Ahora bien; sabemos que si por el pulmón se elimina calor, por la

piel esta eliminación es casi nueve veces mayor. La transpiraría

cutánea, que con la respiración pulmonar y la digestiva constituyen

los principales reguladores del calor de la máquina animal, según

Lavoisier, son "tres factores que no pueden olvidarse, dice Lacasagne,

cuando deseamos apreciar la influencia de la temperatura exterior en

los diversos climas."

Si recordamos con Gavarret que "en igualdad de circunstancias, la

resistencia del hombre al calentamiento en los diversos medios de

temperatura elevada que le rodean se halla en razón directa de la

cantidad de vapor acuoso que en el mismo tiempo puede formarse en la

superficie de la piel y mucosa respiratoria," comprenderemos fácilmente

la mayor resistencia del negro, que suda más y evapora más rápidamente

su sudor, para las temperaturas elevadas.

Á esta actividad funcional de la superficie cutánea, además de otras

circunstancias en cuyos detalles no entraremos por no hacer prolijo

este apartado, débese principalmente que el negro resista, sin

anemiarse, altas temperaturas, que conserve sus fuerzas y su salud,

allí donde el blanco se anémia y pierde fuerzas y salud. Á beneficio

de tales disposiciones orgánicas su actividad nutritiva se mantiene

en límites que están en consonancia con el clima tórrido, y á ellas

debe el mantener un equilibrio conveniente, al habitante de la zona

tórrida, entre la producción y la eliminación del calor.

La escrofulósis, que obedece á causas debilitantes, claro está que

ha de ser frecuente en organismos débiles. La pobreza constitucional

del jíbaro blanco, castigado por el paludismo y por la anémia, le

predisponen al escrofulismo. Por razones fáciles de apreciar y que

deben buscarse en las circunstancias á que en no pocos casos deben la

existencia gran número de mestizos, se encuentran entre éstos muchos

escrofulosos.

Las enfermedades del aparato digestivo, sin que dejen de padecerse por

la raza de color, nos han parecido más rebeldes en la raza blanca.

La tuberculosis se halla muy generalizada tanto entre los blancos y los

mestizos como entre los negros; pero en los primeros, que tienen mayor

capacidad respiratoria que los últimos, un torax más desarrollado, se

nota mayor resistencia á los progresos de la enfermedad; en general

todas las enfermedades del aparato respiratorio son de marcha insidiosa

y grave en el hombre de color.

Lo mismo debe decirse acerca de las enfermedades febriles: la tifoidea,

las biliosas, ofrecen mayor gravedad en el negro porque su resistencia

individual es menor, desfallece ántes que el blanco. En la misma fiebre

amarilla, que sólo por excepción padece el negro, reacciona torpemente,

y con dificultad.

En cuanto al tétanos, créese por la generalidad de los observadores que

hace mayor estrago en los niños recién nacidos de la raza de color que

entre los de la raza blanca. El tétanos, dicho espontáneo, _a frigore_,

si aceptamos como causa inmediata del padecimiento una impresión brusca

de aire frio en un cuerpo sudado, compréndese que sea más común en el

negro.

Aunque la elefantasis de los árabes no es padecimiento exclusivo de

la raza negra, sin duda alguna es más frecuente entre los indivíduos

pertenecientes á ella.

De lo poquísimo que en materia tan vasta hemos podido decir, algunas

deducciones pueden hacerse. Aparte de las ya hechas en el estudio del

paludismo y la anémia, podemos sacar otras consecuencias relativas al

trabajo del jíbaro, de lo cual nos ocuparemos en su oportunidad.

Para reconocer la importancia de este estudio sobran razones; pero

veamos cómo aún en un terreno tan limitado como lo es el de la Isla de

Puerto Rico, el instinto humano se acomoda á la ley de la patología y

del clima.

El jíbaro blanco apénas viene, á ménos que esté muy necesitado, á las

poblaciones de las costas á buscar trabajo; en cambio el negro abandona

el interior y se aglomera en las poblaciones de las costas. ¿Obedece

esto á un capricho? No ciertamente; es que en la costa la fiebre

amarilla aflige al jíbaro blanco y respeta al negro; y es, además,

que el negro es muy sensible al frio y huye del fresco del interior,

mientras que el blanco le teme al calor del litoral.

