Ciertamente, el campesino puertorriqueño es enfermizo; por muchos

otros motivos, pero indudablemente á causa del mismo paludismo que,

produciendo la caquéxia palúdica, nos le presenta con semblante

abofado; le produce infiltración del tejido celular subcutáneo, le dá á

la piel color terroso sucio, á su mirada languidez, á las conjuntivas

exangües blancuras, á los miembros laxitud general, cortedad á la

respiración, palpitaciones irregulares al corazón, hinchazones al

hígado y bazo, é hidropesías, en fin, que todas estas lesiones suelen

ser consecuencias de tan poderoso veneno.

* * * * *

Tócale á la anémia, en órden de importancia, lugar análogo al del

paludismo. Enfermedad propia de los climas tórridos, amaga á todos

los habitantes de la Isla, agobiando á la mayoría de los campesinos

puertorriqueños. La influencia térmica del medio ambiente basta por sí

sóla para producir la anémia. Aun en los climas templados se observa,

durante el verano, cuando los calores han sido fuertes, que muchas

personas pierden el apetito, se sienten incapaces de desarrollar su

actividad ordinaria, palidecen; en una palabra, están bajo el influjo

de un ligero grado de anémia. ¡Con cuánta más razón no ha de ser

general este padecimiento en una zona cuya temperatura constante es

alta todo el año!

En tésis general podemos decir que el habitante de los trópicos está

sugeto á la anémia por el sólo hecho de la temperatura que soporta;

pero esto tiene sus limitaciones individuales. Hay razas organizadas

para sufrir los calores tropicales sin menoscabo de la salud, y otras

que, aún no estando tan bien dotadas por la naturaleza, proceden de

climas cálidos, han nacido en la zona ó tórrida, se han aclimatado y

viven bien, aunque ligeramente anémicos; porque la anémia dentro de

ciertos límites, mientras la cantidad y la calidad de los glóbulos

sanguíneos no disminuye de un modo considerable, es compatible con

la salud, y hasta se ha considerado como necesario y saludable

acomodamiento del organismo al clima. Claro es que si pasa de estos

límites, constituye un estado morboso.

Para la raza originaria de África, por ejemplo, la acción del clima

puertorriqueño, por lo referente á la temperatura, no es perjudicial;

para los europeos la acción morbosa de la temperatura será tanto más

sensible, cuanto mayor sea la discrepancia del clima en donde nacieron,

con el de este país; y por lo tanto, cuanto de más hacia el Norte

procedan, más en peligro estarán de ser víctimas de la anémia térmica;

sus condiciones funcionales orgánicas están muy distantes de las que

les serían necesarias para resistir el ardiente sol de los trópicos.

Por razones opuestas, los europeos nacidos en las zonas cálidas están

mejor dispuestos para acomodarse á las necesidades del clima, y he aquí

explicado por qué los españoles han prosperado y dejado descendencia

viable en estas regiones, cosa que no han logrado otros pueblos.

En efecto; la península Ibérica está colocada entre las líneas

isotermas de +15° y +20° formando parte de la zona comprendida entre

las líneas isotermas +15° y +25° ó sea la región de los climas

cálidos. Puerto Rico está comprendido en la zona que desde la línea

isotérmica +25° va hasta el Ecuador termal; su temperatura media,

según las observaciones meteorológicas hechas por la Jefatura de Obras

públicas, en San Juan es de 26° en invierno y de 28° en verano; pero

en el interior es indudablemente más baja; por lo cual la divergencia

climatológica no resulta tan extrema como la latitud geográfica. Así

se comprende que los españoles, y sobre todo los de la parte del

medio-dia, hayan podido fundar sociedades permanentes en estas Islas;

están en condiciones de adaptación de que carecen el alemán y el ruso,

nacidos en zonas contenidas entre las líneas isotermas +15° y +5°.

Si el padre ha triunfado de las condiciones térmicas, por las leyes

de la herencia se explica que el hijo vaya ganando en facilidades

para habituarse á las influencias del nuevo clima; y así es: los

descendientes de europeos soportan el clima mejor que sus progenitores,

con sólo ese ligero grado de anémia de que ántes hemos hablado.

