Sens algun art exits d' hom fora seny,
deponga el que pretenda juzgarlos la inflexible regla y el riguroso
compás de la común crítica literaria, útiles á los más para poder
apreciar los lunares de expresión ó de forma métrica que deslucen
alguna que otra vez sus esparsas; tenga principalmente en cuenta que,
alejando, al igual de Horacio, al profano vulgo, ó sea á las ignorantes
muchedumbres que pasean los ojos indiferentes sobre los versos de los
poetas, como los niños sobre las flores de un jardín, tan sólo para
gozar un instante de sus perfumes y olvidarlos en seguida, nuestro
trovador invitaba únicamente á la lectura de sus cantos á los que
estaban tristes ó á los que hubiesen en algún tiempo experimentado los
graves deleites de la tristeza;
Qui no es trist de mos dictats no cur,
O 'n algun temps que sia trist estat;
ó bien á los que, sintiéndose enfermos de alguna pasión, buscasen en
dicha lectura su remedio:
E lo qui es de mals passionat
Per ferse trist no cerque loc secur;
Lisca mos dits mostrant pensa torbada.
Cant I.—_Qui no es trist_, etc.
Hase comparado Ausías March á Petrarca, y no han sido pocos los que
han creido haberle juzgado con añadir al nombre del amante de Laura el
epíteto de valenciano. Como es más fácil estimar las personas y las
cosas por su valor relativo que por el absoluto: como es por punto
general más claro y exacto todo juicio que resulta de la comparación
por semejanza ó por contraste de un objeto con otros de igual índole,
creemos que han de ganar nuestros lectores con que nos aventuremos
á formular el juicio que hagamos acerca del que es considerado como
el príncipe de nuestros trovadores, comparándole en algunos de sus
aspectos con el que lo fué de los líricos italianos.
Que existen algunas semejanzas entre nuestro poeta y Petrarca es un
hecho á todas luces evidente. Que se encuentran en las obras del
primero pensamientos y versos que hacen que sin querer se vengan á la
memoria otros parecidos del segundo, no hay quien, habiendo recorrido
las páginas de uno y otro, lo ignore. Pero que el trovador valenciano,
aprovechando la circunstancia casual de haberse enamorado, como
el italiano, en una iglesia el Viernes Santo, haya celebrado esta
circunstancia por igual manera y con palabras muy parecidas á las de
éste[43]; que haya destinado nuestro poeta algunos cantos á llorar
la pérdida de su amada, cual consagró aquél multitud de sonetos á la
muerte de la suya; y que un observador erudito y diligente versado
en la lectura de las obras de ambos ingenios pueda apuntar, como con
gran diligencia lo hizo el que fué nuestro amigo, señor Amador de los
Ríos, varios versos de March que pueden creerse inspirados por otros
del amante de Laura, no son, á nuestro parecer, fundamentos bastantes
para sobre ellos establecer la semejanza entre uno y otro ingenio, ni
deducir que fué el nuestro imitador del italiano.
[43] Recuérdense los versos que acerca de aquel hecho citamos
hace poco de Ausías, y compáreseles con los siguientes con que
refiere el principio de sus amores Petrarca:
Era 'l giorno ch' al sol si scoloraro
Per la pietá del suo Fattore i rai;
_Quant' i fui presso et non me ne guardai_
Que i be' vostri occhi Donna mi legaro,
Tempo non mi parea da por riparo
Contra colpi d' Amor, pero m' audai
Secur senza sospetto!.....
Soneto II.
Cuando de los pormenores en algunos hechos, puramente fortuitos,
relativos á la existencia de uno y otro poeta, y de algunas semejanzas,
que pueden ser las más de las veces casuales, que se encuentran en el
modo de manifestar idénticos afectos, pasamos á examinar cómo uno y
otro sintieron el amor y lo expresaron en sus versos, preséntanse á la
vista dos amantes, cada uno de los cuales se ha hecho de aquél un ídolo
especial y con diferentes atributos, y dos poetas que lo han expresado
por muy distinta manera y venerado con diverso culto.
