Aunque este grave caso haya tocado[251]

con tanto sentimiento el alma mía,

que de consuelo estoy necesitado,

con que de su dolor mi fantasía

se descargase un poco, y se acabase 5

de mi continuo llanto la porfía,

quise, pero, probar si me bastase[252]

el ingenio a escribirte algún consuelo,

estando cual estoy, que aprovechase

para que tu reciente desconsuelo 10

la furia mitigase, si las musas

pueden un corazón alzar del suelo

y poner fin a las querellas que usas,

con que de Pindo ya las moradoras

se muestran lastimadas y confusas; 15

que, según he sabido, ni a las horas

que el sol se muestra ni en el mar se esconde,

de tu lloroso estado no mejoras;

antes en él permaneciendo, donde

quiera que estás tus ojos siempre bañas, 20

y el llanto a tu dolor así responde,

que temo ver deshechas tus entrañas

en lágrimas, como al lluvioso viento

se derrite la nieve en las montañas.

Si acaso el trabajado pensamiento 25

en el común reposo se adormece,

por tornar al dolor con nuevo aliento,

en aquel breve sueño te aparece

la imagen amarilla del hermano,

que de la dulce vida desfallece; 30

y tú, tendiendo la piadosa mano,

probando a levantar el cuerpo amado,

levantas solamente el aire vano;

y del dolor el sueño desterrado

con ansia vas buscando, el que partido 35

era ya con el sueño y alongado.

Así desfalleciendo en tu sentido,

como fuera de ti, por la ribera

de Trápana con llanto y con gemido

el caro hermano buscas, que sola era 40

la mitad de tu alma, el cual muriendo,

no quedará ya tu alma entera.[253]

Y no de otra manera repitiendo

vas el amado nombre, en desusada

figura a todas partes revolviendo, 45

que cerca del Erídano aquejada,[254]

lloró y llamó Lampecie el nombre en vano,[255]

con la fraterna muerte lastimada:

«Ondas, tornadme ya mi dulce hermano

Faetón; si no, aquí veréis mi muerte, 50

regando con mis ojos este llano.»

¡Oh cuántas veces, con el dolor fuerte

avivadas las fuerzas, renovaba

las quejas de su cruda y dura suerte!

¡Y cuántas otras, cuando se acababa 55

aquel furor, en la ribera umbrosa,

muerta, cansada, el cuerpo reclinaba!

Bien te confieso que si alguna cosa

entre la humana puede y mortal gente

entristecer un alma generosa, 60

con gran razón podrá ser la presente,

pues te ha privado de un tan dulce amigo,

no solamente hermano, un acidente;

el cual, no solo siempre fue testigo

de tus consejos y íntimos secretos, 65

mas de cuanto lo fuiste tú contigo.

En él se reclinaban tus discretos

y honestos pareceres, y hacían

conformes al asiento sus efetos.

En él ya se mostraban y leían 70

tus gracias y virtudes una a una,

y con hermosa luz resplandecían,

como en luciente de cristal coluna,[256]

que no encubre de cuanto se avecina

a su viva pureza cosa alguna. 75

¡Oh, miserables hados! ¡Oh, mesquina

suerte la del estado humano, y dura,

do por tantos trabajos se camina!

Y agora muy mayor la desventura

de aquesta nuestra edad, cuyo progreso 80

muda de un mal en otro su figura.

¿A quién ya de nosotros el eceso

de guerras, de peligros y destierro

no toca, y no ha cansado el gran proceso?

¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro 85

del enemigo? ¿Quién no vio su vida

perder mil veces y escapar por yerro?

¿De cuántos queda y quedará perdida

la casa y la mujer y la memoria,

y de otros la hacienda despendida? 90

¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria?

¿Algunos premios o agradecimientos?

Sabralo quien leyere nuestra historia.

Verase allí que como polvo al viento,

así se deshará nuestra fatiga 95

ante quien se endereza nuestro intento.

No contenta con esto la enemiga

del humano linaje, que invidiosa

coge sin tiempo el grano de la espiga,

nos ha querido ser tan rigurosa, 100

que ni a tu juventud, don Bernaldino,

ni ha sido a nuestra pérdida piadosa.

¿Quién pudiera de tal ser adivino?

