[22] Hizo lugar honroso en sus escritos al nombre de D. Fernando de

Toledo, gran Duque de Alba, Eg. II; D. Pedro de Toledo, Virrey de

Nápoles, Eg. I; fray Severo, ayo del gran Duque, Eg. II; D.ª María de

la Cueva, Condesa de Osuna, Eg. III; D. Bernardino de Toledo, Eleg. I;

D.ª Catalina Sanseverino, la Flor de Gnido, Canc. V; Mario Galeota,

soneto XXXIII; D. Fernando de Guzmán, hermano del poeta, soneto XVI;

Julio César, poeta napolitano, soneto XIX; D. Alonso de Ávalos, Marqués

del Vasto, soneto XXI; D.ª María de Cardona, Marquesa de la Padula,

soneto XXIV, y particularmente a su amigo Boscán, Eg. II, Eleg. II,

epíst., sonetos XXVIII y XXXV, y versos cortos VII.

[23] Véanse las notas a los versos 2 y 258 de la Eg. I, y al 20 de la

Eg. II.

[24] V. M. Menéndez y Pelayo, _Juan Boscán_, páginas 132-138.

[25] Égloga I:

El dulce lamentar de dos pastores

Cristo y el pecador triste y lloroso

He de cantar sus quejas imitando, etc.

[26] Se halla noticia de tal sistema ortográfico y de sus pormenores en

el libro del Conde de la Viñaza, _Biblioteca histórica de la Filología

Castellana_, Madrid, 1893, número 544.

[27] Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el _gran

justador_, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde

1532 a 1553; fue hijo segundo de don Fadrique de Toledo y tío carnal

del gran Duque de Alba D. Fernando. Hombre de carácter y talento,

recibió del César el virreinato de Nápoles en momentos de peligro;

al encargarse de él, llevó consigo desde Alemania a Garcilaso,

consiguiendo que el Emperador le sacase de su destierro del Danubio.

Fue su más constante protector. (Navarrete, págs. 44 a 49.)

[28] _Salicio_ laméntase de celos; _Nemoroso_ llora la muerte de

su pastora _Elisa_. _Salicio_ es Garcilaso, y _Elisa_, según todos

los comentadores, es D.ª Isabel Freyre, dama portuguesa, esposa de

D. Antonio de Fonseca. Muchos, desde Herrera, han creído que este

D. Antonio es el _Nemoroso_ de la égloga; muchos más, desde el

Brocense, han dicho que _Nemoroso_ no es sino Boscán, «porque _nemus_

es bosque», y D. Luis Zapata, autor del _Carlo Famoso_, asegura, en

efecto, que Boscán conoció a _Elisa_ en la Corte, como dama que era

de la Emperatriz D.ª Isabel de Portugal, y «fue su servidor antes que

casase»; pero ambas opiniones en lucha han dado sus razones contrarias

y se han destruido mutuamente. Y dice D. Manuel de Faria y Sousa: «Lo

cierto es que no fue Boscán ni otro alguno, sino que Garcilaso se

representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los escritores de

églogas... El introducir nombres sirve solo al diálogo; pero la persona

es una sola. Así en la égloga de Garcilaso, lo mismo es _Salicio_ que

_Nemoroso_.» El enamorado de D.ª Isabel Freyre, según el mismo Faria,

no fue Boscán, sino Garcilaso «que de sus amores fue muy derretido

estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos... como

quien la galanteó antes de casar». Sa de Miranda llama siempre

_Nemoroso_ a Garcilaso. D.ª Carolina Michaëlis de Vasconcellos defiende

la opinión de Faria y Sousa, y el maestro Menéndez y Pelayo dice:

«Prefiero la tradición de Faria a la de Zapata, porque no es verosímil,

ni posible siquiera, que la divina lamentación de _Nemoroso_, que es

lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garcilaso, sea el

eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por otra parte, no

hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha puesto en aquellas

estancias todo su corazón, y habla allí en nombre propio, no en el de

su amigo, ni mucho menos en nombre del marido de su dama.» Todo esto

con más extensión y con la documentación necesaria puede verse en el

tomo XIII de la _Antología_ de Menéndez y Pelayo, págs. 55 a 60.

[29] _Estado Albano_: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la

vieja y famosa _Alba-Longa_, o por _Alba_, ciudad también famosa, donde

los romanos hospedaban a los reyes bárbaros, sus cautivos. Se ha creído

que _Albano_ es nombre propio (Bello-Cuervo, _Gram._, París, 1907, §

1171), y se ha dicho que representa al mismo Virrey (Mérimée, _Litt.

