De mí agora huyendo, voy buscando

a quien huye de mí como enemiga;

que al un error añado el otro yerro,

y en medio del trabajo y la fatiga

estoy cantando yo, y está sonando 85

de mis atados pies el grave hierro;

mas poco dura el canto si me encierro

acá dentro de mí, porque allí veo

un campo lleno de desconfianza.

Muéstrame la esperanza 90

de lejos su vestido y su meneo;

mas ver su rostro nunca me consiente.

Torno a llorar mis daños, porque entiendo

que es un crudo linaje de tormento

para matar aquel que está sediento, 95

mostralle el agua por que está muriendo;

de la cual el cuitado juntamente

la claridad contempla, el ruido siente;

mas cuando llega ya para bebella,

gran espacio se halla lejos della.[318] 100

De los cabellos de oro fue tejida

la red que fabricó mi sentimiento,

do mi razón revuelta y enredada

con gran vergüenza suya y corrimiento,

sujeta al apetito y sometida, 105

en público adulterio fue tomada,

del cielo y de la tierra contemplada.[319]

Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto,

pues no tengo con qué considerallo,

y en tal punto me hallo, 110

que estoy sin armas en el campo puesto,

y el paso ya cerrado y la huida.

¿Quién no se espantará de lo que digo?

Que es cierto que he venido a tal estremo,

que del grave dolor que huyo y temo, 115

me hallo algunas veces tan amigo,

que en medio dél, si vuelvo a ver la vida

de libertad, la juzgo por perdida,

y maldigo las horas y momentos

gastados mal en libres pensamientos. 120

No reina siempre aquesta fantasía,

que en imaginación tan variable

no se reposa un hora el pensamiento.

Viene con un rigor tan intratable

a tiempos el rigor, que al alma mía 125

desampara, huyendo, el sufrimiento,

lo que dura la fuerza del tormento.

No hay parte en mí que no se me trastorne

y que en torno de mí no esté llorando;

de nuevo protestando 130

que de la vía espantosa atrás me torne.

Esto ya por razón no va fundado,

ni le dan parte dello a mi juicio,

que este discurso todo es ya perdido;

mas es en tanto daño del sentido 135

este dolor, y en tanto perjuicio,

que todo lo sensible atormentado,

del bien, si alguno tuvo, ya olvidado

está de todo punto, y solo siente

la furia y el rigor del mal presente. 140

En medio de la fuerza del tormento

una sombra de bien se me presenta,

do el fiero ardor un poco se mitiga.

Figúraseme cierto a mí que sienta

alguna parte de lo que yo siento 145

aquella tan amada mi enemiga.

Es tan incomportable la fatiga,

que si con algo yo no me engañase

para poder llevalla, moriría;

y así, me acabaría 150

sin que de mí en el mundo se hablase.

Así que, del estado más perdido

saco algún bien; mas luego en mí la suerte

trueca y revuelve el orden; que algún hora,

si el mal acaso un poco en mí mejora, 155

aquel descanso luego se convierte

en un temor que me ha puesto en olvido

aquella por quien sola me he perdido.

Así, del bien que un rato satisface,

nace el dolor que el alma me deshace. 160

Canción, si quien te viere se espantare

de la instabilidad y ligereza

y revuelta del vago pensamiento;

estable, grave y firme es el tormento

le di, que es causa; cuya fortaleza 165

es tal, que en cualquier parte que tocare,

la hará revolver hasta que pare

en aquel fin de lo terrible y fuerte,

que todo el mundo afirma que es la muerte.

CANCIÓN QUINTA

Si de mi baja lira[320]

tanto pudiese el son, que un momento

aplacase la ira

del animoso viento,

y la furia del mar y el movimiento;[321] 5

y en ásperas montañas

con el suave canto enterneciese

las fieras alimañas,

los árboles moviese,

y al son confusamente los trajese;[322] 10

no pienses que cantado

sería de mí, hermosa flor de Nido,[323]

el fiero Marte airado,

a muerte convertido,

de polvo y sangre y de sudor teñido; 15

ni aquellos capitanes

en las sublimes ruedas colocados,[324]

por quien los alemanes

el fiero cuello atados,

y los franceses van domesticados.[325] 20

Mas solamente aquella

fuerza de tu beldad sería cantada,

y alguna vez con ella

también sería notada

el aspereza de que estás armada; 25

y cómo por ti sola,

y por tu gran valor y hermosura,

convertida en viola,[326]