Se ha calificado de platónico el amor puro, casto y respetuoso de
Petrarca á la esposa fiel y cariñosa de Hugo de Sade. El honor de
caballero y el respeto á la santidad del matrimonio por su parte, y por
parte de su querida sus deberes sagrados de esposa y su dignidad altiva
de mujer no le permitían tener otro. ¿Sería profanar los calificativos
llamar al de Ausías amor cristiano, ó si se quiere, y hasta cierto
punto, amor místico? Hé aquí cómo hablaba de él nuestro poeta:
Fantasiant amor á mi descobre
Los grans secrets qu' als pus subtils amaga,
E mon jorn clar al homes es nit fosca,
E visch d' açó que persones no tastan.
Tant en amor l' esperit meu contempla
Que par del tot fora del cos se aparte,
Car mes desigs no son trobats en home,
Si no en tal que la carn punt no 'l torbe.
Y de una manera más clara y expresiva en la siguiente esparsa:
Si com los sants sentints la lum divina
La lum del mon conegueren per ficta,
E menyspreant la gloria mundana
Puig major part de gloria sentien;
Tot en aixi tinch en menyspreu e fástig
Aquells desigs que complits amor minva,
Prenent aquells qui del esperit mouen
Qui no 's lassat ans tot jorn multiplica.
Cant XXI.—_Fantasiant_, etc.
Hé aquí por cuán discreta manera, hablando de las diferencias que
existen entre el lírico italiano y el valenciano, en quienes tanto
como dos hombres distintos cree ver dos muy diversos principios,
caracteriza Quadrado á uno y otro. «Petrarca, dice, considera el amor
en sus efectos; Ausías en su esencia y origen: el uno, distinguiéndolo
con dificultad de su amada, sólo lo considera encarnado en sus gentiles
miembros; el otro fija en él sus ojos de águila, sorprendiéndolo cara á
cara, sin forma alguna, en toda su abstracción: el nombre de Laura se
halla en cada verso de su poeta; Ausías una vez sola nombra á Teresa,
y áun se ignoraría que fuera ésta su dama, si no viniera á apoyarlo la
tradición: el amor de Petrarca tiene arco, venda y saetas; es todavía
el amor de Anacreonte, menos sus miradas lúbricas y lo voluble de sus
alas; no es el elemento de vida ó muerte, el sol resplandeciente ó la
llama infernal que alternativamente ilumina á nuestro trovador[44].»
Tan sólo una vez hace aparecer aquel amor Ausías en sus versos para
recordar que tiene flechas de oro, plata y plomo, y que después de
haber disparado en otros tiempos todas las de aquel primer metal, se
quedó una con que le hirió á él:
En aquell temps que primer d' aquest fou
Les fletxes d'or amor totes lançá
E desmembrat una s'en aturá
Ab que 'm ferí.....
Cant LXXII.—_O vos mesquins_, etc.
[44] Ausías March.—_Museo Balear_, 15 de Marzo de 1875; pág. 135.
En suma, el amor de Petrarca, aunque puro, parece detenerse en las
cualidades exteriores de su amada, tal es el placer que halla en
describirlas; mientras que el de Ausías sólo aspira á la voluntad
.....qui es en l'arma infinida,
lo cual hace que pueda jactarse de que
.....ço que 'm fa vos amar
No m'entra pas solament per la vista;
y decir á su querida,
Vostre esperit es aquell qui 'm conquista;
y exclamar en suma, ponderando acaso con exceso la pureza de su amor:
Si com Sant Pau Deu li sostregué l'arma
Del cors per que ves divinals misteris,
Car es lo cors del esperit lo carcer,
E tant com viu ab ell es en tenebra,
Axi amor l'esperit meu arrapa
E no hi acull gens maculada pensa,
E per ço sent lo delit que no's cansa,
Si que ma carn lo ver amor no'm torba.
_Fantasiant_, etc.
