_La doncella de labor_ es una comedia de intriga, de invención no

censurable, aunque, sin duda, se oponga sobremanera á nuestras actuales

ideas acerca de lo que debe ser la verosimilitud. Doña Isabel de

Arellano, joven dama de provincia, ha concebido una viva pasión por Don

Diego de Vargas, sin conocerlo ni tratarlo, y sólo de verlo. Con el

objeto de sondearlo y á la vez de averiguar si es digno de su amor y

hombre animoso y resuelto, trama el plan astuto de presentarse á él

fingiendo ser una señora casada, perseguida por su marido celoso, y con

este pretexto penetra, cubierta con un velo, en el domicilio de Don

Diego, cuyo auxilio reclama, suplicándole que, por el momento, le

permita residir libremente en su casa. El noble mancebo accede á sus

deseos al instante, como lo exigía en tales casos el deber de todo

caballero, y le entrega además las llaves de su casa, llamándole fuera

otras ocupaciones perentorias, con el propósito de demostrarla que puede

mandar en ella como si fuera la dueña. Don Diego tiene relaciones

amorosas con otra beldad, de nombre Doña Elvira, con la cual, en la

escena inmediata, celebra una entrevista en el Prado, que, en esta

ocasión, es muy acalorada, y Elvira, en su consecuencia, quiere

acompañar á su casa á su amante; éste se ve, por tanto, en una posición

embarazosa, acordándose de su huéspeda y oponiéndose con astucia al

proyecto de su adorada, y logrando disuadirla de él y regresar solo á su

casa. Pero apenas ha entrado en ella y hablado algunas palabras con su

protegida, cuando lo sorprende Elvira, á quien su conducta ha infundido

recelos y sospechas; la última, al ver á la otra dama, siente y expresa

los celos más vivos, y excita en el mismo grado los de Isabel. El acto

primero termina con este enredo, que parece más complicado aún por otros

incidentes que omitimos. En el segundo se nos presenta Isabel con un

disfraz extraño, efecto de un plan que ha forjado, de entrar al servicio

de Elvira como costurera, con el fin de ahondar aún más todavía la

desunión que ha surgido entre los dos amantes, y al mismo tiempo de

emplear todos los medios posibles en atraer á sus redes á Don Diego.

Apenas ha entrado al servicio de su rival, se le presenta la ocasión

oportuna de ejecutar su proyecto. Don Diego se ha reconciliado otra vez

con Elvira y viene á buscarla para llevarla á su casa, desde la cual

puede ver una procesión solemne que ha de pasar por allí. Apenas lo ha

oído Isabel, envía á su doncella á la casa de Don Diego, en donde puede

entrar á cualquier hora teniendo las llaves en su poder, para que,

disfrazada con su velo y haciendo de señora, despierte de nuevo los

celos de Doña Elvira. Su astucia triunfa plenamente, y los dos

enamorados se separan uno de otro llenos de ira. Isabel aprovecha la

coyuntura para aumentar la inclinación de Don Diego á la tapada con el

velo, y le proporciona una cita con la misma. El desarrollo posterior de

esta comedia, como se adivina fácilmente, consiste en que Doña Isabel

sustituye á su doncella, y se da trazas de enamorar vivamente á Don

Diego, mientras que, por otra parte, lo aleja más y más, con sus

intrigas, de Doña Elvira, hasta que al fin logra ver realizados por

completo sus deseos. Menester es, para que no nos choquen tanto las

inverosimilitudes, que, con arreglo á nuestras ideas actuales, se

originan necesariamente de estos disfraces con el velo, sin que los

personajes que lo hacen, sean, sin embargo, conocidos, que no olvidemos

las aventuras á que daba lugar el uso de esta prenda de vestir, y la

habilidad extraordinaria con que la manejaban las damas españolas cuando

las circunstancias lo exigían.

La comedia de _No hay vida como la honra_ es, seguramente, una de las

mejores de Montalbán. La escribió para defender su reputación literaria,

después de haber sido silbada otra obra dramática suya, y su triunfo fué

tan grande, que se representó muchos días consecutivos en ambos teatros,

obteniendo siempre grandes aplausos. Su escena más notable es aquélla en

que Don Carlos, cuya cabeza se había puesto á precio, se entrega

voluntariamente á la justicia para recibir el dinero ofrecido, y librar

de su miseria, por este medio, á su amada esposa.