Esto no quiere decir que el campesino puertorriqueño de orígen

europeo, no pueda ser víctima de la anémia morbosa, dependiente del

clima tórrido que habita; de la anémia habitual y compatible con el

ejercicio normal de las funciones orgánicas á la morbosa grave, el

paso se efectúa con facilidad; pero hay que tener en cuenta, que la

temperatura en los campos, sobre todo en las alturas, es notablemente

más baja que la arriba citada, y por lo tanto más soportable, por lo

cual nos permitimos asegurar que los casos de anémia tropical pura,

exclusivamente debidos al calor excesivo, son escasos.

En cambio la anémia dependiente de otras causas es común; organismos ya

predispuestos, fácilmente se vuelven anémicos á poco que hayan sufrido

una enfermedad grave, una pérdida de sangre, etc.

Todas las causas, pues, que en otros países son capaces de determinar

la anémia, obran con mayor facilidad en el campesino borincano. En

las mujeres, el alumbramiento es casi siempre motivo de anémia; la

lactancia, con más razón. ¡Cómo no había de ser así cuando á las

naturales pérdidas orgánicas propias de esos actos, hay que añadir la

insuficiencia de la alimentación!

No podemos prescindir de ocuparnos de este particular cada vez que se

nos presenta ocasión de hacerlo. Tenemos, según hemos visto, que el

país, por sí mismo, basta para que el hombre que lo habita se vuelva

algo anémico y aun que sucumba á la anémia. ¿Qué hay que esperar que

suceda cuando la alimentación es insuficiente y á veces de pésima

calidad? Ya ántes hemos mencionado las sustancias que componen la

mesa del jíbaro; pero nos falta añadir que muy frecuentemente algunas

de esas sustancias las consume dañadas; hemos visto en no pocas

ocasiones expender, principalmente las _arenques_, el bacalao y el pan

de tan pésima calidad, que debía haberse prohibido su venta. En este

particular es preciso hacer constar que la avaricia y el poco escrúpulo

de algunos especuladores raya en lo increíble. Hay quien se enriquece

en poco tiempo acaparando el dinero del infeliz labrador á cambio de

los desechos de los almacenes de las poblaciones, alimentos podridos

que se adquieren á bajo precio, para venderlos al jíbaro, en vez de

elementos reparadores de su empobrecido organismo; sustancias que no

sólo no le nutren, sino que pueden enfermarle. Por desgracia la falta

de una organización sanitaria hace posibles estos delitos, verdaderos

agiotajes con la sangre del pobre labrador.

Cierto que el jíbaro es poco escrupuloso y se conforma con que le

cueste barato el alimento, aunque la inanición le consuma; pero esto

no es razón para dejar que se le explote. Bastante hay ya con que de

por sí sea sóbrio; admira verle satisfecho con encontrar bajo un árbol

de mangó mesa puesta mientras dura la cosecha, y consumir el fruto aun

ántes de que madure.

Es de notar que el jíbaro no usa el maiz con la frecuencia que debiera;

prefiere el arroz, aunque no es tan nutritivo; este cereal que á menudo

consume sin otra preparación que la de cocerle con agua y sal, le

produce opilaciones. En ciertos casos, ántes de estar completamente

formado el grano, se sirve de él como alimento; corta las espigas

todavía verdes, tuesta el grano y satisface su hambre á cambio siempre

de la pobreza nutritiva.

Otra de las causas de anémia consiste en la mala calidad del agua. El

campesino en muchas localidades bebe la que tiene más cerca, aunque sea

poco potable. Los estímulos que emplea para activar la digestión, el

uso del alcohol como compensador de su régimen alimenticio, y el abuso

del tabaco mascado, son causas que contribuyen á la enfermedad de que

venimos tratando.

Al paludismo, á las causas debilitantes de una alimentación escasa

y de mala calidad y á las enfermedades producidas por un régimen

higiénico detestable, debemos atribuir principalmente la anémia del

campesino puertorriqueño. Sáquesele de ese régimen y se le verá perder

ese acentuado color pálido, tan frecuente entre los jíbaros. El clima

debilita un poco, pero el daño no lo produce solamente el calor, lo

hacen más acaso las transgresiones indicadas.

