SUCESORES DE AUSÍAS MARCH

Ausías es el astro más esplendente, lo hemos dicho antes de ahora, de

la literatura catalana en los tres períodos en que al principio de este

trabajo la dividimos. Al bajar al sepulcro va á su ocaso aquella poesía

y comienza su crepúsculo vespertino; crepúsculo brillante aún mientras

aquel astro ha traspuesto apenas los luminosos linderos del horizonte,

pero cuyas esplendentes tintas van oscureciéndose á medida que se va

hundiendo más en ellos.

Dejamos apuntados algunos de los caracteres que distinguen de los

anteriores el último período de nuestra escuela poética. Ahora que

vamos á ocuparnos más detenidamente en él, ¿no nos será dado indicar

otros que, más que á la forma exterior, como los que entonces

señalábamos, se refieren al espíritu que anima á los asuntos mismos,

que son especial objeto de dicha escuela, al mismo tiempo que nos

ocupemos en los principales de sus numerosos cultivadores que en ellos

se inspiraron?

Hemos advertido más de una vez la dificultad de señalar, careciendo

como carecemos de exactas noticias biográficas de un crecidísimo

número de ellos, cuáles son los poetas que florecieron después de la

muerte de Ausías; pero no tememos mencionar como tales, por más que

algunos de ellos alcanzasen los días de este poeta y hasta compusiesen

alguna de sus obras en los en que él exhalaba sus tristes ayes en

los cantos de muerte, al mayor número de los que tomaron parte en

el certamen valenciano de 1474, y sobre todo los concurrentes á las

justas poético-religiosas de 1482, 1486 y 1488, algunos de los cuales

por haber escrito sus obras en la segunda mitad de aquella centuria

y por el carácter especial de las mismas, muy distinto del de las

melancólicas y filosóficas esparsas del amante de Teresa, pertenecen en

alma y cuerpo, permítasenos la expresión, á la nueva faz que ofrece la

catalana escuela poética.

No creemos ofender la susceptibilidad literaria, ni el amor á sus

respectivos países de nuestros poetas contemporáneos valencianos y

catalanes, ni oscurecer la merecida, pero menos brillante fama de los

muchos ingenios que, así en las fértiles llanuras de allende, como en

las agrestes comarcas de aquende el Ebro, cultivaron en el mencionado

período la gaya ciencia, si les decimos que, á nuestro parecer, que es

también el de críticos de más valía que nosotros, aquel período lo fué

de decadencia para nuestras patrias letras.

No somos de los que medimos los grados de cultura, ni la importancia

literaria de una época dada, por el mayor ó menor número de hombres

doctos, poetas y artistas, siquiera sean medianos, que en ella

florecieron, ó de los congresos científicos y justas poéticas que se

celebraron en la misma, ó por el ruido y aparato de que unos y otras se

rodearon. Sin salir de nuestra casa ó con sólo asomarnos á la puerta

de la de nuestros vecinos, los provenzales, podríamos hallar un doble

testimonio en favor de nuestra opinión en este particular asunto.

Mireya y la Atlántida, obras de verdadero ingenio, fueron concebidas

y por ventura en parte escritas en el apacible retiro de una casa de

campo la primera, y en las vastas soledades del Océano la segunda. Por

lo demás, y puestos á un lado y en el alto lugar que merecen aquellas

dos producciones, en esta como en la otra parte de los Pirineos no hay

más que una sola voz para proclamar que la poesía envejece y decae en

medio de los _felibrejados_ de los provenzales y de los innumerables

certámenes con que la festejan los catalanes. Copiosísima es la miés

que en una y otra comarca, Provenza y Cataluña, se produce; pero

raquíticas y de escasa substancia no pocas veces, hueras las más,

las espigas que en ellas se cosechan. Mucho el ruido que en ambas se

produce; pero es el que hace el viento pasando por espesos cañaverales;

no el majestuoso rumor que despide la robusta y solitaria encina al

sacudirla la brisa.