La comedia titulada _La toquera vizcaína_ se distingue por ofrecer

situaciones muy dramáticas, y sería digna de grandes elogios si esas

situaciones no fuesen contrarias de todo punto á las reglas más notorias

de la posibilidad y verosimilitud.

De los restantes trabajos dramáticos de Montalbán, dignos de loa, sólo

merecen mención especial los que llevan el título de _Cumplir con su

obligación_, _Ser prudente y ser sufrido_, _Como á padre y como á Rey_ y

_La más constante mujer_. Las demás, que conocemos, nos parecen muy

inferiores á las anteriormente citadas. Su Don Carlos (que lleva el

título de _El segundo Séneca de España_, aplicado á Felipe II), no se

puede comparar con la de Enciso. La llamada _De un castigo dos

venganzas_, es la exposición dramática de un crimen de homicidio, de

ferocidad y crueldad, repugnante hasta el extremo; el horrible suceso,

que le sirve de base, había ocurrido en Lisboa el mismo año que se

presentó en el teatro. _La puerta Macarena_, en dos partes, se propone

representar la historia trágica de Doña Blanca de Borbón; pero su

extensión es desmesurada y flojo el enlace de su argumento, y el asunto

que se trata no corresponde de ningún modo, en la obra del poeta, á lo

que de él pudiera esperarse. _El divino nazareno Sansón_ y _Palmerín de

Oliva_, son dos comedias de espectáculo, cuyo principal papel lo

desempeña la tramoya de las máquinas.

_El Polifemo_, auto de Montalbán, es tan extraño, que no es posible

pasarlo en silencio. Ulises simboliza en él al Salvador, Polifemo al

Demonio y Galatea al Alma. De los cuatro cíclopes, el primero es el

Judaísmo, el segundo el Desprecio de Dios, el tercero el Engaño ó Judas

Iscariote, y el cuarto la Ley natural.

CAPÍTULO XXV.

Tirso de Molina[67].--Su Apología de la Comedia Española.--Sus

obras dramáticas en general.

Las poesías que satisfacen y deleitan plenamente por su mérito á cuantos

las conocen, excitan ordinariamente el deseo de conocer, también en toda

su extensión, la vida de su autor. Así sucede con las comedias que han

llegado hasta nosotros con el nombre de Tirso de Molina; pero, por

desgracia, son muy escasas las noticias biográficas que se han

conservado del gran poeta, autor de trabajos tan admirables. Su nombre

verdadero era el de Gabriel Téllez, y Madrid el lugar de su nacimiento.

Hasta el año de 1620 no hay dato alguno que revele su existencia, aunque

se sepa que hacia ese tiempo, y ya de edad de cincuenta años, era

fraile en Madrid del convento de la Merced. Hubo, pues, de nacer, con

arreglo á esa indicación, hacia 1570, y por tanto, era de alguna menos

edad que Lope de Vega. Desempeñó en su Orden los cargos más importantes;

fué su cronista en Castilla la Nueva; doctor en Teología, y, por último,

en 1645, prior del convento de Soria, y como tal debió morir en 1648, á

la edad de setenta y ocho años.

Los asuntos, á que hubo de atender en el desempeño de su cargo monacal,

no le impidieron escribir numerosas obras literarias; pero su fecundidad

fué mucho mayor en el género dramático, y en esa parte sólo conoce por

rival á Lope de Vega. Ya en el año 1621[68] había compuesto 300, y sin

duda no permaneció ocioso en los restantes veintisiete años de su vida,

aunque proporcionalmente sólo pocas hayan llegado hasta nosotros. La

colección de sus comedias comprende 59, si bien sólo 51, como después

veremos, son realmente suyas; hay otras 14 sueltas y tres en _Los

Cigarrales de Toledo_; además poseemos algunos entremeses y autos

sacramentales de su pluma[69]. Sin embargo, si se hicieran

investigaciones minuciosas, se encontrarían de seguro algunas obras

suyas que se tienen por perdidas, ya manuscritas, ya en impresiones

antiguas, y la recompensa valdría sin disputa el trabajo empleado en

buscarlas.