* * * * *

Aunque no tan generalizadas como la anémia, pueden citarse la clorosis

y la leucenia misma, como padecimientos del campesino.

La escrofulósis es más común; hiere á un considerable número de

indivíduos de este grupo. Y se explica: en los campos los enlaces

entre parientes cercanos no son raros; no es extraño tampoco encontrar

viejos empeñados en trasmitir una vida que se les escapa, y personas

caquécticas vemos á cada paso llenas de numerosa familia; los hijos que

de estos enlaces nacen, están, casi todos, condenados á ser víctimas de

la escrófula. Si á esto añadimos las causas debilitantes de que ántes

hemos hecho mención, no nos sorprenderá que el escrofulismo se haya

enseñoreado de los campos de Borínquen.

Las enfermedades más comunes del aparato digestivo son las dispepsias,

gastritis, gastrálgia; ésta, llamada por el vulgo _pasmo_ y confundida

con el tétanos, no es más que una neurálgia del estómago dependiente de

la anémia, de la clorosis, del abuso del café, de las especies ó de un

simple enfriamiento.

Entre las afecciones de este aparato, las diarreas agudas y crónicas,

gastro-enteritis, disentería aguda y crónica, son las que juegan un

papel más importante en la patología rural; las impresiones repentinas

de la humedad á causa de los inopinados cambios atmosféricos, la mala

calidad de los alimentos, las caquexias, la elevada temperatura de

la estación calurosa, las malas aguas, todo esto dá razón de aquella

importancia.

Las aguas impuras y el uso de las carnes de cerdo que contienen

gérmenes de ténia--equinococos--exponen al campesino á padecer de

lombrices.

La hidropesía ascitis se encuentra á menudo, ya desarrollada bajo la

influencia de obstáculos circulatorios de la vena porta--enfermedades

del hígado--ó de la cava--enfermedades del corazón--ya debida á la

caquéxia palúdica, á la enfermedad de Bright, que es más frecuente

de lo que pudiera creerse, á lesiones peritoneales y á un sencillo

enfriamiento, sobre todo cuando la anémia existe como causa

predisponente.

La dispepsia, la malaria, la disentería, aparte de la acción térmica

del clima, son causas de que el hígado y el bazo sean frecuentemente

asiento de lesiones crónicas--congestiones, infartos é inflamaciones.

Los abscesos del hígado no se observan sino excepcionalmente. La

ictericia catarral es común. En cuanto á la cirrósis hepática, su

patogénia nos dice que la hemos de encontrar á cada paso. Paludismo

crónico, enfermedades del corazón, alcoholismo, abuso de especias, son

otras tantas causas de producción del padecimiento.

La peritonitis no es afección extraña á la patología del campesino.

Al ocuparnos de los venenos morbosos humanos, por lo que se refiere á

las fiebres eruptivas, nos remitimos á lo dicho en la patología de la

infancia.

La fiebre tifoidea reviste caractéres especiales que han dado lugar á

que se niegue por inteligentes médicos su existencia en Puerto Rico,

y que por otros se la llame tifóica para reconocer sus caractéres

físicos sin declarar que sea la verdadera tifoidea; no es este el

sitio de discutir si son ó no legítimas tifoideas todas las pirexias

de larga duración con síntomas atáxicos y adinámicos que en esta isla

se observan; pero no puede negarse que la tifoidea, aunque sea rara,

existe en el país.

La fiebre amarilla castiga también á los campesinos; pero más á

los blancos que á los negros, los cuales tampoco están exentos de

padecerla. Cuando reina una epidemia de tifus amarillo en alguna

población de la costa, son invadidos los campesinos que residen en

la localidad epidemiada ó vienen á ella; á veces, aún en los mismos

pueblos del interior se desarrollan epidemias mortíferas de _vomito

negro_.

Otras pirexias se encuentran en la patología puertorriqueña, tales como

las fiebres gástricas, biliosas, remitentes biliosas, etc.