De esta diversa manera de comprender y sentir el amor los dos
poetas italiano y valenciano ha debido seguirse el diferente modo
de describirlo y expresarlo. Abrid por donde queráis las rimas del
Petrarca, y encontraréis apenas un soneto en que no os hable de
.....i capei d'oro a l' aura sparsi
Che 'n mille dolci nodi gli avolgea;
ó de
il lampeggiar del angelico viso,
ó bien
.....di quei begli occhi
(ove) il vago lume oltra misura ardea:
que no os diga una y otra vez que,
Non era l' andar suo cosa mortale,
Ma d' angelica forma, e le parole
Sonavan altro che pur voce humana:
que no os pondere por exagerado modo el tormento que le causa su velo,
más cruel para el que
Nebbia che 'l ciel cobra e 'l mondo bagni,
y que
.....due begli occhi adombra
E par che dica: Hor ti consuma et pagni;
ó que no recuerde
.....l'aura..... antica, e i dolci colli,
y las
vedove herbe..... et le torbide acque
E il voto e freddo nido in ch' ella giaque;
ó por último en que, confundiendo como en un sér, por la analogía de
los vocablos, el laurel (Lauro) y Laura, no ensalce á aquel árbol cual
pudiera ensalzar á su propia amada.
¡Si al menos se hubiese contentado con ponderar las cualidades físicas
de su ídolo; con cantar hasta las más insignificantes circunstancias y
pormenores de la historia de su amor, que duró de quince á veinte años;
con recordar los favores que de ella logró, y que fueron, á lo más,
hoy una palabra de amistad, otro día una mirada menos severa, el de
más allá un movimiento de ternura al separarse de ella! Pero Petrarca,
bien así como los artistas griegos que se complacían en levantar los
simulacros de sus dioses en el fondo de un solitario y frondoso valle,
ó en medio de una fértil y verde llanura limitada por encantadoras
perspectivas, ó en lo alto de un promontorio, á fin de que la hermosura
y grandiosidad del paisaje diese mayor realce á las de la estatua, por
igual manera gózase el amante de Laura en evocar á cada paso, como para
mejor describir las perfecciones de ésta, las más bellas imágenes del
mundo físico, ó sea las esplendentes auroras, las puestas de sol de
mil matices, los ríos que se deslizan suavemente murmurando entre los
álamos, los frondosos bosques, los escondidos y misteriosos valles,
lugares todos los más á propósito para murmurarse al oido palabras de
cariño los enamorados, y cuanto, en una palabra, parecía poder servir
de fondo al cuadro de sus amores, ó de expresión ó eco á los suspiros
suyos ó de su querida. Fijad, por el contrario, vuestros ojos en
cualquiera de las páginas de las obras del trovador valenciano, y de
seguro, aunque leáis todos sus versos no lograréis trazar en vuestra
fantasía ni siquiera la más vaga imagen de la mujer con tanta pasión
por él amada; ni acertaréis á adivinar si era en la ciudad ó en el
campo donde la veía y le pintaba el estado de su alma, tranquila y
placentera cuando en amoroso éxtasis contemplaba sus perfecciones
morales; agitada como mar tempestuoso cuando tenía que echarle en cara
ingratitudes ó desdenes.
No sabemos de ningún poeta que más reservado se haya mostrado en alabar
la hermosura del objeto de su amor. En una página de sus obras cabrían
los versos en que más ó menos indirectamente alude á las cualidades
físicas de aquella á quien, sin embargo, llamaba _bella ab bon seny_, y
_lir entre carts_ en muchas de las tornadas de sus cantos.
Hé aquí de cuán distinta manera que Petrarca alaba los ojos, el ademán
y la voz de la que ama:
Yo viu uns ulls haver tan gran potença
De dar dolor e prometre plaher,
Y esmaginant viu sus mi tal poder
Que 'n mon castell era esclau de remença.
Yo viu un gest é sentí una veu
D' un feble cos, e cuydara jurar
Qu' un home armat yo 'l fera congoxar
Sens romprem pel yo 'm so retut per seu.
Cant IV.—_Lo viscahí_, etc.
En cambio, y en esto se diferencia por todo extremo del amante
de Laura, loa repetidísimas veces, ya pondere su amor y celebre
esperanzas, ya llore olvidos ó lamente desprecios, el entendimiento de
aquella á quien llama con frecuencia _plena de seny_, como que era esta
la cualidad que en ella más estimaba.