Fácil es colegir de lo dicho que estimando como un dato literario,

digno de tomarse en cuenta al hacer la reseña del último período

de nuestra literatura, sobre todo en la parte que á Valencia le

corresponde, la muchedumbre de certámenes que á últimos del siglo XV

se celebraron en dicha ciudad, y el número verdaderamente considerable

de poetas que á ellos concurrieron; y apreciando al propio tiempo y

alabando como es justo los esfuerzos que para el mayor florecimiento de

la poesía, y en especial de la religiosa, hiciéronse, con mejor buena

voluntad que acierto, por algunas personas influyentes, promoviendo

aquellas justas de ingenio, no creemos, sin embargo, que debamos

detenernos á hablar uno por uno de todos los poetas, en su mayor

parte meros metrificadores, que en ellas figuraron como vencedores

ó como vencidos, y de muchos de los cuales apenas se conocen más

versos que los impresos en las colecciones que de sus poesías se

formaron. Así, pues, dejando para los eruditos y bibliógrafos, que

tienen la envidiable suerte de poseer algún ejemplar de los hoy por

todo extremo raros libros dados á la estampa en el último tercio del

siglo XV y primero del XVI, en que aquéllas se encuentran, el que

saquen de la oscuridad en que yacen nombres tan del común de los

críticos ignorados como los de Alcañiz, Nájera, Cardona, Gamizo,

Llansol, Fira, Sent Climent, Villalba, Balaguer, Ausías de San Juan

y otros; ó algunos fragmentos todavía menos conocidos, de escasísimo

interés como obras de arte, hablaremos tan sólo, al igual que lo hemos

hecho en las anteriores reseñas, de los que, siendo tenidos por más

notables, caracterizan mejor aquel período literario en sus principales

manifestaciones religiosas y satíricas, ya porque son sin disputa las

que en él más dominan ó mayor importancia tienen, ya porque en la

expresión de los sentimientos amorosos, los que tales asuntos trataron

siguieron por lo común, con más ó menos fortuna, las huellas de su

modelo y maestro Ausías.

Figuran entre los primeros, ó sea entre los que trataron con

preferencia asuntos religiosos, Mossen Bernat Fenollar y el comendador

Mossen Juan Scribá, á quienes citamos juntos, como autores que fueron

de una composición de carácter místico, llena en ciertos trozos de

verdadero sentimiento, titulada: _Cobles de la passió de Jesuxristh,

fetes per Mossen Fenollar é per Mossen Johan Scrivá, cavaller,

contemplant en Jesus crucificat._ Es una obra poética de cuarenta y

seis estancias, de diez versos, dos de ellos quebrados, de las cuales

corresponden veinte y tres á cada uno de sus dos autores, llena de

notables conceptos y de elevadas y bellas imágenes con sencillez y

verdad expresados, en la cual tropieza á veces el lector con pasajes no

indignos de vates de más renombre que los nuestros. Sirvan de muestra

de su estilo y valor poético las siguientes estancias:

_Mossen Johan Scrivá._

O quant desecorda ab goig sens mesura

De robes stranyes la via cobrir,

Y tolreus ab ira aquell sens tristura

Tan digne vestir.

Per sorts declarant á qui deu venir!

O quant desacordent les flors y espines,

Y creu molt feixuga ab rams molt florits!

O quant desacordent sponja y metzines

Scarns y despits,

Aprés de grans festes, lionors y convits!

_Mossen Fenollar._

O quant fonch deixeble inich ab ultratje

Qui 'l Mestre vené per un tant baix for!

O quant fonch injust, cruel y salvatje

Qui sols per gran por

A mort jutjá 'l Rey qui nos dé son cor!

O trists y perversos! y com no pensaven

Punits de tal crim serían tots temps,

Quant per vos matar així navegaven

A veles é rems,

Que us feren de mort sentir los estrems.

_Mossen Fenollar._

O font abundant de tota bonea,

Qui pot sens dolor la mare pensar

Qui participant de vostre pobrea,

Res no us pogué dar,

Quant nu ab gran fret vos feu fort penar,

Majorment pensant lo quant vos podíeu

Usar de riquea é are us defuig;

Per darla á nosaltres rey pobre moríau,

Y aquella d'enuig

Tant richa y tant trista que tot be li fuig.

_Mossen Johan Scrivá._

De nostres pecats oh quanta esperansa

Nos causa, Senyor, lo gest que mostrau;

Lo cap inclinat es vera semblança

Que vos perdonau

Los mals que morint en creu reparau;

Los brasos teniu oberts que 'ns abrassen,

Las mans foradades per grans donatius,

Obert lo costat per tal qu' us portassen

Los morts é los vius

Amor que d' infern deslliura l's catius[47].

[47] _Jardinet d' Orats_, pág. 18 y siguientes.

Permítasenos indicar de paso, y como una prueba de la influencia

que iba ejerciendo en la nuestra la poesía castellana, á la cual

se franqueaba ya por entonces la entrada en los certámenes antes

mencionados, que Fenollar, al igual que otros poetas de su tiempo,

escribió algunas composiciones en el habla de Castilla.

Aunque nacido en Barcelona, por las relaciones amistosas que hubo

de tener con algunos poetas valencianos, nos permitiremos citar

entre los más notables cultivadores de la poesía religiosa al

comendador Miguel Stela, autor, entre otras obras de este género,

de una que titula: _Oració á Deu lo Pare, narrant tots los torments

que Jesuchrist te devant_, y de otra que denomina: _Comedia de la

sagrada passió de Jesuchrist_. La primera, en que va citando uno por

uno todos los objetos de la pasión del Señor, acompañado cada uno

de ellos de numerosos calificativos, las más de las veces sobrado

ingeniosos, no pocos rebuscados y traidos de muy lejos, adolece de

falta de sentimiento y de sobra de estudio. Sin embargo, no creeríamos

equivocarnos suponiendo que debió ser de las más estimadas de sus

contemporáneos, por todo extremo aficionados á los conceptos sutiles,

que preferían á los afectos tiernos, y que más estimaban al poeta por

lo que con trabajo pensaba que por lo que con verdad sentía. Hé aquí la

invocacion que hace á la Santa Cruz:

Nau de Nohé hont se salvá natura,

Leny arborat en lo baix paradís,

Temple de pau, divinal alogís,

Sant estandart de la eternal pastura,

Fust adorat de latria complida,

Pal hont penjá la serp lo gran Juheu,

Lit sangonós hont penjá home-Deu,

Fértil palmer, famós arbre de vida,

Salveu á mí sant porxe Siloé

Tu que salvist mos besavi Nohé.