llora su desventura

el miserable amante en su figura. 30

Hablo de aquel cativo,

de quien tener se debe más cuidado,

que está muriendo vivo,

al remo condenado,

en la concha de Venus amarrado.[327] 35

Por ti, como solía,

del áspero caballo no corrige

la furia y gallardía,

ni con freno le rige,

ni con vivas espuelas ya le aflige. 40

Por ti, con diestra mano

no revuelve la espada presurosa,

y en el dudoso llano

huye la polvorosa

palestra como sierpe ponzoñosa.[328] 45

Por ti, su blanda musa,

en lugar de la cítara sonante,

tristes querellas usa,[329]

que con llanto abundante

hacen bañar el rostro del amante. 50

Por ti, el mayor amigo

le es importuno, grave y enojoso;

yo puedo ser testigo,

que ya del peligroso

naufragio fui su puerto y su reposo. 55

Y agora en tal manera

vence el dolor a la razón perdida,

que ponzoñosa fiera

nunca fue aborrecida

tanto como yo dél, ni tan temida. 60

No fuiste tú engendrada

ni producida de la dura tierra;

no debe ser notada

que ingratamente yerra

quien todo el otro error de sí destierra.[330] 65

Hágate temerosa

el caso de Anajerete, y cobarde,

que de ser desdeñosa

se arrepintió muy tarde;

y así, su alma con su mármol arde.[331] 70

Estábase alegrando

del mal ajeno el pecho empedernido,

cuando abajo mirando,

el cuerpo muerto vido

del miserable amante, allí tendido. 75

Y al cuello el lazo atado,

con que desenlazó de la cadena

el corazón cuitado,

que con su breve pena

compró la eterna punición ajena. 80

Sintió allí convertirse

en piedad amorosa el aspereza.

¡Oh tarde arrepentirse!

¡Oh última terneza!

¿Cómo te sucedió mayor dureza? 85

Los ojos se enclavaron

en el tendido cuerpo que allí vieron,

los huesos se tornaron

más duros y crecieron,

y en sí toda la carne convirtieron; 90

las entrañas heladas

tornaron poco a poco en piedra dura;

por las venas cuitadas

la sangre su figura

iba desconociendo y su natura;[332] 95

hasta que, finalmente,

en duro mármol vuelta y trasformada,

hizo de sí la gente

no tan maravillada

cuanto de aquella ingratitud vengada. 100

No quieras tú, señora,

de Némesis airada las saetas[333]

probar, por Dios, agora;

baste que tus perfetas

obras y hermosura a los poetas 105

den inmortal materia,

sin que también en verso lamentable

celebren la miseria

de algún caso notable

que por ti pase triste y miserable. 110

SONETOS

I

Cuando me paro a contemplar mi estado,[334]

y a ver los pasos por do me ha traído,

hallo, según por do anduve perdido,

que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estó olvidado, 5

a tanto mal no sé por dó he venido;

sé que me acabo, y más he yo sentido

ver acabar comigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte

a quien sabrá perderme y acabarme, 10

si ella quisiere, y aun sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme,

la suya, que no es tanto de mi parte,

pudiendo, ¿qué hará sino hacello?[335]

II

En fin, a vuestras manos he venido,

do sé que he de morir tan apretado,

que aun aliviar con quejas mi cuidado,

como remedio, me es ya defendido.

Mi vida no sé en qué se ha sostenido, 5

si no es en haber sido yo guardado

para que solo en mí fuese probado

cuánto corta un espada en un rendido.[336]

Mis lágrimas han sido derramadas

donde la sequedad y la aspereza 10

dieron mal fruto dellas y mi suerte.

Basten las que por vos tengo lloradas.

No os venguéis más de mí con mi flaqueza;

allá os vengad, señora, con mi muerte.

III

La mar en medio y tierras he dejado

de cuanto bien, cuitado, yo tenía;

yéndome alejando cada día,[337]

gentes, costumbres, lenguas he pasado.

Ya de volver estoy desconfiado; 5

pienso remedios en mi fantasía,

y el que más cierto espero es aquel día

que acabará la vida y el cuidado.

De cualquier mal pudiera socorrerme

con veros yo, señora, o esperallo, 10

si esperallo pudiera sin perdello.