Esp._, París, 1908, pág. 156); no advirtieron tal cosa los comentadores

antiguos; ni D. Pedro era hombre para juegos pastoriles, ni Albano

figura para nada en las églogas de Garcilaso, y si llama la atención

encontrar en las ediciones antiguas _estado-Albano_, no siendo entonces

obligada la mayúscula inicial de verso, téngase presente que también se

imprimía _tigre Hircana_, _campo Placentino_, _campo Sarracino_, _arte

Cortesana_, _sangre Turca_, etc., sin tratarse de nombres propios. Son

ejemplos del texto de Tamayo, Eg. II.

[30] _Marte_, para los griegos era el más odioso de los inmortales;

los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en

pequeño, retrata a ambos pueblos.

[31] _sobras_ = _superas_. _Sobrar_ tiene la misma etimología que

_superar_, y en este caso tiene también la misma significación, que es

la del latín _superare_. Repítese en la Eg. II, versos 1529 y 1540. El

poeta juega aquí del vocablo entre _faltar_ y _sobrar_, este último en

sus acepciones culta y corriente.

[32] _dino_ = _digno_, como _maníficas_, Eg. II, v. 395. Demuestra que

en aquel tiempo se pronunciaba _dino_, aun en lenguaje culto, el hecho

de encontrar en buenos poetas rimas como _contino_, _dino_, etc. (F.

Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, pág. 402.)

[33] Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros

triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto,

y de hiedra los poetas menores. (Herrera, pág. 411.) Apolo dijo al

laurel-Dafne--: «Tu follaje adornará mi cabellera y mis armas, y

servirás de atavío a los guerreros del Lacio al resonar los alborozados

gritos de la victoria y al desplegar el Capitolio sus triunfales

pompas.» Ovidio, _Metamórfosis_, lib. I, fáb. X; véase adelante el

soneto XIII.

[34] La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen

adelante, versos 135 y 243 de esta misma égloga: «Fue Ciso --la

hiedra-- un mancebo que servía a Baco de danzante... y ejercitándose

una vez delante él en aquel oficio, cayó en el suelo y se mató del

golpe; y la tierra por honra de Baco crió... una planta, que luego que

salió por la tierra, comenzó a abrazar la vid de la mesma suerte que

solía en las danzas y bailes abrazar y rodear Ciso a Baco.» (Herrera,

pág. 411.)

[35] _el altura_. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción:

_el alegría_, Eleg. I, v. 261; _el ausencia_, Eleg. II, versos 72 y 80;

_el aspereza_, canc. IV, v. 1; _el amarga memoria_, soneto XIX, v. 11,

etc.; pero luego se admitió _el_ con femenino, tan solo en el caso en

que siguiese _a_ acentuada, _el alma_, etc. (R. Menéndez Pidal, _Gram.

Hist._, § 100,2.)

[36] Herrera escribió aquí _un’ alta haya_; en el verso siguiente,

_un’ agua_; en el 69, _un’ hora_, y así en muchos casos análogos, Eg.

I, v. 217, 218, 257, etc.; Eg. II, 580, 718, etc.; yo he prescindido

del apóstrofo y de la vocal _a_, huyendo de la contradicción de otros

editores que, en iguales circunstancias, y sin motivo razonable, han

escrito unas veces _un alta, un agua, un hora_, etc., y otras, _una

alta, una agua, una hora_; comp., por ejemplo, en la edición de Castro,

Eg. I, v. 46, 47, 218, y 69, 259; Eg. II, 182, 718, etc.

[37] Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres

de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente

a la primera unida al nombre del poeta: «Aquella cuyo nombre

entronizado -- por vos ha sido más que de Catulo -- el nombre de su

Lesbia celebrado... -- Más que del claro Castillejo, Ana, -- Más que de

Garcilaso, Galatea...» (F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 29.)

[38] _mesquina_, como _entristesco_, Eg. I, v. 254; _mesclado_, Eg. II,

v. 252, etc.; estas formas con _sc_ tienen en castellano más abolengo

y más historia que las modernas con _zc_. (R. Menéndez Pidal, _Gram.

Hist._, § 112,3.)

[39] Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y

Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais --Por

vos dar meu coraçãm. -- Peço vos que me digais -- De que manera tratais

-- A os que vossos nam sãm...» Aun cuando en lengua extraña, entiendo

que estos versos pueden aquí servir para comprender mejor los de

Garcilaso.

[40] «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como

ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el

dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que a nadie

parezcan más expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero que el

mismo escritor llama bellísimos: “Pero Aquiles pretende _sobre todos_

-- _Los otros ser, a todos dominarlos_, -- _Sobre todos mandar, y como

jefe_, -- _Dictar leyes a todos_.”» Bello-Cuervo, _Gramática_, París,

1907, § 411, nota.