En la que titula: _A la cara de Judas com besá á Jesús_, y en la

dirigida _Al gall_, la exageración de aquellos defectos llega hasta los

límites del ridículo[48].

[48] _Jardinet d' Orats_, pág. 36 y siguientes.

La segunda de las composiciones citadas está llena de unción religiosa,

y á no ser por los nombres mitológicos de Apolo, Febo, Diana y Plutón

que, si bien prueban la erudición mitológica del autor y la influencia

clásica que iba invadiendo, para después desviarlas de su natural

camino, las literaturas nacionales, están allí fuera de su sitio,

podría, dentro de las exigencias del gusto á la sazón dominante,

citarse como modelo entre las de su tiempo. Baste como muestra de su

estilo la siguiente estancia:

Rey est dels reys lançat á tota pena,

Sols, sens remey, d'espines coronat,

De cedre te un jou sobre la squena,

Desert d'amichs, dels seus desamparat,

Sceptre portant de amarga sepultura,

Lo rey Jesus nafrat de greu tristor,

A la mort vá ab la mortal dolor,

Dihent als seus lur gran desaventura

_Filiæ Jerusalem, nolite flere super me_, etc.[49].

[49] Ibid., pág. 44 y sigs.

Por los versos que cita el señor Ferrer de las varias composiciones

religiosas de Narciso Vinyoles, se nos figura que debió ocupar este

poeta uno de los primeros puestos entre los de su siglo que cultivaron

ese género, al par que por su fecundidad, por el mérito de sus obras.

Mas no habiendo podido disfrutar de la lectura de la inestimable joya

bibliográfica de _Les obres y les troves_, que fué el primer fruto que,

según la opinión más generalmente seguida, dió el invento de Gutenberg,

al tomar carta de naturaleza en España, nos hemos de referir al juicio

que de ellas han hecho los que han sido en esto más afortunados que

nosotros, y sobre todo al que hace dicho señor Ferrer y Bigné en su

curiosa _Reseña_ tantas veces mencionada.

Aunque reconocemos y confesamos con el señor Milá que la poesía

religiosa no se elevó en nuestra literatura al ideal del género, ¿no

podríamos gloriarnos, dada la bondad de alguna de las composiciones

antes citadas de Corella y de Romeu Llull, de las obras que acabamos de

indicar, de muchas otras de igual índole de un gran número de poetas

valencianos y catalanes, que dejamos de mencionar por no pecar de

difusos; y sobre todo, tomando en cuenta el sobresaliente mérito del

canto espiritual de Ausías March, no podríamos gloriarnos, repetiremos,

que nuestra poesía sagrada, si no está por cima, compite por lo menos

en abundancia y en precio con la de igual género de la literatura

castellana?

Más que la poesía religiosa sirven, no obstante, para caracterizar y

dar especial sello á la escuela poética catalana de la segunda mitad

del siglo XV las composiciones satíricas, ó por mejor decir, las que,

inspirándose en asuntos baladíes, y que no son ni podrán ser jamás

fuentes de elevada inspiración, verdaderos juegos de concepto, no menos

que los de palabra desprovistos de valor estético, tienden naturalmente

y casi diríamos por necesidad á la sátira, como elemento que contribuye

á darle el interés y la importancia de que por sí mismas carecen.

Por la mucha que, sobre todo en Valencia, se dió á ese linaje de

composiciones, fué principalmente por lo que calificamos de período de

decadencia el que estamos reseñando.

Los poetas ya citados, á los cuales debemos añadir Jaime Gazull, Mossen

Johan Vidal, Moreno, Verdanja, Vilaespinosa y el más renombrado de

todos, Jaime Roig, son los principales cultivadores de dicho género. La

mayor parte de las veces toman sus composiciones la forma de coloquio ó

cuestión, y en este caso recuerdan las _tenzos ó jochs partits_ de la

poesía provenzal, indicio y nueva prueba de que estaba todavía vivo,

siquiera en la memoria de los poetas, el recuerdo de aquella poesía.

De este número son la _Questió sobre el Beure_, _Grat_, _Entendre et

Voluntat_, _moguda per Mossen Fenollar_, _prebere_, _á Mossen Johan

Vidal_, _prebere_, _á en Verdanja é á en Vilaespinosa_, _notaris_,

_la qual questió es disputada per tots per Miguel Stela_, que puede

leerse en el ya citado fragmento publicado por el señor Briz del

_Jardinet d'orats_; otra obra de autor no conocido, que se halla en la

parte no dada á luz de aquel códice, que tiene por título: _Colloqui

ó rahonament fet entre dues dames, la una dama casada y l'altra de

condició beata, al qual colloqui se aplica un altra dama vidua_, etc.,

escrita contra las mujeres; y el _Procés de les olives é disputa dels

joves é dels vells_, en el cual entran como interlocutores los ya

citados Moreno y Gazull, los cuales toman la defensa de los viejos, y

Fenollar, que se constituye en patrono de los jóvenes, composición esta

última de carácter marcadamente satírico.