¿A quién no le engañara la esperanza,

viéndote caminar por tal camino? 105

¿Quién no se prometiera en abastanza[257]

seguridad entera de tus años,

sin temer de natura tal mudanza?

Nunca los tuyos, mas los propios daños,

dolernos deben; que la muerte amarga 110

nos muestra claros ya mil desengaños:

hanos mostrado ya que en vida larga

apenas de tormentos y de enojos

llevar podemos la pesada carga;

hanos mostrado en ti que claros ojos 115

y juventud y gracia y hermosura,[258]

son también, cuando quiere, sus despojos.

Mas no puede hacer que tu figura,

después de ser de vida ya privada,

no muestre el artificio de natura. 120

Bien es verdad que no está acompañada

de la color de rosa que solía

con la blanca azucena ser mesclada;

porque el calor templado que encendía

la blanca nieve de tu rostro puro, 125

robado ya la muerte te lo había.

En todo lo demás, como en seguro

y reposado sueño descansabas,

indicio dando del vivir futuro.[259]

Mas ¿qué hará la madre que tú amabas, 130

de quien perdidamente eras amado,

a quien la vida con la tuya dabas?

Aquí se me figura que ha llegado

de su lamento el son, que con su fuerza

rompe el aire vecino y apartado; 135

tras el cual a venir también se esfuerza

el de las cuatro hermanas, que teniendo

va con el de la madre viva fuerza.

A todas las contemplo desparciendo

de su cabello luengo el fino oro, 140

al cual ultraje y daño están haciendo.

El viejo Tormes con el blanco coro

de sus hermosas ninfas seca el río,

y humedece la tierra con su lloro.

No recostado en urna al dulce frío[260] 145

de su caverna umbrosa, mas tendido

por el arena en el ardiente estío,

con ronco son de llanto y de gemido,

los cabellos y barbas mal paradas

se despedaza, y el sutil vestido. 150

En torno dél sus ninfas, desmayadas,

llorando en tierra están sin ornamento,

con las cabezas de oro despeinadas.

Cese ya del dolor, el sentimiento,

hermosas moradoras del undoso 155

Tormes; tened más provechoso intento;

consolad a la madre, que el piadoso

dolor la tiene puesta en tal estado,

que es menester socorro presuroso.

Presto será que el cuerpo, sepultado 160

en un perpetuo mármol, de las ondas

podrá de vuestro Tormes ser bañado.

Y tú, hermoso coro, allá en las hondas

aguas metido, podrá ser que al llanto

de mi dolor te muevas y respondas. 165

Vos, altos promontorios, entre tanto

con toda la Trinacria entristecida[261]

buscad alivio en desconsuelo tanto.

Sátiros, faunos, ninfas, cuya vida[262]

sin enojos se pasa, moradores 170

de la parte repuesta y escondida,

con luenga esperiencia sabidores,

buscad para consuelo de Fernando

hierbas de propriedad oculta y flores;

así en el escondido bosque, cuando 175

ardiendo en vivo y agradable fuego

las fugitivas ninfas vais buscando,

ellas se inclinen al piadoso ruego,

y en recíproco lazo estén ligadas,

sin esquivar el amoroso juego. 180

Tú, gran Fernando, que entre tus pasadas

y tus presentes obras resplandeces,

y a mayor fama están por ti obligadas,

contempla dónde estás; que si falleces

al nombre que has ganado entre la gente, 185

de tu virtud en algo te enflaqueces.

Porque al fuerte varón no se consiente

no resistir los casos de fortuna

con firme rostro y corazón valiente.

Y no tan solamente esta importuna, 190

con proceso cruel y riguroso,

con revolver de sol, de cielo y luna

mover no debe un pecho generoso,

ni entristecello con funesto vuelo,

turbando con molestia su reposo; 195

mas si toda la máquina del cielo

con espantable son y con ruído,

hecha pedazos, se viniere al suelo,

debe ser aterrado y oprimido

del grave peso y de la gran ruína, 200

primero que espantado y comovido.

Por estas asperezas se camina

de la inmortalidad al alto asiento,

do nunca arriba quien de aquí declina.

En fin, Señor, tornando al movimiento 205

de la humana natura, bien permito

a nuestra flaca parte un sentimiento;

mas el eceso en esto vedo y quito,

si alguna cosa puedo, que parece

que quiere proceder en infinito. 210

A lo menos el tiempo que, descrece

y muda de las cosas el estado,

debe bastar, si la razón fallece.