Mas de no veros ya para valerme,

si no es morir, ningún remedio hallo;

y si esto lo es, tampoco podré habello.[338]

IV

Un rato se levanta mi esperanza.

Tan cansada de haberse levantado

torna a caer, que deja, mal mi grado,

libre el lugar a la desconfianza.

¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 5

del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado!

esfuerza en la miseria de tu estado;

que tras fortuna suele haber bonanza.[339]

Yo mismo emprenderé a fuerza de brazos

romper un monte, que otro no rompiera, 10

de mil inconvenientes muy espeso.

Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,

quitarme de ir a veros, como quiera

desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.[340]

V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,

y cuanto yo escrebir de vos deseo;

vos sola lo escrebistes, yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto; 5

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida; 10

por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir y por vos muero.

VI

Por ásperos caminos he llegado

a parte que de miedo no me muevo;

y si a mudarme o dar un paso pruebo,

allí por los cabellos soy tornado.[341]

Mas tal estoy, que con la muerte al lado 5

busco de mi vivir consejo nuevo;

y conozco el mejor y el peor apruebo,[342]

o por costumbre mala o por mi hado.

Por otra parte, el breve tiempo mío,

y el errado proceso de mis años, 10

en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien ya no porfío,[343]

la cierta muerte, fin de tantos daños,

me hacen descuidar de mi remedio.

VII

No pierda más quien ha tanto perdido;[344]

bástete, amor, lo que ha por mí pasado;

válgame agora haber jamás probado

a defenderme de lo que has querido.

Tu templo y sus paredes he vestido 5

de mis mojadas ropas, y adornado,

como acontece a quien ha ya escapado

libre de la tormenta en que se vido.[345]

Yo había jurado nunca más meterme,

a poder mío y a mi consentimiento, 10

en otro tal peligro, como vano.[346]

Mas del que viene no podré valerme;

y en esto no voy contra el juramento;

que ni es como los otros ni en mi mano.

VIII

De aquella vista pura y ecelente

salen espirtus vivos y encendidos,

y siendo por mis ojos recebidos,

me pasan hasta donde el mal se siente.

Encuéntranse al camino fácilmente,[347] 5

con los míos, que de tal calor movidos

salen fuera de mí como perdidos,[348]

llamados de aquel bien que está presente.

Ausente, en la memoria la imagino;

mis espirtus, pensando que la vían, 10

se mueven y se encienden sin medida;

mas no hallando fácil el camino,

que los suyos entrando derretían,

revientan por salir do no hay salida.

IX

Señora mía, si de vos yo ausente

en esta vida turo y no me muero,[349]

paréceme que ofendo a lo que os quiero,

y al bien de que gozaba en ser presente.

Tras este, luego siento otro acidente, 5

que es ver que si de vida desespero,

yo pierdo cuanto bien de vos espero,

y así ando en lo que siento diferente.

En esta diferencia mis sentidos

están en vuestra ausencia y en porfía. 10

No sé ya qué hacerme en mal tamaño.[350]

Nunca entre sí los veo sino reñidos.

De tal arte pelean noche y día,

que solo se conciertan en mi daño.

X

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,[351]

dulces y alegres cuando Dios quería!

Juntas estáis en la memoria mía,

y con ella en mi muerte conjuradas.

¿Quién me dijera, cuando en las pasadas 5

horas en tanto bien por vos me vía,

que me habíades de ser en algún día

con tan grave dolor representadas?

Pues en un hora junto me llevastes

todo el bien que por términos me distes, 10

llevadme junto el mal que me dejastes.

Si no, sospecharé que me pusistes

en tantos bienes, porque deseastes

verme morir entre memorias tristes.[352]

XI

Hermosas ninfas, que en el río metidas,

contentas habitáis en las moradas

de relucientes piedras fabricadas

y en colunas de vidro sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas, 5

o tejiendo las telas delicadas;

agora unas con otras apartadas,

contándoos los amores y las vidas;

dejad un rato la labor, alzando

vuestras rubias cabezas a mirarme, 10

y no os detendréis mucho según ando;

que o no podréis de lástima escucharme,

o convertido en agua aquí llorando,

podréis allá de espacio consolarme.[353]

XII

Si para refrenar este deseo

loco, imposible, vano, temeroso,

y guarecer de un mal tan peligroso,

que es darme a entender yo lo que no creo,

no me aprovecha verme cual me veo, 5

o muy aventurado o muy medroso,

en tanta confusión, que nunca oso

fiar el mal de mí que lo poseo,

¿qué me ha de aprovechar ver la pintura

de aquel que con las alas derretidas 10

cayendo, fama y nombre al mar ha dado;

y la del que su fuego y su locura

llora entre aquellas plantas conocidas,

apenas en el agua resfriado?

XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,[354]

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que al oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían 5

los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;

los blancos pies en tierra se hincaban,

y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía 10

este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!

¡Que con lloralla cresca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

XIV

Como la tierna madre que el doliente

hijo le está con lágrimas pidiendo

alguna cosa, de la cual comiendo,

sabe que ha de doblarse el mal que siente,

y aquel piadoso amor no le consiente 5

que considere el daño que haciendo

lo que le pide hace, va corriendo,

y dobla el mal, y aplaca el acidente;[355]

así a mi enfermo y loco pensamiento,

que en su daño os me pide, yo querría 10

quitar este mortal mantenimiento.

Mas pídemelo, y llora cada día

tanto, que cuanto quiere le consiento,

olvidando su muerte y aun la mía.

XV

Si quejas y lamentos pueden tanto,

que el curso refrenaron de los ríos,

y en los diversos montes y sombríos

los árboles movieron con su canto;

si convirtieron a escuchar su llanto 5

las fieras tigres y peñascos fríos;

si, en fin, con menos casos que los míos

bajaron a los reinos del espanto;[356]

¿por qué no ablandará mi trabajosa

vida, en miseria y lágrimas pasada, 10

un corazón comigo endurecido?

Con más piedad debría ser escuchada

la voz del que se llora por perdido

que la del que perdió y llora otra cosa.

XVI

No las francesas armas odiosas,[357]

en contra puestas del airado pecho,

ni en los guardados muros con pertrecho

los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas, 5

ni aquel fiero ruido contrahecho

de aquel que para Júpiter fue hecho

por manos de Vulcano artificiosas,[358]

pudieron, aunque más yo me ofrecía

a los peligros de la dura guerra, 10

quitar un hora sola de mi hado.

Mas infición de aire en solo un día

me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado,

Parténope, tan lejos de mi tierra.[359]

XVII

Pensando que el camino iba derecho,

vine a parar en tanta desventura,

que imaginar no puedo, aun con locura,

algo de que esté un rato satisfecho.

El ancho campo me parece estrecho; 5

la noche clara para mí es escura;

la dulce compañía, amarga y dura,

y duro campo de batalla el lecho.

Del sueño, si hay alguno, aquella parte

sola que es ser imagen de la muerte 10

se aviene con el alma fatigada.

En fin, que como quiera, estoy de arte,

que juzgo ya por hora menos fuerte,

aunque en ella me vi, la que es pasada.

XVIII

Si a vuestra voluntad yo soy de cera,

y por sol tengo solo vuestra vista,

la cual a quien no inflama o no conquista

con su mirar, es de sentido fuera;

de do viene una cosa, que si fuera 5

menos veces de mí probada y vista,

según parece que a razón resista,

a mi sentido mismo no creyera,

y es, que yo soy de lejos inflamado

de vuestra ardiente vista, y encendido 10

tanto, que en vida me sostengo apenas.

Mas si de cerca soy acometido

de vuestros ojos, luego siento helado

cuajárseme la sangre por las venas.

XIX

Julio, después que me partí llorando[360]

de quien jamás mi pensamiento parte,

y dejé de mi alma aquella parte

que al cuerpo vida y fuerza estaba dando,

de mi bien a mí mismo voy tomando 5

estrecha cuenta, y siento de tal arte

faltarme todo el bien, que temo en parte

que ha de faltarme el aire sospirando;

y con este temor, mi lengua prueba

a razonar con vos ¡oh dulce amigo! 10

del amarga memoria de aquel día

en que yo comencé como testigo

a poder dar del alma vuestra nueva,

y a sabella de vos del alma mía.[361]

XX

Con tal fuerza y vigor son concertados[362]

para mi perdición los duros vientos,

que cortaron mis tiernos pensamientos

luego que sobre mí fueron mostrados.

El mal es que me quedan los cuidados 5

en salvo destos acontecimientos,

que son duros, y tienen fundamentos

en todos mis sentidos bien echados.