Ya dijimos que en las regiones del Norte de los Estados Unidos de

América no prospera el negro. En Europa se ha observado lo mismo; dice

el Dr. Baudin que en 1817 fué de guarnición á Gibraltar un batallón de

negros, el cual, durante los 22 meses que estuvo allí, perdió un 6.20%

de su contingente, mientras los soldados blancos sólo perdieron un

2.14%. Cuando las enfermedades del aparato respiratorio figuran en las

estadísticas de morbosidad de los batallones de blancos como 0.53%, en

los negros llegaron á un 4.30%. Este hecho es de gran valor, porque se

refiere á un clima como el de Gibraltar, suave, puede servirnos sin que

resulte inaplicable á Puerto Rico para darnos la explicación del aflujo

de negros á la costa. En cuanto la libertad les permitió establecerse

á su gusto abandonaron las alturas, huyendo instintivamente de las

temperaturas frescas de la isla, en donde los blancos se sienten mejor,

y buscaron el calor que es necesario al organismo del hombre de color.

En este mismo órden de ideas mucho podría decirse, pero no es la

ocasión de tratar tan ámplia materia; procuraremos, no obstante, al

ocuparnos de la manera de remediar las malas condiciones físicas del

campesino, y dentro de los límites en que nos ha sido dado abarcar este

tema, hacer aplicaciones al estudio local que venimos haciendo.

CAUSAS QUE DETERMINAN LAS CONDICIONES FÍSICAS DEL CAMPESINO.

Á tres orígenes podemos referir las causas á que obedece el modo de

ser físico del campesino puertorriqueño. Son ellos la herencia, las

circunstancias climatológicas y las condiciones higiénicas en que ha

vivido y vive todavía el jíbaro.

Por lo que hace relación á la herencia, impórtanos recordar algunas

de las circunstancias en que se realizó el descubrimiento de América,

empresa, juzgada fabulosa, y para la cual necesitó emplear el audaz

marino que la llevó á término feliz toda su constancia. Sin su

perseverancia habría desistido ante los desaires con que por todas

partes le recibían; aún en la misma España, destinada á dar vida nueva

á un mundo, á no ser por la influencia de amigos entusiastas, habrían

despedido definitivamente á Cristóbal Colón, como lo habían hecho ya de

otras cortes.

Pero el "loco" se obstinaba en revelar un mundo desconocido; y

mendigando, iba ofreciendo de puerta en puerta la ignota tierra

americana llena de maravillas. Á pesar de la Asamblea de Salamanca,

Colón debía triunfar; los destinos providenciales indefectiblemente

se cumplen en la hora precisa y se ejecutan por el destinado á

realizarlos. Los Reyes Católicos, que acababan de engrandecer á España

con la conquista de Granada, concluyeron por aceptar los planes del

ilustre genovés y se aventuraron á ayudarle en la gigante obra. El

hallarse á la sazón la corte en Granada, estar la villa de Palos

obligada á facilitar á Sus Altezas dos carabelas por seis meses para

lo que se les mandase, y el ser "buenos y cursados hombres de mar" los

habitantes del célebre puerto citado, fueron circunstancias favorables

para la realización del gran acontecimiento.

Las condiciones excepcionales de los españoles para todo género de

aventuras guerreras, estaban ya probadas en aquella época de la

historia en que España ocupaba un lugar distinguido como nación;

roto el último eslabón de la cadena árabe, la independencia, con ser

suceso gloriosísimo, no era sino el comienzo de próximas grandezas que

había de alcanzar en reinados posteriores. Pero aparte de esto, por

circunstancias geográficas del suelo español, eran sus hijos los que

estaban mejor dispuestos para soportar la acción del clima tórrido

á que debía arribar Colón; y de España, precisamente Andalucía, la

región más meridional, de donde convenía que el descubridor sacase los

primeros compañeros de fatiga en aquellos gloriosos dias. Seguramente

si los primeros europeos que pisaron el suelo americano no hubiesen

tenido la ductilidad orgánica que convenía para vivir en las nuevas

tierras descubiertas, se habría retardado la conquista de América.