Forman, en fin, un grupo aparte, por todo extremo importante por la

mayor fama de que gozan sus obras, sobre todo la última de ellas, la

titulada: _La brama dels llauradors del orta de Valencia, Lo somni de

Johan_, ambas del mencionado Jaime Gazull, y _Lo llibre de les dones

ó dels concells_ de Jaime Roig. La primera de dichas obras tiene

importancia bajo el punto de vista filológico, en cuanto se refiere á

la viciosa manera de hablar de los labradores, con palabras algún tanto

equívocas. Considérase la segunda con razón como una continuación ó

complemento del _Procés de les olives_, después del cual se encuentra

por lo común impreso, y es también, al igual que éste, una especie de

proceso donde las mujeres, blanco de las burlas del poeta, descontentas

de la preferencia dada en el _Proceso_ á los viejos sobre los jóvenes,

nombran por abogado y procurador á los poetas de aquel tiempo Micer

Artés y Despí, y por juez á la diosa Venus. Está escrita igualmente

en la forma llamada _codolada_[50], ó sean versos de nueve sílabas

con piés quebrados de cinco, que es la comunmente usada en las

composiciones de aquel género, como puede verse en la siguiente muestra

sacada de dicha obra:

Puig sabeu quant es cosa certa

Elles ab elles

Y mes si son totes femelles,

Tantost hi son

Volen parlar de tot lo mon:

En tot se meten;

Y si callau, vos acometen

Per traure noves,

Y tost temps fant contras y probes

Sobre tothom, etc.[51].

[50] Acerca del origen y significado de esta palabra y de las

varias composiciones que llevan este nombre, en especial en

nuestra literatura, véase la erudita monografía publicada por el

señor Milá en la _Revista de lenguas romanas_, titulada _Poetas

catalans_, etc.

[51] _Milá._ Ibid., pág. 56.

Si los poetas de que llevamos hecha mención hasta ahora se contentaron

con asestar algunos alfilerazos á las mujeres,—no pocos de los cuales,

sin embargo, debían penetrar muy adentro en sus carnes, tan pesada era

su mano,—al llegar su turno á Roig, de quien vamos á tratar brevemente,

ya no fueron pinchazos de alfiler, sinó heridas de flechas, y de

flechas envenenadas, las que hubieron de sufrir en su honra y en su

fama.

No sabemos de culto alguno en el cual la deidad que es objeto de él

no reciba exclusivamente de sus adoradores, ó el humo de las víctimas

quemadas en sus aras, ó los olores del incienso; nunca sus insultos.

Únicamente á la mujer ofrecen los poetas encomiadores suyos con harta

frecuencia el perfume de la alabanza con una mano y con otra el sucio

vapor de la calumnia, y si la ponen un día sobre las estrellas, la

arrastran otro por el barro. ¿Cuántos de sus más entusiastas adoradores

pudiéramos citar que, después de haber sembrado de flores el camino

de la existencia de la que había sido su dama, y de haberla tejido

esplendentísima guirnalda de encomios, han escupido luégo su semblante

y manchado su fama por el más leve motivo á veces, sin causa las más y

acaso por seguir las corrientes de la moda?

Y sin salirnos del campo de nuestras literaturas, ¿quién podría

contar las poesías, y en cada una de ellas los denuestos contra la

más interesante y hermosa porción del linaje humano, que se han

escrito desde que el provenzal Marcabrús, á quien su biógrafo califica

de «maldicens e que dis mal de las femnas e de amor», y Serverí de

Gerona y el Monje de Montaudón y otros cien trovadores lanzaron contra

ellas sus violentos y libres serventesios, hasta que Pedro Serafí,

el último de los poetas de la antigua escuela catalana, las puso en

ridículo en su sátira contra el matrimonio; sin que podamos presentar

como una honrosa excepción de la común costumbre de ofenderlas en su

reputación, ni siquiera al amante de Teresa, ya que en tres ó cuatro

cantos suyos, apartándose de sus usados tema y estilo, les echa en cara

sus habituales infidelidades, y llega á tratar á alguna de ellas con

sobrado duros y poco decentes calificativos?

Y volviendo, después de esta ligera digresión, á nuestro asunto,

sálenos al paso el ya citado Jaime Roig, quien en la desnudez de la

expresión deja atrás á todos sus contemporáneos en decir mal de las

mujeres.

Son muy conocidas las noticias biográficas que acerca del primero

de nuestros satíricos y famoso médico de doña María, la discreta y

prudente esposa de Alfonso V de Aragón, han visto la luz pública,

para que debamos reproducirlas en este trabajo. Que llegó á una edad

avanzadísima, más de la que se necesita para tener experiencia sobrada

de los hombres y de las cosas y para llevar al sepulcro copiosísimos

desengaños; que pasó por todos los estados de la vida y pudo conocerlos

muy bien todos para describirlos; que le llamaba su natural inclinación

á ver las cosas por su aspecto risible más que por el grave, lo saben

cuantos han oido hablar de él y de la principal de sus obras.