No fue el troyano príncipe llorado[263]

siempre del viejo padre dolorido, 215

ni siempre de la madre lamentado;

antes, después del cuerpo redemido

con lágrimas humildes y con oro,

que fue del fiero Aquiles concedido,

y reprimido el lamentable coro 220

del frigio llanto, dieron fin al vano

y sin provecho sentimiento y lloro.

El tierno pecho, en esta parte humano,

de Venus, ¿qué sintió, su Adonis viendo

de su sangre regar el verde llano?[264] 225

Mas des que vido bien que corrompiendo

con lágrimas sus ojos no hacía

sino en su llanto estarse deshaciendo,

y que tornar llorando no podía

su caro y dulce amigo de la escura 230

y tenebrosa noche al claro día,

los ojos enjugó, y la frente pura

mostró con algo más contentamiento,

dejando con el muerto la tristura;

y luego con gracioso movimiento 235

se fue su paso por el verde suelo,

con su guirnalda usada y su ornamento.

Desordenaba con lacivo vuelo

el viento su cabello, y con su vista

alegraba la tierra, el mar y el cielo. 240

Con discurso y razón que es tan prevista,

con fortaleza y ser que en ti contemplo,

a la flaca tristeza se resista.

Tu ardiente gana de subir al templo

donde la muerte pierde su derecho, 245

te baste, sin mostrarte yo otro ejemplo.

Allí verás cuán poco mal ha hecho

la muerte en la memoria y clara fama

de los famosos hombres que ha deshecho.

Vuelve los ojos donde al fin te llama 250

la suprema esperanza, do perfeta

sube y purgada el alma en pura llama.

¿Piensas que es otro el fuego que en Oeta[265]

de Alcides consumió la mortal parte[266]

cuando voló el espirtu al alta meta? 255

Desta manera aquel por quien reparte

tu corazón sospiros mil al día,

y resuena tu llanto en cada parte,

subió por la difícil y alta vía,

de la carne mortal purgado y puro, 260

en la dulce región del alegría;

do con discurso libre ya y seguro

mira la vanidad de los mortales,

ciegos, errados en el aire escuro;

y viendo y contemplando nuestros males, 265

alégrase de haber alzado el vuelo

a gozar de las horas inmortales.

Pisa el inmenso y cristalino cielo

teniendo puestos de una y otra mano

el claro padre y el sublime abuelo.[267] 270

El uno ve de su proceso humano

sus virtudes estar allí presentes,

que el áspero camino hacen llano;

el otro, que acá hizo entre las gentes

en la vida mortal menor tardanza, 275

sus llagas muestra allá resplandecientes.

Dellas aqueste premio allá se alcanza;

porque del enemigo no conviene

procurar en el cielo otra venganza.

Mira la tierra, el mar que la contiene,[268] 280

todo lo cual por un pequeño punto

a respeto del cielo juzga y tiene.

Puesta la vista en aquel gran trasunto

y espejo, do se muestra lo pasado

con lo futuro y lo presente junto, 285

el tiempo que a tu vida limitado

de allá arriba te está, Fernando, mira,

y allí ve tu lugar ya deputado.

¡Oh bienaventurado! que sin ira,

sin odio, en paz estás, sin amor ciego, 290

con quien acá se muere y se sospira;

y en eterna holganza y en sosiego

vives, y vivirás cuanto encendiere

las almas del divino amor el fuego!

Si el cielo piadoso y largo diere 295

luenga vida a la voz deste mi llanto,

lo cual tú sabes que pretende y quiere,

yo te prometo, amigo, que entre tanto

que el sol al mundo alumbre, y que la escura

noche cubra la tierra con su manto, 300

y en tanto que los peces la hondura

húmida habitarán del mar profundo,

y las fieras del monte la espesura,

se cantará de ti por todo el mundo;

que en cuanto se discurre, nunca visto 305

de tus años jamás otro segundo

será desde el Antártico a Calisto.[269]

ELEGÍA SEGUNDA

Aquí, Boscán, donde del buen troyano[270]

Anquises con eterno nombre y vida[271]

conserva la ceniza el Mantuano,[272]

debajo de la seña esclarecida

de César Africano nos hallamos,[273] 5

la vencedora gente recogida;

diversos en estudio; que unos vamos

muriendo por coger de la fatiga

el fruto que con el sudor sembramos;

otros, que hacen la virtud amiga 10

y premio de sus obras, y así quieren

que la gente lo piense y que lo diga,

destotros en lo público difieren,

y en lo secreto sabe Dios en cuánto

se contradicen en lo que profieren. 15

Yo voy por medio, porque nunca tanto

quise obligarme a procurar hacienda;

que un poco más que aquellos me levanto.