Andaluces eran en su mayor parte los compañeros de Colón, y cuando

más tarde se verificó por Ponce de León la conquista de Puerto Rico,

la corriente de inmigración andaluza fué la más nutrida de las que

llegaban á la Isla. Por las condiciones de esta, relativamente

pobres, y á causa de las riquezas que las otras regiones americanas

brindaban, podemos suponer que en Puerto Rico sólo permanecían aquellos

inmigrantes obligados por los cargos oficiales que desempeñaban, y los

que estaban dotados de un carácter sosegado y preferían á las aventuras

guerreras del Continente, la vida en esta isla, fácilmente dominada,

en donde la raza indígena había casi desaparecido y mermaba á ojos

vistas, y en donde, por consiguiente, salvo las rivalidades entre los

dominadores, se gozaba de tranquilidad.

Ahora bien; tales condiciones de carácter suelen, por lo común, ir

unidas á un convencimiento íntimo de gran superioridad, ó, por el

contrario, á cierta debilidad orgánica. En una época de guerreros

como aquella, en la que además existía el incentivo de riquezas nunca

soñadas, para los exploradores atrevidos, no hemos de suponer que la

gente cuyo temperamento fuese inclinado á la lucha, se quedase en

Puerto Rico, haciendo una vida poltrona; las personas, sinó débiles,

por lo ménos no tan bien dotadas por la naturaleza como las otras, que

encontraban aquí ciertas facilidades en la lucha por la existencia,

eran las que aquí permanecían voluntariamente; y que estas facilidades

se hallaban, lo confirma D. Alejandro O'Reylly cuando informa acerca de

la gente que pobló á Puerto Rico: "Soldados sobradamente acostumbrados

á las armas para reducirse al trabajo del campo, Polizones, Grumetes

y Marineros desertores, gente por sí muy desidiosa, inaplicada,

perezosa"--(y por lo tanto cuya organización física no sería de las más

vigorosas, porque el vigor físico y la pereza son incompatibles), "que

se mantenía de leche, verduras, frutos y alguna carne conseguidos con

muy poco esfuerzo."

Pero aún descartando estas razones, tendríamos bastante para sospechar

el influjo de la herencia en la debilidad actual del campesino, con

la sola consideración del orígen andaluz de sus progenitores; porque

es innegable que los climas cálidos no producen organizaciones tan

robustas como los climas templados; y el clima de la Bética, de cuyas

excelencias se ocuparon los escritores griegos y romanos, al fin tiene

prolongados estíos durante los cuales reina excesivo calor que debilita

el organismo. Así, pues, la herencia juega un papel atendible en los

caractéres físicos del jíbaro.

Examinemos otro más principal, cual es la influencia climatológica del

país.

No se ha hecho todavía un estudio científico, completo, del clima de

Puerto Rico. El ilustrado anotador de la Historia de Puerto Rico, D.

José J. de Acosta, lamenta, como nosotros, esa falta, pero es justo

reconocer que algo ha empezado á hacerse con objeto de subsanarla.

La Jefatura de Obras Públicas verifica hace años observaciones

meteorológicas, interesantísimas por muchos conceptos, que han de

servir de base al estudio deseado. Dichas observaciones sólo se hacen

en San Juan, por lo cual entendemos que la temperatura media que en

ellas se consigna no debe tomarse como la media de la Isla, pues

sabemos cuánto hace variar la temperatura de un paraje su altura sobre

el nivel del mar y otras causas que originan los climas parciales

dentro de un mismo país, siquiera sea tan pequeño como Puerto Rico;

pero así y todo recurriremos á esta fuente, por ser la única que nos

merece fé.

La isla de Puerto Rico forma parte del archipiélago de las Antillas.

Situada en la zona tórrida, se extiende unos 170 kilómetros de E. á

O. y 65 de N. á S. teniendo próximamente una superficie de 10,000

kilómetros cuadrados. Bañadas sus costas por el Mar de las Antillas,

hállase entre los 17° 54' y los 18° 30' 40" de latitud N. y su latitud

O., según el Mediterráneo de Cádiz, entre los 59° 20' 26" y los 60° 58'

52".

