[320] Escribió Garcilaso esta Canción a la _Flor de Gnido_ --D.ª

Catalina San Severino, hermana del Príncipe de Bisignano y viuda del

Duque de Traggeto-- para persuadirla a ser menos esquiva con Mario

Galeota, su cortejante, gran amigo del poeta. Hay otras opiniones, como

se verá en la nota al verso 12; pero esta, apoyada directamente en el

testimonio de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso, parece la

más autorizada. (Herrera, pág. 266.) De esta bellísima composición

dicen los críticos que nada le faltó si acertó con su halago a

conseguir lo que antes no pudieran los rendimientos y obsequios del

galán. (Navarrete, pág. 52.) El nombre de Mario Galeota aparece otra

vez en el Soneto XXXIII.

[321] Este género de estrofas que Garcilaso trajo al castellano han

quedado en nuestra poética con el nombre de _liras_ por aparecer esta

palabra en el primero de los presentes versos. Entre los que siguieron

a Garcilaso escribiendo en _liras_ sus canciones, ninguno honró tanto

esta combinación métrica como el ilustre Fr. Luis de León.

[322] Tal fue el maravilloso prodigio que obró el infortunado Orfeo en

los montes de Tracia lamentando la pérdida de su bella esposa Eurídice.

(V. notas a los versos 942, Eg. II, y 144, Eg. III.)

[323] «En Nápoles hay un barrio que se dice _Il Seggio di Gnido_, que

es como una parte donde se ayuntan los caballeros. Allí había muchas

damas, entre las cuales una, llamada Violante Sant Severino, hija del

Duque de Soma, era servida de un amigo de Garcilaso llamado Fabio

Galeota.» (Brocense, nota 43.) Por Fabio, hijo de Vicencio Belprato,

Conde de Aversa, que sirvió a Violante San Severino, escribió Garcilaso

esta Canción, dice Tamayo, fol. 10, sin tener en cuenta la explicación

dada antes por Herrera; y de estas afirmaciones viene la duda sobre

si los interesados en esta Canción fueron Mario o Fabio, Catalina o

Violante.

[324] En lo de _sublimes ruedas_ se debe entender _carros triunfales_.

(Herrera, pág. 268.) Si aludiese a la _rueda de Fortuna_ sería

superfluo el plural _ruedas_, como dice Tamayo, fol. 24; mas Garcilaso

habla de los Capitanes romanos y sus triunfos, y así _sublimes ruedas_

serán los carros triunfales y sublimidad del triunfo en que aquellos

Capitanes se manifestaban al pueblo entre trofeos de sus victorias y

cautivos encadenados; «y al tiempo que los truhanes van delante de los

carros triunfales diciendo: _¡Viva, viva la invencible Roma!_, por otra

parte los pobres cautivos van, en sus corazones, diciendo a los dioses:

_¡Justicia, justicia!_...» (A. de Guevara, _Reloj de Príncipes_.)

(Razonamiento de un germano al Senado de Roma.)

[325] Aquellos capitanes que domesticaron a los alemanes y a los

franceses fueron los romanos, domesticadores también de España.

[326] Dice bien Herrera, pág. 266, que lo de ver una alusión al nombre

de Violante, en _convertido en viola_, y negar por ello que esta

Canción fuese escrita a D.ª Catalina, «es conjetura muy flaca y de poco

fundamento». La conjetura es del Brocense, nota 43.

[327] Venus apareció en el mar flotando en una concha. _A la concha

de Venus amarrado_, es alusión al apellido _Galeota_, como si dijera

_galeote_, forzado de la _galera_ de Venus. En esto están de acuerdo el

Brocense, nota 43, y Herrera, pág. 269.

[328] _Palestra_: «En la habla griega significa _lucha_. Halló la

palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia;

y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera,

_Anotaciones_, 269.) Garcilaso dice _la polvorosa palestra_, por el

lugar o sitio donde se lucha.

[329] De estos versos se deduce que el cortejante de la _Flor de Gnido_

era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las

rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante,

que comienza: _Andrete senza me, chara Violante_...» Tal noticia

defiende mucho a _Fabio_ en cuanto a la propiedad de esta Canción de

Garcilaso; mas, por lo que toca a _Mario_, candidato de Herrera, siendo

joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en

que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer

que también escribiría versos.

[330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle;

quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene

otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata

quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.)