Ausías March, que cree que nadie cual él conoce los secretos del amor,
y que afirma que éste se eclipsará cuando él muera,
Dels grans secrets puch ser Apocalipsi:
Yo defallint Amor fará eclipsi,
Cant XCII.—_Tot entenent_, etc.
pretende y repite en multitud de sus _esparsas_ que nadie en el mundo
ha sentido como él, ni cual él ha amado:
Callen aquells qui d' amor han parlat
E dels passats delint tots llurs escrits,
En mi pensant metenlos en oblits:
En mon esguart nengu es namorat;
ya que es de tal índole y tan sin esperanza el dolor que le atormenta,
que Dios lo reservó tan sólo para los condenados y para los que mueren
sin esperanza:
Per als damnats nostre Deu la (passió) retench,
Sols per aquells qui moren sens esper;
Cant XLII.—_Callen aquells_, etc.
y tales son sus tormentos que los que sufren los demás amadores ni le
infunden miedo, ni son para él siquiera una amenaza:
Aquells affanys que 'ls amadors acacen
E sons comun é quasi manifests,
No son en mi, ni de semblans d' aquests,
No 'm fan pahor, ni sol mi no menacen.
Por esto cree que sería mejor para él no pensar ó pasar la vida
durmiendo:
Plagués á Deu que mon pensar fos mort
Y que passás la vida en durment.
Cant XXX.—_Açi com cell_, etc.
ó bien, como dice en otro canto,
Lo mills de mi es com en res no pens;
Tot quant yo puch de pensar me defens.
Y es que, según confesión propia, habiendo buscado la vida por el
camino de la muerte:
Per lo camí de mort he cercat vida;
le aconteció
Si co 'l malvat que 'n paradis vol cabre
E ver l' infern ab cuytat pas camina,
Y axi com cell que de mitgjorn les terres
Va encercant per vent de tremuntana.
Cant LXXXIII.—_Per lo camí_, etc.
Y en realidad si hemos de juzgar al amante de Teresa por sus obras,
por idéntica manera que pocos amadores le igualan en la pureza de
su pasión, pocos, ó por ventura ninguno puede comparársele en el
ardor de la misma. Y si bien en sus _esparsas_ se advierten apenas,
ó encuéntranse muy de tarde en tarde los fogosos arrebatos y las
impías imprecaciones de que están llenas las endechas de los poetas de
pálido semblante, mustia y afeitada frente, negra y rizada melena de
cierto moderno bando, para quienes no había compañía más grata que la
de la luna, ni rumores á sus oidos más dulces que el de los cipreses
balanceándose al leve soplo de las auras nocturnas, ni más poético
placer que ir á maldecir de la vida entre lujosos panteones de mármol,
y á cuyos dolores, para que nada les faltase de pomposo y teatral, era
de ley que les acompañase la apoteosis del suicidio; en cambio ¿quién
trocaría esas románticas tristezas, esos dolores de aparato, por los
de nuestro poeta, viviendo siempre á solas con ellos, como el ermitaño
con los recuerdos de su vida pasada, como el que en la desgracia
se alimenta únicamente de las memorias amargas de las perdidas
felicidades, meditando sobre ellos, analizándolos con más minuciosidad
y detenimiento que el anatómico el corazón que tiembla y como que
palpita aún bajo su escalpelo, y gozándose á veces en contraponerlos,
á fin de que sea más acerba la pena y la punzada más aguda, con las
ajenas alegrías?
Colguen les gents ab alegria festes,
Loant á Deu, entremesclant deports;
Plasses, carrers e delitables orts
Sien cercals ab recont de grans gestes;
E vaja yo los sepulcres cercant
Interrogant ánimes infernades.
Cant. XXV.—_Colguen les gents_, etc.
Yo som aquell que 'n lo temps de tempesta
Quant les mes gents festejen prop los fochs,
E puch haver ab ells los propris jochs
Vaig sobre neu descalç ab nua testa.
Cant. X.—_No 'm pren aixi_, etc.