[41] No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las

aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre

la chimenea de alguna casa es anuncio de una gran desgracia para

la familia que allí viva (La Mancha). Sobre la antigüedad de estas

supersticiones y lo arraigadas que estuvieron en España y en el

mediodía de Francia, véase Amador de los Ríos, _Hist. de la Lit._, IV,

520, etc.; _Rev. de España_, tomo 17 y 18; Fauriel, _Histoire de la

poésie provenç._, III, 305, etc.; Restori, _La Gesta del Cid_, pág.

208; sobre los agüeros de las aves en nuestra literatura medioeval,

véase R. Menéndez Pidal, _La Leyenda de los Infantes de Lara_, pág. 8.

[42] Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y

rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, Eg. III, v. 106, 197,

214, 246 y 300; Eg. II, v. 528, 532; Son. XXIV, v. 12, etc.; lo cual

llenaba de satisfacción al insigne toledano D. Tomás Tamayo de Vargas;

en cambio, el nombre de la ciudad de Toledo no aparece nunca en estos

versos, aun cuando el poeta habla de ella en la Eg. III, a no ser como

apellido de la casa de Alba.

[43] Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que

el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de

dejar por otro.»

[44] El uso de _cúyo_, interrogativo, ha desaparecido de nuestro

idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones:

_¿Cúyo buque ha naufragado?_ _¿Cúya casa habitas?_ _¿A cúya protección

te acoges?_, sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez y

la autoridad de nuestros clásicos.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París,

1907, § 336.)

[45] «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él,

que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa

junto a Barcelona. La que estaba sola se decía viuda, y así la llama

Catulo; y al olmo nombra el mesmo, marido de la vid...» (Herrera, 423.)

[46] Hay que leer: _Y-de-ha-cer_...para que el verso resulte cabal.

La _f_ del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del

siglo XV: _fablar_, _fazer_, _folgar_, _foja_, _fijo_, etc., y después

fue sustituida por la _h_, que era verdadera aspirada en los siglos XV

y XVI. No he encontrado ningún caso en que Garcilaso prescindiese de la

aspiración de la _h_: véase más abajo, versos 162, 209; Eg. II, v. 462,

472, 490, 509, 535, 545, etc; cuando a la _h_ precede una consonante,

el verso no sirve para dar idea de la aspiración: Eg. II, 500, 510,

516, 536, 623, 630, etc.; a fines del siglo XVI los escritores empiezan

a vacilar, y unas veces aspiran la _h_ y otras no. (R. Menéndez Pidal,

_Gramática Hist._, § 38,2; F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_,

págs. 399-402.) Extraño es que Boscán elidiese ya la _h_ en muchos

casos al uso moderno. (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág.

215.)

[47] Herrera puntúa aquí de esta manera: ..._abundo en mi majada; -- La

manteca y el queso está sobrado_. El sentido es el mismo, pero la frase

parece mejor con la variante seguida en el texto.

[48] _Títiro_: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los

poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de _pastor_. _El

mantuano títiro_, llamado más comúnmente _el cisne de Mantua_, es el

poeta latino Virgilio.

[49] «Esto de mirarse en el mar --dice el Brocense--, primero lo dijo

Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso

dicen que es yerro decirlo, porque en el mar ni en aguas corrientes no

se puede ver la figura.» Salicio no mentía; Herrera lo defiende con

ejemplos clásicos; pero mejor testimonio es el de la experiencia: puede

verse la figura en cualquier remanso de agua corriente.

[50] _cierto_, con valor adverbial, por _ciertamente_, como _dulce_

por _dulcemente_, Eg. II, v. 1100; _inmenso_ por _inmensamente_:

«Las grandes virtudes _inmenso_ le aplacen.» (Juan de Mena, _Las

Trescientas_, copla CCXIII.)

[51] Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los

pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no

obstante, el ingenioso Lope, que en multitud de ocasiones recordó a

Garcilaso, parodió este pasaje en su _Gatomaquia_: «Pues no soy yo tan

feo, -- Que ayer me vi, mas no como veo, -- En un caldero de agua,

que de un pozo -- Sacó para regar mi casa un mozo, -- Y dije: “¿Esto

desprecia Zapaquilda? -- Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda.”»

[52] _Estremo_ es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber

sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella

parte poseían los cristianos.

[53] «Las tristes lágrimas mías -- En piedras hacen señal -- Y en vos

nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág.