[331] «Esta fábula cuenta largamente -- Ovidio, _Metam._, lib. XIV,

fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no

pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la

puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.»

(Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas

españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes -- que

los días se me alarguen...» (V. _Auts. Esps. Poetas líricos de los s.

XVI y XVII_, pág. 73.)

[332] _Por las venas la sangre iba_... Los comentadores de Garcilaso

han creído hallar en estos versos una noticia de la circulación de la

sangre, anterior a las alusiones del español Servet y a la explicación

científica del inglés Hervey.

[333] «Es _Némesis_ la venganza divina que castiga los soberbios y sus

arrogancias.» (Herrera, 273.)

[334] El primero que aclimató el soneto en España fue Boscán; Garcilaso

acabó de perfeccionar su estructura. Antes que ellos, el Marqués de

Santillana escribió sonetos castellanos, pero su ensayo no fructificó.

Sobre esto véase M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 227-232.

[335] Lope imitó ceñidamente este soneto en el primero de sus _Rimas

Sacras_, y el Duque de Sesa túvolo por modelo cuando en otro soneto,

«con puntas de festivo, pero con ribetes de melancólico», lamentó la

ruina de su hacienda. (V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 68.)

[336] Es caso tan lastimoso acuchillar a un rendido que el amante

pudo fiar en esta imagen para mover su dama a compasión. Asimismo

dijo Torres Naharro: «¿Cuál honra te pudo ser -- Dar lanzada a moro

muerto...» (Herrera, pág. 82.)

[337] Resulta corto este verso, llanamente pronunciado.

Herrera le impone una diéresis violenta: _Y_-_en_-do-me

a-le-jan-do-ca-da-dí-a. Tamayo le antepone una sílaba: Y-yen-do-me

ale-jan-do... Remedio más sencillo parece deshacer la sinéresis

del verso que uno y otro conservan en medio del verso, midiendo:

Yen-do-_me_-_a_-le-jan-do-ca-da-dí-a. A esto da derecho la libertad

con que los clásicos usaron de la diéresis y de la sinéresis, como

se ve en Lope: _Se_-_a_-jus-to o-no-sea-jus-to; y en Góngora:

E-llas-po-nían-el-de-dal; Y-yo-po-ní-a-la a-gu-ja. (V. Rodríguez Marín,

l. c. en la nota, Eg. II, v. 15.)

[338] Dice el poeta que consolaría su amargura volviendo a ver a

su dama, ¡teniendo siquiera la esperanza de volverla a ver!; fuera

de esto, solo aguarda consuelo en la muerte; mas tan desgraciado

se considera, que cree que ni la misma muerte le ha de hacer la

misericordia de llevárselo --tan pronto como quisiera él--. Este mismo

pensamiento puso Fernando de Cangas en una copla citada por Herrera

en sus _Anotaciones_: «Y si es remedio a mi pena -- Morir por causa

tan buena -- Yo sé que no moriré; -- Porque no mereceré -- Gozar de

gloria tan llena.» El ilustre Azara dice que Garcilaso puso en los seis

últimos versos de este soneto «una antítesis ridícula, esto es: que

morirá si ve o no ve a su dama.» No es cierto: el poeta no dice _que

morirá si ve a su dama_; todo lo contrario.

[339] Tras de la tempestad viene la calma. «Con lluvia y noche scura

--Si el cielo se escurece, él se serena. -- No si falta ventura --

Agora ha de durar siempre la pena.» Horacio. (V. Brocense, nota 5.)

[340] Las amarguras de la ausencia inspiraron a Garcilaso, además del

presente soneto, los núms. III, IX, XIX, XX y XXXVI. Del presente y

del IX sospechó Tamayo, fols. 7 y 8, que debieron ser escritos en la

isla del Danubio, donde el poeta estuvo desterrado. Esto mismo puede

sospecharse del núm. XI.

[341] En este pasaje y en la Canc. IV, v. 6, da Garcilaso a la frase

_traer por los cabellos_ un valor distinto de su uso corriente. Dice

traer por los cabellos de la violencia con que es aportado al discurso

algún argumento, autoridad o consecuencia: «puesto que los refranes

son sentencias breves (dijo Don Quijote a Sancho), muchas veces los

traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias»;

pero Garcilaso no se refiere al discurso, sino a la violencia moral de

ser una persona arrastrada involuntariamente a una determinada acción.