La altura de sus tierras y montañas sobre el nivel del mar, varía

según los accidentes topográficos; así no hay para qué decir que

existen en este particular notables diferencias entre las poblaciones

de la costa de la Isla y las situadas en el interior; por ejemplo,

Cayey á 600 metros de altura sobre el nivel del mar, Aibonito y

Adjuntas á 800 metros y aún podríamos citar el _Yunque_ de la sierra

de Luquillo á 1,520 metros, la altura de Peñuelas á 908 metros, el

Torito de Cayey á 907 metros y otras; pero con las mencionadas bastan á

nuestro objeto.

El terreno de la isla también varía. Según la opinión de D. José

R. Abad, expuesta en su notable trabajo "Puerto Rico en la Feria

Exposición de Ponce," las cordilleras Central y de la Sierra de

Luquillo "han constituido, en sus orígenes, una masa más compacta y

unida y sus mesetas han sido rotas y disgregadas por las primeras

convulsiones volcánicas de orígen submarino."

Encuentra el Sr. Abad "en las vertientes de las altas montañas, mezclas

de rocas de granito, mica, feldespato y antracita con las formaciones

plutónicas de los terrenos terciarios; en diferentes direcciones

de las vertientes de la Cordillera Central grandes conglomerados

calizos. En las explanadas estepárias que unen en el interior algunas

montañas entre sí y se extienden por el litoral hasta algunas millas

del mar, materias terreas saturadas de sales minerales en fusión,

particularmente de peróxido de hierro; aparte de esto existen

territorios de formación moderna; terrenos de aluvión, formados por

los acarreos é inundaciones de los rios, y bancos de arena, terrenos

ganados al mar (manglares) y pantanos de agua dulce."

Los vientos reinantes en la isla son distintos según los meses del año

en que se observen; el N. y el N. E., frios é impregnados de humedad,

dominan durante la estación fresca que suele ser de Noviembre á

Febrero, en el resto del año reinan las brisas frescas ó los vientos

del Sur, calientes, sobre todo de Julio á Octubre.

Supónese que cada litro de agua produce unos 1,700 litros de vapor. Por

este hecho deduciremos cuán cargada de humedad estará por lo común la

atmósfera de la isla de Puerto Rico teniendo tan cerca esa gran masa de

agua de mar que la rodea, y siendo además el país tan rico en aguas;

existen considerable número de rios y siete lagunas, aparte de otros

depósitos de agua ménos importantes, que son otros tantos focos de

evaporación; así se explica que la media humedad relativa, representada

por 100 la saturación, llegue en la capital de la isla á 77. Á esto hay

que añadir las lluvias, abundantes en la costa Norte principalmente.

La temperatura media de la capital, calculada en un período de seis

años, es de +26° 29' y la correspondiente á los años 1886 y 1887 de

+25° 75' y +25° 44' respectivamente, con una presión media barométrica

de 762.00 para el año 86 y de 752.50 para el 87.

Fundándonos en estos apuntes, podemos clasificar el clima de Puerto

Rico de caliente y húmedo y perteneciente á los climas tórridos que son

los comprendidos hasta la línea isoterma +25° á partir del ecuador,

como hemos dicho.

Pero teniendo en cuenta que por cada 200 metros de elevación disminuye

un grado la temperatura, y que se admite que en las ascensiones á las

altas montañas, una subida de 100 metros equivale á un cambio de lugar

de 1 ó 2 grados hacia los polos[6] convendremos en que en el interior

de la isla deben existir climas parciales cuya medida anual acaso no

llegue á +25° y por consiguiente puedan clasificarse entre los climas

cálidos.

[6] Lacasagne.--Resumen de Higiene privada y social.

Sostiene el ya citado Sr. Abad que en las alturas de la Cordillera

Central el termómetro suele bajar hasta +2° centígrados, y á nosotros

nos han asegurado personas que nos merecen entera fé, haber visto la

columna termométrica bajar á +12° en Cayey y á +8° en Aibonito. Aunque

estos datos, que confirman lo que dijimos en el párrafo anterior, no se

les estima de rigurosa exactitud, merecen citarse pues son temperaturas

posibles á la sombra; no obstante conviene tener presente que durante

el dia, que son las horas hábiles para el trabajo del campesino, nunca

baja tanto el termómetro, manteniéndose, con frecuencia, más bien á

alturas de +30 grados al sol aún en Diciembre.

