Bondat, virtut han perduda sa rassa,
Cossos humans han molt disminuit:
Deu es per nos mal honrat é servit
E ja la mort pus estret nos abrassa;
y deduce de ello que
Foll es aquell que no imaginava
Que fallirem, puig fall ço per que som,
Si com decau la rama é lo pom
Si la rahel del arbre hom tallava.
Cant moral V.—_Yo crit lo bé_, etc.
¡Qué extraño, pues, que al presentarse ante sus ojos el triste cuadro
de enfermedades morales que ofrecía la sociedad de su tiempo, y no
viendo remedio á ellos en lo humano, rompiese indignado en este
enérgico y doloroso apóstrofe!
Yo 'sguart lo cel é no veig venir flames
Per abrasar la sodomita secta.
Hon es lo temps que tu prenias venja
De tots aquells que natura greujaven?
Mire lo cel quant plourá la justicia
Que 'n temps passat entre nos habitava,
E no veig res que d' aquest loch devalle;
En té roman tot quant de tu s' espera.
O senyor Deu, e quant será que 't mostres?
Ja tarda molt com del mal hom no 't venges.
Yo so ben cert qu' aprés la mort l' esperes,
Mes en lo mon be 'm sembla que 't mostrasses.
Vulles haver pietat del teu poble;
Puneix aquells sehents alts en cadira
Qui del Anyell volen la carn e lana
E son contents que feres lo devoren.
Cant moral X.—_Qui de per si_, etc.
¡Qué extraño que al ver tan extendida la corrupción de costumbres,
hasta el punto de que no haya quien tenga derecho de censurar á los
demás, crea que si hay alguno que sea excepción á lo que los otros
practican, éste no rompa la regla general, de la misma manera que
Un oronel l'estiu no denuncia!
Permítasenos que además de estas citas, y á fin de que nuestros
lectores puedan formarse un más cabal y exacto concepto del carácter y
del tono que reinan en los cantos en que nos ocupamos, transcribamos
algunas estancias de aquel en que trata de la fuerza de la voluntad y
del menosprecio de la muerte, que, con ser de los más cortos, es sin
disputa, á juicio de nuestro amigo el Sr. Milá, uno de los más notables
de esta parte de sus obras:
Por de pijor á molts fa pendre mort
Per'esquivar mal esdevenidor,
Si bé la mort resembla cas pijor,
Cell qui la pren la té per bona sort:
E de'açó Cató mostra camí
E li mes nom us de la libertat,
Car de tots als pot esser l'hom forçat
Sino en morir qu'es en nostre juhi.
Algú la pren e reb nom de mesquí
Fugint perill qui l'es devant posat;
Altre será de cor nobl' animat
Que vol morir per la valor de sí.
Venint en mans d'enemich seu potent
Sobrat lo cors guerrej' ab lo voler;
De vencedor encara 's veu poder
Vol perdre 'l cors per l'esperit vencent...
...........................................
Alguns passats que voluntat iniqua
Los feu morir ó l'opinió vana,
Aquets no llou, mes les de pensa sana
Volent morir per fer llur arma rica.
Perdent un poch per l' infinit atendre,
Guanyant lo goig qu' al Fill de Deu acosta;
Gran es lo bé segons aquesta costa
Que per la mort de tal hom s' hagues vendre.
Cant VII.—_Por de pijor_, etc.
Renunciamos á analizar el canto espiritual. Pretender hacerlo valdría
tanto, á nuestro modo de ver, como querer contar los granos de incienso
que entraran á formar parte de cada uno de los tenues retazos de
vapor de que se compone la ligera nube que sale de un incensario, y
analizar el perfume que de ella se exhala. No sabríamos cómo dar una
idea aproximada de él, sinó comparándolo con la guirnalda de escogidas
flores con que ciñe la devoción la imagen de un santo. Por la energía
y grandeza de sus conceptos, por el sabor verdaderamente religioso y
hasta místico, que en él reina á trechos y por la espontaneidad de la
expresión, más feliz por ventura que en ningún otro de los cantos en
_estramps_ que tiene nuestro poeta, consideramos el espiritual como
su obra más bella é inspirada. Hé aquí algunas de sus más notables
estancias:
Puig que sens tu algú á tu no basta
Dónam la má ó pels cabells me lleva,
Sino estench la mia vers la tua
Quasi forçat á tu mateix me tira.