Las _esparsas_ de Ausías son como un largo monólogo de su corazón ó
de su mente, cuyos únicos testigos y oyentes son el dolor y el amor,
en quienes y para quienes parece que únicamente vive. Ningún poeta ha
podido con más razón que él llamar al llanto su amigo y enemiga suya la
risa:
Amich de plor é desamich de riure.
«Entrégase á la tristeza, ha dicho Quadrado, como á su señora querida;
le da culto en la soledad y jamás la nombra sin que un epíteto de
dulzura venga á templar su acíbar; jamás termina un canto sin haber
hablado de las lágrimas, de los secretos atractivos del sufrimiento.»
Creemos excusado advertir á los que no hayan leido ú hojeado siquiera
las obras del gran trovador, del más original y verdadero de los poetas
eróticos, que aquella constante meditación sobre sí mismo, aquel
concentrarse siempre y apoyarse, por decirlo así, en una misma idea,
debía producir desvanecimientos en su inteligencia y vértigos en su
voluntad: debía causar, al igual que al monómamo la idea fija en que
vive, al par que la aparición en todos sus escritos de un pensamiento
constante y en armonía con el estado permanente de su espíritu, un
gran desorden en sentimientos é ideas. Y esto es lo que realmente pasó
á nuestro poeta y lo que se revela en todos sus cantos, así en los
de amor como en los de muerte; y esto es lo que ha hecho que pudiese
decir el señor Milá de algunos de ellos, con su acostumbrada concisión
y gráfica manera, «que per eix costat fan de mal llegir[45].» Por este
motivo, si bien no es difícil indicar, como lo hemos hecho hasta aquí,
los rasgos más salientes y característicos de los versos amorosos del
príncipe de nuestros poetas, cual no lo es señalar el tono dominante
en cualquiera de las óperas del tierno y melancólico Bellini, si
pretendiésemos además dar á conocer los encontrados afectos que nacen
de la pasión cuya cadena, como esclavo suyo, arrastra, sería preciso
transcribir la mayor parte de sus libros.
[45] _Ressenya_, pág. 149.
Ábrase el de sus _esparsas_ de amor por el Canto XL, y allí se le ve
dudando de si le ha de ser más grata la muerte ó ha de encontrar más
dulce la vida:
Si com l' hom flach qui l' es forçat triar
Ab qual de dos homens forts sa combatre
No sab pensar ab qual dega debatre,
Espaordit sos comptes no sab far;
Ne pren á mi qui lo viure m' espanta
E lo morir me será gran despit;
Com viure vull la mort prench en delit,
Com vull morir la vida tinch per santa.
Cant. XL.—_Sobres dolor_, etc.
Otras veces, desvanecida toda duda, y desesperanzado de hallar consuelo
á los males que le aquejan, se arroja en los brazos de la muerte, á la
cual, en la más atrevida personificación que haya ideado jamás ningún
poeta, presenta saliéndole al encuentro y llamándole con delicioso
canto, mientras que la vida, igualmente personificada, le brinda con
sus bienes.
Quins tan segurs concells vas encercant,
Cor malestruch, enfastijat de viure,
Amich de plor e desamich de riure,
Com soferras los mals qui son davant.
Acuitat donchs á la mort que t'espera
E per tos mals te allongues los jorns,
Aytant es luny ton delitós sojorns
Com vols fugir á la mort falaguera.
Braços uberts es exida 'n carrera,
Plorant sos ulls per sobres de gran goig:
Melodiós cantar de sa veu hoig,
Dient: amich, ix de casa 'strangera.
En delit prench donarte ma favor
Que per null temps home nat l' a sentida,
Car yo defuig á tot home que'm crida,
Prenent aquell que fuig de ma rigor.
Ab ulls plorant é cara de terror,
Cabells rompent ab grans hudulaments,
La vida 'm vol donar heretaments
E d'aquets dons vol que sia senyor.
Cridant ab veu horrible y dolorosa
Tal com la mort crid' al ben hauirat;
Car si l'hom es á mals aparellat
La veu de mort li es melodiosa.