Ni voy tampoco por la estrecha senda

de los que cierto sé que a la otra vía 20

vuelven de noche, al caminar, la rienda.

Mas, ¿dónde me llevó la pluma mía,

que a sátira me voy mi paso a paso,[274]

y aquesta que os escribo es elegía?

Yo enderezo, señor, en fin, mi paso 25

por donde vos sabéis, que su proceso

siempre ha llevado y lleva Garcilaso;[275]

y así, en mitad de aqueste monte espeso

de las diversidades me sostengo,

no sin dificultad, mas no por eso 30

dejo las musas, antes torno y vengo

dellas al negociar, y variando,

con ellas dulcemente me entretengo.

Así se van las horas engañando,

así del duro afán y grave pena 35

estamos algún hora descansando.

De aquí iremos a ver de la sirena

la patria, que bien muestra haber ya sido[276]

de ocio y de amor antiguamente llena.[277]

Allí mi corazón tuvo su nido 40

un tiempo ya; mas no sé ¡triste! agora

o si estará ocupado o desparcido.[278]

De aquesto un frío temor así a deshora

por mis huesos discurre en tal manera,

que no puedo vivir con él un hora. 45

Si ¡triste! de mi bien estado hubiera

un breve tiempo ausente, yo no niego

que con mayor seguridad viviera.

La breve ausencia hace el mismo juego

en la fragua de amor, que en fragua ardiente 50

el agua moderada hace al fuego;

la cual verás que no tan solamente

no lo suele matar, mas lo refuerza

con ardor más intenso y eminente;

porque un contrario con la poca fuerza 55

de su contrario, por vencer la lucha,

su brazo aviva y su valor esfuerza;

pero si el agua en abundancia mucha

sobre el fuego se esparce y se derrama,

el humo sube al cielo, el son se escucha, 60

y el claro resplandor de viva llama,

en polvo y en ceniza convertido,

apenas queda dél sino la fama.

Así el ausencia larga, que ha esparcido

en abundancia su licor, que amata 65

el fuego que el amor tenía encendido,

de tal suerte lo deja, que lo trata

la mano sin peligro en el momento

que en aparencia y son se desbarata.

Yo solo fuera voy de aqueste cuento; 70

porque el amor me aflige y me atormenta,

y en el ausencia crece el mal que siento;

y pienso yo que la razón consienta

y permita la causa deste efeto,

que a mí solo entre todos se presenta; 75

porque, como del cielo yo sujeto

estaba eternamente y deputado

al amoroso fuego en que me meto,

así para poder ser amatado,

el ausencia sin término infinita 80

debe ser, y sin tiempo limitado;

lo cual no habrá razón que lo permita;

porque, por más y más que ausencia dure,

con la vida se acaba, que es finita.

Mas a mí ¿quién habrá que me asegure 85

que mi mala fortuna con mudanza

y olvido contra mí no se conjure?

Este temor persigue la esperanza

y oprime y enflaquece el gran deseo

con que mis ojos van de su holganza.[279] 90

Con ellos solamente agora veo

este dolor que el corazón me parte,

y con él y comigo aquí peleo.

¡Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte,

de túnica cubierto de diamante,[280] 95

y endurecido siempre en toda parte!

¿Qué tiene que hacer el tierno amante

con tu dureza y áspero ejercicio

llevado siempre del furor delante?

Ejercitando, por mi mal, tu oficio, 100

soy reducido a términos que muerte

será mi postrimero beneficio.[281]

Y esta no permitió mi dura suerte

que me sobreviniese peleando,

de hierro traspasado agudo y fuerte,[282] 105

por que me consumiese contemplando

mi amado y dulce fruto en mano ajena,

y el duro posesor de mí burlando.