Yo vull anar envers tu al encontre:
No sé perqué no faç lo que volría,
E no sé qué aquest voler empacha
Puig yo so cert haver voluntat franca.
Llevar mi vull e prou no mi esforçe;
Çó fá lo pes de mas terribles colpes;
Ans que la mort lo procés á mi cloga
Placia't Deu, puig teu vull ser, que'm vullas.
Fer que ta sanch mon cor dur amollexca,
De semblant mal guarí ella molts altres;
Ya lo tardar ta ira 'm denuncia;
Ta pietat no trob en mi que obre.
No te repós qui en altra fi guarda
Car en res als lo voler no reposa;
Çó fent cascú, é no hi cal subtilesa,
Que fora tu lo voler no s' atura.
Si com los rius á la mar tots acorren,
Aixis les fins totes en tu se'n entren;
Puig te conech esforçam que yo t'ame;
Vença l'amor á la port que yo't porte.
Qual será 'l jorn que la mort yo no tema
E será quant de t'amor yo m' inflame,
E no 's pot fer sens menyspreu de la vida,
E que per tu aquella jo menysprehe.
Llá donchs serán jus mi totes les coses
Que de present me veig sobre los muscles:
Lo qui no tem del fer leó les ungles
Molt menys tembrá lo fibló de la vespa.
O quant será que regaré les galtes
D'aigua de plor ab les llágrimes dolses:
Contrició es la font d'hont emanen,
Aquell es clau que 'l cel tancat nos obre.
D'atricció parteixen les amargues
Perqué en temor més qu'en amor se funden,
Mas tals quals son d'aquestes m'abunda,
Puig son camí é via per les altres.
Cant espiritual.
Después de lo que llevamos dicho de Ausías como hombre y como poeta;
después de los muchos versos suyos que hemos transcrito, ¿qué
podríamos añadir acerca de las cualidades artísticas de que estaba
aquél tan ricamente dotado, y que tan bella y ostensiblemente se
revelan en éstos? El señor Milá, á quien nadie acusará de que se deje
llevar en sus juicios críticos ni por entusiasmos ni por antipatías
convencionales, ni por las corrientes de las modas,—que las hay por
desgracia en los gustos y en las teorías estéticas, como en los
trajes;—el señor Milá, que califica á March de notable personalidad
poética, dice de él «que le singulariza el especial acento de verdad
que se manifiesta en sus obras, las cuales nos revelan con viveza
grande y sin fingimiento cuanto él sentía, fuese bueno ó malo... Era,
añade, muy hijo de su tiempo, pero á la manera que serlo suelen los
grandes hombres, es á saber, como norma y excepción del mismo. No es
un poeta completo, pero sí grande, y pocos habrá de quienes puedan
recordarse pasajes tan bellos y tan elevados conceptos. Sobresaliente
en la parte intelectual y afectiva, fáltale únicamente,—nosotros nos
atreveríamos á limitar algún tanto lo demasiado absoluto de este
juicio,—la fantasía inventiva, que convierte en un nuevo sér poético
cada objeto representado ó cada situación del ánimo, sin que deje por
esto de acercarse mucho á aquella soberana perfección que únicamente
alcanzan del todo la natural inspiración ó el arte más exquisito. Ni
mengua su valor el que como obra poética deje algo que desear la suya,
ya que cuando hace que se exhalen ciertas voces de lo íntimo de su
corazón, no le es dado entonces al lector acordarse de nada más y queda
como preso y esclavo suyo.»