Pero antes de examinar detenidamente las obras poéticas de Tirso,

copiaremos aquí algunos párrafos de sus _Cigarrales de Toledo_, en los

cuales defiende una de sus comedias (_El vergonzoso en Palacio_), y

expone con esta ocasión todo su sistema dramático. Supone que esa

comedia se ha representado ante una sociedad poco numerosa. Al terminar

la representación, los espectadores se comunican sus ideas y los juicios

que han formado de la obra.

Los párrafos citados dicen lo siguiente:

«Con la apacible suspension de la referida comedia, la propiedad de los

recitantes, las galas de las personas y la diversidad de sucesos, se les

hizo el tiempo tan corto, que con haberse gastado cerca de tres horas,

no hallaron otra falta, sino la brevedad de su discurso. Esto, en los

oyentes desapasionados, y que asistían allí, más para recrear el alma

con el poético entretenimiento, que para censurarle. Que los zánganos de

la miel, que ellos no saben labrar, y hurtan á las artificiosas abejas,

no pudieron dexar de hacer de las suyas, y con murmuradores cencerros

picar en los deleitosos panales del ingenio. Quién dixo que era

demasiadamente larga, y quién impropria. Pedante hubo historial, que

afirmó merecer castigo el poeta, que contra la verdad de los anales

portugueses, avía hecho pastor al Duque de Coimbra Don Pedro: siendo así

que murió en una batalla, que el Rey D. Alonso su sobrino le dió, sin

que le quedasse hijo sucessor, en ofensa de la casa de Avero, y su gran

Duque, cuyas hijas pintó tan desembueltas, que contra las leyes de su

honestidad, hicieron teatro de su poco recato la inmunidad de su jardin,

como si la licencia de Apolo se estrechasse á la recoleccion histórica,

y pudiese fabricar sobre cimientos de personas verdaderas, arquitecturas

del ingenio fingidas. No faltaron protectores del ausente Poeta, que

volviendo por su honra, concluyessen los argumentos Zoylos (si pueden

entendimientos contumaces, Narcisos de sus mismos pareceres y descritos

mas por las censuras que dan en los trabajos agenos, que por lo que se

desvela en los propios convencerle). Entre los muchos desaciertos (dixo

un presumido natural de Toledo, que le negara la filiacion de buena

gana, sino fuera porque entre tantos hijos sabios y bien intencionados

que ilustran su benigno clima no era mucho saliese un aborto malicioso)

el que me acaba la paciencia es ver quan licenciosamente salió el Poeta

de los límites y leyes, con que los primeros inventores de la comedia

dieron ingenioso principio á este poema, pues siendo así que este ha de

ser una accion cuyo principio medio y fin acaezca lo más largo en veinte

y quatro horas sin movernos de un lugar, nos ha encaxado mes y medio por

lo menos de sucessos amorosos. Pues aun en este término parece imposible

pudiesse disponerse una dama ilustre y discreta á querer tan ciegamente

á un pastor, hacerle su secretario, declararle por enigmas su voluntad y

ultimamente arriesgar su fama á la arrojada determinacion de un hombre

tan humilde, que en la opinion de entrambos, el mayor blason de su

linage eran unas abarcas, su solar una cabaña, y sus vasallos un pobre

hato de cabras y bueyes.

»Dejo de impugnar la ignorancia de Doña Serafina pintada en lo demas tan

avisada, que enamorandose de su mismo retrato sin más certidumbre de su

original, que lo que don Antonio la dixo, se dispusiesse á una baxeza

indigna aun de la mas plebeya hermosura, como fue admitir escusas, á

quien pudiera con la luz de una vela dexar castigado y corrido. Fuera de

que no se yo porque ha de tener nombre de Comedia, la que introduze sus

personas entre Duques y Condes, siendo asi que las que más graves se

permiten semejantes acciones, no pasan de Ciudadanos, Patricios y damas

de mediana condicion.