Por fortuna tenemos un auxiliar poderosísimo para moderar la

temperatura, en la superficie líquida que rodea la Isla. "La

temperatura de una comarca, dice Rochard, es tanto más uniforme cuanto

más se deja sentir la influencia del mar. En pleno mar, no se conocen

los grandes frios ni los calores fuertes." Puerto Rico se encuentra en

este caso; y así vemos cuan insignificantes diferencias se observan en

sus estaciones; de modo que, si la latitud isotérmica por una parte

hace ménos rudos los efectos de la latitud geográfica, por otro lado el

mar modifica favorablemente las condiciones de esta última.

Bajo el influjo favorable de semejantes circunstancias, fácilmente

comprenderemos que la raza blanca procedente de las regiones cálidas de

Europa (Estados del Sur) pueda subsistir por sus solas fuerzas, como en

efecto lo ha demostrado la experiencia que subsiste.

Un país cuya densidad de población es de 82.6 por kilómetro cuadrado

no parece que debe reunir condiciones muy desfavorables para la vida.

Puerto Rico ha aumentado su población en el espacio de 36 años en un

76-1/2 por ciento, y esto en un período comprendido desde 1846 hasta

1883 en que ya habían cesado las fuertes inmigraciones procedentes de

la América del Sud y de algunas Antillas, y en que la misma europea ha

ido disminuyendo de una manera considerabilísima. Podemos, por estos

elocuentes datos, deducir que Puerto Rico reune buenas condiciones para

la vida.

Para la población negra la cosa no tiene duda; para la población blanca

y mestiza, que lejos de disminuir ha aumentado también, es evidente.

Mas tan bellos resultados no son absolutos. Si hemos visto que en

Andalucía, clima más benigno que el de Puerto Rico, el hombre se

debilita, no hay para qué decir que en este último país ocurre lo mismo

de una manera algo más acentuada.

Así lo confirman las razones expuestas con motivo de la anémia térmica,

la cual ha tenido que sufrir el blanco originario y sus descendientes;

si bien estos hayan debido nacer, orgánicamente constituidos, en

mejores condiciones para soportarla que sus padres.

Y vamos á tratar de la falta de higiene, tercera causa y la más

esencial de todas á nuestro juicio.

Siempre se ha atribuido al terreno una gran influencia patogénica, y

así es en efecto: el suelo, las sustancias vegetales, la humedad y el

calor son, según M. Colin, los cuatro elementos necesarios para la

producción de la malaria. Pettenkofer ha llamado la atención sobre la

influencia que en la generación de la cólera y de la fiebre tifoidea

ejerce el terreno.

Suelo muy fértil, de comarcas cálidas, que permanezca infecundo para

la agricultura ó no tenga toda la vegetación que puede alimentar,

seguramente es foco de paludismo. Pantanos de cualquiera clase en los

que no se renueve el agua y queden bajo la acción del sol detritus

vegetales, sin duda alguna serán focos del miasma palustre. Ya dijimos

oportunamente cuál es la enfermedad que más castiga al campesino--las

fiebres intermitentes palúdicas--y esto precisamente no es debido más

que á una transgresión de la higiene, que consiste en que no se han

verificado jamás trabajos de desecación y de drenaje.

El jíbaro edifica en cualquier terreno su casa y vive respirando dia y

noche el veneno que le vuelve caquéctico.

Incidentalmente hemos hablado de la alimentación del campesino y de

su insuficiencia en calidad y en cantidad; también mencionamos lo mal

que viste; fáltanle á su vestido habitual prendas como el calzado

que le preserve de la humedad del suelo; y si durante el verano y

para trabajar bajo el ardiente sol en los campos necesita usar ropas

ligeras, cuando no se encuentra sometido á este trabajo y el tiempo se

torna frio ó lluvioso, debería usarla de más abrigo y no lo hace así.