Cant XXXII.—_Quins tan segurs_, etc.
Abierto el pecho á la esperanza de que el de su amada no se cerrará
á su consuelo, cree otras veces que debe alargarse su vida siquiera
porque mientras ésta dure han de durar las alabanzas de aquélla.
Aytant com puch iré vida allargant
Perque l'estrem de tots mals es la mort;
No'm trob esforç per haverne conort..... etc.
La donchs morré com parlá no'm volreu,
E tinch per foll qui de mort no's defen:
Aquella es darrer dan é turment,
No meresch yo que los meus jorns fineu..... etc.
Plena de seny, no'm abreujeu lo viure,
Car mentre visch vostre lahor s'allarga;
E vos lohant no'm trob la boca amarga
Ne tard' la má com de vos vull escriure.
Cant. XXII.—_Tal só com cell_, etc.
Perdida otras veces aquella misma esperanza, renuncia á toda
consolación y hasta llega á creer que es para él un gran mal que pueda
hallar defensa contra la tristeza;
Hont es lo loch hont ma pensa repose?
Hont será hom que mon voler contente?
Ab escandall jo cerch tot fons e tente
E port no trob hont aturar me gose.
Lo que d'abans de tot vent me guardava
Ara es en mi cruel platja deserta:
Vagabunt vaig la casa qui m'es certa;
Treball es gran en part hont yo vagava.....
Ya res del mon dolor no'm pot defendre;
Perdut es ja tot lo goig de mon viure;
Á mos amichs de tristor puch escriure,
No'm basta temps á poder m' en rependre.
Tant la tristor afalaga ma pensa
Que tot m'es trist quant puch hoir ne veure,
Tant que'm es greu que yo vinga á creure
Que á tristor yo puch haver defensa.
Cant LVII.—_Hont es lo loch_, etc.
En suma, y para poner fin á esa breve pintura de la constante y fiera
batalla que se dan dentro de su corazón los más opuestos afectos, y que
con tanta verdad se halla en sus versos expresada, también alguna que
otra vez se escapan de aquel triste corazón que, queriendo huir del
dolor, tropieza con un dolor más grande:
Fugint dolor en major dolor munt,
gritos de angustia como aquel en que, recordando al atribulado
patriarca de Hus, maldice su existencia:
Malehit lo jorn que'm fou donada vida;
ó este otro en que, creyendo que debía renunciar á toda felicidad,
exclamaba:
Malventurós no deu cercar ventura;
Creuhar se deu la front com la hi nomenan.
Cant XXXIII.—_Malventurós_, etc.
ó en fin aquella imprecación que, más ya que el ay de un corazón
apenado, es el grito de un alma enloquecida por el sufrimiento:
Foch crem ma carn é lo fum per encens
Vaja als damnats per condigne perfum;
Mon esperit traspás de Lethe 'l flum
Perque de res d' aquest mon no pens.
Cant LXXIII.—_Qual será aquell_, etc.
Sin embargo, fuerza es convenir, y en esto se distingue nuestro
poeta de los modernos eróticos escépticos, que esos arranques de
desesperación son como los involuntarios gritos que hace exhalar al
enfermo la vehemencia del dolor, y que se encuentran, como rumores
perdidos, en la atmósfera de resignación en que procura anegarse,
acordándose siempre que es cristiana su alma, enamorada de otra
igualmente cristiana, y que el amor que la profesa ha de sobrevivir
á su cuerpo y á los deleites, como á las tristezas de este mundo;
idea que si no es bastante poderosa para impedir que salgan fuera sus
quejas, por más que su voluntad así lo quiera, es por lo menos bastante
dueño de él para mandar al corazón que se conforme al querer de Aquel
que todo lo gobierna y ordena:
Clamar no 's deu qui mal cerca si 'l troba;
Donchs vos, mon cor, no us senta pus clamar.
Vostres gemechs no 's poden comportar,
E vostres colps se mostren sus ma roba.
Hajau esfors, car lo pijor es mort;
Puig á Deu plau, preneuhi paciencia:
Ell es aquell qui fa de vos sentencia;
Creurer debeu que no us fa ningun tort.