_Lo llibre de les dones ó dels concells_ es la de más extensión de las

de su género que posee nuestra literatura, pues se cuentan en ella más

de doce mil versos; y si bien éstos son tan sólo de cinco sílabas,

resulta no obstante sobrado difusa por la excesiva abundancia de

aquéllos, y por su disposición en pareados por demás monótona.

Partiendo de la cristiana y provechosa máxima de que la mejor de las

obras de misericordia es enseñar y dar buenos ejemplos á la inexperta y

poco avisada juventud, él, que se reconoce ya viejo y que además vive

alejado del mundo, cree deber emprender la composición de su obra, si

bien principalmente para uso de su amado sobrino Baltasar Bou, con el

deseo también de que los jóvenes y hasta no pocos viejos no se abrasen

como incautas mariposas en la amorosa llama. Roig finge ser él mismo el

héroe de su poema satírico, que divide en un prefacio y cuatro libros,

y aquél y éstos á su vez en cuatro partes. De aquella circunstancia

saca el señor Milá motivo para considerar dicho poema como la obra que

dió el plan y abrió camino á una nueva especie de ellas, que lograron

después excesiva boga en las letras castellanas, ó sea, á la novela

picaresca, género de suyo harto escabroso y expuesto á caidas, en que

ejercitaron no obstante su pluma ingenios tan sobresalientes como

Mendoza, Cervantes y Quevedo.

«Roig, ha dicho de él nuestro eminente crítico, es poeta satírico de

mucho valer y uno de los pocos que acertó á percibir con claridad y

apropiarse nuevos aspectos de la naturaleza, y que supo además usar

con provecho de esa cualidad, gracias al donaire y abundancia de su

expresión. Hásele acusado de exceso de erudición; mas este defecto,

que es común á todos los poetas de su tiempo, no se repara ó se repara

muy poco en su libro, y los que se han tomado por vocablos eruditos

son palabras muy familiares y muy hijas de la tierra, que salen como

á chorro de su pluma, cuando se propone calificar ó describir.» El

principal y más reprensible defecto de su libro es la sobrada desnudez

de los cuadros y la libertad de expresión que lo afean, y que recuerdan

en más de un pasaje las que reinan en muchos _fabliaux_ franceses;

defecto que no bastan á cohonestar el fin que, como hemos indicado,

se propuso al escribirlo, y ni siquiera el que hubiese puesto como

epígrafe al mismo aquel versículo del Cantar de los Cantares: _Sicut

lilium inter spinas, sic amica mea inter filias_, como para dar á

entender que quería que refluyesen en honra y loa de la Virgen la

malicia y las malas artes que denunciaba de las demás mujeres.

Como una muestra de su estilo y de la naturalidad y gracia de sus

descripciones trasladaremos el siguiente pasaje en que pinta una

tertulia de su tiempo:

En casa mia

Sino junyien

O no corrien

Toros per festa,

Cascuna sesta

Fins llums enceses

Moltes enteses

(O s'ho cuidaven)

Les que filaven,

Com diu la gent,

Ab fust d'argent,

S' hi ajustaven.

També y cridaven

Jovens sabits

Ben escaltrits;

Llansats entr'elles

A coceguelles

Ells comensaven;

Puig salmejaven

De ses endresses,

Teles é peces

Que fan ordir

Ab bell mentir;

Puig una clama

L'altre disfama,

L'altre despita,

L'altre sospita,

Altre flastoma;

Conten prou broma,

Tot de mal dien

E y afegien

Ab molts envits

Dels llurs marits

E s'en burlaven.

Aprés jugaven:

«Voleu palleta?

Daume man dreta.

Qui te l'anell?

Do us est ramell.

Capsa 'b comandes,

Ab ses demandes,

Un arbre y cant

Ocell donant.»

Mes dir rahons

Desvarions

E marevelles

De cent novelles

E facecies

Filosofíes

Del gran Plató,

Tulli, Cató,

Dant, poesíes

E tragedies.

Tots altercaven

E disputaven;

Qui menys sabia

Mes hi mentia;

E tots parlaven

No s'escoltaven.