Mas, ¿dónde me trasporta y enajena

de mi proprio sentido el triste miedo? 110

Aparte de vergüenza y dolor llena,

donde si el mal yo viese, ya no puedo,

según con esperalle estoy perdido,

acrecentar en la miseria un dedo.

Así lo pienso agora, y si él venido 115

fuese en su misma forma y su figura,

tendría el presente por mejor partido,

y agradecería siempre a la ventura

mostrarme de mi mal solo el retrato,

que pintan mi temor y mi tristura. 120

Yo sé qué cosa es esperar un rato

el bien del propio engaño, y solamente

tener con él inteligencia y trato.

Como acontece al mísero doliente,

que del un cabo el cierto amigo y sano 125

le muestra el grave mal de su acidente,

y le amonesta que del cuerpo humano

comience a levantar a mejor parte

el alma suelta con volar liviano;

mas la tierna mujer, de la otra parte, 130

no se puede entregar a desengaño,

y encúbrele del mal la mayor parte;

él, abrazado con su dulce engaño,

vuelve los ojos a la voz piadosa,

y alégrase muriendo con su daño, 135

así los quito yo de toda cosa,

y póngolos en solo el pensamiento

de la esperanza cierta o mentirosa.

En este dulce error muero contento;

porque ver claro y conocer mi estado 140

no puede ya curar el mal que siento;

y acabo como aquel que en un templado

baño metido, sin sentido muere,

las venas dulcemente desatado.[283]

Tú, que en la patria entre quien bien te quiere 145

la deleitosa playa estás mirando,[284]

y oyendo el son del mar que en ella hiere,

y sin impedimento contemplando

la misma a quien tú vas eterna fama,

en tus vivos escritos, procurando; 150

alégrate, que más hermosa llama[285]

que aquella que el troyano encendimiento

pudo causar, el corazón te inflama.

No tienes que temer el movimiento

de la fortuna con soplar contrario, 155

que el puro resplandor serena el viento.

Yo, como conducido mercenario,

voy do fortuna a mi pesar me envía,

si no a morir, que aquesto es voluntario.

Solo sostiene la esperanza mía 160

un tan débil engaño, que de nuevo

es menester hacello cada día;

y si no lo fabrico y lo renuevo,

da consigo en el suelo mi esperanza;

tanto, que en vano a levantalla pruebo. 165

Aqueste premio mi servir alcanza,

que en sola la miseria de mi vida

negó fortuna su común mudanza.

¿Dónde podré huir que sacudida

un rato sea de mí la grave carga 170

que oprime mi cerviz enflaquecida?

Mas ¡ay! que la distancia no descarga

el triste corazón, y el mal, doquiera

que estoy, para alcanzarme el vuelo alarga.

Si donde el sol ardiente reverbera 175

en la arenosa Libia, engendradora

de toda cosa ponzoñosa y fiera;

o adonde es él vencido a cualquiera hora

de la rígida nieve y viento frío,

parte do no se vive ni se mora; 180

si en esta o en aquella el desvarío

o la fortuna me llevase un día,

y allí gastase todo el tiempo mío;

el celoso temor con mano fría

en medio del calor y ardiente arena 185

el triste corazón me apretaría;

y en el rigor del hielo, en la serena

noche, soplando el viento agudo y puro,

que el veloce correr del agua enfrena,

de aqueste vivo fuego en que me apuro 190

y consumirme poco a poco espero,

sé que aun allí no podré estar seguro;

y así, diverso entre contrarios muero.

EPÍSTOLA

Señor Boscán, quien tanto gusto tiene[286]

de daros cuenta de los pensamientos

hasta en las cosas que no tienen nombre,

no le podrá con vos faltar materia,

ni será menester buscar estilo 5

presto, distinto, de ornamento puro,[287]

tal cual a culta epístola conviene.

Entre muy grandes bienes que consigo

el amistad perfeta nos concede,

es aqueste descuido suelto y puro, 10

lejos de la curiosa pesadumbre;

y así, de aquesta libertad gozando,

digo que vine, cuanto a lo primero,

tan sano como aquel que en doce días

lo que solo veréis ha caminado 15

cuando el fin de la carta os lo mostrare.[288]

Alargo y suelto a su placer la rienda,

mucho más que al caballo, al pensamiento,

y llévame a las veces por camino

tan dulce y agradable, que me hace 20

olvidar el trabajo del pasado.