Aunque por otra parte no me duelo,

ya que el bien me dejó con su partida, 10

del grave mal que en mí está de contino;

antes con él me abrazo y me consuelo;

porque en proceso de tan dura vida

atajaré la guerra del camino.[363]

XXI

Clarísimo Marqués, en quien derrama[364]

el cielo cuanto bien conoce el mundo;

si al gran valor en que el sujeto fundo,

y al claro resplandor de vuestra llama

arribare mi pluma, y do la llama 5

la voz de vuestro nombre alto y profundo,

seréis vos solo eterno y sin segundo,

y por vos inmortal quien tanto os ama.

Cuanto del largo cielo se desea,

cuanto sobre la tierra se procura, 10

todo se halla en vos de parte en parte;

y, en fin, de solo vos formó natura

una estraña y no vista al mundo idea,

y hizo igual al pensamiento el arte.

XXII

Con ansia estrema de mirar qué tiene

vuestro pecho escondido allá en su centro,

y ver si a lo de fuera lo de dentro

en aparencia y ser igual conviene,

en él puse la vista; mas detiene 5

de vuestra hermosura el duro encuentro

mis ojos, y no pasan tan adentro,

que miren lo que el alma en sí contiene.[365]

Y así, se quedan tristes en la puerta

hecha por mi dolor, con esa mano, 10

que aun a su mismo pecho no perdona;[366]

donde vi claro mi esperanza muerta,

y el golpe que os hizo amor en vano

_non esservi passato oltra la gonna_.[367]

XXIII

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende el corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena 5

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera,

por no hacer mudanza en su costumbre.[368]

XXIV

Ilustre honor del nombre de Cardona,[369]

décima moradora de Parnaso,[370]

a Tansilo, a Minturno, al culto Taso[371]

sujeto noble de inmortal corona;

si en medio del camino no abandona 5

la fuerza y el espirtu a vuestro Laso,

por vos me llevará mi osado paso

a la cumbre difícil de Helicona.[372]

Podré llevar entonces sin trabajo

con dulce son que el curso al agua enfrena, 10

por un camino hasta agora enjuto,

el patrio celebrado y rico Tajo,

que del valor de su luciente arena

a vuestro nombre pague el gran tributo.

XXV

¡Oh hado esecutivo en mis dolores,[373]

cómo sentí tus leyes rigurosas!

Cortaste el árbol con manos dañosas,

y esparciste por tierra fruta y flores.

En poco espacio yacen mis amores 5

y toda la esperanza de mis cosas,

tornadas en cenizas desdeñosas,

y sordas a mis quejas y clamores.

Las lágrimas que en esta sepultura

se vierten hoy en día y se vertieron 10

recibe, aunque sin fruto allá te sean,

hasta que aquella eterna noche escura

me cierre aquestos ojos que te vieron,

dejándome con otros que te vean.[374]

XXVI

Echado está por tierra el fundamento[375]

que mi vivir cansado sostenía.

¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día!

¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento!

¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento 5

cuando se ocupa en bien de cosa mía!

A mi esperanza, así como a baldía,

mil veces la castiga mi tormento.

Las más veces me entrego, otras resisto

con tal furor, con una fuerza nueva, 10

que un monte puesto encima rompería.

Aqueste es el deseo que me lleva

a que desee tornar a ver un día

a quien fuera mejor nunca haber visto.

XXVII

Amor, amor, un hábito vestí,[376]

el cual de vuestro paño fue cortado;

al vestir ancho fue, mas apretado

y estrecho cuando estuvo sobre mí.

Después acá de lo que consentí, 5

tal arrepentimiento me ha tornado,

que pruebo alguna vez, de congojado,

a romper esto en que yo me metí.

Mas ¿quién podrá deste hábito librarse,

teniendo tan contraria su natura, 10

que con él ha venido a conformarse?

Si alguna parte queda por ventura

de mi razón, por mí no osa mostrarse;

que en tal contradición no está segura.

XXVIII

Boscán, vengado estáis, con mengua mía,

de mi rigor pasado y mi aspereza,

con que reheprenderos la terneza

de vuestro blando corazón solía.

Agora me castigo cada día 5

de tal salvatiquez y tal torpeza;[377]

mas es a tiempo que de mi bajeza

correrme y castigarme bien podría.