»Iva á proseguir el malicioso arguyente, quando atajandole don Alexo le

respondio. Poca razon aveis tenido, pues, fuera de la obligacion en que

pone la cortesia, á no dezir mal el combidado de los platos que le ponen

delante, por mal sazonados que esten en menosprecio del que combida. La

Comedia presente ha guardado las leyes de lo que aora se usa: y á mi

parecer (conformandome de los que sin pasion sienten) el lugar que

merecen las que aora se representan en nuestra España comparadas con las

antiguas, les haze conocidas ventajas, aunque vayan contra el instituto

primero de sus inventores. Porque si aquellos establecieron que una

comedia no representasse, sino la accion que moralmente puede suceder en

veinte y quatro horas, quanto mayor inconveniente sera, que en tan breve

tiempo un galan discreto se enamore de una dama cuerda, la solicite,

regale, y festege, y que sin passarse un dia, la obligue y disponga de

suerte sus amores, que començando á pretenderla por la mañana, se case

con ella á la noche? Que lugar tiene para fundar zelos, encarecer

desesperaciones, consolarse con esperanças y pintar los demas afectos y

accidentes, sin los cuales el amor no es de ninguna estima? Ni como se

podra preciar un amante de firme y leal, si no passan algunos dias,

meses y aun años, en que le haga prueva de su constancia? Estos

inconvenientes, mayores son en el juyzio de qualquier mediano

entendimiento que el que se sigue, de que los oyentes sin levantarse de

un lugar, vean, y oygan cosas sucedidas en muchos dias: pues ansi como

el que lee una historia en breves planas, sin passar muchas horas, se

informa de casos sucedidos en largos tiempos y distintos lugares, la

comedia, que es una imagen y representacion de su argumento, es fuerza

que quando le toma de los sucessos de dos amantes retrate al vivo lo que

les pudo acaecer, y no siendo esto verisimil en un dia, tiene obligacion

de fingir passan los necessarios para que la tal accion sea perfeta que

no en vano se llamo la Poesia pintura viva, pues imitando a la muerta

está en el breve espacio de vara y media de lienço pintado lexos, y

distancias que persuaden á la vista á lo que significa, y no es justo

que se niegue la licencia que conceden al pincel, á la pluma, siendo

esta tanto mas significativa que essotro quanto se dexa mejor entender

el que habla articulando silabas en nuestro idioma, que el que siendo

mudo explica por señas sus conceptos. Y si me arguis que á los primeros

inventores devemos los que professamos sus facultades, guardar sus

preceptos, pena de ser tenidos por ambiciosos y poco agradecidos á la

luz que nos dieron para proseguir sus habilidades, os respondo que

aunque á los tales se les deve la veneracion de aver salido con la

dificultad que tienen todas las cosas en sus principios, con todo esso

es cierto, que añadiendo perfecciones á su invencion (cosa puesto que

facil, necesaria) es fuerza que quedandose la sustancia en pie, se

muden los accidentes, mejorandolos con la experiencia. Bueno seria que

por que el primero musico saco de la consonancia de los martillos en la

yunque, la diferencia de los agudos y graves y la armonia mussica,

huviessen los que agora la professan de andar cargados de los

instrumentos de Vulcano, y mereciessen castigo en vez de alabança, los

que á la harpa fueron añadiendo cuerdas y vituperando lo superfluo é

inutil de la antiguedad la dexaron en la perfeccion que agora vemos.

Esta diferencia ay de la naturaleza al arte que lo que aquella desde su

creacion constituyó no se puede variar, y asi siempre el peral produzira

peras, y la encina su grossero fruto y con todo esto la diversidad del

terruño y la diferente influencia del cielo y clima á que están sugetos,

las saca muchas vezes de su misma especie y casi constituye en otras

diversas. Pues si hemos de dar credito á Antonio de Lebrixa en el

prologo de su vocabulario, no crio Dios al principio del mundo, sino una

sola especie de melones, de quien han salido tantas y entre si tan

diversas como se ve en las calabaças pepinos y cohombros, que todos

tuvieron en sus principios una misma produccion, fuera de que ya que no

en todo pueda variar estas cosas el hortelano, á lo menos en parte

(mediando la industria del ingerir) de dos diversas especies compone

una tercera, como se ve en el durazno que engerto en el membrillo

produce el melocoton, en que hazen parentesco lo dorado y agrio de lo

uno con lo dulce y encarnado de lo otro.»