Otras me lleva por tan duros pasos,

que con la fuerza del afán presente,

también de los pasados se me olvida.

A veces sigo un agradable medio 25

honesto y reposado en que el discurso

del gusto y del ingenio se ejercita.

Iba pensando y discurriendo un día

a cuántos bienes alargó la mano

el que de la amistad mostró el camino; 30

y luego vos, de la amistad ejemplo,

os me ofrecéis en estos pensamientos.

Y con vos a lo menos me acontece

una gran cosa, al parecer estraña;

y porque la sepáis en pocos versos, 35

es que, considerando los provechos,

las honras y los gustos que me vienen

desta vuestra amistad, que en tanto tengo,

ninguna cosa en mayor precio estimo,[289]

ni me hace gustar del dulce estado, 40

tanto como el amor de parte mía.

Este conmigo tiene tanta fuerza,

que sabiendo muy bien las otras partes

de la amistad, de la estrecheza nuestra,

con solo aqueste el alma se enternece; 45

y sé que otra mente me aprovecha,

que el deleite, que suele ser pospuesto

a las útiles cosas y a las graves.[290]

Llévame a escudriñar la causa desto

ver contino tan recio en mí el efeto, 50

y hallo que el provecho, el ornamento,

el gusto y el placer que se me sigue

del vínculo de amor que nuestro genio

enredó sobre nuestros corazones,

son cosas que de mí no salen fuera, 55

y en mí el provecho solo se convierte.

Mas el amor, de donde por ventura

nacen todas las cosas, si hay algunas

que a vuestra utilidad y gusto miren,

es razón grande que en mayor estima 60

tenido sea de mí, que todo el resto,

cuánto más generosa y alta parte

es el hacer el bien que el recebillo;[291]

así que amando me deleito, y hallo

que no es locura este deleite mío. 65

¡Oh cuán corrido estoy y arrepentido

de haberos alabado el tratamiento

del camino de Francia y las posadas![292]

Corrido de que ya por mentiroso

con razón me tendréis; arrepentido 70

de haber perdido tiempo en alabaros

cosa tan dina ya de vituperio;

donde no hallaréis sino mentiras,

vinos acedos, camareras feas,

varletes codiciosos, malas postas,[293] 75

gran paga, poco argén, largo camino;[294]

llegar al fin a Nápoles no habiendo

dejado allá enterrado algún tesoro,

salvo si no decís que es enterrado

lo que nunca se halla ni se tiene. 80

A mi señor Dural estrechamente[295]

abrazad de mi parte, si pudierdes.

Doce del mes de Otubre, de la tierra

do nació el claro fuego del Petrarca,

y donde están del fuego las cenizas.[296] 85

CANCIÓN PRIMERA

Si a la región desierta, inhabitable

por el hervor del sol demasiado,

y sequedad de aquella arena ardiente;

o a la que por el hielo congelado

y rigurosa nieve es intratable, 5

del todo inhabitada de la gente,

por algún acidente

o acaso de fortuna desastrada,

me fuésedes llevada,

y supiese que allá vuestra dureza 10

estaba en su crueza,

allá os iría a buscar, como perdido,[297]

hasta morir a vuestros pies tendido.[298]

Vuestra soberbia y condición esquiva

acabe ya, pues es tan acabada 15

la fuerza de en quien ha de esecutarse.[299]

Mirad bien que el amor se desagrada

deso, pues quiere que el amante viva

y se convierta a do piense salvarse.[300]

El tiempo ha de pasarse, 20

y de mis males, arrepentimiento,

confusión y tormento

sé que os ha de quedar, y esto recelo;

¡que aún de aquesto me duelo!

Como en mí vuestros males son de otra arte, 25

duélenme en más sensible y tierna parte.

Así paso la vida, acrecentando

materia de dolor a mis sentidos,

como si la que tengo no bastase;

los cuales para todo están perdidos, 30

sino para mostrarme a mí cuál ando.

Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase

para que yo pensase

un rato en mi remedio, pues os veo

siempre ir con un deseo 35

de perseguir al triste y al caído;

yo estoy aquí tendido,[301]

mostrándoos de mi muerte las señales,

y vos viviendo solo de mis males.