Sabed que en mi perfeta edad y armado,

con mis ojos abiertos me he rendido 10

al niño que sabéis, ciego y desnudo.

De tan hermoso fuego consumido

nunca fue corazón. Si preguntado

soy lo demás, en lo demás soy mudo.

XXIX

Pasando el mar Leandro el animoso,[378]

en amoroso fuego todo ardiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso.

Vencido del trabajo presuroso, 5

contrastar a las ondas no pudiendo,

y más del bien que allí perdía muriendo,

que de su propia vida congojoso,

como pudo esforzó su voz cansada,

y a las ondas habló desta manera, 10

(mas nunca fue la voz dellas oída):

«Ondas, pues no os escusa que yo muera,

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor esecutá en mi vida.»[379]

XXX

Sospechas, que en mi triste fantasía

puestas, hacéis la guerra a mi sentido,

volviendo y revolviendo el afligido

pecho, con dura mano, noche y día;

ya se acabó la resistencia mía 5

y la fuerza del alma; ya rendido

vencer de vos me dejo, arrepentido

de haberos contrastado en tal porfía.[380]

Llevadme a aquel lugar tan espantable,

do por no ver mi muerte allí esculpida, 10

cerrados hasta aquí tuve los ojos.

Las armas pongo ya; que concedida[381]

no es tan larga defensa al miserable;

colgad en vuestro carro mis despojos.[382]

XXXI

Dentro en mi alma fue de mí engendrado

un dulce amor, y de mi sentimiento

tan aprobado fue su nacimiento

como de un solo hijo deseado;

mas luego dél nació quien ha estragado 5

del todo el amoroso pensamiento;

que en áspero rigor y en gran tormento

los primeros deleites ha trocado.

¡Oh crudo nieto, que das vida al padre[383]

y matas al abuelo! ¿por qué creces 10

tan disconforme a aquel de que has nacido?

¡Oh celoso temor! ¿a quién pareces?

¡Que la envidia, tu propia y fiera madre,

se espanta en ver el mostro que ha parido![384]

XXXII

Estoy contino en lágrimas bañado,

rompiendo el aire siempre con sospiros;

y más me duele nunca osar deciros

que he llegado por vos a tal estado,

que viéndome do estoy y lo que he andado 5

por el camino estrecho de seguiros,

si me quiero tornar para huiros,

desmayo viendo atrás lo que he dejado;

si a subir pruebo, en la difícil cumbre,

a cada paso espántanme en la vía 10

ejemplos tristes de los que han caído.

Y sobre todo, fáltame la lumbre

de la esperanza, con que andar solía

por la escura región de vuestro olvido.[385]

XXXIII

Mario, el ingrato amor, como testigo[386]

de mi fe pura y de mi gran firmeza,

usando en mí su vil naturaleza,

que es hacer más ofensa al más amigo;

teniendo miedo que si escribo o digo 5

su condición, abajo su grandeza,

no bastando su fuerza a mi crueza,

ha esforzado la mano a mi enemigo.

Y así, en la parte que la diestra mano

gobierna, y en aquella que declara 10

el conceto del alma, fui herido.

Mas yo haré que aquesta ofensa, cara

le cueste al ofensor, que ya estoy sano,

libre, desesperado y ofendido.

XXXIV

Gracias al cielo doy que ya del cuello

del todo el grave yugo he sacudido,

y que del viento el mar embravecido

veré desde la tierra sin temello.

Veré colgada de un sutil cabello[387] 5

la vida del amante embebecido

en su error, y en su engaño adormecido,

sordo a las voces que le avisan dello.

Alegrárame el mal de los mortales;

mas no es mi corazón tan inhumano 10

en aqueste mi error como parece,

porque yo huelgo, como huelga el sano,

no de ver a los otros en los males,

sino de ver que dellos él carece.[388]

XXXV

Boscán, las armas y el furor de Marte,[389]

que con su propia sangre el africano

suelo regando, hacen que el romano

imperio reverdesca en esta parte,

han reducido a la memoria el arte 5

y el antiguo valor italiano,

por cuya fuerza y valerosa mano

África se aterró de parte a parte.

Aquí donde el romano encendimiento,

donde el fuego y la llama licenciosa 10

solo el nombre dejaron a Cartago,

vuelve y revuelve amor mi pensamiento,

hiere y enciende el alma temerosa,

y en llanto y en ceniza me deshago.[390]

XXXVI

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