Cant LXXVII.—_Clamar no 's deu_, etc.
Permítasenos al llegar á este punto que, dando por terminada esta parte
de nuestro trabajo, pongamos fin á ella con las oportunas reflexiones
y elocuentísimas palabras con que concluye el análisis de los cantos
de amor el ya citado eminente literato y publicista mallorquín, señor
Quadrado, que fué el primero en nuestros tiempos que se ocupó en trazar
por discreta manera y superior acierto el juicio crítico de nuestro
insigne poeta. «Ignoro, escribe, si al analizar una por una las fibras
de aquel corazón, al recorrer los gritos que de él arrancan las más
fuertes y encontradas pasiones, y que sin enlace ni comentario apenas
acaban de presentarse, asaltará á los lectores la misma reflexión que
me ocupa tristemente al transcribirlos. ¡Se comprende bien lo que
debía ser una vida concentrada siempre y apoyada en una idea, como
el anacoreta en su columna, elevada sobre la tierra sólo lo bastante
para producir vértigo y aislamiento! ¡Lo que debía ser aquel vuelo del
alma, cerniéndose en los aires y sostenida siempre sobre sus alas,
sin nido donde guarecerse, sin otro contacto que el impalpable de la
atmósfera en que vivía, sin divisar más que confusamente y á vista de
pájaro los intereses y vida de los demás hombres! ¡Lo que debía ser
aquel quietismo del dolor, aquella vista íntima abierta y vigilante
siempre hacia dentro, cerrada á todo objeto por fuera..... aquel océano
de deseos sintiendo siempre su vacío y sin esperanza de llenarlo, en
el cual venían á chocarse todos los vientos con súbitas y violentas
embestidas!..... ¡Se concibe lo que hubo de ser la vida é historia de
aquel hombre! Y no vengan á decirnos los hombres fríos y maduros que
los versos no pasan de un honesto entretenimiento, que la poesía no
es más que un vestido de gala: no son, no, aquellas ideas de las que
reposan con la pluma ó se evaporan fuera del aposento; ni hay en ellas
únicamente más ó menos enérgicas declamaciones, imágenes más ó menos
ricas; hay allí un curso completo de la ciencia del corazón, el fruto
del estudio y observación de una vida entera, y áun ésta aparecerá
corta para los que, en vez de detenerse como nosotros, poetas más bien
que metafísicos, en apreciar las bellezas literarias y de expresión,
sigan á Ausías, tras el hilo de su vasto sistema, por las profundidades
del pensamiento[46]».
[46] Ausías March. _Museo Balear_, pág. 204.
* * * * *
Si bien en las ediciones de Ausías tienen el último lugar los cantos de
muerte, hemos creido, alterando el orden establecido, deber ocuparnos
en aquéllos después de hacerlo en los de amor, porque los consideramos
como la lógica y natural continuación de los mismos; porque son como el
desenlace de un drama de amores que, habiendo empezado bajo la oscura
bóveda de un templo en los días en que recuerda la Iglesia las divinas
tristezas de Ghetsemaní y los acerbísimos dolores del Calvario, termina
en una tumba detrás de la cual el amor se transfigura en la muerte que
da vida eterna, y el dolor en esperanzas del paraíso.
Después de haberla amado como no había poeta alguno amado á su dama,
la flor terrestre, aquel lirio entre cardos, en cuya contemplacion
estática, pero no exenta de amarguras, había nuestro trovador vivido,
fué, convertida en perfumes, á exhalarse ante el trono del Bien
eterno. Los dedos de Ausías no hacen más que cambiar de cuerda en su
melancólica lira, y, ¡cosa extraña, si no la explicara la fe que ardía
viva en su alma! los sones que de ella arranca no son tan tristes, por
más que sean también muy dolorosos, como los que sacaban de la cuerda
en que lloraba las penas del amor. Pronto nos dirá él mismo lo que
adivinará cualquiera que sepa en qué parte del sér querido había puesto
su afecto, y qué es lo que pensaba acerca de los futuros destinos de
los espíritus.