parezca el fugitivo; Don Diego hace saber que el caballero herido por

Don Baltasar no ha muerto, sino que ha recobrado por completo su salud,

habiéndose casado ya con Doña Ana; y, por último, se presenta el mismo

Don Baltasar, ya no disfrazado, sino en el traje propio de su clase, y

pide la mano de Doña Mayor, que se le concede.

_Marta la piadosa_ se acerca más al tipo de la comedia de carácter,

propiamente dicha, ofreciéndonos un cuadro perfecto y muy animado de la

hipocresía, el primero de esta clase en la literatura moderna, y de un

colorido poético infinitamente más rico que las obras famosas de Molière

y de Moratín, que tratan el mismo asunto.--Aventúrome ahora también á

atribuir á Tirso de Molina una composición dramática, cuyo autor se

titula un Ingenio de esta corte en varias impresiones sueltas, y la

cual, en el tomo XXXV de las comedias tituladas de _Los mejores ingenios

de España_ (Madrid, 1671), se atribuyó á Francisco de Rojas. Se denomina

_En Madrid y en una casa_, y concuerda hasta tal punto con las comedias

fidedignas de Tirso en lenguaje, plan y exposición, que, á mi juicio, ha

de considerársele como su verdadero autor. Rojas mismo se queja en el

prólogo del segundo tomo de su comedias (Madrid, 1645), de que algunas

obras dramáticas, no escritas por él, llevan su nombre falsamente,

abundando además los ejemplos de otras muchas comedias españolas, cuyos

autores supuestos no son los verdaderos, y deduciéndose de estos

hechos, que nada prueban las indicaciones de los libreros y de los

catálogos de los teatros, cuando se hallan en completa discordancia con

las razones que se desprenden de la contextura íntima de estas mismas

composiciones. La comedia á que aludimos, es de las mejores que se

conocen, distinguiéndose por su enredo, perfectamente trazado; por su

complicación, y, á pesar de esto, por su claridad extraordinaria.

Como transición del género cómico á otro más serio y formal, han de

considerarse _Palabras y plumas_ (cuyo argumento se funda, al parecer,

en la novela del halcón de Boccaccio), y _El amor y el amistad_, obras

ambas que nos seducen por cierto matiz ligero de sentimentalismo que las

adorna. La regularidad del plan de la última en nada se asemeja á las

demás composiciones de Tirso. Don Guillén, favorito del conde de

Barcelona, es dichoso con su amada y con su amigo; pero esta felicidad

desaparece en breve con motivo de un diálogo íntimo entre ambos que él

escucha, y cuyos motivos ignora, infundiéndole sospechas hasta el

extremo de formar el proyecto de averiguar su verdad. El Conde,

accediendo á sus ruegos, le retira aparentemente su favor, lo encierra

en la cárcel y le confisca todos sus bienes, convenciéndose pronto de la

falsedad de sus sospechas, puesto que tanto su amigo como su amada le

dan pruebas, en la desgracia, de su afecto y fidelidad.--A la misma

categoría pertenecen _Privar contra su gusto_ y _El celoso prudente_,

siendo esta última un drama superior, y en algunos de sus detalles

modelo ó fundamento de la tan famosa de Rojas titulada _Del Rey abajo

ninguno_. Esta se diferencia de las anteriores, que hemos citado, por el

carácter de su poesía, ya más serio. Como la clasificación de las

composiciones dramáticas españolas sólo tiene un valor relativo, la

distinción, que puede hacerse entre las de Tirso en cómicas y serias, es

también, en general, relativo, y nunca supone una separación completa de

ambos elementos. Algunos de los dramas de este poeta son tan diversos

por su carácter de los examinados por nosotros hasta ahora, que es

necesario clasificarlos en una sección aparte, aun cuando tengan ciertos

rasgos fundamentales comunes, que indican evidentemente su parentesco

con aquéllos.