Aquellos acentos en que los poetas nombrados y otros de inferior

renombre habían exhalado con expresión más ó menos afortunada sus

sentimientos religiosos, ó dado acaso con sobrada libertad rienda

suelta á sus instintos satíricos; aquellas voces con las cuales se

mezclaban á veces los cantos impregnados de tristeza con que algunos

imitadores de March, y hasta los mismos poetas citados, cuando se

proponían seguir las huellas de éste, celebraban sus amores reales ó

fingidos; aquellas obras serias ó de burlas por cima de las cuales

asoman, por desgracia para las letras con escasa frecuencia,—ya que

nunca fué la _patria_, con perdón sea dicho, del señor Ferrer y

Bigné[52] fuente preferente de inspiración para nuestros antiguos

trovadores,—algún canto más varonil y digno de loa, por ser patriótico,

con que llora ó celebra algún otro poeta, ora la muerte del príncipe de

Viana[53], ora el sitio de Rodas[54], ya la toma de Constantinopla[55],

ya los hechos de armas del animoso Alfonso V; aquellos acentos,

aquellas voces, aquellos cantos, que se prolongan, aunque perdiéndose

de día en día, como ya en otra ocasión decíamos, hasta principios del

siglo XVI, son los postreros que exhala la escuela catalana, discípula

de la de Tolosa, hasta en las comarcas donde se había ostentado más

fecunda, ó sea en el reino de Valencia. Allí, mucho más pronto que

en nuestras tierras, la lengua de Castilla pasó á ser la de los

trovadores[56]; de tal suerte se adelantó en su cultivo, en daño

del habla catalana,—que fué alterándose allí más que en Cataluña y

Mallorca,—que ya al promediar aquella misma centuria, casi al propio

tiempo en que Lope de Rueda echaba los fundamentos del teatro nacional

en Sevilla, hacía Timoneda en Valencia sus primeros ensayos en el arte

dramático, que debían enriquecer pronto con sus obras el canónigo

Tárrega, Aguilar y otros ingenios contemporáneos del gran Lope de

Vega; y que ya en los mismos días en que florecía el poeta-librero,

Almudevar, al editar las obras de Roig y el _Procés de les olives_,

lamentábase, en un lenguaje que no distinguiría del que aquí en

las tierras catalanas se hablaba el gramático más perspicaz, de la

ingratitud de los que, olvidados de la leche que habían mamado, miraban

con desprecio las antiguas riquezas literarias de su patria, y salía

á la defensa de su idioma contra los que lo acusaban de pobre y frío,

siendo así, decía de él, que es muy abundante y muy gallardo[57].

[52] Termina este señor su erudita _Reseña histórico-crítica

sobre los poetas valencianos de los siglos_ XIII, XIV y XV,

con estas palabras: «.... podría deducirse (de su escrito)

con algún fundamento que el siglo XIII, época de conquista

personificada por el rey don Jaime, es el siglo en que los poetas

se inspiraron en la PATRIA; el siglo XIV, que termina con San

Vicente, es el siglo de la FE; y finalmente el siglo XV, edad de

oro de la literatura valenciana, enaltecida por Ausías March,

es el que completa el famoso y antiguo lema PATRIA, FIDES,

AMOR.» Prescindiendo de esta división, que hallamos por demás

sistemática y no muy ajustada á la verdad histórica, nos ha de

permitir el señor Ferrer que le advirtamos que aquel lema no

es _antiguo_, como él le llama, ni _histórico_, como con menos

fundamento todavía le apellida el señor Balaguer en su _Historia

política y literaria de los Trovadores_ (Tom. I, pág. 99). Y

como pudiera acontecer que, apoyándose en la autoridad suya y en

la de este último, una y otra muy respetables, otros escritores

siguiesen calificándole de igual suerte, y fuese generalizándose

la equivocada opinión,—que así es como nacen y se perpetúan los

errores en historia,—de que aquel lema fué el de los Consistorios

de Tolosa ó Barcelona, no creemos que tomen á mal ellos y cuantos

han calificado de antiguo y de histórico dicho lema, que les

digamos que éste fué ideado y por vez primera usado, junto con

su sello, por los Mantenedores del año de la restauración de los

Juegos Florales, al tener que inventar uno y otro para aquella

naciente institución, de la que tiene á grande honra haber sido

uno de los principales promovedores,—otro fué D. Antonio de

Bofarull,—el autor de este escrito.

[53] Fogassot y Guillén Gibert: _Diccionario de Autores

catalanes_.

[54] Francesch Farrer ó Ferrer.—MILÁ: _Resenya_, pág. 158.

[55] Un poeta desconocido—Ibid.

[56] El señor Ferrer se ve obligado á confesar, hablando de

Vinyoles, que se nota en él cierto desvío de la lengua materna.

Otro tanto podría decirse de algunos otros poetas de su tiempo.

[57] _Epístola proemial als lectors_, de la edición de 1561 de

las citadas obras, copiada por el señor Cerdá y Rico en sus

_Notas al Canto del Turia_, pág. 423 y siguientes.

Por fortuna, á aquellos acentos y á aquellos cantos, hoy de pocos

conocidos y de menos estudiados, sobrevivieron los de Ausías March, que

fueron para los poetas valencianos de los pasados siglos, como lo son

para los del presente, cual la sagrada llama que, viviendo, hace que

viva y arda en el pecho de aquéllos y de éstos el amor á su antigua

poesía.

Ausías March sobrevivió á la antigua escuela catalana, como sobrevivirá

á la desaparición,—que retarde Dios muchos siglos,—de la lengua

catalana como lengua hablada, al igual que han sobrevivido Virgilio y

Horacio al rico idioma de los habitantes del antiguo Lacio. Los que

habían sido sus compañeros ó sus discípulos en vida y que habían gozado

del privilegio de leer sus valientes _estramps_ y sus melancólicas

_esparsas_, en copias sueltas, que debían multiplicarse prodigiosamente

al pasar de mano en mano, al cabo de pocos años podían disfrutar ya del

placer de verlas reunidas en más ó menos lujosos manuscritos. Dudamos

que de ningún otro poeta se hicieran más colecciones de sus versos que

de los del amante de Teresa. De ellos, que sepamos, existen códices en

la biblioteca del Rey, del duque de Medinaceli, de Valencia; dos copias

más modernas, hechas en 1541 y 1542 por Pedro Vilasaló, una de las

cuales existía en poder de Mr. Tastú, de quien sabemos por su hijo que

tenía reunido abundantes materiales para hacer una nueva edición de sus

poesías, y otra, según Perez Bayer, en la biblioteca Escurialense[58].