428, más que estos versos.

[54] _No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú

hiciste derramar lágrimas._ Esto se lee de una manera muy diferente en

los textos de Tamayo, Azara y Castro.

[55] _un espesura._ La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun

fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en

prosa, poco anteriores a Garcilaso, usaban también, con los poetas, de

esta licencia; Micer Gonzalo de Santa María en _Evangelios e Epistolas_

(1485), reedición de Upsala, 1908, escribía _un statua_, 78-3; _un

estrella_, 281-12.

[56] He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de

imprenta dice así: _Al que todo mi bien quitarme me puede_.

[57] _Filomena_ es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo

rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de

Tracia, casó con una de ellas, con Procné. Cierto día Procné quiso

ver a su hermana Filomena, y el rey Tereo marchó a Atenas para traer

a sus palacios a la princesa, su cuñada. A la vista de la joven ardió

Tereo en ciega pasión; durante el viaje le descubrió sus torpes

deseos, y al llegar a una selva triunfó de su virginidad. Vuelta en

sí Filomena, juró al cielo venganza. «Yo misma --dijo a Tereo-- he de

arrostrar la vergüenza para publicar tu delito: he de descubrirlo al

universo entero.» El feroz tirano, en su ira, para que no le delatase,

le cortó la lengua y la dejó presa en cárcel de rocas. Filomena

bordó en una tela la historia de su desgracia, y con una criada la

envió a su hermana Procné, que la lloraba creyéndola muerta. Procné,

secretamente, la sacó de su cárcel; sintió hacia su marido un odio

mortal; ¿qué venganza podía ser la más cruel?... Sacrificó en sí misma

su amor de madre; mató a Itis, su propio hijo; puso a hervir una parte

de él en vasijas de cobre, y, en la comida, sirvió a su esposo aquel

manjar. Pregunta el padre: «¿Dónde está Itis?» Procné contesta: «Está

contigo.» Y entonces Filomena se adelanta y arroja la lívida cabeza

del niño al rostro de Tereo. Prorrumpe este en horrorosos lamentos;

desnudando la espada corre tras de las hijas de Pandión; pero ellas,

como si tuvieran alas, huyeron. Y en efecto, alas tenían: Filomena,

transformada en ruiseñor, desapareció en una arboleda inmediata;

Procné, hecha golondrina, aún tiene en su plumaje, como vestigios de

su cruel asesinato, manchas de sangre. Tereo, sediento de venganza,

fue convertido en abubilla, la de vistoso penacho y pico de dardo;

hay quien dice que se transformó en gavilán; Itis, quedó en jilguero.

(Ovidio, _Metamórfosis_, lib. VI, fáb. VI.) Ahora bien: el ruiseñor no

es blanco, _la blanca Filomena_, por lo cual al Brocense le pareció

mejor _la blanda Filomena_, y esta enmienda siguieron Azara, Castro y

otros; también la defiende Tamayo (fol. 41-43), porque aquel ruiseñor

blanco que presentaron, según dicen, a Agripina, mujer de Claudio,

túvolo Plinio ya por maravilla; pero dice Herrera (pág. 429): «con

licencia de ellos no hizo mal Garcilaso en dalle tal apuesto, porque

el color blanco es purísimo y el más perfeto de los colores, y por

traslación al ánimo se toma por sincero, y así _blanca_ significa

simple, sencilla, pura y piadosa...»

[58] Este nombre, _Nemoroso_, ha servido también de adjetivo

poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos

de Cairasco de Figueroa en su _Templo militante_, y de Lope de Vega

en su _Arcadia_; San Juan de la Cruz en la _Canción entre el alma y

su esposo_, dice: «Mi amado, las montañas, -- Los valles solitarios

_nemorosos_, -- Las ínsulas extrañas, -- Los ríos sonorosos, -- El

silbo de los aires amorosos...»

[59] _Piérides_, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve

hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas,

tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el

triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas

en urracas. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. V, fáb. IV.) No obstante la

poesía suele llamar también _Piérides_ a las Musas verdaderas, sin

duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de

Macedonia.

[60] Si _Nemoroso_ y _Salicio_ son Garcilaso (nota al verso 2), _Elisa_

y _Galatea_ deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores

son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El

afortunado rival a quien alude _Salicio_ en los versos 127-137 y en el

180, acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece

confirmar el epígrafe de la _Canción primera en versos cortos_, según

el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un

hombre fuera de su condición.»

[61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser

endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: _Más convenible

fuera aquesta suerte_; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a

bien respetarlo.