_Tornado_, vuelto, era ya para Herrera voz envejecida y desusada.

[342] Conocer lo mejor y, sin embargo, seguir lo peor es dejar triunfar

la pasión sobre el pensamiento, el apetito sobre la voluntad, y esto

es tan humano y tan frecuente, que se encontrará repetido en muchos

poetas; Herrera cita ejemplos de Ovidio, Petrarca, Chariteo, Salvago,

Rebeiro y Hurtado de Mendoza.

[343] Empleamos hoy _quien_, _quienes_, cuando el relativo se refiere a

persona o cosa personificada; pero el uso antiguo lo empleaba también

algunas veces como relativo de cosa: «Quiérote contar las maravillas

que este transparente alcázar solapa, de _quien_ yo soy el alcaide...»

(Cervantes.) Por ligero tinte de personificación que a una cosa se

atribuya, como en este verso ocurre con _inclinación_, cabe el uso

de _quien_, según se puede ver en Rioja, Ercilla, Jovellanos, Alcalá

Galiano, etc. (V. Andrés Bello, _Obras completas_, tomo IV, Madrid,

1903, págs, 179-182.)

[344] El pensamiento de este soneto es muy común entre los poetas. El

amante libre de pasados amores y de sus amarguras, jura no volver por

tales pasos; pero se le ofrece una nueva ocasión, un amor _que no es

como los otros ni está en su mano poderse valer contra él_, y el poeta

rinde su corazón una vez más.

[345] Esta antigua costumbre, de la cual hablan Virgilio, Horacio,

Tasso y otros muchos poetas, no se ha perdido aun entre los marineros,

y particularmente la conservan los pescadores.

[346] _Como_, no me parece aquí correlativo de _tal_, leo así: «Yo,

_como_ vano e incauto había jurado nunca más meterme, etc...»

[347] _al camino_ por _en el camino_; este uso de _al_ se conserva aún

como provincialismo: «Ricardo no estuvo al baile; le encontré al arco

del Alcázar.» (Ávila.)

[348] _como perdidos_: ciegamente como locos. (V. Canc. I, verso 12.)

[349] _turo_ de _turar_: durar, permanecer. En los valles del Pirineo

aragonés es aun corriente esta palabra en la forma de _aturar_:

«_atúrame exas crabas_:=» detenme esas cabras.

[350] tamaño, _tam magnus_, quiere decir propiamente _tan grande_, pero

aquí no con valor comparativo, sino absoluto, como cuando decimos: no

se puede vivir en clima _tan frío_. Del uso de esta palabra en este

verso han hablado largamente Herrera, _Prete Jacopin_ y Tamayo de

Vargas, y un buen comentario de ello se encuentra en Rodríguez Marín,

_Luis Barahona de Soto_, pág. 680-681.

[351] «Este soneto es, sin comparación, el más dulce y suave de los de

Garcilaso.» (Azara.)

[352] «Acordábase el Cisne que sus plumas habían vestido más color de

fuego que de nieve... que su corazón había quemado muchas veces las

alas en torno de unas luces mentidas... y comenzó a llorar lo que antes

había cantado; porque derribando de su memoria las imágenes que habían

ocupado sus aras, deshojando esperanzas y prendas antiguas, decía

inspirado de mejor Numen: _¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!_»

(Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, Madrid, 1726,

pág. 52.)

[353] También Herrera en un soneto decía al Betis: «... destilado --Iré

en tu curso largo y extendido, -- en llanto desatado -- Seré en tus

blancas manos recogido.» (_Anotaciones_, pág. 129.)

[354] Dicen que fue Dafne una hermosísima hija del río Perseo, de

Tesalia, y que encendido Apolo en amor loco, la seguía, perdido por

ella; y ya que la iba alcanzando, suplicó Dafne a la Tierra, su madre,

que la recogiese en sí, librándola de aquel trance, y la tierra escuchó

su voto y transformó a la doncella en un bello laurel, al pie del cual

tanto ha llorado Apolo su imposible amor, que con sus lágrimas mantiene

al laurel siempre verde y lozano. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.)

[355] El símil de la madre y el hijo doliente contenido en estos

primeros versos, hállase también rimado por Boscán y Hurtado de

Mendoza, y procede, según el Brocense, nota 16, y Menéndez y Pelayo,

_Antología_, XIII, 302, del gran poeta del amor, Ausías March: «Li’n

pren aixi com dona ab son infant, -- Que si veri li demana plorant,

--Ha tant poch seny que no l’sab contradir.» (_Cants d’Amor_, XXVIII.)