Con admiración observamos que el poeta, hasta ahora semejante á una

mariposa, que vuela de flor en flor, se transforma en águila de

improviso y alza su vuelo hasta las nubes; el Tirso imparcial y burlón

desaparece de nuestra vista y se nos presenta como un poeta histórico,

que celebra con frases inspiradas los hechos memorables del noble pueblo

español, y su estilo, inseguro á veces y del colorido más vario, cobra

vigor inusitado á medida que sus pensamientos se subliman. Algunas obras

de esta especie pueden calificarse de dramas épicos. Tal es _La

prudencia en la mujer_, una de las obras más notables del teatro

español, que describe, con grandes y atrevidas pinceladas, las luchas

feroces de los partidos durante la minoría de Fernando IV y el heroísmo

de la Reina madre, triunfando de la obstinación de sus rebeldes

vasallos. Los dos primeros actos son superiores á todo encarecimiento;

no así el tercero, que es algo inferior en mérito. _Las hazañas de los

Pizarros_, en tres partes, nos ofrecen un cuadro de brillantes colores,

y por lo general, lleno de vida, de los hechos casi fabulosos de los

primeros conquistadores de América; y aunque notemos ciertas

exageraciones é imágenes poco correctas, á nuestro juicio, hay que

convenir en que son semejantes por su naturaleza á aquellas narraciones

maravillosas, que al hablar de los portentos del Nuevo Mundo encontraron

en todos crédito; cuentos y patrañas que se sostuvieron mucho tiempo en

el público antes que se dudara de su veracidad, como, por ejemplo, la

narración de Orellana, la cual se incluye también en este drama, de

haber encontrado una república de amazonas á las orillas del Marañón. La

fantasía de aquellos conquistadores se exaltó de tal manera con esas

imágenes fantásticas y engañosas, que uno de ellos, Manuel Ponce de

León, después de hacer grandes preparativos, emprendió una expedición

para descubrir las fuentes de la juventud perpetua.

CAPÍTULO XXVII.

Continuación y fin de la crítica particular de las obras dramáticas

más notables de Tirso.

Si bien el poeta representa las más veces los fenómenos más conocidos de

la existencia humana, en su desarrollo y con sus pasiones, é ilumina con

la luz de su imaginación las manifestaciones de la vida, considerándolas

bajo su aspecto externo, hay, sin embargo, algunos dramas suyos que se

distinguen por su filosófica profundidad, y que excitan y conmueven en

tanto grado á nuestro corazón y á nuestra inteligencia, como interesan á

nuestro espíritu y á nuestra fantasía. En la titulada _Escarmientos para

el cuerdo_, desenvuelve con tanta maestría como ingenio un asunto

esencialmente trágico, porque en este poema, lleno de sombras temerosas,

nos pinta con una verdad horrible los abismos en que se precipita el

crimen, arrastrado por la ligereza y por la pasión, y cómo la justicia

divina alcanza al fin al delincuente perverso. Este asunto se desarrolla

en ella bajo la forma de una poesía sublime, sobre todo en su desenlace,

puesto que el criminal, por su culpa, hace también partícipe de sus

males á sus deudos inocentes, llenando este drama de pinceladas tan

profundas y verdaderas, que se puede llamar su obra tragedia romántica,

única en su especie[70]. Comienza con una suntuosa procesión triunfal,

con que se celebran en Goa las victorias ganadas por Don Manuel de Sousa

contra muchos príncipes indianos. Don Manuel se nos presenta vestido de

rico traje de guerra, siguiéndole su ejército, de gala, y los

prisioneros indianos con cadenas. El triunfador refiere sus hazañas en

un discurso ostentoso al gobernador de la India, García de Sa, el cual,

al contestarle, muestra hacia él la mayor consideración. En la escena

inmediata conocemos á Doña María, dama portuguesa que ha ido á la India

disfrazada de hombre para buscar á Don Manuel, su antiguo amante, de

quien ha tenido un hijo, y que la ha abandonado, llevándose consigo al

tierno Dieguito. Se da á conocer al infiel, y lo conmueve de tal modo

probándole su amor y su fidelidad, que él, atormentado por los

remordimientos de su conciencia, cae arrepentido á sus pies, le pide

perdón y le jura amar sólo á ella en lo sucesivo. El amante pide al

cielo venganza si falta después á sus promesas:

Plegue á Dios, prenda querida,

Si llorares ofendida

Mi lealtad y fe inconstante,

Que vengativo levante

Peligros contra mi vida

Cuanto esta máquina encierra:

Si navegare, la guerra

Del mar, llevándome á pique,

Naufragios me notifique

Inauditos; si en la tierra,

Entre caribes adustos,

Abrasados arenales,

Tigres del monte robustos,

Rayos de nubes mortales,

Rigores del cielo justos,

Todos juntos, homicidas,

Verdugos de mis enojos,

En las prendas más queridas

Ceben su furia á mis ojos,

Porque me quiten más vidas.