No se le escapa al señor Milá el defecto de la oscuridad que en sus
versos se nota, y que fué considerado como primor de no escaso valer
por sus antiguos admiradores; «oscuridad que procede en parte, dice, de
que quería adelgazar demasiado la materia, pensar por sí mismo, y decir
lo que otros no habían sentido ni expresado;» y en parte, añadiremos
nosotros, además de lo arcaico del lenguaje, de lo violento y desusado
de sus giros, efecto de la dificultad que al parecer experimentaba
á veces en encerrar el concepto en el estrecho molde de su estilo,
por demás conciso y epigramático, y en la forma harto difícil de sus
estancias. Y esa oscuridad es, á nuestro juicio, la principal causa
de que no sea hoy Ausías tan leido y estimado como merece serlo. Sin
embargo, cuando se ha logrado rasgar el velo que por las indicadas
causas envuelve á veces con sus pliegues algunos de sus versos,
entonces aparece tal cual es, ó sea verdadero poeta, y el trabajo que
se ha empleado en desenmarañar el sentido de su frase queda con creces
compensado con el placer que se experimenta al comprenderle.
Mucho dudamos que pueda hallarse un poeta más subjetivo; un poeta que,
siendo menos plástico, haya sido no obstante más que él aficionado á
convertir sus ideas en imágenes, y por lo tanto á personificaciones
y semejanzas. ¿Sería que se sintiese como obligado, más que otros,
á acudir á ellas por la necesidad de explicar sus conceptos, por lo
común abstractos y de suyo oscuros? Así lo creemos. Mas ora fuese éste
el motivo, ora efecto de riqueza de imaginación, ello es que sus
estancias están como matizadas de comparaciones, unas veces, y son las
menos, sacadas de los objetos de la naturaleza, y otras, y con más
frecuencia, de las ocupaciones y de los mismos afectos humanos, cual
si creyese,—como discretamente observa el señor Quadrado,—que sólo el
hombre puede explicar al hombre. Fácil nos sería formar un escogido y
primoroso ramillete de ellas con trasladar aquí algunas de las que se
encuentran esparcidas en sus cantos; mas creemos que con las que se
leen en los fragmentos citados las tendrán nuestros lectores de sobras
para apreciar la índole y riqueza de las mismas, á las cuales dan, á
nuestro modo de ver, más realce y mayor energía la manera especial y
casi siempre idéntica de expresarlas. Dejemos á los descontentadizos y
severos Aristarcos, que para andar á caza de defectos pasan no pocas
veces distraídos ó mal humorados por delante de grandes bellezas, la
poco grata tarea de ir apuntando uno á uno los lunares que afean de
vez en cuando las obras de nuestro gran trovador, acá sorprendiendo
un verso duro y poco armonioso; señalando más allá alguna estancia
prosaica; en un punto notando un giro violento y que no disculpa la
libertad de la hipérbaton, en otros indicando algunas rimas imperfectas
y poco variadas. Nosotros preferimos gozar en la blancura del lirio y
en la fragancia del clavel, más que detenernos en señalar el grano de
sucio polvo que habrá arrojado sobre ellos al pasar el viento. No todos
los corazones son capaces de comprender, ni todas las inteligencias
de apreciar las bellezas de sentimiento ó de concepto que derrama el
artista en su obra, y es deber del crítico hacerlas resaltar para que
sean más estimadas, por igual modo que el inteligente en pinturas pone
á buena luz los cuadros de los grandes maestros para que brillen más y
mejor se pueda gozar de sus primores. Bastan para descubrir los lunares
de forma que puedan afear una obra del humano ingenio la vista menos
ejercitada y una mente no educada en las enseñanzas estéticas; para
poder juzgar con acierto á poetas como Ausías March, lo hemos dicho
antes de ahora, es preciso ser capaz de sentir lo que habían ellos
sentido y comprender lo que habían pensado.