[356] Recuerda en estos versos el prodigio del amoroso llanto de Orfeo,

por manera semejante a como se lee en las dos primeras liras de la

Canción _A la Flor de Gnido_.

[357] Hizo Garcilaso este soneto como epitafio a la sepultura de su

hermano D. Fernando, que murió de pestilencia en Nápoles, de edad de

veinte años, hallándose en el ejército del Emperador Carlos V contra

los franceses.

[358] Ese fiero ruido que quiere imitar el estampido del rayo que

Vulcano labró en las fraguas del Etna para el padre Júpiter, es el

ruido de la artillería, «cruelísimo linaje de máquina militar que

llamaron _bombarda_, del estruendo y ardor, y nosotros _lombarda_...

Pero no eran estas como las de ahora, sino más cortas y más gruesas,

que por ventura debían ser las piezas que hoy llaman _morteros_.»

(Herrera, págs. 149-150.)

[359] _Parténope_ es la ciudad de Nápoles, como queda dicho en la Eleg.

II, v. 38.

[360] «Por ventura fue este numeroso y bellísimo y afectuoso soneto

escrito a Julio César, poeta napolitano, de la nobilísima casa

Caraciola de aquel reino.» (Herrera, página 184.)

[361] Garcilaso, partiendo de Nápoles, parece ser que había ido

precisamente adonde vivía la dama de Julio, y Julio había quedado en

Nápoles, donde vivía la dama de Garcilaso; uno y otro, pues, podían

cambiarse _nuevas_, noticias, de sus damas respectivas. ¿Por qué ha

de ser _ridículo de puro exquisito_, este modo de explicarse? Azara

es algo descontentadizo: Garcilaso no escribió este soneto para

nosotros, sino para Julio, que estaría bien enterado de los pormenores

de su asunto, y que, por consiguiente, no había de tropezar en las

dificultades de que Azara protesta.

[362] Una ausencia de la dama del poeta le inspiró las quejas del

presente soneto.

[363] En un ejemplar antiguo que manejó el Brocense, nota 24, leíase

_largueza_ en vez de _guerra_, palabra que, a mi juicio, aclara más

el pensamiento del poeta, el cual, acongojado por la partida de su

dama, abrázase a su propia pena, deseando atajar así la _largueza_ del

camino, es decir, deseando abreviar su vida.

[364] «Este soneto fue escrito a D. Pedro de Toledo, Marqués de

Villafranca y Virrey de Nápoles; aunque algunos piensan que a D. Alonso

de Ávalos, Marqués del Vasto, grande amigo de Garcilaso.» (Herrera,

pág. 168.)

[365] «El argumento de este soneto es caso particular, y por eso

difícil de inteligencia. Parece que yendo a ver a su señora, que tenía

descubiertos los pechos, el poeta puso los ojos en ellos, alargándose

en la consideración de la belleza del alma, aunque el duro encuentro

de la hermosura corporal impidió su intento, y compelió a olvidar su

primer pensamiento y parar en la belleza exterior.» (Herrera, pág. 170.)

[366] La precedente explicación pareció a Herrera más acertada que

las demás conjeturas que se le ocurrieron, y en esto coincidió con

el Brocense, el cual decía de este primer terceto, que la dama,

pesándole de que el poeta le hubiese visto el pecho, «acudió con la

mano a cubrillo y hiriose, con algún alfiler de la beatilla, en él».

(Nota 25) Tamayo, fol. 11, se muestra conforme con esta interpretación

más _material que espiritual_; sin embargo, Azara dice que «las

circunstancias con que lo visten Herrera y Sánchez son conjeturas que

no satisfacen».

[367] _gonna_: ropa larga de mujer, a manera de bata. El poeta,

considerando la picadura del alfiler como golpe de saeta de amor,

se duele de que su herida _no hubiese pasado más allá de la gonna_.

Este verso «del Petrarca, Canc. IV, Stanc. II, reprehenden, por ser

introducido entre los castellanos; más engáñanse, no considerando

que debía de ser este soneto para alguna señora de Italia, donde tan

favorecido vivió Garcilaso, fuera de que no es cosa vituperable cuando

se toman estos versos de hombres insignes»... (Tamayo, notas, fol. 11.)