Don Manuel, antes de la llegada de Doña María, ha contraído relaciones

amorosas con Doña Leonor, hija del Gobernador. Las rompe luego para

consagrarse á su antigua pasión; pero el Gobernador, á cuya noticia han

llegado esas relaciones amorosas de Don Manuel con su hija, desea que se

celebre el matrimonio entre ambos, excitado por las esperanzas

lisonjeras que, para lo futuro, despierta este enlace en su ánimo, si el

amante cumple su promesa. Don Manuel, que no se distingue por su

constancia, duda entonces y vacila. El Gobernador sabe por su parte que

su hija ha dado á luz un fruto de sus amores, y obliga al seductor á

optar entre la muerte ó su casamiento con Doña Leonor. Don Manuel, en

esta situación tan crítica, no resiste al imperio de las circunstancias,

y es perjuro con Doña María. Celébranse las bodas con Doña Leonor; pero

al bendecirlos el sacerdote, la espada de Don Manuel se escapa de la

vaina, y hiere impensadamente á la novia, suceso que se interpreta por

todos como un mal presagio. Los recién casados se embarcan, con arreglo

á las órdenes del Gobernador, y se dirigen hacia Portugal, abandonando

á las Indias, Don Manuel sin ver siquiera á Doña María, y separando

también á esta desdichada de su hijo Dieguito, á quien se lleva consigo

en su viaje. La mísera engañada tiene noticia de su deslealtad, y acude

corriendo á detener al culpable; pero llega tarde al puerto, en el

momento en que el buque leva el áncora, y sólo oye á lo lejos las voces

de su hijo que la ve y quiere volver con ella. Arrodíllase entonces en

la orilla, y pide al cielo que castigue al perjuro, al mismo tiempo que,

impulsada por su amor y por su pena, invoca las bendiciones del cielo

sobre la cabeza de su hijo. Negras nubes llenan entonces el espacio. Una

borrasca está á punto de estallar, y el buque desaparece á lo lejos en

la obscuridad, azotado por las olas. Doña María se apresura entonces á

revelar al Gobernador la traición de Don Manuel, y en seguida se hace á

la mar con ella en otro buque para alcanzar al fugitivo y arrancarle su

hijo. La escena inmediata representa un huracán espantoso, que se ensaña

contra el navío en donde van Don Manuel y Doña Leonor. El amante infiel

comienza entonces á presentir que le persigue la Justicia Divina. El

buque encalla en la costa de África, y empieza entonces una serie de

escenas, en las cuales el terror y la compasión, y las pasiones más

tiernas y enérgicas rivalizan entre sí para perturbar el ánimo de los

espectadores y hacer en ellos impresión profunda. Los náufragos vagan

por el desierto, rodeados de pueblos salvajes, sufriendo todas las

torturas físicas, y expuestos á todos los riesgos de aquellas regiones

inhospitalarias. Don Manuel se abandona á la más sombría desesperación;

la infeliz é inocente Leonor muestra en esta situación deplorable el

amor y la abnegación que siente por su esposo, y los dolores del niño,

próximo á espirar, aumentan los males de ambos. Después que la fantasía

del poeta agota estas terribles escenas, nos ofrece á Leonor robada por

los salvajes cafres, que atacan á los fugitivos. Dieguito es arrebatado

por un tigre, y Don Manuel intenta darse la muerte para poner término á

su existencia. A la conclusión desembarcan también en la costa de África

el Gobernador y Doña María, que siguen las huellas de los extraviados,

alcanzándolos al cabo con una parte de la tripulación, y averiguando el

triste destino de ambas víctimas. Los cadáveres de Doña Leonor y de

Dieguito son conducidos en un féretro provisional, y los perseguidores

de Don Manuel, renunciando á todo proyecto de venganza, lloran la muerte

de los desventurados, inclinándose llenos de respeto ante los decretos

de la Justicia Divina.

Hasta los que menos conocen las obras de Tirso de Molina saben

perfectamente que él fué el primero que presentó en el teatro la célebre

historia[71] de _El Burlador de Sevilla_ y _Convidado de piedra_, que,

por su plan y desarrollo, debe clasificarse entre sus obras menos

importantes, aun cuando se noten en ella ciertos rasgos propios sólo de

un poeta de primer orden. El carácter de Don Juan es de superior mérito

dramático; no así la exposición de sus delitos, defectuosa á nuestro

juicio[72]. Esta composición, según parece, fué más famosa en el

extranjero que en España. En el teatro italiano aparece ya hacia el año

1620[73]. En Francia hay tres imitaciones de la misma con el título

ininteligible de _Le festin de pierre_. La más antigua es del año 1659,

de Villiers; la segunda, de 1661, de Dorimon, y la tercera, de 1665, de

Molière[74]. En España este mismo argumento fué desenvuelto

dramáticamente por Zamora, y su _Convidado de piedra_, no el de Tirso,

se ha mantenido hasta ahora en sus teatros[75].