Si aquella amarillez y los sospiros[302] 40

salidos sin licencia de su dueño;

si aquel hondo silencio no han podido

un sentimiento grande ni pequeño

mover en vos, que baste convertiros

a siquiera saber que soy nacido, 45

baste ya haber sufrido

tanto tiempo, a pesar de lo que basto;

que a mí mismo contrasto,[303]

dándome a entender que mi flaqueza

me tiene en la tristeza 50

en que estoy puesto, y no lo que yo entiendo;

así que con flaqueza me defiendo.

Canción, no has de tener

comigo que ver más en malo o en bueno;

trátame como ajeno, 55

que no te faltará de quien lo aprendas.

Si has miedo que me ofendas,

no quieras hacer más por mi derecho

de lo que hice yo, que el mal me he hecho.

CANCIÓN SEGUNDA

La soledad siguiendo,

rendido a mi fortuna,

me voy por los caminos que se ofrecen,

por ellos esparciendo

mis quejas de una en una 5

al viento, que las lleva do perecen;[304]

puesto que ellas merecen

ser de vos escuchadas,

pues son tan bien vertidas,

he lástima de ver que van perdidas 10

por donde suelen ir las remediadas.

A mí se han de tornar,

adonde para siempre habrán de estar.[305]

Mas ¿qué haré, señora,

en tanta desventura? 15

¿Adónde iré, si a vos no voy con ella?

¿De quién podré yo agora

valerme en mi tristura,

si en vos no halla abrigo mi querella?

Vos sola sois aquella 20

con quien mi voluntad

recibe tal engaño,

que viéndoos holgar siempre con mi daño,

me quejo a vos, como si en la verdad

vuestra condición fuerte 25

tuviese alguna cuenta con mi muerte.

Los árboles presento

entre las duras peñas

por testigo de cuanto os he encubierto;

de lo que entrellas cuento 30

podrán dar buenas señas,

si señas pueden dar del desconcierto.

Mas ¿quién tendrá concierto

en contar el dolor,

que es de orden enemigo? 35

No me den pena, pues, por lo que digo;

que ya no me refrenará el temor.

¡Quién pudiese hartarse[306]

de no esperar remedio y de quejarse!

Mas esto me es vedado 40

con unas obras tales

con que nunca fue a nadie defendido;

que si otros han dejado

de publicar sus males,

llorando el mal estado a que han venido, 45

señora, no habrá sido

sino con mejoría

y alivio en su tormento;

mas ha venido en mí a ser lo que siento

de tal arte, que ya en mi fantasía 50

no cabe; y así, quedo

sufriendo aquello que decir no puedo.

Si por ventura estiendo

alguna vez mis ojos

por el proceso luengo de mis daños, 55

con lo que me defiendo

de tan grandes enojos,

solamente es allí con mis engaños;

mas vuestros desengaños

vencen mi desvarío 60

y apocan mis defensas.

Sin yo poder dar otras recompensas,

sino que, siendo vuestro más que mío,

quise perderme así,

por vengarme de vos, señora, en mí. 65

Canción, yo he dicho más que me mandaron,

y menos que pensé;

no me pregunten más, que lo diré.[307]

CANCIÓN TERCERA

Con un manso ruído

de agua corriente y clara,

cerca el Danubio una isla, que pudiera[308]

ser lugar escogido

para que descansara 5

quien como yo estó agora, no estuviera;

do siempre primavera

parece en la verdura

sembrada de las flores;

hacen los ruiseñores 10

renovar el placer o la tristura

con sus blandas querellas,

que nunca día ni noche cesan dellas.

Aquí estuve yo puesto,

o por mejor decillo, 15

preso y forzado y solo en tierra ajena;[309]

bien pueden hacer esto

en quien puede sufrillo

y en quien él a sí mismo se condena.

Tengo solo una pena, 20

si muero desterrado

y en tanta desventura,

que piensen por ventura

que juntos tantos males me han llevado;

y sé yo bien que muero 25

por solo aquello que morir espero.

El cuerpo está en poder

y en manos de quien puede

hacer a su placer lo que quisiere;

mas no podrá hacer 30

que mal librado quede,

mientras de mí otra prenda no tuviere.

Cuando ya el mal viniere

y la postrera suerte,

aquí me ha de hallar, 35

en el mismo lugar;

que otra cosa más dura que la muerte

me halla y ha hallado;

y esto sabe muy bien quien lo ha probado.