Hállanse además continuadas sus obras poéticas, en todo ó en parte,

en los Cancioneros de Paris, en el de Zaragoza, y en el que posee

entre sus preciosas curiosidades bibliográficas el señor don Mariano

Aguiló. Más tarde, 1546, fueron otra vez compiladas las obras de Ausías

March en un manuscrito, ordenado, según advierte don Luís Carroz en un

prólogo puesto al frente del mismo, en vista de varios antiguos códices

y de las dos ediciones hechas en Barcelona en 1543 y 1545.

[58] Lo menciona Torres Amat en su _Diccionario de Autores

catalanes_, artículo _March_ (Ausías).

Existen varias versiones de nuestro poeta, unas que han visto la luz

pública, si bien son rarísimas las ediciones donde se encuentran, otras

dos que permanecen todavía inéditas, y algunas de las cuales ignórase

el paradero. Es para nosotros la primera la del famosísimo humanista

valenciano Vicente Mariner, quien transformó los cantos de amor de

Ausías en elegantes y fáciles elegías latinas[59]. Esta versión fué

dada á la estampa en Tournay en 1633 en 8.º por Luís Pillhet, con

otras obras en prosa y verso del mismo traductor. El original de dicha

versión, junto con otros escritos del citado humanista, existe en la

Biblioteca Nacional de Madrid, rotulado con la signatura F. f. 59. Como

la edición de la traducción de Mariner es por todo extremo rara, hemos

creido que nos agradecerían nuestros lectores que les diésemos, como en

efecto lo hacemos, alguna muestra de ella. Véase el apéndice núm. 4.

[59] El señor don Marcelino Menéndez Pelayo asegura en el

_Discurso_ que pronunció en el ejercicio 2.º de sus oposiciones,

que el Brocense tuvo el pensamiento de traducir á Ausías March.

Ignoramos de dónde tomó este dato.

Trasladaron, aunque no con grande acierto, los versos de Ausías á la

lengua de Castilla Baltasar de Romaní, y más adelante el conocido poeta

y novelista Jorge de Montemayor. La versión del primero, que contiene

los cantos de muerte y los morales y el espiritual, y únicamente veinte

y seis de los de amor, sin duda porque no contenía más el códice que,

según él mismo dice, halló entre los papeles de su casa, fué impresa

en Valencia por Juan Navarro en 1539. Si bien es una de las cuatro

ediciones que tenemos á la vista al escribir este trabajo, excusamos

dar su descripción, por cuanto pueden hallarla nuestros lectores, con

grande inteligencia y exactitud hecha, en el _Catálogo de la Biblioteca

Salvá_. Considérase con razón la traducción de Romaní muy inferior á la

del autor de la Diana, ya por no haber comprendido siempre el sentido

del original, ya por haberse querido ajustar demasiado á él cuando

le pareció posible hacerlo, con grave perjuicio de la armonía de los

versos y especial medida de la lengua de Castilla. La traducción de

Montemayor, que únicamente contiene la que él llamó primera parte, ó

sea los cantos de amor, debió darse á la estampa en 1560. Si bien ésta

es más estimada por los inteligentes que la de Romaní, peca en algunas

ocasiones de sobrado libre y en otras de inexacta.

Juan Pujol, presbítero de Mataró, poeta que floreció á últimos del

siglo XVI, que compuso un poema _A la batalla de Lepant_, y á quien

debemos colocar entre los admiradores é imitadores de Ausías March,

como lo prueban las _Glosas_ que compuso á varios de los cantos de

éste, escribió, con el título de _Visió en somni_, una composición

en que supone que se le aparece aquel poeta, quien con grande enojo

y por muy áspera manera se queja de los que le han traducido sin

comprenderle, y por lo tanto de Montemayor y de Romaní; pero mucho más

ásperamente de éste, ya que como valenciano estaba más en situación de

interpretar sus pensamientos; haciendo en cambio grandes elogios del

catalán Luís Juan Vileta, traductor también de Ramon Llull, del cual

dice que «solo entre ciento es quien

Reny lo qui reny y grunya lo qui grunya

Qui sens dubtar ell vuy en Catalunya

Mos dits entent del tot y sens fallir[60].»

[60] _Diccionario de Autores catalanes_, artículo Pujol (Juan).

Si no fuesen apasionadas las alabanzas de Pujol, mucho sería de sentir

la pérdida de esta versión, que es una de las dos á que antes nos

referíamos, que no fueron dadas á la estampa. Es la otra la que cita

Mayans, escrita en octava rima por el doctor don Narciso Arañó y Oñate,

beneficiado en la iglesia de San Miguel de Valencia, y que poseyó en

su rica y escogida librería aquel diligente y docto investigador de

nuestras riquezas literarias.