Entre los dramas de Tirso hay uno solo mitológico, que se titula

_Aquiles_. En el acto primero se describe la locura fingida de Ulises,

para eximirse con ella de tomar parte en la guerra de Troya, y después

la vida salvaje de cazador, que lleva el joven Aquiles, educado por

Chirón en un desierto agreste y montañoso. En el acto segundo Tetis se

lleva á Aquiles, disfrazado de doncella, á la corte del rey Nicomedes,

en la cual vivirá en lo sucesivo entre mujeres vírgenes. El carácter

violento del joven guerrero, que no puede acomodarse á este género de

vida, está trazado de mano maestra. Su madre le enseña una fórmula de

cortesía propia de señoras, y él se inclina como lo hacen los soldados.

Un amante de la princesa Deidamia, de quien Aquiles está celoso, le dice

mil lindezas y le pide que le dé su mano; pero él oprime la del galán

con tal violencia, que éste da gritos de dolor. En el acto tercero viene

Ulises, vestido de mercader, para descubrir á Aquiles, y trae, entre

otros objetos, una lanza y un escudo, de los cuales se apodera el héroe

sin tardanza. Conseguido el propósito de Ulises, se encaminan ambos á

Troya, sin preocuparse mucho Aquiles de Deidamia, antes su amada, la

cual le sigue al campamento griego, disfrazada de hombre. La comedia no

tiene desenlace verdadero, refiriéndose á una segunda parte que ha de

completar su argumento.

En _La república al revés_ se pintan con tanta energía como animación

los disturbios y altercados de familia de la corte de Constantino

Porfirogeneta. Constantino despoja del trono á su madre, la destierra, y

ordena que le quiten la vida. Cásase con Carola, hija del rey de Chipre,

pero se apasiona pronto de una dama de la corte y encierra á la

Emperatriz en la cárcel. Obligado á celebrar una conferencia, para

tratar este asunto, con el padre y el hermano de Carola, siembra entre

ambos tal cizaña, que al fin se matan uno y otro. Da licencia á las

bandas de ladrones para entregarse públicamente á sus excesos, y dispone

que los matrimonios se anulen de cuatro en cuatro años; disuelve el

Senado, obliga á los senadores á vestirse de mujeres para burlarse de

ellos, y renueva la herejía de los Iconoclastas. Por último, los griegos

se sublevan contra este tirano insensato, encargan del mando á la

desterrada Irene y se apoderan de Constantino, á quien su madre condena

á perder la vista y á cárcel perpetua.

_La vida de Herodes_, parte de cuya comedia utilizó Calderón en _El

mayor monstruo los celos_, constituye una transición entre los dramas

religiosos y los mundanos. Mientras Herodes hace la guerra en la Armenia

por mandato de su padre Antipatro, llega á sus manos un retrato de la

bella Mariana, princesa de Jerusalén. Después de regresar victorioso á

Ascalón, sabe que su hermano Fausto está enamorado de Mariana, y se

encamina en secreto á Jerusalén para oponerse á este casamiento. Al

llegar allí, tiene la fortuna de librar á la Princesa de un peligro de

muerte. Disfrázase de pastor para conquistar así el amor de Mariana, y

logra cumplidamente su objeto, siendo preferido por ella á Fausto. Éste,

impulsado por la venganza, lo entrega al general romano Marco Antonio,

que lo carga de cadenas; pero Augusto, que hace la guerra á Marco

Antonio, liberta al prisionero y le nombra rey de Jerusalén. Mariana,

mientras tanto, ha sido confiada á la guarda del ministro Josefo; cae

en manos de Herodes una carta, que le hace sospechar de la virtud de su

amada; oye una conversación entre la última y Josefo, que, al parecer,

confirma sus sospechas, y, lleno de rabiosos celos, condena á ambos á

muerte. En seguida recibe la noticia de la venida de tres magos que,

guiados por una estrella, se proponen adorar al Rey recién nacido de los

judíos, por cuyo motivo da orden de matar á todos los niños menores de

tres años y á todos los descendientes de David. El Salvador, que ha

nacido ya, recibe la adoración de pastores y reyes, y Herodes muere

loco, teniendo en sus brazos dos niños degollados.

Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo III · 第 19 / 24 段