Debemos citar la erisipela como exantema febril que complica á veces

los traumatismos y úlceras, ó se presenta espontáneamente; pero es

bueno advertir que por el vulgo se comprende bajo la misma denominación

la linfagitis--inflamación de los vasos ganglios linfáticos de suma

frecuencia y que se presenta á causa de simples picaduras, de la

presencia de _niguas_ ó de ligeras heridas.

Los venenos de orígen animal están representados por la rabia, que es

una enfermedad rara; por el muermo, que lo es ménos, pues facilita el

contagio el poco cuidado y ninguna medida de aislamiento que se toman

con los caballos muermosos; la pústula maligna, _picada de la mosca_,

suele propagarse por las mismas causas, es decir, por el descuido en

que se tienen los animales enfermos, la despreocupación en utilizar los

cueros de reses muertas de la epizootia, y los malos enterramientos de

los animales que sucumben á causa de enfermedades carbuncosas.

Á otras infecciones ménos importantes están expuestos los campesinos;

tales son las picaduras de insectos, principalmente del alacrán,

escolopendra (cienpiés), arañas, que no suelen por lo general tener

consecuencias funestas.

Á título de enfermedad muy general en los campos tócanos hablar del

reumatismo; este padecimiento que tiene preferencias por los organismos

pobres y por las personas sujetas á privaciones, necesario es que

lo encontremos además entre una clase que, por las necesidades de

su trabajo, se expone á menudo á las influencias atmosféricas más

variadas, y que, sin embargo, se viste muy pobremente, lo necesario

para no herir el pudor--y se aloja en casas pésimamente construidas,

incapaces de resguardar á los que las habitan de las inclemencias del

tiempo.

La nefritis catarral, la enfermedad de Bright, la uremia y la litiasis,

proporcionan casos de observación al médico. Como queda indicado, el

mal de Bright es más frecuente de lo que parece. Obedece á la caquéxia

palúdica, al alcoholismo, á enfriamientos y á otras causas que actúan

sobre los campesinos.

No faltan lesiones de la próstata de orígen venereo, dependientes

del hábito de montar á caballo, etc. La cistitis es también afección

corriente.

Pericarditis, endocarditis, lesiones valvulares, palpitaciones

nerviosas, angina de pecho y aneurismas, representan la patología del

aparato circulatorio.

Los órganos de la respiración, que se afectan por muy distintas causas,

también son asiento de enfermedades entre las cuales el sencillo

coriza, la laringitis, bronquitis, asma, pulmonías y pleuresías dan su

contigente á la enfermería rural.

La tuberculosis, enfermedad tan común de los organismos debilitados, se

hace cada dia más general entre nuestros campesinos.

El aparato de la inervación nos ofrece los meningitis, las

inflamaciones del encéfalo, la anémia cerebral, el hidrocéfalo, las

lesiones medulares, diversas neuroses-epilepsia-corea y las parálisis.

Pero entre las neurosis son las más frecuentes la jaqueca, las

neurálgias y sobre todos el tétanos. Esta dolencia es sin género

de duda bastante frecuente; suele aparecer á causa de un simple

enfriamiento ó después de haber sufrido un traumatismo; en ocasiones

basta el pinchazo de un alfiler, una ligera rozadura, la extirpación

de una nigua. Pretenden los jíbaros precaverse del tétanos usando el

tabaco mascado.

Las enfermedades de la piel más comunes son el acné, las eczemas

y herpes. La elefantiasis de los griegos es aquí rara; pero la

elefantiasis de los árabes está muy extendida entre las clases

pobres. Favorecen el desarrollo de esta enfermedad las condiciones

climatológicas y la influencia de la humedad del suelo--la inmensa

mayoría de los campesinos andan descalzos.--Generalmente el punto

de partida del padecimiento es una leuco-flegmasia que aumenta á

cada ataque de linfitis, hasta que se manifiesta en toda su horrible

deformidad la elefantiasis.

Al alcoholismo y á la locura paga su tributo también el campesino.