Respecto á las ediciones de las obras de nuestro poeta, nos limitaremos

á indicarlas, remitiendo para mayores datos á nuestros lectores al

citado _Catálogo de Salvá_ y á los biógrafos Rodríguez, Fuster y

Jimeno; y son la ya mencionada de 1539[61] en los llamados caracteres

góticos; otra del mismo año y de la misma ciudad, citada por Rodríguez

en su _Biblioteca valenciana_, pero de cuya existencia dudan Salvá

y otros bibliófilos, no menos que él renombrados y eruditos; dos de

Barcelona, salidas de las prensas de Carlos Amorós, una de 1543 y la

segunda de 1545; otra de Valladolid del año 1555; otra impresa por

Claudio Bornat, también de Barcelona, en 1560, que pasa por la más

correcta; la que se tiene por la primera edición de la versión de

Montemayor, dada á la estampa, según cree el señor Salvá, en el mismo

año de 1560; á la cual sigue, según algunos bibliófilos, otra de

Zaragoza de 1562; y por fin la de Madrid de 1579, en la cual se dieron

por segunda vez á luz las versiones en ella reunidas de aquel poeta y

de Romaní. En 1864 el señor Briz, á quien tanto deben las letras y la

poesía catalanas, dió á la estampa en Barcelona una nueva edición de

las obras del elegantísimo y sutil poeta, con variantes sacadas de las

diferentes ediciones que para editarla tuvo á la vista, enriquecida

con un fragmento que contiene varios cantos de la versión de Jorge de

Montemayor y el _Vocabulario de voces oscuras_, publicado en la edición

de Valladolid por Juan de Besa.

[61] Del documento antes de ahora no publicado que trasladamos de

una copia que nos ha sido comunicada por don Manuel de Bofarull

en el apéndice núm. 5, se colige que se proyectó por un tal

Luís Pedrol hacer una edición de las obras de Ausías March, que

hubiera sido, si se hubiese realizado, la primera de todas y por

lo tanto anterior á la de 1539.

* * * * *

Hemos llegado al término de nuestra tarea. Al Jurado que ha de

juzgarnos y después de él al público, si es que algún día damos á la

imprenta este trabajo, que ha de confirmar su fallo, corresponden

resolver si le hemos desempeñado ó no con acierto. Acaso al acometerlo

contamos sobrado con nuestras fuerzas, ó nos hicimos la ilusión de que

no sería de tan difícil ejecución como vimos que en efecto lo era,

una vez pusimos en él nuestra mente y nuestra mano. Mas si pudimos

engañarnos en eso, no nos aconteció lo mismo respecto del tiempo que

se nos daba para llevarlo á cabo, que le tuvimos desde luégo por muy

escaso, si el mérito de la labor había de corresponder á la alteza y á

lo difícil del sujeto. Y sin embargo, de mucho menos aún del que se nos

concedía hemos podido disfrutar para componerlo: y si bien ya sabemos

que esta circunstancia, puramente personal, no ha de ser tomada en

cuenta para atenuar la severidad del fallo y hacer que se incline en

nuestro favor la vara de la justicia, la invocamos aquí y la hacemos

pública para tranquilizar nuestra conciencia, y para descargo ante el

público de nuestra pobre reputación como escritores.

Mucho desconfiamos de que nuestro humilde escrito alcance la joya

ofrecida como premio. Pero de todas maneras tendremos motivo de

felicitarnos de haberlo emprendido, porque á medida que íbamos

adelantando en él, íbamos al propio tiempo estimando más al poeta y

las obras objeto del mismo. Antes amábamos ya á Ausías March y le

teníamos por el Príncipe de nuestros trovadores: hoy sentimos por él

un verdadero entusiasmo y le ponemos por cima de todos los poetas

líricos, propios y extraños, que florecieron en el siglo XV. Por

esto, si tuviésemos esperanza de que nuestra voz, á la cual sentimos

en este momento que le falte la autoridad que da un preclaro ingenio,

ó un nacimiento menos humilde que el nuestro, pudiese ser oida de

los poetas valencianos, les pediríamos la realización de dos grandes

hechos que enaltecería por todo extremo á su patria y á ellos, á saber:

primero que interpusieran su poderoso valimiento para lograr de sus

corporaciones populares la realización del laudable propósito que

se concibió hace algunos años, y que ignoramos por qué motivo no se

llevó á cabo, de hacer una edición monumental de las obras de su gran

trovador; y en segundo lugar, y para honrar dignamente por su parte

la memoria de éste, que restaurasen su habla literaria, purificándola

y templándola en las abundantes y cristalinas fuentes del idioma de

Ausías y de sus mejores poetas de los siglos XV y parte del XVI; única

manera, á nuestro modo de ver, de evitar que llegue más pronto de lo

que ellos quisieran el triste día en que digan los hijos de su país:

«no leemos las obras de nuestro gran poeta, porque están escritas en

una lengua para nosotros muerta.» La edición de las poesías de Ausías

March sería un monumento destinado á dilatar su fama; la restauración

de la lengua literaria en que escribió él sus versos sería el medio de

que jamás desapareciese de la memoria de los hombres.

Ausías March y su época · 第 17 / 25 题