[368] Dice la Pipota en _Rinconete y Cortadillo_: «Holgaos, hijos...,

que vendrá la vejez y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en

la mocedad, como yo los lloro»; que no es otra cosa sino lo que dijo

Ausonio en su famoso epigrama: «Collige, virgo, rosas...», mil veces

repetido y parafraseado por los poetas españoles y extranjeros (V.

ejemplos en Herrera, _Anotaciones_, págs. 175, 186, y F. Rodríguez

Marín, _Barahona_, págs. 295-297 y 628-630), y asimismo, lo que una

vieja de antigua edad aconsejaba a la bella Melisenda, encendida en

amores del Conde Ayuelos: «Mientras sois moza, mi hija, -- placer vos

querades dar -- que si esperáis a vejez -- no vos querrá un rapaz.»

(R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of

America, 1910, pág. 26.)

[369] «Este soneto fue escrito a la Marquesa de la Padula, D.ª María de

Cardona, hija del Marqués D. Juan de Cardona... Fue su esposo D. Artal

de Cardona, Conde de Colisano... Después casó en el año de 1538 con D.

Francico de Este, hermano del Duque de Ferrara. Por ella escribió Mario

de Leo el _Amor preso_, y a ella dedicó el Gesualdo sus _Comentos_ en

Petrarca. Fue muy discreta y valerosa, inclinada al conocimiento de

la historia y poesía, y aunque no muy hermosa, tuvo mucha gracia y

donaire.» (Herrera, pág. 187.)

[370] Se ha hecho clásico este elogio de llamar _décima Musa_ a una

dama docta, como _cuarta Gracia_ a una dama bella, siendo nueve las

Musas, _las moradoras del Parnaso_, y las Gracias, tres; D. Adolfo

de Castro llama a doña Cristobalina Fernández de Alarcón décima musa

antequerana (_Auts. Esps. Poetas Líricos de los siglos XVI y XVII_,

Madrid, 1854, tomo I, pág. 31), y el Sr. Rodríguez Marín (_Luis

Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 425), a propósito de D.ª Rosalía

de Castro, dice también «la dulce Rosalía, décima musa del Parnaso de

España, y no primera, sino única, del gallego».

[371] Luis Tansillo (¿1510?-1568), poeta italiano, autor del malicioso

poema _Il Vendemmiatore_, que la Inquisición condenó, y de _Le

Lagrime di San Pietro_. Estuvo con Garcilaso en la expedición a

Túnez. --Antonio Sebastián Minturno, obispo y literato italiano (†

1574), que escribió varias poesías y libros de erudición. -- Bernardo

Tasso, (1493-1569), poeta italiano también, Secretario del Príncipe

de Salerno, cantor de la bella Ginebra Malatesta, amante de Tulia de

Aragón y padre del famosísimo _Cisne de Sorrento_, que escribió la

_Jerusalén conquistada_ y la _Aminta_. Bernardo Tasso fue autor del

poema _Amadigi_ (Amadís de Gaula).

[372] Helicona por Helicón. Monte de Grecia consagrado por los poetas

como el Pindo y el Parnaso; en él tenían su morada Apolo y las Musas.

[373] Habla el poeta junto a la sepultura de su dama.

[374] Este soneto, por su honda melancolía y por la llaneza de su

forma, me parece uno de los mejores de Garcilaso. Es un lamento lleno

de amargura. Los que le han censurado cuando sutiliza y alambica a la

manera italiana, no debieran haber callado su elogio en este lugar.

[375] El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más

amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto VII; dio

cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto XXVIII,

guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto

pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se

enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena

misteriosa, soneto V; un feliz descuido del tocado, soneto XXII, le

arriesgó a un consejo malicioso, soneto XXIII, y, al mismo tiempo,

lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos

XV, XX, XXVII, XXX y XXXI. Llegó la empresa de África: el poeta,

desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto XXXV; y desde Sicilia, a

su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y

mudanzas, Elegía II. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de

1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió

poco después de su llegada; en los sonetos XXV y XXVI hay un hondo

dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo

ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos

últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre.

(V. Eg. I., v. 2, nota.)

[376] «Niega Morel-Fatio (_L’Espagne au XVIe et au XVIIe siècle_, pág.