Resultado de un vicio, el primero, va generalizándose entre hombres

y mujeres lo bastante para hacernos temer por la degeneración de la

especie, trasmitiéndose, como se trasmite, el envenenamiento alcohólico

de padres á hijos. La afición á los alcoholes es general entre las

clases proletarias de todas partes, como que obedece á las exigencias

del organismo que pide combustible para entretener la vida, cuando

los alimentos no se toman en la cantidad necesaria, ni son de calidad

nutritiva suficiente. Por lo mismo, pues, que se conoce su causa es más

sensible su generalización.

En cuanto á la locura, no son extraños á su manifestación los comunes

enlaces entre parientes cercanos; tampoco faltan las monstruosidades

para completar esta parte del cuadro patológico que venimos bosquejando.

Llama particularmente la atención de los cirujanos que ejercen en

Puerto Rico, la facilidad con que se cicatrizan las heridas de todas

clases. Casi ningún campesino ocurre al médico cuando sufre una

herida, y aun tratándola del modo peor posible se cicatriza aquella

rápidamente. Más frecuentes son las hemorragias tenaces de pequeños

vasos que no deberían dar un chorro tan abundante, á tener el herido

una sangre más rica en elementos plásticos. Las operaciones se

practican con un éxito asombroso en este país, sin que la fiebre ni

el delirio traumáticos intensos, ni las supuraciones, ni la absorción

purulenta, las compliquen casi nunca.

Entre las enfermedades quirúrgicas, suelen encontrarse con frecuencia

casos de úlceras de las piernas, rebeldes á todo tratamiento.

Entre los tumores que más comunmente padecen nuestros campesinos

citaremos los fibromas, lipmass, el sarcoma á veces, frecuentemente los

quistes, adenomas y cáncer.

He aquí trazada á vuela pluma la patología del campesino

puertorriqueño; las enfermedades á que están sujetos esos infelices

que viven diseminados por los campos de la isla, en la ignorancia,

sin que puedan contar, cuando se enferman, con otra cosa que con la

visita del médico, visita que resulta estéril á veces, porque si el

pobre campesino consigue los medicamentos prescritos nunca es con la

debida oportunidad, y se dan casos de no conseguirlos. En ocasiones

hasta el médico les falta, porque, aún queriendo cumplir los dignos

profesores titulares que casi todas las poblaciones tienen, no pueden

hacerlo; carecen del tiempo material para acudir á barrios extremos, á

donde se tarda dos ó tres horas en llegar, corriendo pésimos caminos

y atravesando peligrosos rios. No es de extrañar que entre una

clase sometida á estas circunstancias prosperen tanto los curiosos,

curanderos y yerbateros de toda clase.

BREVES CONSIDERACIONES ACERCA DE LA PATOLOGÍA COMPARADA DEL CAMPESINO.

Desde luego se advierte en la reseña que acabamos de hacer, que un

considerable número de las enfermedades en ella citadas no excluye

á ninguna clase social, mientras que otras, ménos numerosas, se

encuentran más frecuentemente en indivíduos del grupo humano que

estudiamos. Algunas hemos visto que son enfermedades propias de éste

y de análogos climas, y otras que son comunes á diversas regiones

geográficas. Por último, esas dolencias no afectan de igual modo á

indivíduos de diversas razas.

Este asunto, como se vé, es interesantísimo: la consideración de

la patología humana desde el punto de vista del clima y en cuanto

se relaciona con las razas, dá lugar á deducciones de importancia

suma; como que el porvenir de toda colonia depende tanto de las

circunstancias climatológicas, como de las aptitudes de la raza

fundadora para resistir á las morbosas influencias del nuevo suelo.

Para Puerto Rico mismo, colonia ya estable, y aún para los campesinos,

circunscribiéndonos á nuestro problema, no deja de tener interés la

materia de que vamos á ocuparnos.