El pasaje copiado contiene, sin duda alguna, la apología más ingeniosa y

elocuente del teatro nacional, que en España, en donde la práctica ha

sido tan superior á la teoría, reinó como soberano, y al mismo tiempo

una réplica satisfactoria á los ataques de Figueroa, de Villegas y de

otros clásicos.

Dejemos ahora los principios teóricos de Tirso, y ocupémonos en el

examen de sus obras dramáticas. Ya hemos dicho, que, de éstas, ni aun la

cuarta parte se conserva. Pero si bien es de deplorar que hayan

desaparecido tantas obras de un poeta tan distinguido como éste, sin

embargo, en las que nos quedan encontramos bellezas de primer orden, que

exceden en mucho á las de otros poetas famosos inferiores, y sobradas,

no obstante, para que nos llene de admiración su inventiva inagotable; y

es tal su fecundidad y son tan distintas unas de otras, que

clasificarlas y caracterizarlas es ya por sí trabajo arduo. Tirso es

como un encantador, que sabe tomar las formas más opuestas. Cuando

creemos conocer perfectamente los rasgos de su fisonomía, nos muestra en

seguida otros completamente diversos. Son tan ricos los brillantes

colores de su poesía, que se burlan de todos los esfuerzos posibles para

expresarlos y reproducirlos debidamente. No es menor, por tanto, la

tarea que ha de proponerse el crítico, porque hasta sus faltas aisladas,

que no se puede menos de conocer y confesar, se hallan revestidas de tan

deslumbrador colorido poético, que se necesita hacer verdaderos

prodigios de calma y reflexión para no hablar de ellos como lo haríamos

cuando nos arrastra ciegamente la admiración más exagerada. El teatro de

Tirso se puede comparar á esos países maravillosos que describen los

poetas románticos, en donde las brisas más perfumadas y la música más

atractiva encadenan el corazón y los sentidos del caminante; en donde

millares de sendas que se cruzan, le llevan ya á jardines soberbios, ya

á valles risueños, ya á abismos insondables que dan vértigos, al lado de

altísimas montañas que se pierden en las nubes; en donde se oyen las

voces burlonas de los duendes que salen de las cavernas, y vuelan los

genios por el aire, y en donde el brillante cielo de la poesía ilumina

con su luz seductora hasta las encrucijadas engañosas y las sendas no

holladas. Y, á la verdad, muy frío y sin alma ha de ser el crítico, que

no sienta el deseo de abandonarse por completo y sin obstáculo al goce

de estas bellas poesías, é insensible ha de ser quien no comprenda, que

lo declarado defectuoso por reglas y principios de estereotipia, puede

llegar, como parte esencial de un organismo superior y como producción

de un genio poético de primer orden, á una excelencia relativa.

Intentemos, sin embargo, dar una idea clara del fondo y de la forma de

estas obras originales, mencionando y examinando las más perfectas;

guardémonos, no obstante, de aplicarles la terminología usada en tales

casos, porque hasta para enumerarlas sería inservible. La mayor parte de

las obras de Tirso pertenecen al género cómico, y aunque algunas

pudieran clasificarse entre las comedias de intriga, no se encuentra

para otras nombre alguno adecuado, á no ser que se apliquen tantos

diversos cuantas son ellas. El general de _comedia_, por esa misma

generalidad, puede bastar para el objeto. Estas comedias son las más

seductoras que se han escrito jamás; pero el que sólo conoce lo que

entre nosotros se distingue con ese nombre, con mucha dificultad podrá

formar una idea completa de las de Tirso, siendo tan inmenso el abismo

que las separa.