602) que este soneto, imitado de Ausías March, pueda ser de Garcilaso,

porque este no se hubiera atrevido a truncar el endecasílabo, y le

atribuye a Boscán o D. Diego de Mendoza. Pero es cierto que Garcilaso,

en la Canc. II, usa con insistencia los versos agudos (véase la nota

a la Canc. II, v. 68), y nada tiene de particular que los emplease

imitando unos versos de Ausías, puesto que el original catalán los

tiene también. Hay de este soneto una refundición en que los agudos

se han convertido en graves (publicada por Knapp, por Morel y por

Walberg, notas a Juan de la Cueva, pág. 91), según copias distintas:

_Amor, amor, me ha un hábito vestido_. Esta refundición lleva en los

manuscritos el nombre de Mendoza. Hay, finalmente, otra refundición,

también sin agudos, de que se valió el Brocense en su edición de

Garcilaso. D. Diego de Mendoza imitó el mismo pasaje de Ausías en una

canción.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 221, nota.)

[377] _salvatiquez_, en italiano _selvatichezza_. La _e_ de la

primera sílaba de _selvatiquez_ se ha transformado en _a_, por

asimilación de la _a_ siguiente, por influencia de la forma vulgar

_salvaje_ (silvaticu), o por ambas causas; casos análogos: _balanza_

(bilance), _zarcillo_ (circellu), ant. _cercillo_, etc. (V. R. Menéndez

Pidal, _Gram. Hist._, Madrid, 1905, § 18-3.) También otro cultismo:

_parálisis_, dejose influir por la forma vulgar _perlesía_, dando

origen a _paralisía_. (_Bulletin de Dialectologie romane_, Bruxelles,

1909, pág. 126.)

[378] Leandro, para ver a su amante Hero, atravesaba de noche, a

nado, el Helesponto. Hero le orientaba desde su torre con la luz de

una antorcha. La posibilidad del viaje de Leandro fue demostrada

experimentalmente por Lord Byron, atravesando a nado aquel estrecho,

entre Sestos y Abidos, en 31 de mayo de 1810, según él mismo refiere en

una nota del canto 2.º de _Don Juan_. Una noche de tempestad apagose la

luz; Leandro, perdido entre bravas olas, murió ahogado, y Hero murió

también al descubrir desde la orilla su cadáver. De la historia de este

bello asunto en nuestra literatura ha hecho un magnífico estudio el Sr.

Menéndez y Pelayo en su _Antología_, tomo XIII, págs. 334-378.

[379] _esecutá_ por _ejecutad_. (V. nota al v. 253 de la Eg. II.) La

pérdida de la _d_ final en la pronunciación de los imperativos _vení_,

_poné_, _mirá_, etc., nació, sin duda, en el lenguaje familiar; este

valor tiene el testimonio de Santa Teresa (_Las Moradas_, ed. _Clásicos

Castellanos_, Madrid, 1910, pág. 43, nota 16), aparte de la tradición

de dicho fenómeno conservada en la Argentina: _cantá_, _hacé_, y en la

lengua literaria ante el pronombre _os_: _andaos_, _salíos_ (excepto

_idos_); pero los clásicos, desde Garcilaso, adoptaron también aquella

pronunciación, y pusiéronla en moda: «Andá, señor, que estáis muy mal

criado.» (V. Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 614; R. Menéndez

Pidal, _Gram. Hist._, § 107-2.)

[380] _contrastado_: resistido.

[381] _poner_ por _deponer_, rendir las armas.

[382] _despojos_: las armas del vencido y demás restos de la derrota de

que se rodeaban los victoriosos en sus carros triunfales. (V. Canc. V,

v. 17.)

[383] Endecasílabos de _muiñeira_, propuestos, como endecasílabos

malos, por no tener los acentos en su sitio, para ingresar en la sala

segunda del _Hospital de los versos incurables_, fundado por D. Eduardo

Benot en su _Prosodia castellana y versificación_, tomo III, págs.

154-249:

--Oh, crudo nieto, que das vida al padre--

--Ora clavando del ciervo ligero. --Eg. II, v. 194.

--Cómo pudiste tan presto olvidarte. --Eg. II, v. 578.

--Hace tremer con terrible sonido. --Hurtado de Mendoza.

--¡Qué! ¿no te acuerdas de cuando cantando? --Barahona.

--Se la mia vita dall’ aspro tormento. --Petrarca.

Obras · 第 12 / 13 段