El paludismo, que hemos dicho se ceba en la población rural, si

bien no perdona al negro ni al mestizo, hace mayores estragos entre

los blancos; no solamente las formas simples de las intermitentes

palúdicas, sino también las perniciosas, formas gravísimas del

envenenamiento palustre, son más comunes entre estos que entre

aquellos. Por rareza se encuentran negros, de raza pura, caquéticos á

consecuencia de la malaria. Ya en los mestizos se observan más casos

de caquéxia, aunque nunca tantos como entre los jíbaros de orígen

caucásico. Y no es que el organismo del hombre de color no resista

tanto como el del blanco y sucumba con los grados de intoxicación

malárica que éste soporta; nosotros, al ménos, creemos lo contrario: el

negro resiste más al envenenamiento, por condiciones orgánicas que le

dan esta ventaja; condiciones orgánicas acaso no muy precisadas, pero

que probablemente consistirán en una fuerza eliminadora grande que se

opone á que su organismo llegue á la dósis de infección necesaria, ó en

que los gérmenes del paludismo encuentren un terreno pobre, ya que no

estéril por completo, para desarrollarse tan á sus anchas.

Por lo que respecta al paludismo, puede asegurarse que la raza blanca

tiene mejores disposiciones que la raza negra para contraerlo, y está

en condiciones más desfavorables para exponerse á sus influencias.

Otro tanto puede decirse de la anémia tropical.

La anémia dependiente por modo exclusivo del clima afecta al blanco y

deja indemne al negro; excepcionalmente padecerá un negro de anémia

debida sólo á la temperatura de la zona tórrida. Habrá sin duda casos

de anémia en esta raza, como los hay entre los habitantes de los climas

templados, pero desde luego serán la excepción; y de ordinario la

anémia, en los sujetos de color, será debida, la generalidad de las

veces, á hemorrágias, fiebres ú otras causas.

El hombre blanco, sometido á la acción del calor constante, se vuelve

anémico sin que otra causa tenga que influir para ello; obedece esto á

condiciones orgánicas por virtud de las cuales no le es dado resistir

impunemente á las influencias climatológicas de estas latitudes. Su

gasto orgánico es más considerable que el del negro, no puede bastarle

la escasa alimentación con que éste se satisface, y como la pérdida

del apetito y la debilidad digestiva no le permiten nutrirse como

es debido, resulta que, además del calor, causa primera de tales

trastornos, contribuyen estas concausas á desarrollar la anémia en un

plazo breve.

Por opuestas razones está el oscuro africano ménos expuesto á este

padecimiento. Dijimos, al ocuparnos de la anatomía, que la piel del

negro es más espesa y que se advierte en ella una turgencia que la

hace fresca al tacto; explicamos entónces, dentro de lo posible, estos

rasgos diferenciales de razas, á los cuales se unen otros sobre los que

vamos á insistir un poco.

Si observamos dos trabajadores, uno blanco y otro negro, sometidos á

igual faena en condiciones análogas, notaremos muy pronto que el último

empieza á sudar ántes y suda de una manera más copiosa que el primero;

de este hecho podemos deducir, sin violencia, que el negro posee un

aparato glandular sudorífero más desarrollado y por consiguiente de una

actividad funcional superior, como en efecto parece que ocurre.

Las condiciones de la secreción sudoral también son distintas en uno y

en otro. Mientras el sudor del blanco apénas hiere el olfato, el del

negro tiene un olor penetrante; diferencia debida á la mayor riqueza

en ácidos graso valérico, fórmico, butírico y otros que, dando lugar

á combinaciones complejas de estos elementos con sales sódicas y de

potasa, y aún con otros productos de eliminación cutánea, le comunican

ese carácter distintivo que falta de ordinario en el sudor del blanco,

en cuya secreción sudoral sólo se advierten trazas de algunos de esos

principios.

Pero esa misma riqueza en los ya dichos ácidos, de naturaleza volátil,

es un arma defensiva contra el calor. Pocas personas habrán dejado de

experimentar la refrigeración que se produce en la piel, cuando se

vierte sobre ella una sustancia que se volatiliza rápidamente; pues

bien, el sudor del negro, evaporándose con mucha celeridad, á causa

de la composición química indicada, ejerce una acción refrigerante

bienhechora, que es más tardía y mucho ménos intensa en la piel del

blanco.

El Campesino Puertorriqueño Sus Condiciones Físicas, Intelectuales y Morales, Causas que la Determinan y Medios Para Mejorarlas · 第 3 / 11 段