Si un chaparrón le cae encima y le empapa los vestidos probablemente

los dejará secarse encima de su cuerpo.

En la estación lluviosa y en las comarcas en donde se cultiva café,

hemos visto á mujeres, niños y hombres que después de haber permanecido

bajo las sombras en el cafetal, húmedo y frio, recogiendo el preciado

grano, mientras la lluvia menuda de los dias de Norte azotaba sus

mojados cuerpos mal alimentados, sin bastante abrigo, pálidos, con los

piés macerados por el agua, retornaban del trabajo con más aspecto de

enfermos que de trabajadores; y no obstante, en tan pésimas condiciones

habíanse procurado con su trabajo el pan que debían comer al dia

siguiente.

El tabaco mascado (para no pasmarse), y el trago de ron (para

calentarse), son los únicos medios que utiliza el campesino para

combatir esas influencias. Medios que desde luego se convierten en daño

de su organismos debilitado.

El agua que consume el campesino tampoco es siempre de buena calidad;

constituyendo por sus pésimas condiciones, el vehículo de gérmenes

de enfermedades; por último, como la generalidad de las madres por

desgracia están anémicas, no se encuentran en las condiciones debidas

para servir debidamente de nodrizas á sus hijos.

Para terminar, diremos que los instintos sexuales despiertan muy

prematuramente en los campesinos y que las funciones de la generación

las ejercen abusivamente contribuyendo ambas cosas á aumentar su

pobreza orgánica.

Ante el cúmulo de faltas contra las prescripciones de la higiene que

hemos enumerado rápidamente, sobran comentarios. Es patente la tercer

causa determinante del estado físico actual del jíbaro.

MEDIOS PARA MEJORAR LAS CONDICIONES FÍSICAS DEL CAMPESINO.

De las consideraciones que hasta aquí llevamos hechas, concluimos: que

el campesino puertorriqueño, de orígen africano, sin perjuicio de las

pequeñas modificaciones que haya podido determinarle el nuevo clima,

conserva, físicamente considerado, los caractéres esenciales de raza y

subsiste bien, principalmente en las regiones más cálidas de la Isla.

El mestizo no vive mal tampoco en Puerto Rico. Por virtud de su

herencia africana soporta bien el clima tropical, goza de cierta

inmunidad contra algunas enfermedades --fiebre amarilla, etc.--y

por lo que en su sangre tiene de la europea ostenta modificaciones

orgánicas--color más claro, formas más esbeltas--que los negros, y

mejor aptitud y fortaleza para el trabajo que el blanco; en cambio le

hallamos propenso á las manifestaciones escrofulosas.

Tanto los negros como los mestizos son aptos para las faenas agrícolas

y toleran perfectamente la influencia del espléndido sol de Borínquen;

pero la aptitud del mulato,--cierta en lo que depende de sus apropiadas

condiciones orgánicas y de la consecuente adaptación al clima,--por

otras razones se encuentra tan disminuida, que tal como es en la

actualidad el elemento mestizo, carece, á nuestro juicio, de cualidades

y vitalidad suficientes para considerarle como un grupo en cuyo tipo

se haya de cumplir, con respecto á Puerto Rico, la profecía de Mr.

Quatrefages, de que "la posesión definitiva del suelo pertenece á las

razas mestizas."

Vemos á los mestizos trabajar junto á los negros con mayor

inteligencia, y aún soportar el género de vida que á estos les

basta; les vemos reproducirse, pero no ofrecen un conjunto en cuyos

indivíduos se observen cualidades preeminentes: no exceden al negro en

organización respecto del clima, ni tienen tampoco grandes ventajas

positivas sobre el blanco en este concepto.

Forman--tal nos lo parece--una agrupación transitoria, en que los

tipos más fuertes, bellos é inteligentes se funden en la raza blanca,

mientras que el linfatismo, la tísis y otras causas segregan á los de

condiciones opuestas, limitando su reproducción hasta la esterilidad

misma que anula el tipo.

El Campesino Puertorriqueño Sus Condiciones Físicas, Intelectuales y Morales, Causas que la Determinan y Medios Para Mejorarlas · 第 4 / 11 段