[62] _coluna._ Evolución tardía del cultismo _columna_. El grupo de

consonante _mn_ dio _ñ_ en su primitiva evolución: _damnu_, _daño_;

_somnu_, _sueño_. (V. R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 47,2,a.)

[63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le

corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis

Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso

«y se quita la superfluidad, y aquel _blanco pecho_, que tiene algo

de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, _el dorado techo_,

sobre el cuello, _la coluna_, con mayor encarecimiento». En cuanto a

Herrera, lo que quisiera corregir es lo de _blando pecho_, y decir en

su lugar _blanco_. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre

ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo:

«¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido

de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente

notado.»

[64] _Cargar la mano_; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre

como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje,

sin desdeñar giros, frases y modismos sacados de la entraña del

castellano: _Por el paso en que me ves, te juro_..., Eg. II, v. 653;

_Callar que callarás_, íd., 922; _Yo, para mi traer_..., íd., 899; _Dar

al travieso_, íd., 952; _Daca, hermano_..., íd., 969; _Diz que_...,

íd., 1076; _Entrar con pie derecho_, íd., 1467; _Dar de mano_, íd.

1478; _Tomar a destajo_, Eg. III, 193; _Traer por los cabellos_...,

canc. IV, v. 7; _Darse buena mano_, Apéndice I; _A todo correr_,

Apéndice I, etc. Complétase esta nota con las de los versos 360, Eg. I,

y 142, Eg. II. El culto Herrera se indignaba de esto.

[65] El Brocense enmendó _aquello que_; pero Herrera dejó _aquella_,

interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o

imagen se nos ofrece de noche y pone horror.»

[66] Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la _h_,

pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V.

nota anterior, al verso 157.)

[67] Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban

Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo -- quejarse un

pajarillo -- viendo su nido amado, -- de quien era caudillo -- de un

labrador robado...» Hállase en poetas latinos y en otros castellanos;

nació en las _Geórgicas_ de Virgilio, según Herrera, pág. 439.

[68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas.

[69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno.

[70] Deseo insistir en la intención de la nota al verso 289, de esta

misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del

castellano familiar, recordando al lado de esta: _más ardiente que la

llama_, las siguientes: _más dura que mármol_, v. 57; _más helada que

nieve_, v. 59; _más fuerte que el hierro_, v. 265; _más rubio que el

oro_, v. 274; _lo quiero más que a mis ojos_, Eg. II.ª, v. 747, etc.

[71] La noche de la muerte de Elisa.

[72] _Aquel duro trance_ es el trance del parto. _Lucina_ es Diana, a

quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por

diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos

antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de

su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y

compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de

Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los

alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, _Los dioses de Grecia y Roma_,

tomo I, pág. 119.)

[73] _inesorable_, inexorable; véase Eg. II.ª, v. 253, nota.

[74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa

en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya

Salicio es ido! -- ¡Salicio es ido! luego respondieron -- Las selvas,

redoblando su ruído... -- Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo --No

fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo -- Por mano del sacrílego

enemigo?... -- Y tú, Venus dorada... -- ¿Por qué no socorriste el

doloroso -- Trance de tu poeta?...»

[75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una

vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de

Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni

morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su

carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su

lado. (Véase Gebhardt, _obr. cit._, tomo I, pág. 133.)

[76] _comovida_; reducción de la forma culta _conmovida_; casos

análogos _tramontar_, Eg. I, v. 412; _ecelencia_, Eg. II, v. 1741;

_comovió_, Eg. II, v. 1817; _lacivo_, Eg. III, v. 93, etc.; véase nota

al v. 1298 de la Eg. II.

[77] _Tercera rueda_: Juan de Mena, _Las Trescientas_, tercer cerco.

«Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna

otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la

hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.)

[78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el

convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace

aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto;

porque _Salicio_ comenzó al salir del sol.» y «_Nemoroso_ acaba al

poner del sol.» (Pág. 445.)

[79] _recordando_, despertando. De esta significación antigua de

_recordar_ hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase

para los palacios -- donde sus damas están -- dando palmadas en ellas

--Las empezó de llamar: -- Si dormides, mis doncellas, -- si dormides,

recordad! -- Las que sabedes de amores -- consejos me queráis dar...»

(R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of

America, 1910, págs. 25-26.)

[80] Intervienen tres pastores: _Albanio_, _Salicio_ y _Nemoroso_ y la

pastora _Camila_, ninfa de _Albanio_. «Esta égloga es poema dramático,

que también se dice _ativo_, en que no habla el poeta, sino las

personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de

comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es

muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en

el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después

del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del

Danubio; seguramente en Nápoles, hacia 1533.

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