No es necesario agora 40

hablar más sin provecho,

que es mi necesidad muy apretada;

pues ha sido en un hora

todo aquello deshecho

en que toda mi vida fue gastada. 45

Y al fin de tal jornada

¿presumen espantarme?

Sepan que ya no puedo

morir sino sin miedo;

que aun nunca qué temer quiso dejarme 50

la desventura mía,

que el bien y el miedo me quitó en un día.

Danubio, río divino,[310]

que por fieras naciones[311]

vas con tus claras ondas discurriendo, 55

pues no hay otro camino

por donde mis razones

vayan fuera de aquí, sino corriendo

por tus aguas y siendo

en ellas anegadas; 60

si en tierra tan ajena

en la desierta arena

fueren de alguno acaso en fin halladas,

entiérrelas, siquiera,

porque su error se acabe en tu ribera. 65

Aunque en el agua mueras,

canción, no has de quejarte;

que yo he mirado bien lo que te toca.

Menos vida tuvieras

si hubieras de igualarte 70

con otras que se me han muerto en la boca.

Quién tiene culpa desto,

allá lo entenderás de mí muy presto.

CANCIÓN CUARTA[312]

El aspereza de mis males quiero[313]

que se muestre también en mis razones,

como ya en los efetos se ha mostrado.

Lloraré de mi mal las ocasiones,

sabrá el mundo la causa por que muero, 5

y moriré a lo menos confesado.[314]

Pues soy por los cabellos arrastrado

de un tan desatinado pensamiento,

que por agudas peñas peligrosas,

por matas espinosas, 10

corre con ligereza más que el viento,

bañando de mi sangre la carrera;

y para más despacio atormentarme,

llévame alguna vez por entre flores,

a do de mis tormentos y dolores 15

descanso, y dellos vengo a no acordarme;

mas él a más descanso no me espera;

antes, como me ve desta manera,

con un nuevo furor y desatino

toma a seguir el áspero camino. 20

No vine por mis pies a tantos daños;

fuerzas de mi destino me trajeron,

y a la que me atormenta me entregaron.

Mi razón y juicio bien creyeron

guardarme, como en los pasados años 25

de otros graves peligros me guardaron;

mas cuando los pasados compararon

con los que venir vieron, no sabían

lo que hacer de sí ni dó meterse;

que luego empezó a verse 30

la fuerza y el rigor con que venían.

Mas de pura vergüenza constreñida,

con tardo paso y corazón medroso

al fin ya mi razón salió al camino.

Cuanto era el enemigo más vecino, 35

tanto más el recelo temeroso

le mostraba el peligro de su vida.

Pensar en el temor de ser vencida,

la sangre alguna vez le calentaba,

mas el mismo temor se la enfriaba. 40

Estaba yo a mirar, y peleando

en mi defensa mi razón estaba

cansada, y en mil partes ya herida;

y sin ver yo quién dentro me incitaba,

ni saber cómo, estaba deseando 45

que allí quedase mi razón vencida.[315]

Nunca en todo el proceso de mi vida

cosa se me cumplió que desease

tan presto como aquesta; que a la hora[316]

se rindió la señora, 50

y al siervo consintió que gobernase[317]

y usase de la ley del vencimiento.

Entonces yo sentime salteado

de una vergüenza libre y generosa;

corrime gravemente que una cosa 55

tan sin razón hubiese así pasado.

Luego siguió el dolor al corrimiento

de ver mi reino en mano de quien cuento

que me da vida y muerte cada día,

y es la más moderada tiranía. 60

Los ojos, cuya lumbre bien pudiera

tornar clara la noche tenebrosa,

y escurecer al sol a mediodía,

me convirtieron luego en otra cosa.

En volviéndose a mí la vez primera 65

con el calor del rayo que salía

de su vista, que en mí se difundía,

y de mis ojos la abundante vena

de lágrimas, al sol que me inflamaba,

no menos ayudaba 70

a hacer mi natura en todo ajena

de lo que era primero. Corromperse

sentí el sosiego y libertad pasada,

y el mal de que muriendo estó, engendrarse,

y en tierra sus raíces ahondarse 75

tanto cuanto su cima levantada

sobre cualquier altura hace verse.

El fruto que de aquí suele cogerse,

mil es amargo, alguna vez sabroso;

mas mortífero siempre y ponzoñoso. 80

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