Aunque todas las comedias españolas de aquella época se parezcan en su

forma exterior; aunque sean comunes á todas ciertos giros y expresiones,

las bellezas y el ingenio en su objeto y desarrollo, su brillante

manera de exponer y su lenguaje poético, y que las de Tirso de Molina,

en todas estas cualidades, y más en las últimas, sobresalgan

singularmente, su genio es tan original, que ha impreso en ellas hasta

en su forma externa un sello especial, que las distingue de todas por

completo. Llama la atención, desde luego, su inimitable maestría en

cuanto se refiere á la dicción y versificación. Ningún otro poeta ha

conocido y manejado su lengua con tanto brío y desenvoltura; Tirso hace

de ella lo que pudiera hacerse de una tela, con la cual se revistiesen

las formas demás extrañas; juega, sin ser frívolo, bajo todas sus formas

y combinaciones; la aplica á expresar bellezas siempre nuevas é

inesperadas, y se burla de una manera tan asombrosa de las dificultades

de la rima, que parece ser el soberano despótico del magnífico idioma

castellano. Aunque el fondo, envuelto en estas soberbias vestiduras,

fuese menos rico de lo que es, sería imposible dejar de admirar á ese

artista de la palabra, que, dominando siempre y dirigiendo el reino de

la harmonía, nos arrastra en las olas de su maravillosa dicción al

imperio de una música perpetua y agradable. Y, sin embargo, es siempre

natural cuando escribe, y se mantiene siempre libre del culteranismo y

de la afectación hinchada, que invadía poco á poco la literatura.

Otro de los rasgos característicos más notables de estas comedias, es su

fina sátira, rayando en insolencia, que se manifiesta ya aisladamente,

ya en la composición de todo el conjunto. Pero ¡cuán diversa es la

agudeza, siempre poética, de Tirso, de las frías creaciones, que se

califican así entre nosotros! Como discurren las abejas por un jardín de

rosas, vuela él de flor en flor libando el néctar de la más pura poesía;

lleva también aguijón como ellas, pero lleva también su miel. No perdona

al cielo ni á la tierra, pero el suave bálsamo de su poesía sana también

las heridas que hace. La osadía de sus ataques contra los potentados de

la tierra, contra la corte y los cortesanos, contra clérigos y frailes,

es un fenómeno insólito en la literatura española, sorprendiéndonos

sobremanera esa libertad que reinaba en el teatro, y esas sátiras de

Tirso en una época en que el poder de la Inquisición se encontraba en su

apogeo. Nuestra admiración se aumenta sobremanera cuando reflexionamos

que su autor ocupaba una posición importante en el estado eclesiástico.

Sin embargo, á pesar de su atrevimiento, estos rasgos epigramáticos se

presentan con tanta benevolencia y en versos tan harmoniosos, bajo un

velo tan bello de ironía, y con galas tan seductoras, que hasta los

atacados por ellos no pueden menos de reirse también al oir las palabras

del hermano de la Merced.

De lo expuesto se puede deducir, naturalmente, que los papeles del

gracioso en Tirso se distinguen de todos los demás por su riqueza; y así

es, en efecto, porque este tipo dramático aventaja en sus comedias á

todas las demás de la misma clase del teatro español: su carácter, sus

ocurrencias, las situaciones cómicas en que los presenta, descubren una

gracia incomparable, y rara vez descienden de la región de la fina burla

ática á la de groseras bufonadas. Este papel no se presenta en sus obras

tan fijo é igual á sí mismo, como en la de otros muchos dramáticos de su

tiempo, sino variando en ellas y ofreciéndonos rasgos distintos. Y es

tanto más extraña esta excelencia del poeta, y más digna de nuestra

admiración, cuanto que en todas sus obras introduce este papel, y

conformándose con la costumbre general seguida en su época, aunque se

oponga, más bien que favorezca, á su plan dramático, como, por ejemplo,

en _Amar por razón de estado_.

La inclinación de Tirso á la sátira se ostenta hasta en los títulos de

sus comedias, llamando á algunas de ellas _comedias sin fama_, para

burlarse de los empresarios de teatros y de los libreros, que

apellidaban famosas hasta á las de los autores más inferiores.

Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo III · 第 17 / 24 段